lunes, 24 de junio de 2013

Las mujeres en la Corte de los Austrias

Las Meninas - Velázquez

Las Casas Reales eran las encargadas del cumplimiento del ceremonial y de la etiqueta, así como de mantener el boato y la magnificencia de las que se rodeaban los Austrias, símbolo del poder monárquico. En tiempos de Felipe II, la Casa de la Reina se separó de la del Rey. Apenas diferían en estructura y funciones, pero la de la Reina carecía de guardias reales y acemilería, y los actos religiosos eran compartidos con los empleados del rey.

Las damas, cuyo número osciló entre 30 y 150 dependiendo del reinado y del momento, cobraban por el puesto que ocupaban, que era susceptible de ascensos. Por tanto, existía una jerarquía, siendo el cargo más importante el de Camarera Mayor, seguido del de Dueñas de Honor. Después iban las damas, azafatas y las criadas de cámara y mozas de retrete; lavanderas, guardadamas mayores y menores, etc. Por último estaban las enanas.

La camarera debía dormir en el cuarto contiguo al de la reina. Generalmente era viuda, muy ducha en protocolo y, desde luego, de noble cuna. Su atención a la reina era constante, la asistía durante el aseo y la acompañaba en sus salidas. Además, velaba para que el comportamiento de las damas se ajustara al decoro. En cuanto a las Dueñas de Honor, eran viudas pobres de buen linaje, cuya principal misión consistía en acompañar a las solteras y responsabilizarse de ellas.

Margarita de Austria, reina de Felipe III

Mención aparte merecen las nodrizas, que gozaban de especial protección durante el tiempo que duraban sus servicios. Una agresión sexual a una nodriza podía ser constitutiva de delito de traición, por la posibilidad de que afectara a su labor. Es de destacar que en tiempos de Carlos II se empleó a 31, junto con otras 62 suplentes por si eran necesarias. 

Terminado el plazo para el que se las había empleado, la nodriza recibía una pensión, o bien empleos para sus esposos e hijos. A veces, incluso, permanecía en la corte y ejercía mucha influencia, como doña Ana de Guevara, nodriza de Felipe IV, quien tuvo un papel relevante en las conspiraciones contra Olivares.

Aparte de la nodriza, el aya de los infantes cuidaba de la crianza y alimentación de los hijos del rey. Los acompañaba, se ocupaba de que sus aposentos estuvieran en perfecto estado y de que se les sirviera con todos los honores. Además, dormía en su misma cámara.

Doña Margarita de Austria, madre de Felipe IV, aparte las cuatro Damas titulares de cargos, solía tener a su servicio otras cuatro más. Pero el personal femenino iba a multiplicarse tanto que al bautizo de Carlos II asisten ya 5 meninas, que son las futuras damas, menores de quince años; 18 damas; la Guarda mayor del Palacio de la Reina, 5 señoras de honor, el Aya del Príncipe y la Camarera de la Infanta. Se calcula que la reina doña Mariana tenía más de 300 mujeres a su servicio.

Se llegaba a alcanzar uno de esos codiciados puestos entre las damas de la reina como recompensa hacia algún miembro de la familia cuyos servicios merecían ser distinguido con algún honor, o bien por mera tradición familiar. A pesar de la escasa libertad de la que gozaban, tenían permiso para visitar a sus parientes. A veces llegaban a palacio siendo aún unas niñas, y era una buena oportunidad para aprender los usos cortesanos y hacer una buena boda, con un matrimonio que debía ser autorizado por la reina. 

Mariana de Austria, reina de Felipe IV

Durante el siglo XVII las damas de palacio residían en los pisos altos, disponiendo cada una de habitaciones particulares para sí mismas y para las dos sirvientas que permite la etiqueta, además de las suplementarias que procediera tener. 

El Alcázar, suntuosísimo, está lleno de lujo y elegancia, un lugar que las damas de la reina animan con su juventud, belleza y alegría. “No han de vivir confinadas en harén, como sus predecesoras musulmanas, ni siquiera en clausura de gineceo, sino que circulan, aunque jamás solas, por cámaras y salones, corredores, patios y jardines; decoran las fiestas de la corte, las procesiones y otros desfiles, salen en público acompañando a los reyes; tienen, pues, innumerables oportunidades de ver y de ser vistas. No es extraño que procuren atraer hacia su gentileza natural o sus adquiridas pero bien compuestas galas, la atención masculina… Corresponden, lógica y cortésmente, los varones con miradas, sonrisas, piropos, pláticas y valiosos obsequios”.

Había pocos solteros jóvenes, porque la mayoría o bien se encontraban sirviendo lejos de la corte o su juventud no les había dado aún rango suficiente para ser allí recibidos. La mayoría de las parejas que “se anudan, divorcian, entrecruzan o intercambian” suelen ser entre un hombre casado y una mujer soltera. Esto es moderadamente tolerado, aunque cuando la dama se case ya no gozará de tal permisividad y habrá de guardar la mayor circunspección, porque “el hombre reputa baldón imborrable consentir que llegue a ser depositaria de su honor y madre de sus hijos doncella o viuda con mácula de liviandad presunta, cuanto más notoria y divulgada en la corte”.

Ana de Austria, reina de Felipe II

Existe separación de sexos en estrados, carrozas, templos, teatros, plazas de toros y demás lugares de reunión. En los desfiles, procesiones y demás ceremonias llevan los lados de cada dama dos gentileshombres, y la cola un mayordomo. No se puede mantener conversaciones particulares mientras se danza, porque la conversación no se considera adecuada a los movimientos majestuosos de la danza ni al rígido protocolo o “la indefectible e indiscreta proximidad de ojos y oídos, benévolos u hostiles, pero invariablemente curiosos, avizores, expertos y agudísimos. El único diálogo sutil permitido se mantiene a distancia, con el lenguaje pueril de los dedos, y el hábito imprime a este habla por señas ritmo vertiginoso, que solo, muy atentos, pueden seguir los iniciados”.

La religiosidad de Margarita de Austria llegaba al extremo de incitar obsesivamente a sus damas para que entraran en un convento. Llevaba su misticismo a tal grado que cuando estaba en la capilla tenía visiones y creía oír voces. Sobre estas premisas, el rigor debía de ser asfixiante para cualquiera de sus damas, y marcaría la pauta de lo que habría de ser la vida en la corte a lo largo de ese siglo. Ciertamente la disciplina se burlaba de continuo, pero los amores clandestinos se enfrentaban a las posibles denuncias, y las consecuencias podían ser muy graves. Ello no consiguió impedir que durante la regencia de Mariana de Austria los galanteos estuvieran tan a la orden del día que fue imposible acabar con ellos. Los galanes eran demasiado osados, y su alcurnia los protegía. El Mayordomo Mayor, desesperado y escandalizado por tanta inmoralidad, en 1666 insta a la reina a hacer algo al respecto. Era aún la época del donjuanismo. Hacía unas décadas que Tirso de Molina había recogido en su Burlador de Sevilla el mito de Don Juan. 


Bibliografía:
Vida y reinado de Carlos II – Duque de Maura
Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII – Laura Oliván Santaliestra
elartedelahistoria.wordpress.com/2008/01/04/las-nodrizas-en-la-corte-de-los-austrias/
mujeresdelacorte.blogspot.com.es/2009/03/damas-de-la-corte.html


26 comentarios:

  1. El Mayordomo Mayor tenía que estar desquiciado persiguiendo inmoralidades.
    Pobrecico. En qué mala época le tocó vigilar.
    Pero,..¿a quien se le ocurre juntar 300 damas de todas las edades y pretender que todas se comportasen como monjas?


    Abrazos, madame!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya ve, monsieur. Para los galanes de la corte, aquello era buffet libre.

      Buenas noches.

      Bisous

      Eliminar
  2. Entretenimientos cortesanos le llamaría yo:jueguitos de manos; jueguitos de villanos hum... no eran propiamente esclavas pero estar todo el día pendiente de los caprichos de estas damas que cansino.Como el ejemplo de Margarita de Austria.

    Bisous madame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, tenía que ser un calvario y un aburrimiento, para las que les tocó Margarita de Austria en suerte.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  3. Me imagino que con tanto personal a su servicio, a las reinas que estaba a dieta pero podian ojear el menú, tambien le echarian un ojo a los galanes que frecuentaban por alli. Aunque mas no sea una miradita, que con tantas, vaya a saberse por quien iba.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seguramente se alegraban la vista, sí. Los sentidos propiamente dichos no estaban privados del disfrute. Algo era algo.

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  4. No era agradable ser dama en esa corte si se era medianamente atractiva. Nada que ver esta Corte con la de Luis IV:-)
    Y pregunto yo para que las querían guapas si después no podían aspirar más que casi casi al convento. Creo que hubiese aceptado el puesto de nodriza:-)
    Bisous y buenas noches

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No se parecía mucho a nuestra corte, no, verdad, madame? Pero las que terminaban en el convento parece ser que disfrutaban lo suyo antes. Bueno, al menos algunas.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

      Eliminar
    2. Y pensar que una plaza como esa se la peleaban. No era muy entretenido ser dama de la corte española.
      Bisous, Madame

      Eliminar
    3. No, yo creo que no. Por el momento voy a seguir en Versalles, donde me divierto mucho más.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

      Eliminar
  5. Mis conocimientos de arte estaban limitados a los del bachillerato de ciencias; no obstante sentía un fuerte atractivo y visitaba con mucha frecuencia del Museo del Prado. Un día le escuché a Dalí una de sus estrafalarias declaraciones donde respondía a la pregunta de qué se llevaría del museo en caso de un incendio: "el aire de Las Meninas", respondió. Desde entonces empecé a mirar el cuadro con mayor profundidad y detenimiento.
    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Dalí no tenía mal gusto, entonces.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  6. Ha habído tiempo para todo, para misticismo, galanteo y amorios. Me llamó la atención, no sé por qué, el tema de que el hombre casado podía galantear, enamorar a una joven, pero la mujer casada no podía hacerlo....

    Cosas que imagino se realizarían igual, a pesar del protocolo.
    Buen día Madame.

    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No era lo mismo, porque siempre se sabía si la madre del hijo de un hombre casado era o no era la esposa, pero no podía saberse igual de fácilmente en el caso del hijo de una mujer casada.

      Pero sí, en efecto, no se le podían poner puertas al campo.

      Feliz día

      bisous

      Eliminar
  7. La mujer en aquellos tiempos y en esos ambientes jugaba un importante papel, casí "higiénico" diría yo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jiji, a pesar de que aquellos tiempos no son los más apropiados para aplicárseles la palabra "higiénico".

      Feliz día

      bisous

      Eliminar
  8. Desde luego la corte debía de parecer un gallinero aunque, por más concurrida queestuviera, dudo mucho que albergara intrigas tan fascinantes como las de Versalles. Ni caballeros como Pèguilin jajaja
    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No apueste usted. Los donjuanes de la corte española eran mucho Don Juan. Y de intrigas también iba sobrada la corte. Pero yo me quedo en la del Rey Sol.

      Feliz día, madame

      Bisous

      Eliminar
  9. pues así como en su otro chateau nos habla del trajín que se llevaba la nobleza, no parece que fuera poco el follón que se podía montar en una corte tan beatísima como era la nuestra.
    me ha nombrado a Carlos II y ya me he puesto a pensar en mis cosas, madame. qué tendrá Carlos II...
    bisous!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí, beata o no, había cosas que no podían impedirse, por mucho que uno se lo propusiera.
      Ya no recordaba su afición por el pobre Carlos II.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  10. Buenas tardes, Madame.

    Cierto es que la cantidad de criadas de toda índole y condición debía de ser bastante llamativa, pero hay que tener en cuenta que los Austrias fueron muy dados a obsequiar con mercedes a diestro y siniestro.

    Por otra parte y valga la frivolidad, no me extraña que hubiera tanta gente preparada durante el nacimiento de Carlos II. Después de lo ocurrido con Baltasar Carlos y los precedentes de Felipe IV para engendrar un heredero al trono (que no hijos por doquier), aquello tuvo que ser inaudito.

    Ha sido una entrada deliciosa. Quedamos a sus pies, querida Dame. Que disfrute de la tarde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que para el pobre niño todo cuidado era poco. Apenas nadie hubiera apostado a que superaría la infancia, dadas las circunstancias.

      Muchas gracias y feliz día.

      Bisous

      Eliminar
  11. Me vienen a la mente algunos cuadros de Carlos II, pero con su piel tan blanquita, y ahora me lo explico. Fue la leche de su 31 nodrizas y 62 suplentes la causa de su transparencia. Lástima que no lograran impedir que creciera flojete y escurrido.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jijiji, bueno, pues vaya usted a saber si tanta leche influyó en el color de su piel. No lograron impedir que fuera flojete, pero seguramente tienen algo que ver con el hecho de que la criatura lograra superar la infancia en un tiempo en el que las enfermedades se llevaban a otros mucho más fuertes.

      Feliz día, monsieur

      bisous

      Eliminar
  12. Bonsoir Madame

    Según leí en alguna parte, María Teresa sentía especial predilección por las enanas y se llevó unas cuantas a Versailles, lo cual fue motivo de ácidas críticas por parte de los cortesanos.

    Aunque hubiesen muchos "Supervisores" de la honestidad, esto no hacía más que avivar el deseo, pues ya sabemos que lo prohibido resulta ser más apetitoso.

    Aunque existiese un rígido protocolo, se las ingeniaban para comunicarse con señas como contar las teclas de un abanico, movimientos de manos y guiños imperceptibles...
    Ahhhhh soy yo el más débil ante tantos galanteos cortesanos...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Monsieur, sinceramente no creo que los cortesanos franceses pudieran criticar que tuviera enanos, teniendo en cuenta que el propio Beaufort le regaló un negrito enano africano, y que los negritos enanos estuvieron muy de moda en la corte francesa.

      Había pensado en tratar indirectamente ese tema próximamente, aunque no sé.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)