viernes, 28 de junio de 2013

Las Vestales Romanas


Vesta, hija de Saturno y de Ops, era la diosa del hogar, venerada en Roma desde la antigüedad más remota y versión romana de la griega Hestia. Al principio se le rendía culto con carácter privado, dentro de la casa. Por ejemplo, cada comida comenzaba y terminaba con una ofrenda a Vesta consistente normalmente en el primero y el último sorbo de vino; pero con el tiempo fue adorada a nivel estatal, una transformación que se atribuye a Numa Pompilio.

A pesar de haber sido cortejada por Apolo y Neptuno, Vesta era célebre por su castidad. Príapo trató de violarla una noche mientras dormía, pero el rebuzno del asno de Sileno la despertó en esos momentos, y pudo así preservar su virginidad. A partir de entonces el animal permaneció asociado a la diosa. El asno aludía al trabajo en el molino, y por tanto al pan, símbolo hogareño. 

Vesta era representada en forma de hermosa mujer que porta una antorcha en una mano y un cuenco votivo en la otra. Lleva un velo, y a veces una diadema. También puede sostener el Paladio, una primitiva estatua de Atenea (Minerva) que Eneas había traído de Troya y se conservaba en el santuario. A veces aparece en compañía de otros dioses, principalmente los Lares protectores del hogar, que empezaron a representarse en el siglo II a. C.


Sus sacerdotisas eran las vírgenes vestales, encargadas de mantener encendido el fuego sagrado en el foro, símbolo de la seguridad y la prosperidad de Roma. Horacio decía que mientras subiera al Capitolio el Pontifex Maximus acompañado de “la Vestal silenciosa”, Roma mantendría su gloria, de modo que cada primero de marzo, con el comienzo del año, se renovaba la ceremonia hasta que el emperador Teodosio clausuró el templo a finales del siglo IV. 

Las vestales llevaban a cabo los rituales relacionados con la diosa y cocían el sagrado pastel de harina, miel y sal (mola salsa), que no era comestible, sino que formaba parte de las ceremonias. Curiosamente, a pesar de representar la virginidad y la castidad, las vestales participaban también en ritos agrícolas y de fertilidad. Ponían espigas de almidonero en los cestos de los campesinos encargados de la recolección, y ellas mismas las trituraban y molían para elaborar la mola salsa. Con esa misma harina se uncía a los animales destinados a ser sacrificados a los dioses. Otra de sus tareas era la purificación de la tierra del templo, que regaban con agua extraída de la fuente de la ninfa Egeria. El agua se transportaba en una vasija llamada futile, cuya forma de boca ancha y base puntiaguda impedía que se depositase en el suelo. Además las vestales custodiaban las reliquias y documentos privados cuyo secreto era importante preservar, como era el caso de testamentos o cartas. Entre las reliquias a custodiar estaba la estatua de Minerva, de cuya integridad se suponía que dependía la continuidad del Imperio; el alfiler de la madre de los dioses, el velo de Iliona, las cenizas de Orestes o el cetro de Príamo.


Desde el siglo VI a. C. hasta finales del siglo IV, las sacerdotisas de Vesta vivían juntas en la Casa de las Vírgenes Vestales (Atrium Vestae), situada detrás del templo de Vesta, entre la colina Palatina y la residencia de los reyes de Roma. 

La más importante de las vestales era la mayor de todas ellas, llamada Virgo Vestalis Maxima. Se cree que en un principio la esposa y las hijas del rey se ocupaban del culto a la diosa, hasta que Roma se convirtió en una república. Durante la época del Imperio, la diosa Vesta adquirió una gran importancia como diosa nacional. Augusto le erigió un templo e incluía a las vestales en las ceremonias más importantes, y Calígula acuñó monedas con la efigie de la diosa mientras hacía entrar a sus propias hermanas a su servicio. Vesta del Palatino también aparecerá en las monedas de Trajano. En Hispania, sin embargo, su culto tuvo escasa difusión.

Las vestales eran las únicas sacerdotisas de la religión romana. Según la leyenda, fue Eneas quien designó personalmente a las primeras. Su número osciló: en un principio fueron dos, según Plutarco; luego cuatro en tiempos de Servio Tulio y finalmente seis, si bien parece que hubo un tiempo en el que podrían haber llegado a siete. El Pontifex Maximus las elegía entre las veinte niñas más perfectas de Roma. No podían ser sordas o tartamudas; debían estar libres de defectos físicos y mentales, ser hijas de familias patricias y de una edad comprendida entre los seis y los diez años. Posteriormente se amplió la posibilidad de elección hacia niñas cuyo padre ejerciera una profesión honrada. No se tenía en cuenta la opinión de la familia a la hora de elegir una vestal, y la ceremonia podía llevarse a cabo incluso con la oposición paterna, aunque muchas veces los personajes importantes procuraban utilizar su influencia para que sus hijas no fueran elegidas. En otras ocasiones, por el contrario, lo consideraban un gran honor.


La elección se producía cuando había una vacante. El Pontifex Maximus pronunciaba las palabras “Te tomo a ti, amada, para que seas una sacerdotisa de Vesta, a fin de celebrar los ritos sagrados que la regla prescribe a las vestales en nombre del pueblo romano y los Quirites, como candidata elegida según la más pura de las leyes”. Entonces la niña era conducida de la mano hasta la que sería su residencia en adelante.

Pero cuando una vestal moría, el proceso de selección no era igual. No tenían que ser niñas, ni siquiera vírgenes. Podían ser viudas jóvenes, o incluso divorciadas, aunque no era esta una circunstancia considerada ideal, y solía considerarse que traía mala suerte. Las candidatas se presentaban en el alojamiento de la Vestal Maxima para selección de las más virtuosas.

Una vestal servía a la diosa durante un periodo de treinta años, de los cuales los diez primeros eran de noviciado, los diez siguientes eran propiamente una virgen vestal y durante los últimos años tutelaba a las más jóvenes. Al cabo de ese tiempo eran liberadas de su voto de castidad, recibían dote y se les permitía casarse. El Pontifex Maximus se encargaba de encontrarles esposo entre los nobles romanos, y para el hombre era un honor extraordinario casarse con una antigua vestal, un acontecimiento que, además, se consideraba que traía buena suerte. Pero no era esta una opción, sin embargo, preferida por la mayoría de ellas, que optaban, en cambio por seguir disfrutando de sus lujos y comodidades como hasta entonces. 

Vestales decidiendo la suerte de un gladiador

Las vestales eran muy influyentes dentro de la sociedad romana, y disfrutaban de privilegios que no tenían las demás mujeres. No estaban sujetas a la patria potestad; podían ser propietarias, disponer de sus bienes y redactar testamento; participaban en sacrificios rituales, caminaban escoltadas por lictores y los magistrados les cedían el paso; se las invitaba a banquetes y tenían asientos especiales en primera fila para ver los juegos. Además su veredicto era decisivo a la hora de resolver acerca de la salvación o condena de los gladiadores caídos. Se las respetaba y reverenciaba de tal modo que bastaba que un condenado se encontrara con una de ellas de camino a su ejecución para que le fuera perdonado su crimen. Se les atribuían, incluso, poderes mágicos. Plinio el Viejo, en su Historia Natural, nos habla de ello al tratar el tema de la magia:

“En la actualidad es comúnmente aceptado que nuestras vírgenes vestales tienen el poder de detener la huida de un esclavo con solo pronunciar cierta oración”.

Pero si una de ellas infringía sus votos, el castigo era durísimo. En tiempos de Numa Pompilio la vestal era condenada a la pena de lapidación. Más adelante, con Tarquinio, el suplicio fue mucho más cruel: después de despojarla de sus símbolos y vestiduras, la maniataban y la cubrían con un sudario para colocarla en una litera y llevarla en procesión por el Foro simulando una ceremonia fúnebre. Al llegar al Campus Sceleratus, el Pontifex Maximus pronunciaba una plegaria. Entonces se abría una lápida, se hacía a la vestal descender por una escalera y, una vez en el interior, la cripta se sellaba y se cubría de tierra, quedando así la mujer enterrada viva. Para que su muerte fuera más lenta, le dejaban agua y comida, además de una lámpara y un lecho. Se suponía que, de ese modo, Vesta podría rescatar a la vestal en el caso de que fuera inocente. Afortunadamente estas ejecuciones eran infrecuentes: solo hubo 22 casos en más de mil años.


El templo era de forma circular, como las antiguas cabañas del Lacio; y blanco, igual que sus túnicas de fino lino, símbolo de la pureza y la virginidad. La vestimenta completa consistía en una tunica interior o subucula, en contacto con la piel y que cubría hasta las rodillas. Sobre la túnica las vestales vestían una stola, prenda plisada y larga hasta los pies. Adornaba sus ropas un borde púrpura, y un cordón, strophium, sujetaba el busto por fuera del vestido. Cuando salían, llevaban una especie de manto o chal llamado palla. El cabello, recogido en seis trenzas alrededor de la cabeza, era adornado con una cinta llamada vitta, uno de sus distintivos, y de la que eran despojadas cuando incumplían sus votos.

Entre los días 7 y 15 de junio se celebraban las fiestas llamadas Vestalias, y en ese día se coronaba a un asno con flores y se le eximía del trabajo. Las madres romanas tenían acceso al templo durante esas fechas. Las matronas seguían, descalzas, a las vestales, cantando alabanzas a la diosa.


22 comentarios:

  1. Muy interesante. No conocía en tanto detalle la vida e historia de las vestales, gracias Madame.

    mariarosa

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  2. Me ha gustado mucho la forma de contarlo aunque no me eran desconocidos estos ritos. Siempre me ha llamado la atenciónla necesidad de los humanos de ofrecer ofrendas a sus dioses y que generalmente estaban asociados a la virginidad.
    Buen finde madame.
    Bisous

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  3. Por la cuenta que les traía era mejor que no tentaran a su suerte!

    Muy interesante madame me ha encantado!

    Un abrazo madame feliz finde.

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  4. Muy buena información sobre las vestales. Y mucho más con la precisión y amenidad con que usted escribe.
    Buen fin de semana, madame. Saludos

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  5. Bonsoir Madame!

    Ante todo permítame felicitarle por la próxima publicación de su relato, mis más sinceros parabienes, pues con seguridad será un éxito, y voy a hacer lo imposible por adquirirlo.

    En cuanto al tema de las Vestales resulta interesantísimo, una parte esencial de la Sociedad Romana. Desde tiempos inmemoriales se ha venerado la virginidad como la más sagrada virtud y tanto Atenea como Hestia Vesta compartían estas funciones.

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  6. ¡Qué entrada tan interesante, Madame!

    Con razón no querían casarse, viendo sus privilegios cualquiera se lo plantearía.

    Aunque me parece inhumano, también es lógico que a personas que tenían tanto poder, sufrieran un gran castigo cuando defraudasen los votos de su colectivo.

    Como siempre, a sus pies. Que disfrute de la tarde, querida Dame.

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  7. Madame, interesantísima entrada.
    Al hilo de esto, le indico que durante muchos cursos he ido recomendando a mis alumnos de Historia o de Cultura Clásica la lectura de una novela juvenil sobre este tema, de la serie de Titus Flaminius, que ha gustado mucho.

    Feliz tarde.

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  8. Me ha encantado la entrada <3 Y las imágenes con que las acompañas! Divinas :D
    Un saludo!

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  9. Nunca había leído con tanto detalle sobre las Vestales.
    Me llama la atención la consideración, la importancia y la influencia que tenían en la sociedad romana, también que tuvieran un status diferente al resto de mujeres romanas.
    Un saludo, madame.

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  10. En primer lugar, mis felicitaciones por esa primera publicación a la que seguirán (estoy convencido) muchas más.
    Una vida apasionante la de Sand que habréis narrado con vuestra habitual habilidad para mantener el interés del relato hasta el final.
    Me alegré mucho al leer la noticia, madame.

    Y, respecto de las vestales,hay que ver cuánto desconocía de ellas. Con lo normal que resulta hablar de ellas y encontrárselas en textos referidos a Roma y, sin embargo conocer tan poco de sus actividades. Gracias como siempre por ilustrarme.

    Abrazos!!

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  11. Muchos aspectos curiosos sobre las vestales y el mundo que las rodeaba que desconocía.
    Un saludo.

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  12. Treinta años más los que ya tuviera la niña al ser elegida es edad avanzada para prescindir de vida tan holgada.
    Qué terrible forma de morir las infractoras. La angustia, racionando los alimentos y el agua, debía ser insufrible.
    Beso su mano.

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  13. Estimada Madame, excelente entrada sobre el sacerdocio femenino en la antigua Roma; yo misma le dediqué también el año pasado también una entrada, al hilo de otra sobre los "dos templos de Vesta en Roma, el verdadero y el falso", a las Vestales en mi blog.
    Como curiosidad, si me lo permitís, apunto la recreación del peinado de estas sacerdotisas en el siguiente enlace, que creo puede ser interesante:
    http://latunicadeneso.wordpress.com/2013/01/10/recreando-el-peinado-de-las-antiguas-vestales/
    Felicidades por su delicios blog y mil bicos.

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  14. muy bien. un nuevo asunto sobre el que ha arrojado usted luz. los tópicos sobre estas sacerdotisas, que si eran que si no eran, son derribados de un plumazo gracias a sus siempre amenas explicaciones.
    otro placer para la lectura, madame.

    bisous!

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  15. Una entrada muy entretenida Madame. Cabe suponer que después de treinta años de "servicio" la castidad estaba asegurada a pesar de la liberación.
    Besos

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  16. Pocas veces en la historia las mujeres adquieren la riqueza y el poder precisamente por su castidad,ja,ja. Besitos. Claudia.

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  17. Si y hubiera vivido en Roma , me hubiera gustado ser vestal. Eran las mujeres más poderosas de esa sociedad.
    Bisous, Madame

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  18. Toda una institución, esta de las vestales. Su prestigio era inmenso y gozaban de muchas prerrogativas. Entre otras, el de gestionar su propio patrimonio. Era un privilegio ser vestal y las familias importantes peleaban para contar con alguna. Creo que a mí también me hubiera gustado, como a Malena, ser vestal. Beso su mano, madame.

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  19. Dura vida la de las vestales romanas, dedicadas en cuerpo y alma al culto a su diosa sin caer en el pecado y en una muerte tan cruel. Treinta años de vida son demasiados para no caer en la tentación, sobre todo porque, en la mayoría de los casos, coincidirían con la juventud. Su influencia en la sociedad romana está probada a juzgar por ese dedo mortal que esgrimen en el famoso cuadro de "El gladiador" que nos muestra en la entrada.
    Un beso
    P.D. Como ve estoy de vuelta y con fuerzas renovadas

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  20. las vestales eran las monjas modernas en la antigua roma

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  21. Un trabajo ameno y muy ilustrativo.
    Me gustaría conocer el nombre de alguna transgresora vestal, si es que la hubo.

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  22. Bueno, vírgenes por que prometían no embarazarme mientras cumplían tus treinta años de trabajo, pero de ahí a que no tuvieran otras formas de sexo, es otra cosa. En una cultura donde tener sexo es natural, bello y una forma de acercarse a la fuerza divina de la que venimos, pensar en una virgen que no tenga sexo del todo es ilógico. No se valoraba la abstinencia como la valoran después del cristianismo.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)