domingo, 14 de julio de 2013

El paje de la reina María Teresa


Es creencia generalizada que cuando María Teresa llegó a Francia como esposa de Luis XIV, llevó consigo a sus enanas, causando con ello gran escándalo y desagrado en la corte. Nada más lejos de la realidad. Durante ese siglo se encuentra también en Francia un buen número de enanos junto a los reyes: Enrique IV tenía tres. María de Médicis tenía como ujier de su gabinete a un enano, posiblemente uno de los muchos que en su día habían pertenecido a Catalina de Médicis, y fue famoso el de Enriqueta de Francia, un auténtico conquistador. Antes de que llegara María Teresa, también Ana de Austria tenía un enano llamado Baltasar Pinson. 

Tanto los príncipes de la sangre como el resto de los cortesanos y hasta los eclesiásticos seguían esta costumbre. El hermano del rey tenía a la vieja Hébert, a quien llamaban “la loca de Monsieur”. El Gran Condé tenía a su servicio un enano que respondía al nombre de l’Angéli y que empleaba como mozo de cuadras. L’Angéli lo acompañaba en sus campañas militares. El bufón se hizo célebre por sus epigramas, de modo que en 1660 el joven rey, a pesar de que no le gustaban los enanos, quiso conocerlo. Encantado por el ingenio y la malicia con las que le respondía, solicitó de Condé que se lo cediera. 

L’Angéli, que a veces figura equivocadamente en algunas fuentes al servicio de Luis XIII, fue el último en recibir una pensión del rey. Al morir Baltasar Pinson dos años después, en 1662, Luis XIV suprimía el cargo de enano real, existente desde los tiempos de Francisco I. Pero durante su reinado enanos y bufones estuvieron presentes en la corte, e incluso se afirma que él mismo había hecho venir desde Bretaña a un hombre del que se decía que no sobrepasaba los 40 centímetros. 

Maribárbola y Nicolasito Pertusato

Los enanos mantenían la conversación a la mesa y asumían diversas funciones. Los hemos visto como ujieres y mozos de cuadra, e incluso podían ser ayuda de cámara o hacer las veces de intérpretes. Cuando la marquesa de Villars acudió a reunirse con su esposo, el embajador de Francia en España, dejó testimonio en su correspondencia de algunos detalles interesantes: “Tiene el rey un enano flamenco que habla y entiende muy bien el francés. No ayudaba poco a la conversación. Se llamó a una dama de honor con su guardainfante para que viera yo ese artilugio. El rey me preguntó por medio del enano qué me parecía, y yo le contesté que no creía que se hubiera inventado para un cuerpo humano. Presumo que también él era de mi opinión.”

María Teresa llevó una enana entre cierto número de damas a las que tenía especial aprecio, según cuenta Mlle de Montpensier en sus memorias: “La reina había traído también una enana que era una criatura monstruosa. A veces las hay bellas: yo he tenido varias que lo son mucho.”

El duque de Beaufort regaló a María Teresa “como juguete y mascota” un niño africano considerado una rareza por su tamaño diminuto. Tenía unos 10 años y medía 68 centímetros, pero además se estimaba que su estatura nunca rebasaría 90. 

Luisa de Kéroualle

Las memorias de Madame de Montespan, que aunque con toda probabilidad sean apócrifas arrojan mucha luz sobre la época, nos revelan este significativo dato: “Siguiendo la moda impuesta por Su Majestad, todas las damas de la corte querían tener pequeños moritos negros que las acompañaran… Así fue que Mignard, Bourdon y otros pintores de la aristocracia, solían introducir NIÑOS negros en todos sus retratos”. 

Como se aprecia en muchas pinturas, estos niños aparecen en casi todas las cortes europeas, aunque en Francia se extendía ahora la costumbre entre las damas de la aristocracia. Era muy difícil conseguir enanos africanos, pero se buscaban niños que al menos fueran de escasa estatura, para que resultaran más graciosos. Al alcanzar la pubertad, perdían su gracia como pajes-mascota y se los apartaba para emplearlos en otros menesteres. 

El de María Teresa, Nabo, no llevaba mucho tiempo en Francia. Comenzaba apenas a chapurrear algo del idioma, tan mal que provocaba la hilaridad de la reina, y ello pese a que el francés de María Teresa era bastante deficiente.

El pobre Nabo fue objeto de una leyenda negra muy extendida, obviamente originada tiempo después y fuera del entorno de la corte, por parte de personas que no estaban enteradas ni de la edad de Nabo ni de otros particulares que deberían haber sido tomados en cuenta. 

Enriqueta María de Francia

En 1664 María Teresa daba a luz prematuramente a una niña que fallecía al poco tiempo, un parto complicado que casi acaba también con la vida de la madre. El nacimiento no estaba previsto hasta Navidad, pero a comienzos del mes de noviembre había empezado a encontrarse mal y tuvo contracciones prematuras. Los médicos decidieron practicarle una sangría, tras lo cual la reina dio a luz el día 16. Pero algo más salió terriblemente mal: la niña, María Ana, era monstruosa, velluda y de aspecto negruzco. 

El hermano del rey, al verla tan pequeña y con ese aspecto, hizo alarde de un cuestionable sentido del humor al comentar que se parecía a la mascota, según recoge Mlle de Montpensier en sus memorias: 

“Monsieur me dijo que la niña que había dado a luz la reina se parecía a un morito que había traído monsieur de Beaufort, que era muy bonito, el que siempre estaba con la reina, que cuando se comentó que el bebé se le parecía, fue apartado; que la pequeña era horrible y no iba a vivir…” 

Mademoiselle de Blois y Mademoiselle de Nantes, hijas de Luis XIV

Es comprensible que a los padres de la niña no les hiciera gracia que comenzaran las burlas comparando su físico con el del pequeño bufón que llevaba la cola del vestido de la reina y la entretenía con sus saltos y piruetas. A ello se unía la superstición de la época, que hacía creer que el morito podría haber aojado a María Teresa cuando estaba embarazada, siendo responsable del mal parto. Por tanto no resulta sorprendente que les hiciera sentir incómodos y decidieran llegado el momento de apartarlo. Pero el desafortunado comentario de Monsieur fue suficiente para que décadas después se le quisiera dar otra interpretación. Alguien que no había conocido a Nabo y que sin duda imaginó que se trataba de un servidor adulto, comenzó a pergeñar la historia de una relación entre el paje y la reina. 

La historia, como toda leyenda, se fue engrosando. Hay relatos delirantes, como el que cuenta que Nabo falleció repentinamente algunos días después del anuncio del embarazo de María Teresa, con lo cual pretenden significar que fue eliminado para silenciarlo. Esto, evidentemente, es falso: bastaría con ese párrafo de las memorias de Mademoiselle para demostrar que seguía vivo después de nacer la niña. Pero la desfachatez va mucho más allá. Hay una bifurcación, redactada seguramente bajo el influjo de alguna sustancia psicotrópica, que afirma que Nabo no murió, sino que se convirtió en El Hombre de la Máscara de Hierro. No explican de qué podría servirle a alguien de sus peculiares características físicas que le taparan la cara, como no fuera para llamar aún más la atención. Tampoco parece importar que no cuadren las fechas. Da la sensación de que el autor, siguiendo aquella máxima de “nunca dejes que la realidad te estropee una buena historia”, no estuvo interesado en revisarlas. 


La madre de María Teresa había imbuido en la mente de su hija la idea de que solo podría ser reina de Francia o monja. Ella, plenamente convencida, amó mucho a su esposo, en parte porque estaba predispuesta a amarlo desde la infancia. No concebía que una princesa pudiera enamorarse de un hombre cuyo rango fuera inferior. Una anécdota que refleja perfectamente su carácter es la cándida respuesta que dio un día en que le preguntaron si cuando aún estaba en España no se había sentido atraída por algún caballero. 

—¡Claro que no! ¡Pero si allí solo había un rey, y era mi padre! 

La reina mantuvo durante toda su vida la reputación de mujer sumamente virtuosa e ingenua, lo cual sería muy incongruente si realmente hubiera dado a luz a una niña de raza negra que en modo alguno podía ser del rey. Doblemente extraño sería esto si la criatura hubiera sido engendrada por un niño impúber de 68 centímetros de estatura y que, lamentablemente, según la mentalidad de aquel tiempo, apenas tenía consideración humana y se ofrecía como regalo igual que un monito o un gatito. 

La Princesa Palatina, segunda esposa de Monsieur

Puesto que Nabo no había alcanzado la edad que lo convertía en apto para la reproducción, la imposibilidad física es obvia y por sí misma es suficiente para zanjar el tema; pero es que en el caso de que hubiera sido posible, María Teresa no habría sido simplemente una mujer infiel, sino una depravada, una auténtica degenerada. Sería inaudito que no hubiera variado un ápice el concepto en que la tenían los cortesanos que nos legaron sus memorias y su abundante correspondencia. 

Este es un grave escollo con el que toparon quienes trataban de defender la teoría de la hija negra de María Teresa. Viendo que semejante infidelidad por parte de la reina resultaba inverosímil, los mejor intencionados trataron de alegar que había sido violada. Es una lástima que en sus conclusiones no incluyan para nuestro deleite una descripción detallada de cómo una reina de Francia, además siempre rodeada de guardias y servidores, puede ser forzada por un niño de 68 centímetros que de pronto no logra contener su desmedida lujuria. Tampoco explican cómo sería posible que la reina mantuviera al niño a su servicio durante todos esos meses después de algo así, y que siguiera tratándolo de igual modo, mostrándole el mismo afecto y riendo sus gracias. 

Retrato de Elizabeth Risby en Suffolk, Inglaterra. Como se puede apreciar, también allí contaban las damas con enanos y pajes negros entre sus servidores

En vista de que el argumento no resultaba convincente, algunos hicieron una aportación a este vodevil basándose en la psicología de la reina: como ella era tan inocente, el asunto seguramente había tenido lugar jugando, sin que ella fuera consciente de lo que hacía. Claro que para entonces María Teresa ya tenía 25 años y había sido madre dos veces, con lo que no se puede alegar ignorancia. Más que ingenuidad, hubiera sido un espeluznante grado de oligofrenia que la reina, desde luego, no tenía. 

Sabemos que Luis apenas se separa de su esposa durante los días en los que ella entra en agonía. Era la época de la relación del rey con Luisa de La Vallière, y María Teresa aprovecha para arrancarle la promesa de que olvidará a la favorita, a la que pide que case con algún caballero. El rey le promete todo lo que desea oír en ese momento; cualquier cosa con tal de aliviar su sufrimiento y darle un poco de sosiego. Hubiera sido ciertamente curioso por parte de Luis mostrarse tan cariñoso y solícito a la vista de una niña que no podía ser suya, y que encontrara más que razonable la petición de la esposa en tales circunstancias. ¡Pero lo verdaderamente insólito hubiera sido que la reina eligiera justo el momento en que da a luz a una hija cuyo físico proclamaba ante el mundo su ilegitimidad para pedirle al esposo que deje de serle infiel! No, hombre, no; hay que escribir guiones más sólidos. 

Condesa de Dysart

El nacimiento, al igual que el de los restantes hijos de la reina, fue público. Pero no saltó el escándalo entre los cortesanos; al menos no de esa clase. El asombro y desconcierto que produjo la niña era, simplemente, del tipo que puede producir un ser que nace con tres piernas. La corte se espantó porque la desdichada criatura era monstruosa. 

Solo cabe concluir que no resulta verosímil que María Teresa diera a luz a una niña de raza negra. Los cortesanos no mencionan exactamente eso. La Princesa Palatina, segunda esposa de Monsieur, dice que la hija de María Teresa era horrorosa, pero no negra. La Princesa de Conti, hija bastarda del rey, sostenía que la coloración de la niña se debía a las dificultades del parto. Al nacer le faltaría oxígeno, produciéndole convulsiones que le habrían dado ese color negro-violáceo momentáneo. Una de las teorías actuales más consistentes acerca de la pigmentación oscura en su piel es que esta había sido causada por una cianosis. 

Juana de Austria, Princesa de Portugal
Sea cual fuera la causa, la sobradamente probada virtud de María Teresa la protegió contra las maledicencias, aunque no logró impedir que años después surgiera la leyenda, y que se quisiera convertir a esa niña, que en realidad murió el 26 de diciembre de 1664, en la Monja Negra de Moret. Pero eso es otra historia que ya contamos en su momento en otro lugar.















Pedro el Grande

30 comentarios:

  1. Extrapolar las cosas fuera de su contexto y de su tiempo es siempre un error, pero me enerva, Madame, el uso de enanos y personas deformes para circo de quienes se lo pueden permitir.
    Bisous.

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    1. Sí, y a mí, aunque no era exactamente el tema hoy a pesar de las apariencias.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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    2. Lo lamento, Madame. Ya sé que no ibais por ahí, pero me ha salido la repulsa a esa vieja costumbre como un resorte. Disculpadme.
      Bisous.

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    3. Una costumbre que ahora hay quien pretende que era española y en cambio no francesa. Y tenían convencidos a muchos.

      Bisous, monsieur

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  2. Recuerdo que habló de Nabo y este caso en la serie de la Máscara de Hierro. Es todo la invención tan descabellada.
    Beso su mano.

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    1. Así es. En la corte nos ocupamos en su momento de este asunto, así como de la Monja Negra. Lamentablemente las versiones más descabelladas suelen contar con muchos adeptos que prefieren creer lo que es su gusto, el cual coincide a menudo con la versión más escandalosa. La realidad suele importar muy poco.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  3. Bonsoir Madame

    Esperaba esta entrada con mucho anhelo, pues los enanos han sido importantes integrantes en todas las cortes reales europeas e imagino de otras regiones.

    Con respecto a aquella calumnia contra la reina María Teresa debo decir que en aquellos tiempos no existían ni las revistas, ni la radio, ni la televisión y por eso la gente tenía tiempo de sobra para inventar embustes que poco a poco iban extendiéndose indefinidamente.

    La maledicencia y lenguas viperinas han existido desde el principio de los tiempos y lamentablemente existirán hasta el final. Hace aproximadamente unos veinticinco años la finada Princesa Diana de Gales (Q.E.P.D.) tuvo que soportar el cotilleo de la prensa rosa que afirmaba que el padre biológico de su segundo hijo el príncipe Harry, no era su marido sino, el capitán James Hewitt.
    Tiempo después la propia Diana confesó que había sido su amante y que "lo adoraba".

    Todo esto debido a que Harry es pelirrojo y los Windsor más bien castaños.
    Acaso no afectaría a cualquier adolescente ¿soportar tales rumores y burlas?

    ¡Un buen comienzo de semana para todos!

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    1. Es verdad, monsieur. Incluso en estos tiempos tiene cabida la leyenda. Pero al menos en el caso de Diana al fin y al cabo sí había tenido unos cuantos amantes, uno de ellos Hewitt. Lo increíble es adjudicar algo así a una mujer como María Teresa. Es que no sería igual que el caso de Diana, sino algo muchísimo más perverso. Y lo increíble, también, es que muchos lo creen aún hoy.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. Por lo visto las malas lenguas y la ignorancia siempre existio. Sea entre los nobles o en cualquier ciudad del mundo.

    Se podría llamar prensa amarilla, sólo que en estos casos son mentes amarillas.

    Interesante entrada Madame.

    mariaorsa

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    1. En este asunto hubo unos cuantos intereses ocultos y una de esas historias de impostores, para lo cual era preciso el invento.

      Gracias, madame. Feliz tarde

      Bisous

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  5. La niña probablemente tenía la carita morada por falta de oxigeno. Igual, es interesante esa fascinación por los enanos de todos los colores. A propósito de niños negros, Madame de Sevigne cuenta de una dama que dio a luz a una negrita siendo ella y el marido blancos, pero eso se debía a..¡la pasión de la dama por el chocolate oscuro!
    Bisous

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    1. Cosa que era sostenida por los médicos de la época. Dedicamos en su momento un capítulo a los peligros del chocolate en la corte, precisamente en relación con este asunto.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  6. Está claro que si la gente no se aburre es porque no quiere. La historia de Nabo y de la reina María Teresa es un invento tan burda, que da vergüenza ajena darle pábulo.

    Tampoco creo que debamos confiarnos en que no existiera televisión, porque canales para el chismorreo y el mal gusto no han faltado nunca.

    Gracias por su entrada de hoy, madame. Pone de relieve la triste mentalidad de unos cuantos.

    Sus amigos anónimos quedamos a sus pies. Que pase un buen día.

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    1. Pues por burdo que sea, aún hay mucha gente que lo cree. Y en Francia más aún, incluyendo algún historiador lleno de prejuicios, lo que da más vergüenza. Parece mentira que no se hayan molestado siquiera en investigar quién era exactamente Nabo, ni se hayan fijado en esas pinturas que demuestran cómo eran los pajes de las damas.

      Feliz día

      Bisous

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  7. Creo Mame que tocó este tema en su otro blog y parece ser que fue un bulo, Y aunque no o fuera me parece de muy mal gusto tanto la calumnia como la discriminación. Claro que el chismorreo esta es una del virtudes negativas de los humanos que ha llegado intacto hasta nuestros días.
    Bisous y feliz semana.

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    1. Es que si hubiera sido verdad, no sería una calumnia, y por tanto no sería injusto. Lo terrible es que le haya caído esta leyenda a una mujer como María Teresa, con tantas que tenían para elegir y que darían mucho mejor el perfil. Mire, a mí no me costó mucho averiguar ciertos datos sobre Nabo. El que no sabía que era un niño fue porque no lo indagó, seguramente porque no le interesaba.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  8. es verdad, recuerdo la historia del pobre Nabo relatada en su otro chateau. un arma más a utilizar por los enemigos de la pobre María Teresa para desprestigiarla y hacerla pasar por tonta.
    sobre la costumbre de utilizar enanos... o personas en general como mascotas, en fin. no hay palabras. esperemos, y sólo esperemos, que esas costumbres no vuelvan y que se nos vistan como 'oportunidades de trabajo'. recemos.
    que tenga buena semana, madame!
    bisous!

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    1. Por tonta... o por demasiado lista. Ellos debían de imaginar a un fornido y musculoso africano.

      Monsieur, no sé si se ha dado cuenta, pero ya casi todos somos enanos a ese respecto.

      Feliz día

      Bisous

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  9. Es de suponer que tendría sus enemigos o detractores y este acotecimiento sirvió para :servirse su venganza en plato frío...La niña de un color violaceo casi negro y encima con graves carencias pués que mejor que sacar las cosas de quicio.

    Se suman muchos factores:ignorancia,superchería,envidia,intriga,etc simplemente que quería ir a por ella.Se salvó de caer en desgracia posiblemente porqué el Rey quiso.

    Un abrazo madame estoy de vacaciones y esto es una escapadita jejej.

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    1. No, en realidad ella ni siquiera llegó a enterarse nunca de que un día se diría eso. La leyenda no fue puesta en marcha por sus enemigos. Ni siquiera tenía, la pobre. Yo creo que, simplemente, quienes escucharon esa historia del nacimiento de la niña y del comentario de Monsieur, dieron por hecho que el paje era un hombre hecho y derecho, y que el comentario, por tanto, había tenido esa intención. Supongo que arrancó de esa mala interpretación, pero después se abusó mucho y se inventaron cosas sin ninguna vergüenza. Y aquellos historiadores franceses que odian abiertamente a la Casa de Austria que tan humillada tuvo a Francia, no fueron inocentes en este asunto. Pudieron pararlo de haber querido.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  10. Lo extraño de todo esto es que a través de los cuadros se puede apreciar exactamente que se trata de niños , no de enanos. Acá hay un dicho que reza: "más díficil que encontrar un enano negro". Aunque tengo entendido que el hombre más pequeño del mundo,( falleció hace poco) era de piel muy oscura, aunque no sufría precisamente de enanismo. Saluditos.Claudia.

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    1. Qué curioso el dicho. Yo he visto enanos negros. Y usted también puede verlos solo con ir a google y teclear "enano negro" :)

      Si era el hombre más pequeño del mundo, forzosamente padecía de enanismo, puesto que "enanismo" significa tener un tamaño muy inferior al considerado normal. Imagino que usted se refiere a que tal vez la causa no fuera una acondroplasia (que es la que produce ese clásico aspecto de extremidades cortas), como es lo habitual. Ignoro si Nabo era enano por acondroplasia. Es probable que fuera otra la causa, ya que Mademoiselle dice que era "bonito".

      Tampoco sé si los enanos son menos frecuentes entre la raza negra, lo cual hubiera justificado que Nabo fuera una rareza digna de ser regalada a una reina.

      http://images.wikia.com/desencyclopedie/images/7/78/Nain-noir.jpg

      http://24.media.tumblr.com/tumblr_me4bg1jouO1r6ntk7o1_500.jpg

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  11. Y con respecto a los niños, puesto que los retratos que me he molestado en recopilar (y hay más) demuestran hasta la saciedad que los pajes de las damas no podían ser adultos, no le parece una temeridad lanzarse a difundir leyendas como esa sin tenerlo en cuenta ni investigar a una de las partes? Resulta indignante.

    Bisous, madame

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    1. Madame Ud. sigue derribando mitos y leyendas . Efectivamente este dicho, que le aclaro es muy conocido, evidentemente nace en una época en la que en Buenos Aires era difícil encontrar siquiera a una persona dealtura normal de raza negra.
      Claudia.

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  12. Sobre el asunto de los enanos negros, eso me recuerda que los pigmeos lo son. Sería posible que Nabo fuera un niño pigmeo particularmente minúsculo?

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  13. Ah, los pigmeos, gracias por recordárnoslos. Pero no, no creo que Nabo fuera uno de ellos. Al parecer era de Dahomey, mientras que los pigmeos pertenecen a la zona del Congo. En mi opinión se trataba simplemente de un enano no deforme, sino bien proporcionado.

    Muchas gracias y buenas noches.

    Bisous

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  14. En algunas ocasiones, observando los retratos aúlicos de meimrbos de las casas reales, me había percatado de la presencia de niñoz negros que había deducido que eran pequeños esclavos. Imagino que existirían los dos tipos de servidores: los esclavos y los enanos o bufones de piel negra.
    La leyenda negra de la pobre María Teresa no tiene nombre. Los insuficientes adelantos médicos y el escaso conocimientos de los cortesanos, unidos a la maledicencia, cargarían a la pobre reina con la cruz de una relación ilegítima con su enano. Seguro que la niña podría haber salido con la piel oscura por alguna malformación o por una enfermedad, desde luego, nunca por una infidelidad por parte de la reina. Conociendo la severa disciplina y etiqueta impuesta por los Austrias en todos sus miembros no cabe en la cabeza pensar en un lío impensable como ese.
    Un beso, madame. Espero que esté pasando un buen verano

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    1. Si es que no hace ni falta pensar en disciplinas ni etiquetas ante algo que es físicamente imposible. Los niños no pueden ser papás. Pero además eso. Si es que vaya ojo a la hora de disparar precisamente hacia María Teresa.

      Con respecto al tema de la esclavitud, que usted plantea, en el reino de Francia no había esclavos desde que Luis X prohibió la esclavitud a principios del siglo XIV. El edicto garantizaba que todo esclavo que pisara suelo francés obtendría automáticamente la libertad. En cambio la esclavitud existía en las colonias, desde luego.

      La posición francesa con respecto a la esclavitud se mantuvo hasta después de la muerte de Luis XIV. Entonces se dio paso a una mayor tolerancia hacia su práctica.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  15. Toda apunta a que el rey sabía mucho acerca de esta escabrosa historia. Teniendo en cuenta su gran afición a las personas del sexo opuesto, no es de extrañar ese derroche de generosidad que tuvo con la monja de la que hablamos.
    No conocía esta entrada. De hecho no la comenté en su día. Normalmente en verano suelo dejar cerrada la actividad bloguera.
    Un saludo.

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    1. Hola, Cayetano. No había visto tu comentario hasta ahora. Ando de vacaciones blogueras, aprovechando la pascua, y apenas me asomo.

      Sí, yo también pienso que en todo caso, si hay algo que mirar, es en dirección al rey y no a la reina.

      Feliz tarde

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)