sábado, 23 de noviembre de 2013

Enrique I y la traición de Juliana de Breteuil


Enrique I de Inglaterra no fue muy prolífico en sus matrimonios. Es cierto que de su primera esposa tuvo cuatro hijos, nacidos entre 1101 y 1104, aunque no pudo resolver con ello el problema de la sucesión. La mayor, Eufemia, falleció al poco de nacer. La segunda fue la emperatriz Matilde, quien, por su matrimonio con Godofredo de Anjou, sería origen de la dinastía Plantagenet. El tercero fue Guillermo Atheling, trágicamente desaparecido durante el naufragio del Barco Blanco, y la menor, Isabel, no superó la infancia.

Llama la atención que, después del nacimiento de cuatro hijos en años consecutivos, el matrimonio no tuviera más descendencia en los catorce siguientes, hasta el fallecimiento de Matilde. Más aún si se tiene en cuenta que la reina solo tenía 38 años cuando murió.

Poco después Enrique volvía a casarse, pero no lograría descendencia de su segunda esposa. El caso es sumamente llamativo, porque resulta que al rey se le atribuye la paternidad de más de veinte bastardos, en su mayoría hijas. Sin embargo, la mayor parte fue engendrada durante los tiempos de su juventud, cuando aún permanecía soltero. Enrique contaba ya 32 años al casarse por primera vez, una edad respetable para un caballero medieval. Resulta obvio que no había practicado la castidad hasta entonces. De hecho, los matrimonios de unas cuantas de sus hijas se sitúan entre 1103 y 1107, lo que indica que nacieron siendo él muy joven, y que tuvo unos años mozos muy agitados. 

Una de sus hijas mayores fue Juliana, a quien en 1103 encontramos casada con Eustaquio de Pacy, Señor de Breteuil e hijo ilegítimo del conde de Hereford. Era hija de Ansfride, quien también dio a Enrique otro hijo que se ahogó en el naufragio del Barco Blanco: Ricardo de Lincoln. Probablemente fuera también hermano de ambos Fulco, un monje de Abingdon.

Juliana no debía de contarse entre las favoritas de su padre, puesto que en 1119 se rebeló contra él. El enfrentamiento entre ambos fue muy dramático, y la furia de la dama fácil de comprender. 

El padre de su esposo había muerto sin herederos legítimos, y Eustaquio aspiró al señorío vacante de Breteuil, uno de los mayores honores de Normandía. A pesar de su nacimiento ilegítimo, era el preferido por los normandos frente a los otros oponentes, pues uno de ellos era un bretón y otro un borgoñón, mientras que Eustaquio era de origen normando. Con eso y el apoyo del rey, se había hecho con el señorío quince años antes.

Pero por las fechas que nos ocupan Eustaquio de Pacy solicitó también el castillo de Ivry como parte de su herencia, ya que había pertenecido a sus antepasados. Enrique no tenía verdadera intención de entregarlo: se trataba de una plaza de suma importancia estratégica, destinada a proteger la frontera de Normandía, y quería que estuviera en manos de alguien en quien pudiera confiar plenamente. Al parecer no era el caso de Eustaquio, pero el monarca no quería denegar abiertamente su petición por temor a que su yerno se uniera a la rebelión normanda que había en marcha contra él. El objetivo era destronar a Enrique y sentar el trono a Guillermo Clito, hijo de Roberto Curthose y sobrino, por tanto, del monarca. La revuelta se había extendido, y cada vez eran más los nobles caballeros que se aliaban en ese bando en la esperanza de obtener más tierras y castillos a cambio de deponer su actitud. Para evitar que Eustaquio pasara a engrosar sus filas, aparentó concedérselo, aunque demoraba la entrega.


Mientras tanto era Raúl de Harenc el gobernador de la plaza. Durante el conflicto, por deseo del rey y para garantizar la buena fe de ambos, Harenc entregó a su hijo como rehén a Eustaquio, y al mismo tiempo este hacía entrega de sus dos hijas, que quedaron bajo la custodia de Enrique. 

El rey creía así haber obtenido suficiente garantía de la fidelidad de ambos como para esperar que se mantuviera la paz. Sin embargo Eustaquio, hombre violento, calculó que jugaba con ventaja. Pensó que sus hijas no corrían peligro estando junto a su abuelo, o que nunca sufrirían ningún daño por tratarse de niñas y no de varones, de modo que, creyéndose seguro e impune, se presentó ante Raúl y exigió la entrega de la fortaleza. Amenazó con aplicar a su hijo los más terribles tormentos si no se plegaba a su voluntad, y, para persuadirlo de lo firme de su intención, hizo que le mostraran al niño con varias espadas sobre su cabeza, dispuestas a abatirse sobre él en cualquier momento. 

Harenc hizo como Guzmán el Bueno y se negó a entregar la plaza, con el dramático resultado de que Eustaquio, aconsejado por el feroz Amaury de Monfort, hizo sacar los ojos a su rehén y se los envió al padre metidos en un cofre.


Raúl acudió presuroso a postrarse a los pies del rey y solicitar justicia por el ultraje que le había sido hecho, una infamia con la que el yerno de Enrique violaba, además, el juramento hecho al soberano. Obedeciendo al sentido de la justicia imperante hace mil años, el rey permitió que Harenc tomara represalias sobre sus propias nietas, demostrando así que en su reino la ley era igual para todos, incluso para quienes llevaban su sangre. Uno de los sobrenombres con el que el monarca pasó a la historia fue el de León de Justicia. Esto se debe no solo a su imparcialidad, sino también a que supo mantener el orden, terminó con la anarquía de los tiempos de su hermano, Guillermo Rufo; puso en marcha algunas leyes de carácter más progresista e introdujo importantes refinamientos además de mejoras para las mujeres, novedades que aún chocaban con la mentalidad de buena parte de sus súbditos.

Lamentablemente sus desdichadas nietas no pudieron beneficiarse de ninguno de esos avances. Raúl hizo que también a ellas les sacaran los ojos y les cortaran la punta de la nariz. Después envió a Eustaquio un mensaje para comunicarle que su barbarie había recaído sobre sus propias niñas. En cuanto a la torre, no debía soñar con que le sería entregada.

Al recibir la noticia de esta espantosa venganza, Eustaquio rompió el juramento de lealtad que le mantenía vinculado a su suegro, se puso bajo el estandarte de Francia y se unió a la rebelión. 


Mientras fortificaba sus castillos de Lire, de Glos, de Pont Saint-Pierre y de Pacy, envió a su esposa a Breteuil con las tropas necesarias para defender la plaza. Pero los habitantes de la villa, contentos con su rey, no quisieron secundar la revuelta y, mientras su señor estaba lejos ocupado en defender Pacy, mandaron aviso a Enrique de la llegada de Juliana y le pidieron que acudiera a toda prisa. Así lo hizo, y tan pronto como llegó le abrieron las puertas. El rey agradeció a sus habitantes la fidelidad que le mostraban y prohibió a sus hombres que saquearan el lugar.

Juliana tuvo el tiempo justo de correr a refugiarse en la ciudadela, donde fue sitiada por las tropas de su padre. Su dolor y el resentimiento contra Enrique eran inmensos. Trató de resistir el asedio cuanto le fue posible, pero los víveres escaseaban. Fingiendo capitular, Juliana tendió una emboscada a su padre: solicitó un encuentro con él para negociar las condiciones de la rendición, y cuando Enrique entró en el castillo, trató de matarlo disparando una ballesta con sus propias manos. La flecha rozó el pecho del rey, pero no alcanzó su objetivo.

El rey ordenó destruir el puente levadizo que unía la ciudadela con la villa, dejando así a la gente atrapada en el interior del castillo. Juliana tuvo que escapar descolgándose por las murallas con una cuerda hasta el foso lleno de agua helada, soportando el frío de febrero con las faldas indecorosamente recogidas hasta la cintura y a la vista de todo el ejército. Una vez en el foso, entre las risas e insultos de los soldados, su padre la hizo prender.


Juliana se reunió con su esposo en Pacy. Eustaquio, ardiendo de indignación por el ultraje hecho a su mujer, y furioso por la pérdida de Breteuil, permaneció aliado con Amaury de Monfort y otros caballeros rebeldes, saqueando el reino y cometiendo desmanes por doquier.

Enrique, mientras tanto, para disolver la liga que se había formado contra él alternaba el uso de las armas con el de la diplomacia y la negociación, las amenazas con las concesiones. Finalmente, aplastada la rebelión, el matrimonio solicitaba y obtenía el perdón del rey. 

En señal de humildad y arrepentimiento, ambos comparecieron descalzos ante él y se postraron de rodillas.

—¿Cómo osáis presentaros ante mí sin un salvoconducto —les reprochó Enrique—, vosotros que me habéis causado tan graves ofensas?

—Sois mi señor soberano —respondió Eustaquio—. Por tanto, me presento seguro ante vos, dispuesto como estoy a serviros fielmente y a satisfaceros en todo aquello que por mis faltas decida vuestra bondad.

Algunos amigos intercedieron por él, y Ricardo, el hermano de Juliana, suplicó al rey por ella. 

—Que Juliana regrese a Pacy —concedió finalmente Enrique—. Vos vendréis conmigo a Ruan, y allí oiréis mi decisión.


Eustaquio pudo retener Pacy, pero, aunque se produjo la reconciliación, hubo de renunciar a Breteuil, a cambio de lo cual percibió una generosa renta de Enrique, más que suficiente para que él y su esposa vivieran cómodamente el resto de sus vidas. 

El matrimonio tuvo también dos hijos: Guillermo y Rogelio, y otras dos hijas nacidas con posterioridad a los hechos. En cuanto a Juliana, se sabe que años después tomó los hábitos en la abadía de Fontevrault, donde terminó sus días.


Bibliografía:
Histoire des français - Jean Charles Léonard Simonde de Sismondi
Orderic Vitalis, Lib XII
Histoire de France depuis les temps les plus reculés jusqu'en 1789 - Henri Martin
Histoire nationale de France, d'après les documents originaux - Amédée Gouët
Collection des mémoires relatifs à l'histoire de France - Volumen 28 - editado por M. Guizot 
Histoire de la Normandie sous le règne de Guillaume-le-Conquérant, Volumen 1 - Georg Bernhard Depping
Henry I - Charles Warren Hollister



26 comentarios:

  1. Caramba, Madame, casi hay que hacer un cuadro sinóptico para seguir traiciones, castigos y perdones.
    Desde luego, Juliana era arrojada y resistente. No todas hubiera sobrevivido al agua helada del foso.
    Bisous y pase usted un buen fin de semana.

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  2. Estaban acostumbrados, madame: ellos no tenían calefacción ni termostato.

    Buenas noches

    Bisous

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  3. Mmm?? Yo no veo para qué quiere Amaltea un cuadro sinóptico. Solo encuentro una traición, un intento de asesinato, un perdón y ningún castigo a fin de cuentas, excepto para las pobres niñas que no tenían culpa de nada.

    Muy interesante, madame. No sabía nada acerca de esta hija de Enrique. En realidad sobre casi ninguno de sus bastardos excepto Robert de Gloucester. Me ha encantado.

    Saludos y bisous :)

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    1. Sí, la fama de Gloucester eclipsa a sus hermanos. En realidad apenas se sabe nada sobre la mayoría de ellos ni sobre sus madres.

      Gracias, madame. Buenas noches.

      Bisous

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  4. Parece que algunos reyes llevan escrita la maldición en el tema de la descendencia. Al hablar de Enrique I he recordado sin querer el fracaso y la mala suerte que en este sentido tuvieron nuestros Reyes Católicos, no por falta de descendientes sino por el destino de éstos.
    Un saludo.

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    1. Es verdad, todos parecían víctima de una maldición: el príncipe Juan muerto tan joven, y sus hermanas padeciendo un triste destino. Casi se quedan sin herederos, de no ser por Juana.

      Buenas noches

      Bisous

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  5. Que caracteres madre mía: no eran ninguno digno de ejemplo.Parece más la ley del Talion ,ojo por ojo.

    Dios los cria y ellos se juntan.

    Feliz finde madame.

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    1. Pues sí, se aplicó la ley del talión, desgraciadamente. Eran tiempos en los que imperaba la barbarie y la civilización se abría paso muy poco a poco.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  6. Estaba leyendo que algunos ciéntificos estudiando restos de Enrique VIII determinaron que sufría de enfermedades vénereas , que pudiero ocasionar su marcada disposición a concebir niños malformados que eran abortados , o ninguno ,en algunos casos. Si Enrique beau clerk tuvo una juventud tan movidita no es tan raro imaginar que pudo haber fallado sin penicilina a la vista. Besitos.Claudia.

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    1. Algo así pudo ser, madame. Tanto corrió que al final tuvo que frenar bruscamente.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Enfermedades venéreas o incluso unas simples paperas en la edad adulta pueden haber reducido el conteo de espermatozoides del monarca. ¿Pero para qué tener hijos que van a rebelarse en contra del padre? Y pobres las nietas del rey. POr muy justiciero que fuera, no hay perdón en esa crueldad con niñas inocentes. ¿Qué fue de ellas?
    Bisous

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    1. Lamentablemente ahí se pierde su rastro. Ni siquiera se sabe su nombre, ni el de otras dos hijas del matrimonio nacidas con posterioridad a los hechos. Es más: hay hijas del propio rey de las que no se conoce ni el nombre tampoco. Me faltan tres, por lo menos.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  8. Hola Madame:

    Con lo casto que era Henry I, no me extraña que luego no pudiese tener hijos. Una próstata castigada de esa forma,deja sus huellas posteriormente.

    Intrigas,peleas entre familia y muertes...Parece de película ;D

    Besos Madame. Me voy de guardia

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    1. Así es, monsieur. Me temo que el pobre se había castigado mucho :)

      No se puede decir que la familia no tuviera una historia movidita, no. Estaba entretenida Inglaterra.

      Feliz domingo, monsieur, que le sea leve la guardia.

      Bisous

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  9. Parece que las familias reales siempre dan que hablar en Inglaterra. Por otra parte, sigo pensando que la presión de nazca un heredero varón es una losa muy pesada. Podrían haberse librado de muchos problemas si no se les hubiera metido éste propósito entre ceja y ceja.

    Que disfrute del día, Dame. Un saludo.

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    1. Efectivamente. Si a la gente no le hubiera importado tanto ser gobernados por una mujer, se habrían evitado muchas guerras. Finalmente parece que se convencieron.

      Feliz día

      Bisous

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  10. Inconcebible tanta venganza y ultraje . Menuda panda. Juliana era sin dudad de armas tomar:-) De todas formas cuanta crueldad y osar llamar esto justicia.
    Bisous y feliz semana

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    1. Pues sí, madame, leyes medievales, pero leyes al menos, y no arbitrariedad. Eso demuestra una de las primeras cosas que se le enseña al estudiante de Derecho: que la ley tiende a la justicia, pero no se identifica con ella.

      Lo verdaderamente injusto hubiera sido aplicar la ley a todo el mundo excepto a los miembros de su familia, algo que no siempre han tenido en cuenta los reyes.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  11. Qué barbaridad, la de semejantes bárbaros; aunque no me extraña, pues Eustaquio se dejo aconsejar por un Monfort y este tal Amauri, feroz como usted lo califica, tuvo de quien aprender.
    Beso su mano.

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    1. Un apellido, por cierto, que me encanta para villano de mis obras medievales :)
      Por qué será??

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  12. Con familias de este porte, ¿para qué las dinastías? ¡No, pero si al final van a tener razón los republicanos!
    Bisous.

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    1. Y hasta puede que al principio también, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  13. la familia. qué mundo. qué follones. la hija poniéndose de parte del suegro. no sé si esto pasa o no pasa mucho en el 'mundo civil'.
    oiga, qué imagen la de Juliana en el foso. no le digo nada.
    mi abuela se llamaba Juliana, fíjese.

    bisous, madame!!

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    1. Monsieur, no he entendido bien su comentario. El suegro de Juliana había fallecido cuando ella era niña. En realidad, que yo sepa, no lo conoció. Además el suegro nunca estuvo metido en estos fregados.

      La hija se puso de parte de su marido y de sus hijas. No le hizo gracia que sacasen los ojos a sus hijas y les arrancaran la punta de la nariz. No creo que eso pase mucho, no, y de ahí el cabreo de la mujer contra su padre el rey, abuelo de las niñas, que lo había consentido. Usted no sé, pero yo me hubiera enfadado bastante.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  14. He leído que una de las últimas hijas ilegítimas de Enrique, o por lo menos que se le atribuye, llamada Sibyl of Falaise, era en realidad hija de Roberto Curthose, el hermano mayor de Enrique. Tiene información de esto? He estado buscando la descendencia de Roberto Curthose y me encontré con esta información que me gustaría confirmar.

    Saludos

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    1. Pues no. Es casi imposible seguir la pista de todos los hijos que se le atribuyen a Enrique. De algunos de ellos no se sabe ni quiénes fueron las madres, y resulta muy confuso. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta el número.

      Feliz fin de semana

      bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)