miércoles, 17 de julio de 2013

Las marginalia y el humor medieval


Marginalia es una voz latina que sirve para designar las notas, glosas o comentarios hechos al margen de un libro. Pero el término no se aplica tan solo al texto, sino también a los dibujos, como en el caso de los manuscritos ilustrados medievales. Los monjes pasaban entonces largas horas sentados ante su escritorio, aplicados a la importante tarea de copiar códices para preservar el conocimiento en sus bibliotecas. Seguramente esto habría terminado por resultarles demasiado aburrido si no fuera porque parecen haber encontrado un modo de combatir el tedio. Ellos nos han dejado en las marginalia curiosas imágenes que han sido objeto de diversas interpretaciones. De lo que no cabe duda es que el humor está presente en muchas de ellas, a veces no exento de crítica o sátira. Aparecen caballeros combatiendo contra caracoles, monos leyendo, frailes y monjas en situaciones delicadas y toda clase de actos irreverentes. Las hay, incluso, que se adentran en lo grosero, lo escabroso o lo sacrílego. 


En cuanto a las notas al margen, en ocasiones plasmaron en ellas sus críticas o su cansancio, y nos legaron alguna que otra travesura.

Estos son algunos ejemplos:

“Pergamino nuevo, tinta mala. No digo más.”

“Ya he terminado de escribirlo todo. Por Dios, necesito beber algo”.

“San Patricio de Armagh, líbrame de la escritura”.


“Con tanto frío no puedo estudiar esto”.

“Que termine ya la tarde.”

“Quiero comer”.

“Tengo mucho frío”.

“Esta es una página difícil y cuesta leerla”.


El mono recibe sus armas y armadura de la dama. La imagen pertenenece a las Horas de Engelberto de Nassau, y fue elaborada en Flandes hacia finales del siglo XV.

“Que la voz del lector honre la pluma del escritor”.

“Esta página no ha sido escrita muy despacio”.

“Gracias a Dios, pronto oscurecerá”.

“¡Ay, mi mano!”

“Mientras escribía me quedé helado, y lo que no pude escribir a la luz del sol, lo terminé a la luz de las velas”.


Marginalia con el más antiguo ejemplo conocido de bruja montada en una escoba. Pertenece a un manuscrito de 1451.

“Como el marinero recibe el puerto al que arriba, así el escriba recibe la última línea”.

“La escritura es excesivamente monótona. Curva la espalda, oscurece la vista, retuerce el estómago y los costados”.

“¡Qué triste, librito! Llegará el día en que alguien dirá al leer tus páginas: “ya no está la mano que las escribió”.

Imagen del salterio Gorleston

La presencia de los gatos en las bibliotecas de los monasterios era habitual, puesto que estos animales se encargaban de ahuyentar a los ratones que de otro modo destruirían los preciosos manuscritos. A veces eran los gatos los que dejaban su huella en ellos. 

En torno a 1420 un amanuense de los Países Bajos encontró que durante la noche un gato había arruinado su manuscrito al orinar sobre él y dejar una mancha sumamente perceptible. Ello lo obligó a dejar en blanco el resto de la página, y dibujó un gato con la siguiente maldición: 

“Aquí no falta nada, pero una noche un gato orinó encima. Maldito sea el condenado gato que se meó en este libro durante la noche en Deventer… Y mucho cuidado con dejar libros abiertos de noche en sitios donde pueden venir los gatos.”

Este es el manuscrito con la maldición. Colonia, Historisches Archiv

Pero a veces la amenaza que suponían los ratones se convertía también en objeto de inspiración, como refleja Hildeberto, un amanuense checo del siglo XII. En la imagen un ratón ha trepado a su mesa y está comiendo el queso. Hildeberto levanta una piedra con intención de arrojarla al ratón y escribe la siguiente maldición: 

“Maldito ratón, siempre me estás enfadando. ¡Que Dios te destruya!”

Hildeberto y el ratón. Praga, Biblioteca Capitular


20 comentarios:

  1. Ay que ternura con esos pobres amanuenses a la merced de gatos y ratones. La marginalia es un arte, pero también tiene algo de grafiti medieval y diario de vida.
    Bisous, Madame

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    1. Pues sí. Me imagino que las obras no eran supervisadas por los superiores, porque menudos castigos habría en algunas ocasiones.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  2. Pues digan lo que digan, yo estoy a favor del gato! no habra quedado muy perfumado el manuscrito pero que gracias a eso duro hasta hoy, la buena onda felina lo garantiza.
    Y nuevamente es de agradecer esta valiosisima informacion del post, realmente no habia visto nunca tratado el tema (salvo en la novela de Ecco) el tema de los escribiente y como se descargaba o como eran los dibujos que hacian para entretenerse.... un lujo de post como siempre.

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    1. jiji, sabía yo que se pondría usted a favor del gato, no sé por qué.

      Muchas gracias, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  3. Querida Madame, un placer como siempre leer sus entradas. Esta en particular me iluminó, pobres escribanos, yo que creía que su labor era divertida... Pero no después de hacerlo diario muchas horas seguidas.
    Me recordó a Umbero Eco con su libro "El nombre de la rosa". Una abadía con una biblioteca grandiosa, copistas y traductores, y el novicio Adelmo, ilustrador y miniaturista, primera víctima. ¿Se referirá Eco a la marginalia al describir las ilustraciones de Adelmo? O estoy completamente fuera de contexto?
    Saludos, María.

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    1. Una novela deliciosa la que usted nos recuerda. Seguramente la obra que copiaba Adelmo contenía jugosas marginalia, teniendo en cuenta que era un tratado sobre la comedia y el tema ya invitaba al amanuense.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  4. Madame, ¡qué refrescante entrada la que nos brinda!

    Ahora mis alumnos podrían decir, sin miedo, que lo suyo de escribir o pintar cosas en sus libros y cuadernos mientras yo explico ya viene de lejos.

    Buen día.

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    1. Imagino que se trata de un impulso irreprimible :)

      Feliz día, madame

      Bisous

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  5. bueno, hacían en los márgenes lo que los demás hacemos ahora en los twitters, en los facebooks o incluso, algunos, en los blogs. tengo frío, tengo hambre, ya estoy hasta los mengues de escribir esto... los tiempos no cambian.
    interesantísima entrada, madame.
    bisous!

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    1. Merci, monsieur. Se ve que no hay nada nuevo bajo el sol. El ser humano siempre ha tenido las mismas tendencias.

      Feliz día

      Bisous

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    2. Supongo que los impulsos de estos escribanos son muy humanos. Pese a que desde fuera resulta muy bonito por las letras tan cuidadas que podían hacer y las preciosidades de iluminaciones que algunos monjes realizaban, se trata sin duda de un trabajo bastante ingrato.

      Menos mal que algunos descargaban tanta bilis en las marginalia.

      Muy interesante entrada, Madame. Nunca deja de sorprendernos. Que pase una buena tarde.

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  6. Interesantísimo. La vida en los monasterios tenía sus problemas pero al menos lo pasaban mejor que los campesinos. Era un trabajo intelectual duro pero no tanto como los esfuerzos físicos de quien no tenía erudición alguna. Del frío parece que no se salvaba nadie. Besos. Claudia.

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  7. La rutina, el tedio, el frío, las largas jornadas... tenían que salir en algún sitio.
    Saludos

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  8. Ay. que risa, madame. Y yo, que pensaba que los monjes tenían una disciplina casi militar...Creo recordar que uno que escribía con frecuencia en los márgenes de los libros, era Napoleón. Interesante artículo.

    Besitos.

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  9. Cuánta marginalia relativas a las circunstancias de sus trabajos como escribanos. Cómo leo en otro comentario, sí, sería duro estar en largas jornadas, con frío, poca luz; pero peor viviría un siervo de la gleba, dependiente igualmente del un señor, con jornadas también de sol a sol, con el frío de la intemperie y el de su propia casa para ganar poco o nada.
    Beso su mano.

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  10. Me imagino a aquellos monjes copiando día tras día los manuscritos en el escriptorium de los conventos, ateridos de frío, muertos de hambre, casi en la completa oscuridad y con los dedos manchados de tinta. Así no me extraña que tuvieran que desahogarse un poco, aunque fuese emborronando las páginas de los libros que transcribían, hablando como para sí mismos, dando rienda suelta a sus pensamientos no en voz alta, ni para sí, sino en los propios pergaminos.
    Y recuerdo a todo esto al gran Umberto Eco y su "Nombre de la rosa".
    Un beso

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  11. Hola Madame:

    Lo del gato me dio risa. Tanto tiempo solos, hace que corra la imaginación.

    Besos madame

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  12. Siempre he disfrutado y admirado estos libros escritos a mano. Pero se ve que sus autores también se han cansado
    a veces de hacerlo. Me han divertido mucho sus frases de protesta silenciosa.
    Bisous

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  13. Humor muchas veces con "retranca" y dobles sentidos.
    Aprovechando que interrumpo brevemente las vacaciones, paso por su blog a saludarla.
    Feliz verano.

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  14. Muchas gracias a todos. Disculpen mi ausencia estos días y la falta de tiempo. Iré poniéndome al día con ustedes.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)