viernes, 26 de julio de 2013

Carlos II y Lucy Walter


Cuando Carlos II contaba 18 años y era tan solo el Príncipe de Gales en el exilio, se encontró en La Haya con una joven aristócrata galesa llamada Lucy Walter (a veces escrito Walters). La joven había nacido en el seno de una familia que combatió del lado del rey durante la guerra civil. Cuando las fuerzas parlamentarias ocuparon su hogar de Roch Castle, se refugiaron en Londres, pero al cabo de poco tiempo el maltrecho matrimonio de sus padres se rompía definitivamente tras una relación tempestuosa en la que ambos cónyuges se habían arrojado mutuamente acusaciones de infidelidad. El padre los abandonaba, y Lucy, con su madre y sus hermanos, era recogida en casa de su abuela. 

Más tarde, siendo aún una adolescente, Lucy se trasladó a La Haya. El canciller Hyde insinúa en sus memorias que en realidad Lucy había acudido con el deliberado propósito de seducir al futuro rey, y se muestra convencido de que tras ella se ocultaban los enemigos de los Estuardo, decididos a socavar su prestigio. No era cierto. Lucy, simplemente, era una especie de Madame Dubarry que trataba de asegurar su porvenir.

Se trataba de una extraordinaria belleza de cabello oscuro y ojos azules. “Criatura morena, hermosa y atrevida, pero insípida”, la describe uno de sus enemigos. El duque de York también reconoce su hermosura, aunque señala igualmente su escasa inteligencia. La condesa de Dunois nos dice lo siguiente de ella:

“Era de una belleza tan perfecta que cuando el rey la vio, quedó prendado de ella hasta el extremo de que, entre todas las contrariedades y desdichas que amargaron los primeros años de su vida y de su reinado, no halló más placer que el de amar y hacerse amar por tan encantadora criatura. Fue su primera pasión”.

Pronto se hizo popular en Holanda, especialmente entre los jóvenes galantes y libertinos, que la conocían como “Señora Barlow”. Carlos cayó cautivo de sus encantos y comenzó a rodearla de un lujo y unas atenciones que hicieron sospechar a todo el mundo que se proponía casarse con ella. Esto inquietó enormemente a sus consejeros. 

Más tarde, Algernon Sidney contó al hermano de Carlos, el duque de York, que en el pasado había conocido a Lucy, pero que su relación quedó pronto interrumpida debido a que tuvo que partir con su regimiento, y añade que “ella decidió emprender su viaje a Holanda para probar fortuna, y allí conoció a mi hermano Robert, que la mantuvo algún tiempo.”

Cuando el rey se enamoró de ella, Robert Sidney, ayuda de cámara de Carlos y coronel de un regimiento de soldados ingleses en el ejército holandés, hubo de retirarse.

—¡Que la tenga ahora quien quiera —exclamó—, tras haber poseído yo las primicias!

El 9 de abril de 1649, poco después de comenzar su relación con el rey, Lucy daba a luz a su hijo, futuro duque de Monmouth. Carlos nunca tuvo la menor duda de que era suyo, una seguridad que distaba de tener su hermano Jacobo, duque de York. Jacobo declaró que tenía “muchas razones convincentes para pensar que no era el hijo del rey, sino de Robert Sidney”.

En junio de ese año Carlos se desplazó a París y Lucy lo acompañó. Luego regresó a Holanda, y posteriormente viajó a Escocia mientras ella permanecía en el Louvre. Durante el verano de 1650, en París, se dijo que ella mantuvo una relación con Henry Bennet, conde de Arlington, mientras que otros le atribuían un romance con el vizconde Taafe. Al año siguiente daba a luz una hija cuyo padre se cree que fue Bennet. Lucy y Taafe vivían en el Louvre, para indignación de la reina Enriqueta María, madre de Carlos. El vizconde mantenía a Lucy y a sus hijos, y Carlos, allá en Escocia, prefería no darse por enterado.

Carlos II

En octubre regresó a Holanda, y Lucy se reunió con él. Al año siguiente ella viajaba a Londres con su hermano, a bordo de un barco fletado especialmente para la ocasión. En apariencia iba para recibir la herencia de su madre, aunque se sospechó que en realidad lo hacía como espía de los realistas. Fue arrestada por los hombres de Cromwell y enviada a la Torre junto con su doncella, pero al poco tiempo era puesta en libertad y obligada a abandonar Inglaterra. 

Para entonces Carlos estaba decidido a romper completamente la relación, pero continuaba prometiéndole dinero y apoyo en sus mensajes. Se ha afirmado que esto se debía a que Lucy estaba en posesión de algunos comprometedores documentos que amenazaba con hacer públicos. Acerca del contenido de los mismos, mucho se ha discutido. Algunos proponen que los papeles demostrarían que el matrimonio se había llevado a cabo. Lucy siempre insistió en que se había hecho, si bien la mayoría de los estudiosos es de la opinión de que nunca llegaron a casarse. 

A pesar de sus pretensiones, por esas fechas consideró la idea de un matrimonio con Sir Henry de Vic, representante del rey en Bruselas, con quien mantenía una relación. Ambos habrían viajado a Colonia para solicitar formalmente el permiso de Carlos, el cual les fue denegado. 

El rey pasaba muchas estrecheces mientras se ocupaba en intentar recuperar el trono que había sido de su padre. Aunque vivía rodeado de una “corte famélica” y no disponía de medios con los que satisfacer los caprichos de Lucy, en enero de 1655 le concedió una pensión de 400 libras al año que sería fraccionada en cuatro pagos. A cambio, la madre de su hijo debía portarse bien y no dar escándalos.

Naturalmente esto era pretender demasiado. Apenas recibir el primer pago, Lucy se lanzó a una relación con un hombre casado: Thomas Howard, hermano del conde de Suffolk. Mientras tanto descuidaba la educación del niño y no cesaba de dar motivos de escándalo público. 

Los consejeros del rey estaban desesperados: la consideraban un obstáculo insalvable para la restauración de la monarquía. Pero Lucy no quería romper por completo con Carlos, aún en la esperanza de que su empresa se viera coronada por el éxito y a la vista de los grandes beneficios que se derivarían para ella.

Carlos había encargado a uno de sus agentes, llamado Daniel O’Neill, la misión de espiarla. Este le informó de su relación con Howard y del intento de chantaje que sufría por parte de una de sus servidoras. El 8 de febrero de 1656 escribe lo siguiente: 

“…Me hallo doblemente consternado ante la perturbación que pudiera producir a Vuestra Majestad la presencia de esta mujer aquí, pues todas sus locuras sacan a escena vuestro augusto nombre a cada instante, y me avergüenza el haber insistido tan reiteradamente ante Vuestra Majestad creyéndola digna de su atención. Cuando tenga el honor de hallarme en presencia de Vuestra Majestad, me permitiré informaros de cuanto he sabido por boca de una partera de esta ciudad y de una de las criadas de la señora Barlow, a quien ha tenido el desacierto de maltratar de obra pese a que no ignoraba que se hallaba al corriente de casi todos sus secretos”.

Jacobo Estuardo, duque de Monmouth

Seis días más tarde hay un nuevo comunicado:

He conseguido, al menos, librarla del escándalo público. Su criada, a quien por poco asesina clavándole un punzón en el oído mientras dormía, iba a acusarla de haberse provocado dos abortos, y de vivir en forma indigna con el señor de Howard; mas yo he logrado impedir la ejecución de este peligroso proyecto, por medio de amenazas y de un regalo de cien gilders que voy a entregar a la doncella. La partera ha declarado que el último aborto tuvo lugar después de la partida del señor de Howard. El doctor Rusuf la asistió después del aborto y, aunque es lógico que esté enterado de todo, no sería prudente el preguntárselo.

Aunque por el momento he logrado sacarla del mal paso en que se hallaba, no será difícil que vuelva a comprometerse de nuevo en cuando yo haya salido de aquí; solo por consideración a Vuestra Majestad los señores Heenuleit y Nertwick se han abstenido de expulsarla de la ciudad y del país al son del tambor, como a una mujer de indigna conducta. Sería, pues, conveniente, si tiene intención Vuestra Majestad de reconocer al niño, que enviarais órdenes explícitas para que sea entregado a la persona que Vuestra Majestad designe.

Carlos estaba decidido a apoderarse de Monmouth a pesar de la oposición de Lucy, quien se resistía a perder su mejor baza. El rey dispuso las cosas para que madre e hijo se alojaran en casa de Slingsby, otro de sus agentes. Este tenía órdenes de arrebatarle a la criatura con el mayor secreto y discreción. Todo ello seguía siendo bastante incompatible con Lucy, que volvió a protagonizar un escándalo cuando Slingsby trató de hacerla arrestar por impago del alojamiento. Ella salió corriendo a la calle, llorando y gritando aferrada a su hijo, proclamando sus quejas ante todo aquel transeúnte que se detenía con intención de ayudarla. 

El escándalo alcanzó proporciones mucho mayores cuando Slingsby, para defenderse, declaró que actuaba en nombre del rey de Inglaterra. La conmoción fue tan grande que tuvo que intervenir el gobernador de Bruselas, y Carlos se vio obligado a buscarle a Lucy otra casa. Después envió a uno de sus hombres a explicar que no quería tener nada más que ver con la señora, y que cualquiera que se posicionara de su lado le causaría una ofensa a él. 

Lucy, furiosa al enterarse, amenazó con publicar todas las cartas que el rey le había escrito. Llegados a ese punto, O’Neill propuso que Slingsby se apoderara cuanto antes de esas cartas y de cualquier otro documento comprometedor que obrara en su poder, y al mismo tiempo era despachado otro agente a Bruselas para llevarse al niño, lo que motivó otra escena de escándalo público por parte de Lucy. Esta vez todo fue en vano, y finalmente hubo de claudicar cuando se le dijo que Carlos dejaría de reconocer a Monmouth como suyo si se negaba a entregarlo o intentaba recuperarlo.

En diciembre de 1657 el niño era entregado a su abuela, la reina Enriqueta María. Lucy Walters ya estaba enferma entonces. Expulsada de Bruselas, se dirigió a París, donde falleció meses más tarde. En cuanto a la causa de su muerte, el duque de York, futuro Jacobo II, afirma en sus memorias que falleció a consecuencia de una “enfermedad propia de su profesión”. No había llegado a cumplir 30 años.


25 comentarios:

  1. Es una historia dantesca. Está claro que siempre ha habido gente que ha vivido sin mirar de nada, ni de nadie. Una lástima que a uno le recuerden así por habérselo ganado a pulso.

    Interesante historia, querida Dame. Que pase un buen día.

    Un saludo de sus amigos anónimos.

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    1. Dada la personalidad de Lucy, seguramente a ella no le hubiera molestado siquiera ser recordada así. Yo creo que pasaba de todo.

      Feliz día, equipo.

      Bisous

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  2. Cuanta belleza desaprovechada por una mala cabeza. Parece mentira, una joven que ha tenido la suerte de tener educación y un buen pasar, dedicarse a tan viejo recurso, por lo visto en las clases altas y en las bajas la prostitución siempre ha sido un negocio, claro que en esas épocas, podían morir jóvenes..

    Buen fin de semana.

    mariarosa

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    1. A pesar del desafortunado comentario de Jacobo, ella no era prostituta, sino simplemente licenciosa y promiscua, lo que era tener igual número de papeletas para contraer algo así. Claro que no corrían menos riesgo las honestas esposas cuyos maridos eran versiones masculinas de Lucy.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. vaya mamonazo el tal jacobo. qué forma tan cruel de referirse a la muerte de Lucy. y vaya culebrón. es que Carlos II era mucho Carlos II, madame. vaya cabeza tenía.
    que tenga un buen fin de semana, madame.

    bisous!

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    1. Sí, convengo con usted en que el tal Jacobo era algo mamonazo, lo cual lo llevó a perder un trono. Lo de Carlos II es más divertido, al menos.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. Una muerte a edad muy temprana y una vida densamente aprovechada, aunque torpemente manejada y dilapidada.
    Un saludo.

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    1. Parece que a ella le iba eso de "vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver". Una lástima.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  5. Carlos II de Inglaterra es un personaje que me despierta bastante simpatía. Era un tipo que había vivido en la indigencia y comprendía mejor a su pueblo que sus pares .Tuvo actitudes muy nobles, como el "respeto" entre comillas que le guarda a su esposa Catalina, pero respecto de las mujeres era un verdadero enfermo. Y vaya problemas que le habría de traer este enredo con Lucy en el futuro. Besitos. Claudia.

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  6. Perdón indignencia es un poco exagerado. Digamos que no lo paso bien simplemente. Claudia

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    1. Vivía de la caridad de otros monarcas, al igual que su madre y su hermana, refugiadas en la corte francesa y dependiendo de Ana de Austria para su supervivencia.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  7. Ser "amante real" parece que fue una profesión abierta para las jóvenes de alta cuna. A algunas les fue bien a otras no tanto. Gracias por recordarnos una de las amantes olvidadas de un Rey muy mujeriego, Madame.

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    1. Ella no llegó a tiempo para los buenos tiempos. Murió poco antes de que Carlos alcanzara el trono. Seguramente la madre de su hijo hubiera obtenido su compensación entonces.

      Feliz día

      Bisous

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  8. Dicen que las bellezas no necesitan ser inteligentes. Y desde luego demostró que no lo era.Pero consiguió seducir a Carlos luego tontita tampoco era. Y los reyes que se dejan embaucar...
    Buen finde

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    1. En realidad al fin y al cabo hay cosas que no tienen mucho que ver con la inteligencia. Son opciones personales. Lo que hace la felicidad de uno no significa nada para el otro. Seguramente ella no hubiera querido una vida en la que para obtener una buena pensión del rey tuviera que renunciar a sus placeres.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  9. ¡Qué vida tan dramáticamente intensa con apenas 30 años! Mientras leía su bellísimo relato, Madame, sin saber cómo, me venía a la memoria historias del presente con pagos, promesas de silencio, secretos desvelados, intermediarios al descubierto... ¡Ay, el poder y la ambición como medran!
    Bisous

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    1. Ya lo creo que sí. En torno al poderoso siempre hay mil intrigas y miserias humanas. Incluso en torno a alguien que no lo era en absoluto, como Carlos entonces, pero que esperaban que tal vez llegaría a serlo.

      Feliz día

      Bisous

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  10. Lucy se equivocó de cabo a rabo. Podía haber mantenido la situación de amante real durante un tiempo y luego haber conseguido la magnanimidad de Carlos II con un buen casamiento que le hubiera dado la oportunidad de vivir holgadamente. Su promiscuidad la llevó a una situación desesperada.
    Un beso

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    1. El caso es que si aspiraba a casarse con el rey, merecía la pena esperar unos años a ver si era posible. Tenga en cuenta que ni siquiera tenía 30 cuando falleció. Unos años antes de eso había arrojado la toalla e intentó casarse con un caballero, pero fue el rey quien prohibió la boda.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  11. Hola Madame:

    Vida intensa la de Lucy. Ser la amante del rey no debe ser fácil.

    Truculenta vida para mantener el nivel...o quizás era por simple diversión...

    Besos Madame

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    1. Ser amante de Carlos II era más fácil que serlo de otros reyes. Digamos que él daba bastantes facilidades, y se le daba bien mirar hacia otro lado frecuentemente.

      Feliz fin de semana, monsieur.

      Bisous

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  12. Esta intrigas palaciegas son de lo más...me encantan son el mísmo perro con diferente collar.

    La subsodicha sería un poco sosaina;pero en cambio no, dio puntada sin hilo.Esta visto que el tener una belleza vende: ya que dicen que no era muy inteligente?

    Madame :que estos días veraniegos los esteis disfrutando al igual que mí menda que no dejo de apurarlos con avidez jeje.

    Un abrazo feliz finde madame.

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    1. El caso es que lo que una lee sobre ella no se corresponde precisamente con una persona insípida, ni mucho menos. Pero eso a los enemigos suele importarles poco.

      Feliz fin de semana también para usted, madame.

      Bisous

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  13. Da la impresión que no fue ella la que se vio arrastrada por las circunstancias, sino que fue ella quien las eligió. Una vida intensísisma con un final predecible. En fin, una vida digna de ser contada, como tan bien ha hecho usted.
    Beso su mano.

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    1. Predecible, sí, aunque seguramente no tan pronto. Se perdió los mejores años, los de la prosperidad.

      Muchas gracias, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)