miércoles, 20 de noviembre de 2013

La Hermosa Doncella de Brabante


Adelaida de Lovaina, también llamada Adela o Adelicia, fue la segunda esposa del rey Enrique I de Inglaterra. Por su belleza recibió el apelativo de “La Hermosa Doncella de Brabante”, pero no era este, ni mucho menos, su único atributo: Adelaida era tan hábil con la pluma como con la aguja, y había recibido una esmerada educación para los estándares medievales. Fueron sus manos las que bordaron el estandarte de seda y oro capturado en la batalla que se libró en 1129 junto al castillo de Duras y que se hizo célebre en toda Europa por la belleza de su diseño y lo perfecto de su ejecución. Tal fue la fama que alcanzó que la llanura donde fue encontrado recibió en adelante el nombre de “Llanura del Estandarte”, y los vencedores depositaron su trofeo en la iglesia de San Lamberto en Lieja, donde durante siglos fue sacado en procesión en las grandes ocasiones.

Por las venas de Adelaida corría sangre real, puesto que sus ancestros descendían de Carlos, hermano del rey Lotario. Su padre Godofredo, Gran Duque de Brabante, duque de la Baja Lotaringia y conde de Lovaina y Bruselas, era un príncipe muy poderoso, de modo que todo en ella la hacía digna de aspirar a una boda regia. Sin embargo, a pesar de tantos dones como reunía la hermosa Adelaida, el rey de Inglaterra estaba demasiado apenado por la pérdida de su primera esposa y de su hijo, trágicamente fallecido durante el naufragio del Barco Blanco. Enrique solo tenía una hija en esos momentos: la emperatriz Matilde, y con su segundo matrimonio tan solo pensaba en conseguir un heredero varón y dejar resuelto el asunto de la sucesión. Aunque eso no significa que el maduro monarca, que ya había cumplido 52 años, no fuera capaz de apreciar las muchas cualidades de la novia, una joven doncella que rondaba los 18.

La boda se celebró en Windsor, y la ceremonia de coronación de la nueva reina tuvo lugar al día siguiente, domingo 30 de enero de 1121. Todos cuantos tuvieron ocasión de contemplar a Adelaida se hacían lenguas de la belleza de esta “reina de los ángeles”, como la llamó el obispo de Rennes. Pero este no solo repara en su físico agraciado, sino que habla con entusiasmo de sus modales encantadores y la dulzura de sus palabras.

Durante algún tiempo la reina residió en Woodstock, donde Enrique tenía un zoo y un aviario. A pesar de la enorme diferencia de edad, el rey encontró en esta segunda esposa una agradable compañía que participaba en sus diversiones. Adelaida no solo compartía su interés por la historia natural y su amor por los animales, sino que animaba a los escritores de su época a difundir el conocimiento acerca de estos temas, con el resultado de que Felipe de Thaon escribió para ella su Bestiarius en lengua anglo-normanda. La reina, en cambio, nunca intervino en asuntos políticos, hacia los que no se sentía inclinada.

La afición de Adelaida por las letras y su labor de mecenazgo fue un ejemplo que animó a muchas damas de la corte a patrocinar a los escritores de su tiempo. Además Adelaida tenía especial interés por perpetuar la reputación de hombre especialmente instruido que acompañaba a su esposo. Para ello se dice que encargó una biografía en verso del rey, una obra que, lamentablemente, no se conserva.

Pero mientras el tiempo transcurría para el matrimonio entre tan gratas ocupaciones, el problema de la sucesión seguía sin resolverse. Al cabo de cinco años, a pesar de que ambos cónyuges viajaban juntos y apenas se separaban, no habían conseguido descendencia. Enrique, desesperado de tener un varón a esas alturas de su vida, manifestó su deseo de que su hija Matilde, viuda del emperador Enrique V, fuera reconocida como sucesora.

Matilde fue constante compañera de Adelaida durante doce meses. El carácter de la Emperatriz no era fácil, pero la reina, mucho más dulce, hacía lo posible por suavizar las relaciones y alcanzar la paz doméstica. Finalmente Enrique prometió a su hija a Godofredo Plantagenet, conde de Anjou, en contra de los deseos de la rebelde Matilde. El rey obligó a sus nobles a renovar el juramento de fidelidad a su hija, pero durante un tiempo pareció que no terminaba de atar todos los cabos que dejarían resuelto el asunto de la sucesión: el matrimonio de la Emperatriz, celebrado en 1227, fue un desastre desde un principio; ambos cónyuges se llevaban tan mal que durante los seis primeros años fue imposible lograr descendencia. Al cabo de ese tiempo, para alegría del rey, Matilde dio a luz un varón. El último Parlamento del reinado de Enrique I se reunió expresamente en 1133 a fin de asegurar la Corona para su nieto, que fue incluido, junto con la Emperatriz, en el juramento de fidelidad.

Poco después el rey se embarcaba rumbo a Normandía, donde fallecía el 1 de diciembre de 1135 en el castillo de Lyons. Sus restos fueron embalsamados y enviados a Inglaterra para ser enterrados en la abadía de Reading.

Adelaida cedió la mansión de Eton a la abadía para que se rezara por el alma de su esposo, y fundó un hospital para leprosos para conmemorar la fecha del aniversario. Ella misma colocó un palio sobre el altar y asignó una cantidad de dinero destinada a asegurar que siempre ardiera una lámpara sobre la tumba de Enrique.

A partir de entonces se retiró a la abadía benedictina de Wilton, pero al cabo de un tiempo abandonó el claustro y se trasladó al castillo de Arundel. En 1138 se casó en Norfolk por amor con Guillermo d’Aubigny (también llamado de Albini), Lord Buckenham, uno de los consejeros de su difunto esposo. Se trataba de un noble caballero cuyo padre había figurado entre los normandos que acompañaron a Inglaterra a Guillermo el Conquistador. Lo hizo en su calidad de copero de los duques de Normandía, un cargo hereditario que le fue confirmado para sus descendientes. Adelaida, que no había dado hijos a Enrique, tuvo cuatro varones y tres hijas en su segundo matrimonio.

Guillermo d’Aubigny recibió el sobrenombre de Mano Fuerte debido a una leyenda relacionada con su amor por la reina. Ambos estaban prometidos cuando tuvo lugar un torneo con ocasión de la boda de Luis VII y Leonor de Aquitania. Guillermo era uno de los competidores, y superaba en destreza a todos los demás. Brilló tanto en el torneo que cuentan que Adela, la reina viuda de Francia, también se enamoró de él. Ella lo invitó después a un banquete y le presentó ricas joyas como recompensa de sus muchos méritos. Entonces le ofreció su mano sin ningún disimulo, un honor que él declinó en los términos más respetuosos, alegando como motivo su compromiso con la reina de Inglaterra. Adela, que no esperaba ser rechazada, decidió vengarse. Lo condujo al jardín, donde había un león dentro de una cueva. Por el camino le iba hablando del animal y de su fiereza, a lo cual Guillermo, como caballero medieval que era, replicó lo que replicaban todos: que “el miedo no era una cualidad propia de hombres, sino de mujeres”. Llegados a la cueva, la reina lo animó a entrar. Lejos de echarse atrás, Guillermo envolvió el brazo con su capa, metió la mano en la boca del león y le arrancó la lengua o, como dicen los viejos cronistas, el corazón. Después, al volver a palacio, hizo que una doncella se lo llevara como regalo a la reina.

Cuentan que por este episodio de leyenda el blasón de sus descendientes, los Howard, lució siempre el león rampante en plata sobre gules. 

A su regreso a Inglaterra se casó con Adelaida, y el usurpador Esteban le concedió el título de conde de Arundel. Adelaida continuó viviendo en Arundel después de su matrimonio. A pesar de la lealtad de su esposo hacia el nuevo rey, ella se negó a desamparar a su hijastra la Emperatriz cuando al año siguiente de la boda la recibió en el castillo. Al aproximarse Esteban con su ejército, Adelaida se excusó por haber recibido a Matilde, y se justificó con los lazos de amistad que desde antiguo habían unido a ambas. Solicitó un salvoconducto hasta Bristol para la hija del difunto Enrique, y declaró que, en caso de que le fuera denegado, estaba completamente resuelta a defender el castillo hasta las últimas consecuencias.


Adelaida falleció en 1151, contando aproximadamente 48 años. No existe acuerdo con respecto al lugar de su muerte, pero parece que tuvo lugar en la abadía de Affligham, en Flandes, y que permaneció enterrada allí junto a su padre hasta los tiempos de la Revolución. Otros, en cambio, seguramente con menos acierto, proponen que murió en Inglaterra y que fue enterrada por su esposo con los honores habituales en la capilla de San Juan, en Boxgrove, donde reposaban los restos de algunos de sus hijos.

Protectora de los pobres y de los huérfanos, aún perduran muchos monumentos erigidos a la memoria de esta reina en torno al castillo de Arundel. En Lyminster fundó un convento de monjas según las reglas de San Agustín, y además contribuyó enormemente a la construcción de la catedral de Chichester.

El hecho de que su matrimonio con Guillermo d’Aubigny fuera el origen de la familia Howard significa que tanto Ana Bolena como Catalina Howard, ambas esposas de Enrique VIII, descendían de Adelaida de Lovaina. El propio Enrique VIII también era su descendiente, así como Enrique V y Juana Seymour.


20 comentarios:

  1. Sorprende un poco -o quizás no deba sorprender nada, quién sabe- la fecundidad de Adelaida con Guillermo. La que sí es bonita es la leyenda del león en la cueva.
    Beso su mano.

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    1. No se sorprenda, monsieur. Ella era igual de fértil con Enrique. Pero Enrique no era igual de fértil con ella. Demasiados años para la Edad Media, y muy vividos. Pensar que se le adjudican más de 20 bastardos y que no pudo dejar otra descendencia legítima que Matilde...

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  2. Los Duques de Norfolk deben sentirse orgullosos de decender de mujer tan admirable. Supo ser una gran reina sin inmiscuirse en política, supo hace felices a dos maridos y logró lo imposible en su época, casarse por amor.

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    1. Efectivamente, madame. No pasó a la historia con grandes brillos y, sin embargo, reunió méritos suficientes para ser rescatada del olvido.

      Buenas noches

      Bisous

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  3. No me extraña que el rey encontrara, a pesar de sus años, "una agradable compañía", nada menos que una hermosa joven que podía ser su hija pequeña.
    Y qué poquito vivía la gente entonces, morirse con 48 años.
    Y curiosa esa leyenda del león en la cueva. Lo que inventa la gente para resaltar el valor de su héroes nacionales.
    Un saludo.

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    1. Sin embargo el segundo esposo, según una de las fechas que se proponen para su nacimiento, falleció a los 86 años. Claro que no estoy muy de acuerdo con esa fecha. Prefiero la que lo sitúa con 74. Como ve, el abanico varía mucho.

      Precisamente la diferencia de edad hacía más difícil que ella pudiera ser una compañía agradable en lugar de un quebradero de cabeza. No tenían fácil congeniar, entenderse y coincidir en aficiones. No es frecuente, desde luego.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. ep! algo pasa ahí! osea, que con Enrique nada y con Guillermo cuatro. algo pasa con Matilde, pues.
    y qué discreta y qué maja Adela, qué detalle tan bonito con los leones...

    qué fríos, madame!!
    bisous!!

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    1. Supongo que quiso decir que algo le pasaba a Adelaida, que luego tuvo siete con el segundo esposo (cuatro varones y tres chicas). Matilde tampoco tuvo hijos de su primer matrimonio con el emperador, y luego tuvo tres con el segundo esposo.

      Claro, claro, algo le pasaba a ella, no?

      Y a ustedes los caballeros nunca se les ha ocurrido pensar que a quien le pasaba algo (y en el caso de ambas) era al primer esposo, que estaba demasiado viejo para esos menesteres, y que ellas no tenían absolutamente ningún problema?? Pero no, claro, cuando no hay hijos en un matrimonio... hala, la "culpa" es de la mujer, aunque se trate de un caso tan obvio como este. Voy a sacar la escoba de bruja y perseguirlo a escobazos hasta Moscú, ya verá.

      Bueno, Tolya, imagino que contando las horas para el evento. Mucha suerte, monsieur!

      Bisous

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  5. Una mujer pacificadora a bella Adela: era hermosa por fuera y por dentro:resulta hasta raro ya que el solo motivo de vivir en palacio, sería más que suficiente para no se parte y culpa de alguna intriga palaciega.

    Aparte de sus habilidades manuales e intelectuales; era una buena afitriona y compañera por lo que se deduce.

    Feliz jueves madame.

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    1. Así es, madame. Digamos que era una persona con la que debía de ser fácil convivir.

      Feliz tarde

      Bisous

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  6. Me ha gustado su historia leyenda incluida. Tuvo que ser encantadora y encima manitas:-) Lo que me sorprenda es que muriese tan joven. Eso si vivió intensamente.
    Bisous

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    1. En realidad la esperanza de vida en la Edad Media era bien triste. Las mujeres que no morían al dar a luz, sucumbían a cualquier enfermedad, dado que la medicina estaba en pañales.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  7. El asunto es que uno piensa 50 años en estos tiempos. Pero 52 años en aquella época implicaban canas y calvicie sin remedio, dientes faltantes, heridas de guerra que devenian en problemas motrices, probablemente pieles poseadas por enfermedades contagiosas. Ahhh , qué feo quedaría uno por muy rey inglés que fuese. Besitos Claudia.

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    1. Cierto, madame. Pero el decaimiento no era solo externo, sino también interno. Docenas de enfermedades habían ido minando unas naturalezas que no habían podido contar con los adelantos de la medicina. Sorprende encontrar longevos en aquellos tiempos, dadas las circunstancias.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Hola Madame:
    Ese tipo de esterilidad selectiva se produce por una forma de alergia a los espermatozoides, en este caso de Enrique. No es infrecuente. En algunos casos es incompatibilidad de genes...

    Besos Madame. Mañana, pase por mi blog.

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    1. Ay, monsieur, qué espermatozoides ni qué alergia, si el pobre, al igual que su yerno el emperador de Alemania, ya no podía con la potra, como se suele decir. Por eso ninguna de ambas jóvenes no tuvo hijos con los esposos ancianos, y sí con los jóvenes. No es infrecuente tampoco.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  9. Buenos días, Madame:

    Ciertamente llama la atención la incompatibilidad de Adelaida con Enrique y no con Guillermo. Supongo que la presión de ser rey y tener que dar un heredero a tu pueblo es algo que debe de influir.

    Que tenga un buen día. Un saludo.

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    1. Y la edad más aún. Los ancianos tampoco hoy son muy fértiles, aunque no sean reyes. Ser padre después de los 53 años entonces es como serlo después de los 70 hoy. No es tan fácil, aunque no sea imposible.

      No se trata de ningún caso de incompatibilidad, sino más bien de imposibilidad de Enrique, con ella o con otra. Que yo sepa, el último bastardo que se le adjudica nació ANTES de su segundo matrimonio, y luego ya no tuvo más.

      ¿Eran todas las mujeres incompatibles o alérgicas por esa época, y en cambio no antes?

      Feliz día, equipo.

      Bisous

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  10. Está claro que el problema de procreación era del rey y no de la reina, auqnue en aquellos tiempos siempre se echase la culpa de estas situaciones a las hembras y no pocos matrimonios de estado se disolvieron por esta causa.
    Un beso

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    1. Usted, como mujer, entiende el problema :)

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)