martes, 11 de junio de 2013

Temistocle Solera: músico, aventurero y amante de Isabel II


"Va, pensiero, sull'ali dorate"

La vida del compositor italiano Temistocle Solera fue intensa y aventurera. Nació en Ferrara el día de Navidad de 1815 —o 1817, según otras fuentes—, en el seno de una familia de clase media. Solera nos es descrito como “un hombre gigantesco, de espaldas hercúleas y cuello de toro, cabeza enorme, ojos penetrantes y voz potente”. Amaba la vida, la belleza, la música y la aventura. A favor de la independencia italiana, tomó parte activa en la propaganda anti-austriaca, siguiendo la tradición familiar: su propio padre, un abogado, había sido encarcelado por esa causa en 1821. Las autoridades austriacas asumieron entonces la responsabilidad de ocuparse de la educación del pequeño Temistocle, enviándolo al colegio imperial de Viena. Allí estudió literatura, música y artes marciales, pero detestaba la disciplina y también a los austriacos que tenían prisionero a su padre, de modo que se fugó del colegio para unirse a una compañía circense. La policía lo encontró en la frontera húngara, y allí terminó su primera aventura. Su familia lo envió a un internado en Milán y posteriormente a la Universidad de Pavía. El conservatorio de Milán fue el responsable de su formación musical.

Temistocle Solera se inició como poeta y novelista romántico siendo aún muy joven. Solo tenía 18 años cuando publicó su primer libro de poemas, y entre 1840 y 1845 escribió cuatro óperas aceptadas por La Escala y una novela, Michelino, que no tuvo éxito. Este llegaría para él a raíz de su encuentro con Verdi, para el que escribió algunos libretos. 


Hasta entonces vivía acosado por las deudas y haciendo malabarismos imposibles para librarse de sus acreedores. Una vez, en una población próxima a Milán, actuaba una compañía de ópera. El último día de carnaval, que era precisamente el que más entradas podían venderse, tuvieron la mala fortuna de que enfermara el barítono, y Solera se presentó para el papel. Cantó con desenvoltura la ópera de Verdi, I due foscari, y hasta tuvo que repetir un aria, pero cuando regresa triunfal al camerino su entusiasmo se enfría considerablemente al toparse con uno de sus acreedores. Solera le pide que aguarde un instante para cobrar la deuda, que asegura le abonará sin tardanza el empresario. Mientras tanto, aún con su indumentaria de Dux puesta, abandona rápidamente el teatro, se introduce en el carruaje que debía recoger a la prima donna y da instrucciones al cochero para que lo lleve a toda prisa a Milán.

Amanecía cuando el carruaje atravesaba una aldea. Los campesinos aguardaban en la plaza a que comenzara la primera misa. Temistocle asomó la cabeza y cuando lo vieron con la barba blanca —que creyeron auténtica—, la corona ducal y una túnica tan vistosa, lo tomaron por un obispo. Solera, lejos de desengañarlos, al ver las reverencias de las que era objeto comenzó a impartir bendiciones con la mano a través de la ventanilla.


Solera trabajó con Verdi en Nabucco, ópera para la que escribió aquel Va, pensiero que se convirtió en la canción más emblemática del Risorgimento italiano. Posteriormente la cuarta ópera de Verdi, I Lombardi, se estrenó en La Scala de Milán el 11 de febrero de 1843. Con libreto también de Temistocle, fue todo un éxito a pesar de las dificultades surgidas durante los ensayos, cuando el obispo prohibió la representación porque encontraba que el bautismo en aguas del Jordán era blasfemo. Afortunadamente Verdi no hizo ningún caso de la prohibición.

En 1846 viajó a España siguiendo a su esposa, la cantante Teresa Rosmini, con la que había fundado una compañía de ópera. Allí iba a permanecer algunos años, durante el transcurso de los cuales desarrolló su actividad como empresario y director de orquesta en varios teatros, sin abandonar la poesía y la práctica de la esgrima. Una noche, estando en Madrid, Temistocle escucha desde su atril de director cómo un oficial del ejército que se sentaba en la primera fila de butacas hablaba mal de la reina Isabel II. El italiano soltó bruscamente la batuta para reconvenir con dureza al atrevido militar.

—¡El oficial que insulta a su reina es un traidor; el hombre que ofende a una dama es un cobarde!

El militar responde airadamente; llueven los insultos en medio de un tremendo escándalo en el que se llega a las bofetadas. La reina, que ocupa su palco en el teatro, quiere conocer al hombre que se había erigido en paladín de su causa de modo tan vistoso. Lo invita a palacio, y parece que le agradó en grado sumo. Temistocle sería en adelante uno de los protegidos de Isabel, que lo nombra director del incipiente teatro de palacio. La reina le autorizó a usar como uniforme “un pintoresco traje de cortesano de ópera”: tricornio, casaca de terciopelo sobre la que resaltaban los botones de oro y diamantes que ella le había regalado, y un inútil espadín.

Temistocle fue para la reina su amante, su consejero y posiblemente su espía. Gozar de tales privilegios con la soberana tenía que despertar necesariamente los celos entre los aristócratas españoles, que lo consideraban un advenedizo. Esto condujo inevitablemente a una serie de duelos y desafíos.

Pero entonces sucedió un incidente que ocasionó su alejamiento de la corte: durante el transcurso de una pelea con uno de sus enemigos, Temistocle casi mata a su adversario de un puñetazo. Le fue preciso alejarse de la corte, y para ello recibe el cargo de embajador en Lisboa.

Solera era inquieto, y pronto comenzó a anhelar regresar a Italia, de modo que se embarcó en Barcelona. Como su vida siempre tenía que estar repleta de emociones y sobresaltos, el barco naufragó. El italiano salvó la vida, pero perdió todo el dinero.

Se establece en Milán en 1859, pero viaja mucho, sobre todo entre Turín y París, convirtiéndose en correo secreto entre Napoleón III y Víctor Manuel. El emperador lo consideraba su hombre de confianza, y Solera desempeñó arriesgadas misiones a su servicio.
Víctor Manuel II

Después del armisticio de Villafranca, el 11 de julio de 1859, decepcionado por la política de Napoleón III, Temistocle abandona su servicio y regresa a Milán, donde comienza a trabajar en la oficina de la administración para la seguridad pública, asignándosele la tarea de combatir el tremendo problema que constituían entonces los bandoleros italianos, que proliferaban como hongos en Basilicata, en el sur del país. Solera obtuvo un éxito tan enorme que fue nombrado jefe de policía, primero en Florencia y después en Palermo y Bolonia, una dura tarea en la que varias veces peligró su vida. 

Gozaba de la protección de Víctor Manuel, pero él desdeñaba aquella vida cortesana que no saciaba su sed de aventuras. Más tarde se establece en Egipto. Allí el jedive le encomienda la organización de la policía del país, así como la dirección de las fiestas con las que se celebrará la inauguración del canal de Suez. En ellas destacó el estreno de la ópera Aida.

Al cabo de un tiempo se aburre ya en Egipto y se establece en París enriquecido de nuevo. Abre una tienda de antigüedades, pero no ha nacido para el mundo de los negocios. La tienda resulta una ruina en la que vuelve a perder toda su fortuna. 

Eso fue para él el comienzo del fin. A partir de entonces se hundirá en la miseria y llevará una triste existencia hasta su regreso a Milán, pobre y enfermo. Temistocle Solera fallecía olvidado por todos el 21 de abril, domingo de Pascua de 1878.


11 comentarios:

  1. Siempre me han interesado los amantes de La Reina Castiza como la llamó Valle-Inclan. ¿Habrá sido padre de alguno de los innumerables Infantes?
    Bisous

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  2. Buenos días, Madame.

    Parece mentira que una persona en una vida pueda abarcar tanto. ¿De dónde ha salido este músico, cantante, empresario, espía, correo, embajador y policía? Además, parece que tenía cierta facilidad para meterse en problemas.

    Sobre la postura de Isabel II en relación a los hombres, me recuerda a esa comedia de enredo que se representaba en España en los noventa llamada "Sé infiel y no mires con quién".

    Un saludo, querida Dame. Que pase un buen día.

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  3. Uno más en la nómina de la insaciable Isabelona. Aunque en este caso no era un espadón, sí era un tipo con arrestos y hechos rebosantes de testosterona, muy ajenos a esos otros ademanes amanerados del marido impuesto a la fuerza.
    Un saludo.

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  4. ¡Qué vida tan aventurera y trepidante, Madame! Se podría decir de Solera que era un hombre enciclopédico, curtido para las letras, la música, el canto, el cuerpo a cuerpo y hasta para seducir los encantos de la más alta dama. Un ejemplar bien curioso.
    Bisous.

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  5. madame! por un momento y con ese nombre, pensaba que me dirigía a mi propio chateau... pero no, la realidad supera a la ficción. una vida para contarla, y contarla tan bien como lo hace usted.
    que no supiera administrar su fortuna y sus contactos... da que pensar.

    buen miércoles, madame!
    bisous!

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  6. Una vida intensa y sufrida, con algún altibajo, pero siempre acuciado por las deudas. Con todo y con eso, llego a aconsejar a una reina y ser su amante, aunque con Isabel II no es un gran mérito, debido a la cantidad de amantes que tuvo. Que tengo una gran tarde, madame.

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  7. Si, tuvo una vida ççççççççççççç





































































































































    Su vida estuvo sembrada de aventura y amoríos, pero al final tuvo una muerte muy tiste. ¡Muy interesante!
    Un abrazo fuerte desde mi Libirllo





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  8. Una vida inquieta y plagada de aventuras hasta que vino la mala fortuna, llamada olvido, a enfangarlo todo. Por cierto, madame, todavía me pregunto qué verían los hombres en Isabel II. ¿Tendremos un mal concepto de ella injustificado? Como gobernadora era un desastre, bella tampoco es que fuera, quizá simpática... Los amantes le llovían como moscas ante una cama real fría por la ausencia de un marido homosexual. Triste historia la de Isabel II.
    Un beso

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  9. Hola Madame:

    Vaya vida la del caballero. Desconocida para mi.
    Yo también me hice la misma pregunta que Carmen...Isabel II guapa, guapa, no era...

    Ayer fue una guardia terrible madame.

    Besos

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  10. Un personaje aventurero, de culo inquieto y con un final más bien triste.
    Un saludo, Madame.

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  11. Mi nombre es David Solera, es la primera vez quleo algo referente a un posible familiar de esa época, como también es posible que este individuo hubiese tedo otras amanttes en España

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)