sábado, 26 de octubre de 2013

La hija del Regente


La única descendencia legítima del príncipe de Gales, regente de Inglaterra antes de alcanzar el trono como Jorge IV, fue una niña nacida en Londres el 7 de enero de 1796, en el palacio de Carlton House. El nacimiento de Carlota Augusta, fruto de un matrimonio mal avenido que terminaría por separarse poco después, tuvo lugar un día antes de que se cumplieran nueve meses de la boda de sus padres.

La unión de Jorge con su prima Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel fue, simplemente, una alianza de conveniencia que no resultó del agrado de ninguno de ambos contrayentes. Se detestaron desde un principio, y el príncipe, de hecho, recibió una penosa primera impresión de una esposa a la que encontró sucia y poco atractiva. Pero como el Primer Ministro le había asegurado un generoso aumento en su renta si accedía a contraer matrimonio, a Jorge, siempre lleno de deudas debido a su alegre tren de vida, le pareció suficiente motivo para casarse con Carolina.

Cuando James Harris, conde de Malmesbury, acompañó a la novia hasta Inglaterra, la condujo al palacio de Saint-James para ser presentada al príncipe. Este, incapaz de ocultar su desagrado, exclamó:

—Harris, no me siento bien. Por favor, tráigame una copa de brandy.

La opinión de la novia no fue más halagadora, puesto que declaró encontrar a su prometido gordo y en absoluto tan guapo como habían querido pintarlo en los retratos..

Jorge IV

En realidad no era este el primer matrimonio del príncipe: el 15 de diciembre de 1785 se había casado en secreto en Londres con la joven viuda María Ana Fitzherbert, su amante. Esta unión contravenía la ley de 1772, en virtud de la cual era preceptivo el consentimiento del rey o del Consejo Privado para que un miembro de la familia real pudiera casarse. Dicho permiso se había solicitado, pero fue denegado debido a que la señora Fitzherbert profesaba la religión católica. El matrimonio, por tanto, fue declarado nulo, aunque ello no supuso el fin de la relación entre ambos. Por el contrario, esta continuó después del nuevo enlace de Jorge, si bien no fue, ni mucho menos, la única que se le puede atribuir al licencioso príncipe de Gales. 

María fue seguramente su gran amor. El día de la boda Jorge se presentó borracho. Llamó a su hermano y le dijo que nunca amaría a otra mujer que no fuera María. A su muerte, muchos años después, se encontraron todas las cartas que ella le había escrito, guardadas cuidadosamente, atesoradas por Jorge hasta el fin de sus días. El nuevo rey quiso entonces conceder a María el título de duquesa real, un honor que ella declinó.

El matrimonio con Carolina fue un desastre desde un principio. Si tenemos en cuenta que, según la correspondencia privada de Jorge, solo tuvieron tres encuentros íntimos, fue casi un milagro que naciera Carlota. El príncipe no encontraba ningún aliciente en visitar a su esposa, sobre todo desde que la poco discreta esposa hizo algún comentario acerca de sus atributos, unas observaciones que no lo dejaban en muy buen lugar y parecían arrojar sobre él una velada acusación de impotencia. El asunto disgustó mucho a Jorge, porque, en su opinión, eso significaba que ella tenía con quién compararlo, y que por tanto no llegaba al matrimonio en ideales condiciones de pureza.

Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel 

Una vez se hubo producido el feliz acontecimiento, ambos se consideraron liberados de sus respectivas obligaciones conyugales y comenzaron a hacer vidas prácticamente independientes. Jorge redactó pocos días después un testamento para que, en el caso de que se produjera su propio fallecimiento, la esposa quedara excluida de cualquier intervención en la educación de la niña, aunque no se le prohibía verla. Además legaba todos sus bienes a María.

Carlota fue bautizada el 11 de febrero en el gran salón del palacio de Saint-James. A pesar de que su nacimiento fue muy festejado, gozó de pocas alegrías en su vida. Era una criatura impulsiva, caprichosa y apasionada, que anheló siempre una libertad que nunca logró alcanzar. Su infancia transcurrió en medio de un ambiente tenso y plagado de discusiones familiares. Tenía solo ocho años cuando la separaron de su madre, que se trasladó al palacio de Kensington mientras ella ocupaba Montagu House y era atendida por los servidores designados por su padre. 

Poco después Carolina, que tenía consigo un niño que se afirmaba que era hijo suyo, habido de una relación extramatrimonial, fue acusada de adulterio. Jorge esperaba así obtener el divorcio, y mientras tanto prohibió a Carlota que viera a su madre. Fue una dura prueba para la niña, que tuvo que presenciar cómo Carolina, al encontrarla en el parque, por orden de su esposo fingió no verla. Pero la investigación no halló pruebas concluyentes del alegado adulterio, de modo que Jorge tuvo que volver a permitir que madre e hija se vieran.

Carlota Augusta de Gales

Carlota, mientras tanto, alcanzaba la adolescencia observando un comportamiento que daba mucho que hablar. Las damas de la corte hablaban de su atuendo poco decente, pues iba enseñando la ropa interior, que llevaba más larga que el vestido.

Cuando cumplió 17 años, Jorge decidió casarla con el príncipe de Orange, y ella, en un principio, acató la decisión paterna; pero todo cambió cuando se enamoró del príncipe Augusto de Prusia y rompió el compromiso.

No era este, sin embargo, el primer amor de Carlota. Ella, gran admiradora de Jane Austen y tan necesitada de sentirse amada, adoraba el romance. Ya con anterioridad había mantenido una correspondencia clandestina con su primo Charles Hesse, hijo ilegítimo de Federico de York, una relación que era apoyada por Carolina, quien incluso propició que ambos se encontraran a solos en una alcoba en su casa. Y antes de Charles su corazón había estado ocupado por otro de sus primos, George FitzClarence, hijo ilegítimo de su tío el duque de Clarence. En cuanto a Augusto, la princesa no sabía, porque él no se había molestado en decírselo, que estaba casado: había contraído un matrimonio morganático.

Su padre descubrió que su hija se veía en secreto con el príncipe Augusto y, furioso, despidió a todos los sirvientes de Carlota y la condenó a vivir retirada en Windsor Park.

—¡Dios todopoderoso, dadme paciencia! —exclamó la princesa cayendo de rodillas.

Después corrió escaleras abajo y salió a la calle por la puerta trasera; subió precipitadamente a un coche de alquiler y se dirigió a ver a su madre. Su fuga, sin embargo, no duraría mucho: accediendo a los ruegos de sus tíos y a los del obispo de Salisbury, a las dos de la mañana regresaba a casa.

Carlota Augusta de Gales

La princesa permaneció encerrada en Windsor y no volvió a oír hablar de Augusto, ni tampoco del príncipe de Orange, espantado tras oír hablar de algunas de las peculiares costumbres de la joven. De este modo, otro candidato encontraba despejado el camino: Leopoldo de Sajonia-Coburgo.

Leopoldo, muy inteligente, supo ganarse el favor de Jorge, impresionar a los ministros y hacerse amigo de uno de los tíos de Carlota, el duque de Kent. A través del duque se puso en contacto con ella, y la enamoradiza Carlota llegó a la conclusión de que solo el príncipe podría hacer su felicidad. Cuando Leopoldo estaba en París, tras la batalla de Waterloo, el edecán del duque hacía las veces de mensajero y se mantenía constantemente ocupando trayendo y llevando las cartas de ambos. En enero de 1816 el príncipe era invitado a Inglaterra, y ella escribía lo siguiente:

“Lo encuentro encantador y me voy a la cama más feliz que nunca [...]. Soy una persona muy afortunada y tengo que dar gracias a Dios.”

Cuatro meses después se celebraba la boda.

El carácter de Leopoldo era muy diferente del de su esposa. Hijo menor de un príncipe alemán, contaba 27 años y ya se había distinguido en la guerra contra Napoleón. Además, había demostrado igualmente sus dotes diplomáticas en el Congreso de Viena. Su carácter era mucho más frío y formal que el de Carlota, reposado al hablar y prudente. Ella tenía, según fue descubriendo, muchas cosas que le resultaba difícil tolerar: era impaciente, reía de modo escandaloso, carecía de autocontrol y tenía unos modales deplorables para un hombre de su educación. Eso motivaba roces constantes entre ambos, pero no enturbiaba su dicha. Se amaban. Como describe Lytton Strachey, “todas las escenas terminaban de la misma manera: ella de pie frente a él, con cara de niño rebelde con enaguas, el cuerpo inclinado hacia delante, las manos atrás, las mejillas rojas y los ojos encendidos, y confesando, por fin, que estaba dispuesta a hacer lo que él quisiera”.

Leopoldo de Sajonia-Coburgo

El joven médico alemán Stockmar, que formaba parte de la servidumbre, escribió en su diario: “Mi señor es el mejor marido del mundo, y su mujer siente por él un amor tan inmenso que solo puede compararse con la deuda exterior de Inglaterra”.

Lamentablemente la infeliz Carlota no iba a poder disfrutar mucho tiempo de su recién encontrada felicidad. En la primavera de 1817 se supo que esperaba un hijo. Stockmar tuvo el buen juicio de rechazar uno de los puestos de médico privado. No le gustaba cómo se estaba llevando aquel asunto: el régimen alimenticio de la princesa no era adecuado, y consideraba un error las continuas sangrías a las que estaba siendo sometida. El 5 de noviembre, a las 9 de la noche, por fin concluía el espantoso parto de la princesa, un tormento que duró más de 50 horas en las que su esposo no se separó de ella, y que tristemente solo había servido para dar a luz un niño muerto.

Carlota no resistió tan dura prueba. La vida se le escapaba, y cuando Stockmar entra a verla la encuentra agonizando. No había perdido, sin embargo, su ánimo: los médicos insistían en darle vino, y entonces ella oprimió la mano del joven y le dijo:

—Me están poniendo piripi.

Stockmar había abandonado ya la alcoba cuando escuchó desde la habitación contigua que ella lo llamaba a gritos. Entró apresuradamente, pero llegó tan solo a tiempo de recoger los últimos estertores de la moribunda.

Carlota Augusta fue enterrada con su bebé en la capilla de San Jorge, en Windsor. El duelo de la nación no conoció precedentes; el luto fue tan extenso que se agotó el paño negro en todo el reino. “Mi Carlota nos ha dejado, el país la ha perdido. Ella era buena, una mujer admirable. Nadie conocía a Carlota mejor que yo. Era mi deber conocerla, pero también mi dicha”, escribía un esposo desolado que, como cuenta Holme, “era como si se hubiera quedado sin corazón”.



Bibliografía:
Victoria I – Lytton Strachey
The Life & Memoirs of Her Royal Highness (the Late) Princess Charlotte of Saxe-Coburg-Saalfeld - David McIntosh
Memoirs of Her late Royal Highness Charlotte Augusta, Princess of Wales – Robert Huish
Charlotte & Leopold: The true story of the original People's Princess - James Chambers
Prinny's daughter : a life of Princess Charlotte of Wales - Thea Holme


18 comentarios:

  1. Curiosamente, la Reina Carolina fue muy amada por el pueblo, lo que ha dado para comparaciones con la Princesa Diana. En cuanto a Carlota, al menos fue feliz en su matrimonio.
    Es muy injusta esa clausula, presente hasta hoy, de que el Rey de Inglaterra no puede casarse con una católica. Sin embarg, lei que puede casarse con una mahometana.
    Bisous, Madame

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  2. De padres bastante impresentables y que no se querían nació una heredera que al menos sí conoció lo que era el amor y una relación bastante normal.
    Un saludo y feliz fin de semana.

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  4. Había escrito con la cuenta de mi esposa Madame ;D
    Habí escrito que al menos fue feliz en el matrimonio, aunque no tuvo el mismo ejemplo de sus padres, afortunadamente.

    Lastima que en tan duro parto, el niño haya nacido muerto. Fue mucho tiempo.

    Besos Madame



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  5. Que triste madame. Cuando por fin encuentra el amor de su vida , la vida le dice adiós. Hoy no habría muerto seguro, eran otros tiempos y la medicina no era la que es.
    Bisous y buen finde.

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  6. La infancia y adolescencia estuvo falta de afecto... que pena que cuando ya escontró la horma de su zapato se malogró: es que el destino es así de caprichoso.

    Feliz fin de semana madame.

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  7. Sin duda alguna una vida desgraciada la de la joven Carlota que buscaba demostrarlo aunque fuera mostrando las enaguas. El ejemplo del padre dejaba mucho que desear; en cuanto a la madre no era un dechado de elegancia pero se sabe que la gente la quería mas que al rey. La medicina de la epoca lamentable, una curandera de pueblo sin duda sabia mas.

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  8. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

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  9. Bonsoir Madame!
    De haber sobrevivido Carlota hubiese desplazado a su prima la poderosa y antipática reina Victoria, la única nieta sobreviviente de Jorge III.

    Resulta anecdótico también que Leopoldo de Sajonia, con el tiempo fue elegido como primer Rey de Bélgica, cuyos descendientes continúan reinando hasta la actualidad.
    La hermana de Leopoldo, era la madre de la poderosa reina Victoria, lo cual explica el porqué es llamada -La Abuela de Europa-, estaba emparentada con todas las testas coronadas.

    Después de un sofocante verano ingresamos a la temporada estival,
    ¡Cordiales saludos a todos!

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  10. "Una criatura impulsiva, caprichosa y apasionada, que anheló siempre una libertad que nunca logró alcanzar". ¿Qué se podía esperar de tales progenitores sino que la desdicha del fruto? El amor siempre deshace los nudos de los intereses.
    Bisous.

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  11. Carlota se notaba que era una niña que necesitaba amor, que no quería acabar como sus padres, atados por obligación a un yugo. De ahí que se enamorase tanto. Me alegro por ella, pues encontró al final el amor, aunque le durase, por desgracia, tan poco.
    Un beso y feliz domingo

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  13. No me extraña que no se llevaran bien. Aparte de los piropos que se dedicaron, el que el novio se presentara borracho a la boda debió ser la puntilla para lo que ni siquiera había empezado. Bien lo dice usted: milagroso fue que tuvieran una hija.
    Beso su mano.

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  14. Conocía la historia de esta pobre mujer. ¿Qué es pirri? Besos. Claudia.

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    1. Estar piripi es estar borracha, madame :)

      Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  15. qué cosas. a punto de diñarla y tiene humor para considerar que se está empitufando.
    pues una vida romántica donde las haya. juventud alocada, matrimonio estupendo y muerte prematura. de libro.
    buen martes, madame!
    bisous!

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  16. Terminé de leer pensando que el único personaje que me inspiraba simpatía era María Ana Fitzherbert; pero el comentario de Gélido Troya ha cambiado mi opinión: ¡Carlota fue casi una rockstar de época!
    Feliz tarde, Madame.

    Pd. No era lector habitual de "Mujeres de Leyenda", pero la desaparición de un blog nunca es una buena noticia. Transmita, por favor, todo mi apoyo a Madame Magnolia.

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  17. Desde luego parece una novela romántica. Al menos Carlota fue feliz al final de sus días.
    Un saludo.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)