martes, 29 de octubre de 2013

La Regencia de María Cristina


María Cristina de Nápoles tenía 23 años cuando llegaba a España en diciembre de 1829 para casarse con su tío, Fernando VII. El padre de María Cristina era Francisco I de las Dos Sicilias, y su madre María Isabel de Borbón, hermana del rey de España. Para él se trataba del cuarto matrimonio, a pesar de lo cual aún no había logrado ninguna descendencia: la primera esposa había fallecido después de tener dos abortos; la segunda, tras dar a luz una hija que apenas vivió unos meses, murió a consecuencia de un nuevo parto terrible, y la tercera nunca llegó a ser madre.

La hermana de María Cristina era Luisa Carlota, que vivía en la corte de España por estar casada con el infante don Francisco de Paula, hermano del rey. Es ella quien inclina a su cuñado hacia la candidatura de María Cristina, a la que presenta como ejemplo de sumisión y ternura al tiempo que le recuerda que su familia es sumamente fecunda. La influencia de Luisa Carlota sobre él era grande en esos momentos, y las relaciones entre ambos casi siempre cordiales, por lo que no le costó imponer a su candidata. Fernando, además, había quedado vivamente impresionado por el retrato. 

El marqués de Villa-Urrutia describe así a la novia:

“Era considerada Cristina como hermosa, no por la corrección de sus facciones, sino por el conjunto, según se puede apreciar en el retrato de don Vicente López, cuyo pincel, como el de Goya, no pecó de cortesano y lisonjero. Su cabello era castaño; los ojos, pardos, parecían negros a cierta distancia, y sin ser grandes resultaban expresivos y dominantes; la boca, graciosa, con propensión constante a la sonrisa; la frente, proporcionada al rostro; la nariz, más bien grande sin ser borbónica; el color, blanco nacarado; los pómulos, ligeramente rojos; las orejas, menudas y bien puestas…; el cuerpo, airoso y esbelto; la figura, de intachables líneas esculturales; los ademanes, naturalmente distinguidos, y el aire, siempre elegante, cualquiera que fuera el traje que vistiese”. Y luego añade algo que demuestra lo mucho que cambian las modas: “Cuando entró en Madrid, sin estar delgada, no era mujer de mucho volumen; pero al poco tiempo adquirió su cuerpo ciertas líneas curvas, en España como en Oriente muy apreciadas, por el mayor relieve que dan a la hermosura femenina. Además, como remate de estas cualidades, se dibujaba siempre en su rostro una expresión de placidez, de franqueza, de amabilidad, que producía irresistible y halagüeña sugestión”.

María Cristina de Borbón - Dos Sicilias (María Cristina de Nápoles)

María Cristina había recibido una educación deficiente que la hacía preferir el trato con la gente del pueblo. No destacó en el estudio, y en el palacio de sus padres ocupaba las habitaciones situadas sobre las caballerizas, “donde de continuo veía y oía cosas que no está bien vean y oigan las señoritas”. Pero su aspecto sosegado y dulce no permitía sospechar en ella el menor atisbo de vulgaridad. Sus aficiones, por otra parte, no podían ser más borbónicas: sus únicos pasatiempos eran la equitación y la caza, pudiendo considerarse una excelente amazona capaz de competir con los más hábiles jinetes de la corte de Nápoles.

La boda se celebraba en Aranjuez el 9 de diciembre de 1829, y dos días más tarde la reina entraba en Madrid, donde el pueblo la recibía con entusiasmo. Según un testigo del acontecimiento, “el esplendor del cortejo era verdaderamente regio, la carroza de Su Majestad era digna de un monarca más poderoso; tiraban de ella ocho hermosos caballos, elegantemente enjaezados,… y la comitiva iba escoltada por una nutrida tropa de húsares. En la carroza real no iban más que sus majestades. El rey iba de uniforme militar y su regia consorte lucía un sombrero rosa de estilo francés y un vestido estampado de muselina… El rey apenas hacía caso de las pleitesías de sus súbditos, pero la reina parecía ávida de ganarse su favor con muchas sonrisas dulces y afables inclinaciones de cabeza. En cuanto a don Carlos, ninguno de los vivas se perdía para él, porque tenía una inclinación y una triste sonrisa para cada uno. Se dice, y creo que con razón, que al rey no le gusta esta competición pública con su hermano en pos del favor popular”.

Los poetas competían al dedicarle versos, y todos aguardaban esperanzados a que la joven resolviera de una vez el delicado asunto de la sucesión. Los liberales consideraban a la reina “como un sol de piedad que venía a iluminar los antros en que vivía el sentimiento nacional”. Ella tenía, además, una cualidad que encantó al pueblo: su sonrisa constante, algo que hasta entonces apenas habían visto en sus reyes. Era alegre, y “poseía gran facilidad para expresar sus ideas por medio de la palabra con genial desenfado, intercalando frecuentemente en la conversación frases y agudezas que sin esfuerzo alguno brotaban de sus labios”.

Isabel II

El 10 de octubre de 1830 daba a luz a la princesa María Isabel Luisa, destinada a reinar un día como Isabel II. Aunque se deseaba un varón, el nacimiento no causa decepción. 

“En la tarde de hoy, a las cuatro y cuarto, la reina mi augusta esposa ha dado a luz con felicidad una robusta infanta. El cielo ha bendecido nuestra venturosa unión y colmado los ardientes deseos de todos mis amados vasallos que suspiraban por la sucesión directa de la corona. Daréis conocimiento de ello a las autoridades y corporaciones de toda la monarquía, según corresponda, para su satisfacción y que se tribute al Señor la más rendida acción de gracias por tan inestimable beneficio; rogando al mismo tiempo por la salud de la reina, y que ampare con su divina omnipotencia el primer fruto de nuestro matrimonio.”

Cuando meses antes se había anunciado el embarazo, Fernando quiso asegurar el trono a la criatura que iba a nacer y, en previsión de que no fuera un varón, había hecho promulgar el 29 de marzo una pragmática en la que abolía la ley sálica introducida por Felipe V. La pragmática había sido en realidad aprobada por las cortes en tiempos de su padre, pero, al no haber sido sancionada y promulgada, había carecido hasta entonces de fuerza legal. La decisión del rey suscita las protestas de su hermano, el infante don Carlos. Este ya se había hecho a la idea de ser el heredero de la corona, y no le gustó verse desplazado de pronto.

Carlos María Isidro Benito de Borbón y Borbón-Parma

El 30 de enero de 1832 nace otra hija: la infanta Luisa Fernanda, que andando el tiempo se casaría con el duque de Montpensier. El rey está muy enfermo para entonces; en septiembre su estado se agrava de tal modo que se teme por su vida. Las intrigas comienzan a sucederse en torno a María Cristina, que no se aparta del lecho del rey. El ministro Calomarde, partidario de la ley Sálica, se alía con el infante don Carlos y convence a la reina de que no tiene el apoyo de la nación, por lo que es preciso que ceda a la causa carlista. Ella se aviene a todo y en la tarde del 18 de septiembre se consigue que el rey, cuyo estado es crítico, derogue la Pragmática Sanción.

Luisa Carlota, que había permanecido en Cádiz con su esposo tomando las aguas, llega poco después de producirse estos acontecimientos y, furiosa e indignada, culpa a la reina por su debilidad y propina una tremenda bofetada al ministro en presencia de toda la corte. Cuentan, sin que los estudiosos se pongan de acuerdo respecto a la veracidad de la anécdota, que fue entonces cuando Calomarde le ofreció la célebre respuesta:

—Manos blancas no ofenden, señora.

Y, tras hacer una reverencia, se dio la vuelta y se fue.

Francisco Tadeo Calomarde
Cuatro días después la salud de Fernando mejora. Calomarde es desterrado y la pragmática es restablecida.

—Cuidado, señores, que esta es mi sola y segura voluntad —dijo entonces el rey.

María Cristina estuvo al cargo del gobierno durante la enfermedad de su esposo. Parecía que con ella comenzaban a soplar nuevos vientos: se abrieron las Universidades, se concedieron amnistías por delitos políticos y algunas personalidades menos absolutistas encontraron acceso a los cargos públicos.

En septiembre de 1833 se juraba como heredera a la princesa Isabel. Durante la ceremonia la niña se presenta vestida de raso blanco, con la banda de María Luisa y el pelo levantado y recogido con una peineta de brillantes. No ha cumplido aún tres años, por lo que durante las complicadas ceremonias permanece en una pieza contigua a la iglesia de los Jerónimos, donde se celebra el acto. Solo aparece cuando los altos personajes le han de besar la mano. Es una niña con unos bonitos ojos azules, pero durante el besamanos algunos advierten que “tenía las manitas muy ásperas y en un estado muy poco natural que me hizo conocer debía padecer algún exantema, lo que a su edad tan tierna daba mala idea de su robustez y no muchas esperanzas de su existencia entre los peligros de los primeros años de vida…”

La salud del rey, mientras tanto, volvía a deteriorarse. En julio se quejaba de un dolor en la cadera que le impedía caminar. Aparecía hinchado, y su aspecto era preocupante. El 29 de septiembre, según Diego San José, “don Fernando hizo su vida habitual de enfermo. Despertóse temprano; rezó sus oraciones, vio a sus hijas; habló largo rato con Cristina sin sentirse muy acuciado por los achaques consabidos; almorzó con desgana, pues la enfermedad le quitó el buen apetito de que siempre hizo alarde, y luego del almuerzo durmió una breve siesta. Despertóse al cabo de una hora, y sintiendo un poco de desmayo, se reanimó con una copa de vino seco que le sirvió la misma reina”.

Federico de Madrazo - La enfermedad de Fernando VII

Poco después, y según el parte facultativo, le sobrevino un ataque de apoplejía fulminante. La descomposición del cadáver fue tan rápida y atroz que hubo que soldar el féretro para tratar de contener aquel hedor insoportable.

El 3 de octubre salía el cortejo fúnebre por la puerta principal de palacio en dirección a Galapagar, en cuya iglesia debían reposar los restos del rey hasta que a la madrugada siguiente se reanudara el camino hacia El Escorial. Llegados a su destino, se rompía accidentalmente una de las gradas de mármol al bajar el féretro al panteón. Aun después de muerto, Fernando VII seguía destrozando el reino…


Continuará



28 comentarios:

  1. María Cristina, la única de las esposas del rey felón que pudo sobrevivirle. Le tocará hacer un papelón tremendo apoyándose en los liberales moderados para que los carlistas no quitaran de en medio a su hijita, pero no comulgando para nada con el ideario liberal, sino todo lo contrario. En fin, un tiempo terrible de nuestra historia, a la par que esperanzador. Y lo peor estará por llegar de la mano de su hijita y sus espadones.
    Un saludo.

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    1. Ay, sí, monsieur. Aquello era un continuo salir de Guatemala para meterse en Guatepeor.

      Feliz martes

      Bisous

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    2. Desde luego, los tiempos venían revueltos y María Cristina - ahora estación de metro en Barcelona- tendrá ocasión de protagonizar episodios interesantes, por decirlo finamente.

      Bisous y buenas tardes

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    3. Desde luego, madame. No tuvo una vida precisamente aburrida en ningún aspecto.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Forma parte de la historia es innegable. Una mujer con carácter. Porque mire que ser la cuarta. También es lógico que mirara por sus hijas. Lo que creo que nadie en esa época sabía de responsabilidades y de lo que significaba tener entre las manos el destino de un país, y alargo hasta hoy. Cada cual a los suyo.
    Bisous madame y buenas tardes

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    1. La pobre no tenía el carácter más adecuado para llevar las riendas del gobierno, y encima la situación mire que era complicada de narices. Menudo marrón le tocó.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Aunque España tiene razones para recordarlas con amargura, yo encuentro muy entretenidas a Isabel II y su madre. Tal vez porque las conocí por la óptica de Galdos y Valle-Inclán. Pero sinceramente ¿qué hubiera sido de España en manos de Don Carlos?

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    1. Cierto, madame. Se mire por donde se mire, el país no tenía salida dentro de la monarquía. Yo también encuentro muy entretenida la época, aunque mire que el reinado de Isabel II era engorroso de estudiar. En mis tiempos de estudiante lo detestaba. Luego empecé a verle otras gracias, jiji.

      Feliz martes, madame

      Bisous

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  4. Se ve que el Deseado dejó escapar la esencia de su ser nada más morir...
    En fin, no seamos crueles.
    Esperamos la continuación, Madame.
    Feliz tarde

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    1. Eso, no imitemos al Deseado, monsieur.
      A ver cuándo puedo tener lista la continuación.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. A la reina no se loe puede negar que tuvo que hacer frente a una situación crítica, aunque en esta tarea no estaría sola (y no me quiero adelantar en acontecimientos). Guapa, guapa, no era, pienso yo, pero si era en realidad tan borbónica como se decía tendría un muy buen sentido del humor. Para casarse con Fernando VII, aunque sea obligada, había que ponerle buena cara a la vida.... uf. Y, por lo visto, tenía dos víboras en casa, pues buenos eran Luisa Carlota y Francisco de Paula.
    Un beso

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    1. Su carácter era un arma de doble filo. En lo personal, la ayudó mucho a sobrellevar el hecho de tener que casarse con esa joya de hombre. En lo público, no tenía las mejores cualidades para situarse al frente de un país.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  6. Fernando VII el que usaba paletón un despota para el pueblo.el rey Felón.Desde luego cuando quieren hacer referencia a algun Borbón siempre los ponen de buenos cazadores y jinetes y María Cristina apuntaba formas.

    Madame :deseando leer la segunda parte que viniendo de esta casta poco bueno hay que esperar...

    Feliz semana.

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    1. Bueno, en realidad pronto comenzó a ganar volumen y perder agilidad, algo que también le ocurrió a su hija.

      Pronto la segunda parte, madame.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Hola Madame:

    Ya por aquí. Maria cristina era una dama que no se merecía el rey felón...Aunque para encargarse del gobierno ya era mucho.

    Seguiremos la saga

    Besos

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    1. El rey felón mereció pocas cosas. Menos de las que tuvo, desde luego.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  8. Jejeje..., muy ocurrente eso de que aún después de muerto seguía destrozando el reino, y su viuda, como regente, amasando una fortunita con su querido Muñoz, a lo mismo, hasta que se fue.
    Beso su mano.

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    1. Un desastre, monsieur. Increíble que los países sobrevivan a pesar de todo.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Buenas noches, Madame:

    Sobre este asunto existe un dibujo alegórico de Vicente López que representa los momentos previos al deceso de Fernando VII (no se pierda a la muerte con la guadaña haciendo tiempo bajo el dintel):

    http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/el-milagro-la-reina-maria-cristina-de-borbon-encomienda-a-la-virgen-del-carmen-la-salud-de-fernan/

    Ciertamente, las mujeres que tuvieron que compartir su vida con este miserable solamente me inspiran lástima. Desconocía que hasta siendo enterrado produjo agravio...

    Esperamos con curiosidad su próxima entrada. Un saludo.

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    1. Tener que compartir la vida con alguien así es de esos casos en los que queda justificado el suicidio, qué horror.
      He pasado a ver el dibujo. Realmente esa muerte con la guadaña no tiene desperdicio :)

      Feliz día

      Bisous

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  10. maría cristina, que como bien dicen por arriba, es la de la parada de metro en barcelona. en la zona noble, claro. nada mejor para un borbón casarse con... otra borbón. es curioso, porque así como con los Austrias siempre se habla de los matrimonios entre familiares para explicar según que cosas, con los borbones el tema parezca menor. isabel II soluciona eso mezclándose muy abiertamente con propios y extraños, eso sí.
    ¿el peor rey fernando VII? los records están para superarlos.

    a ver cómo continúa.
    bisous madame.

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    1. Así es, monsieur: Isabel aparentemente solucionó el problema. Lo que no me explico es por qué no funciona, entonces. Todo parece seguir igual.

      Feliz día

      Bisous

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  11. A juzgar por el retrato de Vicente López, me parece que la descripción del marqués de Villa-Urrutia es perfecta. Lo que no me gusta es el novio: una de las grandes desgracias de nuestra historia.
    Bisous.

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    1. Todavía no he encontrado a nadie a quien le guste el novio, y no puedo decir que me sorprenda.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  12. Aca comentan que don Fernando fue un mal bicho , pero si que se la hizo al tal Carlos, mejorándose momentaneamente solo para arruinarle la tramoya. Besitos. Claudia.

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    1. Y a quién no se la hizo Fernando? Me temo que no dejó precisamente un buen recuerdo.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  13. Por lo menos, María Cristina tuvo que soportar durante poco tiempo al rey. Muy oportuno su final. destrozando el reino hasta después de muerto.
    Un abrazo.

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    1. Sí, ella tuvo suerte con ser la cuarta y poder rehacer su vida después.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)