martes, 9 de julio de 2013

El robo del salero de Cellini

Kunsthistorisches Museum, Viena

En 1543 Cellini hacía el famoso salero para el rey Francisco I de Francia, en cuya corte se hallaba refugiado. Décadas más tarde Carlos IX regalaba el precioso objeto al archiduque Fernando cuando este le representó en su boda por poderes con la hija del emperador, y de ese modo la obra de arte iba a terminar en el Kunsthistorisches Museum de Viena. 

El domingo 11 de mayo de 2003, para estupefacción de todo el mundo, el salero desaparecía del museo. Hacia las cuatro de la madrugada la alarma había sonado en el piso superior, pero el vigilante, al comprobar que ningún otro sensor se había disparado, se limitó a desconectarla tomándola por uno de los frecuentes falsos avisos. Si el guardia hubiera seguido el procedimiento normal, habría encendido las luces en el interior del edificio para que las cámaras grabaran lo que estaba ocurriendo, pero su despreocupación favoreció el éxito del ladrón. 

Cuatro o cinco horas más tarde, durante la ronda rutinaria, se descubre que hay una ventana rota y que la vitrina de grueso vidrio que contiene el salero no solo se ha quebrado, sino que también está dramáticamente vacía.

El salero, llamado la Mona Lisa de las esculturas, estaba valorado en 65 millones de dólares, por lo que se trataba del mayor robo de la historia de Austria. Era un escándalo. Parlamento, prensa y ciudadanos, todos andaba de cabeza con la noticia; nadie hablaba de otra cosa, y la policía se veía obligada a trabajar bajo una tremenda presión. Dada la importancia del caso, se hizo un despliegue de medios sin precedentes y llegó a haber 115 agentes trabajando a las órdenes de Ernst Geiger. 


La policía descubrió que el ladrón había aprovechado que la fachada posterior estaba en obras para escalar un andamio y entrar por una ventana. Lamentablemente el camino desde la ventana al salero no contaba con ningún sensor de movimiento que pudiera delatar su presencia.

Los primeros sospechosos fueron los trabajadores del museo, pero pronto fueron descartados. No había ninguna pista, y las investigaciones no avanzaron hasta que al cabo de tres meses la compañía aseguradora del salero recibió una nota exigiendo un rescate de cinco millones de euros. El ladrón amenazaba con fundir la pieza si se avisaba a la policía, y como prueba de que tenía la obra de arte en su poder, adjuntaba unas raspaduras de esmalte azul oscuro que mediante técnicas como la microespectografía pudo comprobarse que pertenecían al salero. Si la compañía aceptaba el precio, debía poner un anuncio en el periódico con el siguiente texto:

“Recibido tu mensaje pero tengo pequeños problemas con tu pedido. Sara, por favor, vuelve”.

Mientras tanto el museo, que ofrecía una recompensa de 75.000 dólares a quien encontrara la pieza, había contratado por su cuenta a un investigador privado de Londres, experto en la recuperación de cuadros robados. Se trataba de Charles Hill, antiguo miembro del escuadrón Arts and Antiques de Scotland Yard y célebre por haber logrado recuperar El grito de Munch en 1996. Hill estudió la nota enviada a la aseguradora y lo primero de lo que se percató fue de que estaba escrita en un inglés macarrónico, por lo que el asunto le recordó a otro caso protagonizado por una banda criminal conocida como los Bandidos de los Balcanes. La complicada estructura de esta banda, la mayor de Europa en robos de este tipo, se compone de grupos de serbios, croatas, albano-kosovares, macedonios y montenegrinos. Hill viajó a Serbia y Croacia e hizo uso de sus contactos en los bajos fondos, pero no consiguió ningún avance.

Charles Hill

Al mismo tiempo que el museo contrataba los servicios del detective, la empresa aseguradora había recurrido a la policía a pesar de la advertencia contenida en aquella nota. Se decidió que lo mejor era seguirle la corriente al ladrón y poner el anuncio tal como les indicaba, pero algo salió mal: días después la noticia se filtraba a la prensa, por lo que el autor del robo se espantó e interrumpió toda comunicación . Nuevamente se perdía rastro.

Dos años después hacía un nuevo intento por rentabilizar su rapiña y enviaba una segunda nota a la compañía de seguros en octubre de 2005. Pero esta vez ya no pedía 5 millones de euros, sino diez, y previa inserción de un anuncio por palabras con el número de un teléfono móvil al que enviar instrucciones por SMS. Como prueba adjuntaba una foto del salero junto a un ejemplar del diario La República con fecha reciente, y firmaba con una curiosa palabra escrita en español: “Cerveza”.

Esta vez pudieron llevarse a cabo las instrucciones, y entonces el ladrón reveló dónde encontrar un trozo del salero. La policía acudió al lugar indicado y pudo rescatar el tridente desmontable, oculto en una calle tras una caja de fusibles.

El 7 de noviembre, a las 10 de la mañana, debía procederse a la entrega del rescate. Para ello un hombre acudiría en bicicleta, con ropas llamativas para ser fácilmente avistado y el dinero dentro de una mochila. Se siguieron al pie de la letra las instrucciones, pero el hombre de la bicicleta, en lugar de ser de la aseguradora era en realidad un agente de policía. No fue una trampa demasiado astuta, de modo que el ladrón receló y durante más de cinco horas iba enviando al ciclista mensajes le tuvieron circulando por las calles de Viena y deteniéndose de vez en cuando en algún punto. Al cabo de ese tiempo comprobó que la policía le seguía, de modo que no llegó a recoger el paquete. Irritado por la maniobra, al día siguiente les envió un SMS en el que denunciaba el incumplimiento. Fue una imprudencia de la que habría de arrepentirse.

Robert Mang

Durante todo ese tiempo había enviado los mensajes desde diferentes teléfonos para evitar ser localizado. Usaba cada uno solo una vez, y todos los había comprado meses antes de utilizarlos, pero en esta ocasión, agotados todos, el mensaje procedía de uno que había adquirido el día anterior para enviar su protesta. Cuando iba a realizar la compra, había mirado a su alrededor para asegurarse de que no había cámaras, pero no advirtió una pequeña y oculta con la que la tienda grababa todas las compras. Ahora solo había que cuadrar la hora de la venta con la que señalaba la cinta de video.

La policía se encontró con un hombre atractivo de mediana edad con una abundante mata de cabello negro y una amplia sonrisa que descubría una dentadura de anuncio de dentífrico. Se difundieron las imágenes de su rostro y  se solicitó la colaboración ciudadana. Naturalmente todos sus amigos le reconocieron.

El primero en llamar fue precisamente él. Decía haberse reconocido en las imágenes, pero negaba cualquier vinculación con el robo y se mostraba preocupado por la confusión, de modo que rogaba que no difundieran más su imagen. Dio el nombre de Robert Mang. Era un hombre divorciado que vivía solo. No tenía antecedentes ni problemas económicos; no había en él nada sospechoso excepto dos detalles: en su juventud había coleccionado esculturas, por las que sentía gran inclinación, y además era un ingeniero que tenía un negocio dedicado precisamente a la instalación de alarmas. Eso lo convertía en idóneo para detectar fallos de seguridad en el museo.

Mang vivía a algo más de una hora al norte de Viena. Cuando la policía lo visitó en su casa, él, nervioso, insistía en que, a pesar de que la grabación lo acusaba, no tenía nada que ver con el robo. Ponía tanta convicción que estuvo a punto de persuadir a los agentes de que se habían equivocado de hombre. Pero al registrar la casa hallaron una evidencia que era imposible refutar: había diversas notas con detalles acerca de las operaciones para la entrega del rescate. 


Fue suficiente para que fuera arrestado, y poco después hacía una confesión. El salero de Cellini había estado guardado en una maleta bajo su cama, hasta que unos días antes de ser detenido lo había metido en una caja que ocultó en un bosque cercano. El propio Mang colaboró con la policía y los ayudó a desenterrar la caja. Había marcado cuatro árboles para poder encontrar el punto exacto después. Los agentes cavaron durante una hora bajo la nieve de enero, hasta que finalmente dieron con lo que buscaban. El salero estaba en el interior, cubierto por un envoltorio impermeable de tela y plástico. No había recibido apenas daño. Mang incluso se fotografió con los agentes en el momento del descubrimiento, y en la imagen lucía una enorme y desconcertante sonrisa.

Durante el juicio hizo la más extraña de las declaraciones. El señor Mang era, al parecer, un Don Juan empedernido que había llegado al museo siguiendo a una turista que había llamado su atención. Allí, sin más, de pronto reparó en lo fácil que sería robar el precioso salero, y una semana después, tras haberse tomado unas copas, decidió emprender la aventura. Al principio solo buscaba la emoción, pero cuando leyó en los periódicos cuál era el valor del salero, no pudo resistir la tentación de sacarle provecho a su hazaña.

Robert Mang fue hallado culpable del robo y condenado a cuatro años de prisión. Su aventura no le había salido tan mal: súbitamente adquiría una extraordinaria notoriedad y se convertía en un icono sexual para las austriacas. En prisión recibía cartas de amor y mensajes de tono sumamente subido que, en ocasiones, incluían ropa interior de la remitente, las llaves de la casa o una petición de cita para cuando saliera en libertad.

Eso sucedió pronto: debido a su buen comportamiento, al cabo de solo dos años y nueve meses abandonó la prisión. Desde entonces ha optado por mantenerse en el más absoluto anonimato y ha rechazado cuantas entrevistas le han propuesto. Al menos hasta ahora.


Fuentes:
Por un salero – Rafael Bladé – Revista Historia y vida, junio 2009
Strange case of the £35m saltcellar – Luke Harding, The Guardian, lunes 23 de enero 2006
For Stolen Saltcellar, a Cellphone Is Golden – Richard Bernstein

30 comentarios:

  1. Increíble, Madame, adónde nos puede llevar un salero. Al comenzar la lectura pensé en una extravagancia como las muchas que uno encuentra en el Kremlin, por ejemplo; pero luego fue haciéndose la historia más y más interesante hasta convertir al presidiario en sex symbol. Los amigos de lo ajeno a veces son más estrafalarios que las mismas joyas objeto de robo.
    Bisous.

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    1. Es lo que tienen los aventureros, aunque su afán de aventura los empuje a veces al delito. En realidad estos robos de guante blanco tienen mucho de novelesco.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Debo confesar cierta fascinación por los ladrones de obras de arte, Hay algo de arriesgado y de aventurero en ellos que los hace románticos. Después de todo, hay museos que han conseguido su material de manera no muy legal tampoco. No es este el caso, pero también conozco colecciones en donde obras y manuscritos están muy mal cuidados.
    Bisous

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    1. Sí, así es. Estoy de acuerdo con usted en que hay algo de romanticismo en esa clase de aventura. Y, desde luego, las obras de arte no siempre llegan a los museos mediante procedimientos más ortodoxos, no.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. vaya hombre, pues al final le salió bien, que digo, muy bien el robo. sólo le falta pasearse por esos platós de televisión y ya tiene amortizada la broma. así que se le ocurrió el robo... por casualidad... qué tío. tanto plan y tanto...
    seguro que acaba colaborando con la policía.

    bisous madame!!

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    1. Curiosamente no ha aceptado ninguna oferta para aparecer en programas, que yo sepa. Pero tal vez acabe sucumbiendo a la tentación. Se lo imagina en un Sálvame Deluxe, con polígrafo incluido?

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  4. Vaya con el salero. Esperaba un pequeño cilindro, y me encuentro con un cuenco decorativo, poco apto para dejar en un comedor, donde le puede caer salsa o grasa. No fue el móvil, el que traicionó al avispado ladrón, sino el uso de la palabra "cerveza" ,que le trajo mala suerte. ;)

    Besitos, madame.

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    1. Monsieur, he tenido que rescatar nuevamente su comentario, que me había sido enviado a la carpeta de spam. Qué cosa tan extraña.

      Muchas gracias y feliz día

      Bisous

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    2. Gracias por decírmelo. Esto es de locura. Dejé de usar el navegador Opera, porque consumía mucha ram, y en su lugar puse el "Maxton". Este mensaje lo escribo usando el firefox, que entiendo a medias. A ver, si me va mejor.

      Besitos.

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    3. Sí, con este no ha habido problemas.

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  5. Es ideal esta historia para un guión; de no ser que ya lo esten haciendo: porqué ni el Santo tenía tanto exito jajaja.

    No estoy de acuerdo con lo que hizo : pero, esta visto que la seguridad a prueba de todo no existe.

    Por estos lares el calor aprieta que es un gusto.

    Feliz verano madame.

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    1. Desde luego, tenía que salir una película magnífica de todo esto. O tal vez una novela. Hay material de sobra.

      Feliz tarde, madame

      bisous

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  6. Bonsoir Madame

    Ese salero es una verdadera obra de arte. Cuando uno lee la biografía de Benvenuto Cellini puede comprender que fue uno de los genios del Renacimiento, pues fundía las piezas una a una, y luego las unía con infinita paciencia hasta armar todo el conjunto.

    La obra representa a Poseidón Neptuno como el Mar y a Gea Cibeles como alegoría de la Tierra.

    Sabía que el rey Carlos IX estaba algo perturbado pero ahora lo confirmo. Nunca debió obsequiar tan valioso tesoro.

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    1. La autobiografía de Cellini es una auténtica delicia, casi una novela de aventuras. Tuvo una vida intensa el artista.

      Yo, al igual que usted, nunca hubiera regalado ese salero. Lo guardaría como oro en paño, y un poco mejor que el museo de Viena.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  7. ¡Menuda historia! Leí "La vida" de Benvenuto, una obra llena de aventuras, intrigas, crímenes, etc.
    Buenas tardes, madame

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    1. Su vida resulta absolutamente apasionante. Y además demostró que tampoco se le daba mal tomar la pluma.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  8. Madame este caso era para detective Enrique:-) Pues si que es guapo este señor. Parece un actor de cine. Lo que hace un enredo de faldas. Si la moza entra en un banco igual habría intentado volar la caja fuerte. Un historia genial y el salero es bellísimo, una verdadera joya sin duda.
    Bisous

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    1. precisamente me acordé yo del detective Enrique mientras elaboraba este artículo :)
      Monsieur Mang me recuerda mucho a Horst Buchholz, el cual me parece que fue guapísimo cuando era joven.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  9. Menos mal que, como siempre o casi siempre, menos las veces que no nos enteramos, los malos acaban comentiendo algún error que los descubre.
    Él, Cellini, que prefería cosiderarse escultor, y mire que era bueno como tal, destacó como orfebre genial. Este salero lo prueba. Una maravilla recuperada.
    Beso su mano.




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    1. Ojala todas las historias tuvieran un final tan feliz como este. Y qué pena tener que depender de los errores del contrario en lugar de con los propios aciertos. Al final casi parece una competición a ver quién comete más errores.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  10. Vaya aventura que se le ocurrio llevar a cabo y sin embargo se convierte en el galan del pais. Toda una contradiccion, las chicas los esperaban a la salida de la carcel con las puertas abiertas. Seguramente habra encontrado algun cobijo adecuado que le hace mantener cerrado el pico. Buenas noches independientes por aqui.

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    1. Seguro que se sigue divirtiendo en privado, madame. Es curioso, pero en realidad nunca buscó notoriedad.

      Feliz día


      Bisous

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  11. Parece mentira que una obra de arte como esta pudiera sustraerse tan fácilmente. Habla bastante mal del Kunthistorisches Museen y de la poca valoración que tenemos por las artes decorativas en general. Seguro que si hubiera sido un lienzo estaría más protegido.

    Debió de ser peculiar aquellas primeras conversaciones de otros reclusos austríacos con el Sr. Mang, cuando le preguntasen el porqué de su estancia en presidio.

    No me despediré sin decirle que le ha quedado una entrada completamente novelesca. Me ha parecido absolutamente deliciosa.

    Que pase un buen día, querida Dame. Un saludo.

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    1. No sé si siendo un lienzo estaría más protegido, cuando uno piensa en la mismísima Gioconda, o en el grito de Munch, caso en el que precisamente se empleó el mismo detective. Nada está a salvo, me temo.

      Muchas gracias, equipo.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  12. Esta historia tan interesante da perfectamente los argumentos necesarios para escribir una novela: un robo espectacular, una pieza de arte valiosísima, un investigador astuto, un ladrón de atractivo e inteligencia, una investigación con persecución incluida, una detención extraña. A lo mejor la novela esrtá publicada y no me he enterado...
    En todo caso, y perdone mi atrevimiento, estas historias de robos artísticos siempre me llevan a recordar la película de "La pantera rosa".
    Un beso

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    1. Así es, resulta sumamente novelesco. Me sorprende que el propio Mang no se decidiera a sacarle partido. Partido legal, esta vez!

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  13. Madame, con mas tiempo hoy, hay que reconocer que el señor cumplio el dicho: la ocasión hace al ladrón. Vio como hacerlo, lo hizo como un desafio y lo logro. Que la delincuencia no era lo suyo se nota por los hechos. De nada mal ver, no es raro que se haya convertido en sex simbol y llegado todo tipo de propuestas: las peliculas no dejan de mostrar el lado aventurero, romanticon, osado, inventiva de ladrones de museos con caritas de Pierce Brossnan, Goerge Clooney y demás que una gentilmenten les daría una manito en el choreo (como decimos por acá). Si no acepto ninguna entrevista, se me hace que entre tanta propuesta, alguna buena debe hacerle llegado y aceptado.

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    1. Tengo que investigar yo eso de la manita en el choreo :)
      Yo creo que tarde o temprano el caballero se dejará tentar. Esperemos a ver.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  14. Yo pensé lo mismo. Algo interesante captó este señor tan buen mozo y a su manera ingenioso o ya tendría su propio reality show "Master Thief". besitos. Claudia.

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    1. Quién sabe si está esperando otra clase de oferta. O tal vez retirado escribiendo sus memorias.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)