jueves, 28 de noviembre de 2013

El juego en la corte de Luis XIV


“Todas las pasiones, como suspendidas, ceden ante una sola: el cortesano ya no es suave, ni adulador, ni complaciente, ni siquiera devoto.” (La Bruyère – Des biens de la Fortune) 


Desde el Renacimiento hasta el final del Antiguo Régimen, el juego se practicaba masivamente en la corte de Francia. Los apartamentos de Luis XIV en Versalles se abrían tres veces por semana para que los cortesanos se sumergieran en un frenesí lúdico. La reina María Teresa era la anfitriona en un juego nocturno, y Monsieur era otro de los grandes jugadores. El propio Mazarino había sido durante toda su vida un apasionado de los juegos de azar, en los que fue muy afortunado. Se dice que fue él quien introdujo tan desmedida pasión en una corte en la que no se jugaba en el momento en que él llegó, pues Luis XIII, a diferencia de otros monarcas anteriores, no había sido aficionado. El cardenal, en cambio, transmitió su inclinación a Ana de Austria.

Encontramos en las crónicas fragmentos que nos hablan de las desorbitadas cantidades de dinero que se movían. El cardenal de Retz nos cuenta en sus memorias cómo en 1650 el magistrado más antiguo del Parlamento de Burdeos, y uno de los que pasaban por más sensatos, no se avergonzó por jugarse una noche todas sus propiedades y sin arriesgar por ello su reputación. 

Las deudas de juego de Madame de Montespan eran considerables. El rey casi siempre las pagaba sin rechistar. Se trataba de desembolsos grandes para el Tesoro real, porque Athénaïs era una jugadora empedernida y perdía con mucha frecuencia. La marquesa organizaba loterías con elevados premios, y también se dedicaba al revesino, el sacanete o la bassette (también llamada hocca), un juego de azar italiano que a veces se ha dicho que fue introducido en Francia por Mazarino. Para jugarlo se empleaba una tabla dividida en treinta casillas y treinta billetes numerados mezclados en un saco. Si el billete extraído correspondía a la casilla elegida, se cobraba veintiocho veces lo apostado. 

Madame de Montespan

El bisbís era muy parecido, pero con 70 compartimentos. Se ganaba 68 veces lo apostado. 

Uno de los placeres de Madame de Sévigné cuando iba a la corte era admirar a Dangeau mientras jugaba. Se decía que el marqués de Dangeau había amasado buena parte de su fortuna con los naipes. En una carta del 29 de julio de 1676, Madame de Sévigné cuenta lo siguiente: 

“El sábado fui con Villars a Versalles. No hace falta que os cuente la toilette de la reina, la misa, la cena; todo eso ya lo conocéis. Pero a las tres el rey se levantó de la mesa, y él, la reina, Monsieur, Madame, Mademoiselle, todos los príncipes y princesas, Madame de Montespan, todo su séquito, todos los cortesanos, todas las damas y, en suma, lo que llamamos la corte de Francia, se reunieron en ese bonito apartamento que ya conocéis. Está divinamente amueblado; todo es magnífico… ¡Vi jugar a Dangeau! Qué tontos parecemos todos comparados con él… Gana cuando todos los demás pierden; no olvida nada, saca partido a todo, nunca se distrae; en una palabra, su habilidad desafía a la suerte…” 

Aunque, naturalmente, la mayoría de los cortesanos, menos hábiles que Dangeau, necesitaban recurrir de vez en cuando a las trampas. En una ocasión la duquesa de la Ferté le confesó sin sonrojo a Mademoiselle Dalaunay:

—Les hago trampas, pero solo para resarcirme por lo que ellos me roban a mí.

Philippe de Courcillon, marqués de Dangeau

Solían pagarse las deudas en luises de oro. Rohan, en una ocasión en la que no disponía de suficientes para satisfacer su deuda, ofreció al joven rey doscientas pistolas, pero Luis las rechazó.

—Puesto que Vuestra Majestad no las quiere, no sirven para nada —exclamó Rohan, y a continuación arrojó las monedas por la ventana.

En cualquier caso, se suponía que un cortesano tenía que saber “jugar como hombre de honor”, en palabras del Caballero de Méré, preparado para ganar o perder sin mostrar nada en su expresión ni en su comportamiento. Es decir que debía poner cara de póker, lo cual no siempre era fácil. No debió de serlo, desde luego, para el duque de Mortemart, sobrino nieto de Madame de Montespan, que perdió en el juego cien mil libras en una época de su vida en la que ya se hallaba endeudado con diversos mercaderes. Pagar cuanto antes las deudas de juego, por supuesto, era una cuestión de honor, tanto que en alguna ocasión condujo al suicidio del jugador desafortunado. No fue el caso de Mortemart, pero cuando su desgracia se hizo pública, su esposa sufrió un aborto que se achacó al enorme disgusto que le había causado enterarse.

Triste fue también el caso de Reineville, teniente de la guardia, un oficial muy destacado en combate, apreciado por su capitán y a quien el rey distinguía particularmente. Un día Reineville desapareció sin dejar rastro, por mucho que se buscó. El teniente adoraba el juego y había perdido una suma que no podía pagar. Era hombre de honor, y eso no le permitía afrontar la deshonra que tal fatalidad suponía. Al cabo de doce o quince años fue reconocido entre las tropas bávaras en las que se había alistado para ganarse la vida y permanecer en el anonimato.


La mayoría de estos juegos eran tremendamente simples. Para jugar al sacanete, a la baceta o al revesino, solo hacían falta naipes y buena suerte. El revesino, de origen español, según la Princesa Palatina gozaba de la preferencia del rey. Era parecido al póker, y se jugaba entre cuatro. La figura más sólida era el cestillo, formado por tres ases y la sota de corazones. Esta última era el naipe más fuerte. Se pueden consultar las reglas en este link.

El sacanete era en realidad un enorme revesino que se disputaba con seis juegos de 52 naipes. El tric-trac era un juego de dados en el que se avanzaba a través de un tablero, y el lansquenete un juego de cartas introducido por mercenarios alemanes. Este último alcanzó una enorme popularidad, y hacía furor en 1695, pero acabó causando el disgusto del rey debido a que, en el calor del juego, los cortesanos golpeaban la mesa con el puño y daban rienda suelta a un lenguaje sumamente inapropiado. Luis tuvo que conformarse con prohibir las blasfemias, pero le fue imposible desterrar el juego de las mesas de Versalles.

La baceta, de origen veneciano, causaba serios estragos en las arcas reales. La reina María Teresa, también jugadora empedernida, dejó a su muerte una deuda de 100.000 coronas debido a este juego, una suma que el rey hubo de pagar. Más tarde Luis hubo de saldar también las deudas del Delfín e incluso de su nieto, el duque de Borgoña.


Según el teniente general de policía, La Reynie, la baceta era el más peligroso de todos los juegos. “La prueba es que los italianos, que son capaces de juzgar los refinamientos de los juegos de azar, han reconocido en este tantos medios distintos de hacer trampa, que se vieron obligados a prohibirlo en su país. Incluso dos Papas, después de haber conocido las bribonadas que se habían cometido en Roma, lo prohibieron bajo penas rigurosas. En París causa tales desórdenes que habría que conseguir su prohibición”. 

Jugando a la baceta se podía ganar o perder más de cincuenta veces en un cuarto de hora. Una noche de febrero de 1679 la marquesa de Montespan organizó en sus propios apartamentos un juego que duró toda la noche. Perdió 400.000 pistolas contra la banca —y una pistola valía diez libras—, suma que recuperó de madrugada. A las ocho de la mañana Bouyn, el acaudalado financiero que dirigía la banca, quiso detener el juego, pero Madame de Montespan no se dio por satisfecha y declaró que no se iría a la cama hasta haber ganado otras cien mil pistolas. Continuó jugando, con lo que contrajo nuevas deudas. El rey perdió la paciencia y no pudo refrenar un estallido de cólera. 

—¡Madame, las mujeres que aman el juego, solo aman el juego! —exclamó. 

Ello no frenó la afición de la marquesa por los juegos de azar. Athénaïs continuó aprovechando la generosidad del rey para perder pequeñas fortunas en las partidas de tresillo o de boliche.


En París se jugaba en las ferias, en las embajadas y en las casas de juego, además de en un gran número de garitos clandestinos. Los burgueses copiaban las modas de la corte, y los predicadores eran conscientes de la gravedad de este mal que invadía el reino. Bourdaloue, en sus sermones, no cesaba de arremeter contra los jugadores. “Amáis el juego… que no es para vosotros una diversión, sino una ocupación, sino una profesión, …sino, me atrevería a decir, una rabia y un furor”.


26 comentarios:

  1. Me imagino Madame que por entonces no se conocía el término de "Ludópata" pero en realidad eso mismo eran. Se jugaba las fortunas porque las tenían. He conocido mujeres que se jugaban el sueldo de los maridos en las maquinitas tragaperras. Me pregunto ¿Bebían mientras jugaban? porque normalmente una cosa lleva a la otra. Mucho vicio hubo, hay y habrá en esto del juego.
    Bisous y buenas noches

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    1. Ay, madame, a veces jugaban también fortunas que no tenían, y así acababan. Curioso que la Montespan jugara tanto, teniendo en cuenta lo mal que lo pasó durante su matrimonio, porque su marido tenía ese vicio. Pero claro, como en su caso pagaba el rey, no había problema para ella.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Dinero que no cuesta ganar es facil de gastar...pero aun así y todo no deja de ser una adicción que tiene aveces malos finales por las medidas que tiene tan poco ortodoxas.Eso sí sin perder la cara de póker.

    El rey era un consentidor de estos vicios: pero por algo sería?

    El vicio del juego es un grave problema aun en nuestros días y, más sino son profesionales:porqué un profesional sabe a lo que se atiene.

    Feliz finde madame

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    1. Así es, el juego lo fomentaba entre sus cortesanos para mantenerlos entretenidos. Además a veces pagaba sus deudas, lo que era una forma de atarlos a él mediante un vínculo de gratitud.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. El juego es un vicio, por eso estos jugadores empedernidos no podían parar. Dice en su nota, Madame, que ya había loteria en la corte del Rey Sol. Pero era solo para nobles¿Cuándo pasaría a ser la ilusión de los simples plebeyos mortales?
    Bisous

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    1. No, estos juegos no eran solo para nobles, y de ahí las palabras de la Reynie. Había modalidades muy perniciosas, como la bassette, que causaba tantos desórdenes en París que el policía consideraba que debía prohibirse. Ello prueba que en esos momentos no solo no estaba prohibida, sino que se practicaba demasiado ampliamente.
      Hubo múltiples ordenanzas tratando de regular el juego, pero no implicaban una prohibición global, sino que iban dirigidas hacia alguna modalidad que estuviese causando particulares estragos en ese momento. Eso hasta fecha cercana a 1690, si mal no recuerdo, cuando Luis XIV prohibió las loterías privadas. Y aun así, siempre quedaban los garitos clandestinos donde se continuaban organizando loterías ilegales. Poco después él mismo establece la gran lotería real, destinada a obtener fondos para hospicios y hospitales

      Feliz día, madame

      Bisous

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  4. Qué mala es la ludopatía, cuántos sufrimientos provoca. Y está visto que ninguna cultura y época se libra del vicio del juego, debe ser algo intrínseco a la humanidad. Una faceta muy curiosa y sumamente original la que nos trae hoy de la mano de los tiempos de Luis XIV.
    Un saludo.

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    1. No, ninguna época se libra. Quién sabe qué hay en el fondo de algunos seres humanos, que siempre necesitan alguna clase de droga, alguna adicción. Quién sabe qué carencia lo origina en realidad.

      Feliz día

      Bisous

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  5. Hola Madame:

    La ludopatía no conoce de clase social. Así como en la corte, imagino que había plebeyos que hacían lo mismo.

    Y lo peor es que esas jugadas las pagaban quienes lo hacían y quienes no...

    Besos Madame

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    1. Muchos plebeyos, aunque no solían disponer de fortunas tan grandes para jugarse a las cartas.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  6. ¡Ah! Conque Madame de Montespan a sus demás “virtudes” une la de la ludopatía. Vaya, vaya.

    Creo que estoy mezclando los dos blogs, pero usted ya me entiende.
    Beso su mano.

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    1. La marquesa era un dechado de virtudes, en efecto. Ella que tanto se había quejado de las costumbres de su esposo!
      Y encima se nos escapa y anda saltando de un blog a otro. Aténaïs es incorregible!

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  7. Me es obligado decir que entonces no existía la caja tonta a la que todos miramos embobados hoy en día, ni la play station. Así que los cortesanos se pasaban las noches jugando y apostando sumas estratosféricas porque al día siguiente, además, no tenían que madrugar, ni silenciar al molesto despertador para ir a trabajar. Una cosa que no entiendo es cómo tenía cuerpo el rey para gobernar después de una noche frenética y en vela.
    Un besito

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    1. Tenga en cuenta que él solo dormía cinco horas. No necesitaba más, tenía esa suerte.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  8. ¡Caray! Conocía la afición al juego de la Corte, pero no imaginaba tal magnitud.
    ¿Se sabe si los organizadores se quedaban con un porcentaje de las cantidades jugadas?
    Feliz tarde, Madame

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    1. Pues no. No hubiera sido de buen tono. Los aristócratas podían ganar premios, pero no cobrar dinero por un negocio o actividad que no fuera estrictamente la de servir al rey, fuera en el ejército, en la administración o dentro de palacio.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  9. Desde luego hay que reconocer que en la corte francesa, por esos tiempos, todo era desmedido. No es de extrañar que se acabaran cansando de la monarquia... Tambien hay que reconocerle cierto glamour a este tipo de corte del rey. Ahora tenian dinero para dar y tomar, eso sí, todo se termina.
    Saludos

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    1. No se crea. El dinero no desaparece, pero así como entonces todo estaba en manos de los aristócratas, ahora está en las de banqueros y corruptos, suficientes para constituir una clase social en sí mismos.

      Feliz día

      Bisous

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  10. desde luego si q se pasaban no me extraña q manzarino pusiera tanto impuestos solo para pagardwudas de juego de sus cortesanos ya le hacia falta dinero!sobre todo de madame de mospedan!

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    1. No, Mazarino no pagó ninguna deuda de Madame de Montespan. Ella llegaba a la corte solo unos meses antes de que muriera el cardenal, y aún iba a tardar mucho en convertirse en la favorita y darse ciertos caprichos.

      Muchas gracias.

      Bisous

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  11. si lo hubiese gastado en otras cosas puedw q el pueblo no se cansaran de su monarquia asi no me extraña q no la quisieran

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    1. Yo creo que se hubieran cansado igual: había muchas otras cuestiones que no podían tener al pueblo contento, especialmente en temas de libertades. Tal vez cuestiones menos materiales, pero tal vez por ello más importantes.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. madame gracias x la informacion me gustaria saber mas de las costumbres se la corte del rey sol y las modas de vestir.Como tambien me gustaria saber si el hermano de armand athos tubo descendencia y hoy en dia existe algun descendiente.
    gracias x todo

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    1. Muchas gracias. Este artículo está extraído de mi otro blog, que es monotemático sobre la corte del rey sol. Espero que encuentre allí información que le interese.

      No tengo constancia sobre descendencia de un hermano de Athos, aunque sí de d'Artagnan.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  13. por lo que era el mayor de los dos y heredo todo el patrimonio familiar,se llamaba jean,y tambien fue mosquetero pero no encuentro mas datos.De todos mpdos muchas gracias por todo,Tambien me gustaria saber si el nombre que utiliza en la corte es el mis
    o que tiene aqui pues me gustaria seguor su trabajo ya que es excelente perdone si la molesto on tanto preguntar.

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    1. En la corte soy Diana de Méridor. El blog sobre la corte del Rey Sol se titula Cierto sabor a veneno, y esta es la URL:

      http://dianademeridor.blogspot.com.es/

      Muchas gracias a usted, es muy amable. No me molesta en absoluto, sino todo lo contrario.

      Buenas noches

      Bisous


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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)