martes, 4 de junio de 2013

Las esposas de Iván el Terrible


Iván IV Vasilievich nació en Kolomenskoye en agosto de 1530. Tenía tan solo tres años cuando fue proclamado gran príncipe de Moscovia, y hasta su mayoría de edad el gobierno estuvo en manos de su madre Elena y del favorito de esta, el príncipe Obolenski. Pero Elena murió repentinamente cinco años después, en unas circunstancias que hicieron saltar los rumores de que los boyardos la habían envenenado. Una semana más tarde Obolenski era arrestado y asesinado a golpes por sus carceleros.

Por entonces los boyardos intrigaban para alcanzar el poder y oprimían a los campesinos mientras el país era hostigado por enemigos exteriores. Bajo estas penosas circunstancias, el pueblo ruso había depositado todas sus esperanzas en Iván, que a la sazón residía en Moscú. Aún no sabían que el príncipe sería “el peor de los tiranos y el más cruel de los déspotas”.

La infancia y adolescencia de Iván fueron muy tristes. No contó con el amor de su madre, que había manifestado indiferencia hacia él, y la única persona que le mostraba cariño era la hermana de Obolenski, pero cuando el príncipe cayó, ella fue encerrada en un convento. Los boyardos lo despreciaban y no perdían ocasión de burlarse públicamente de él. El niño se educó entre continuas escenas de violencia y barbarie, asesinatos, intrigas y brutalidades, algo que influyó en su carácter. Se dice que se divertía torturando a los animales, arrojando gatos desde las terrazas, cabalgando por la ciudad desenfrenadamente y cometiendo toda clase de atropellos. 

Elena Glinskaya, madre de Iván

A los 17 años fue coronado zar en la iglesia de la Ascensión en el Kremlin. Era el primero en adoptar ese ese título, con el que se proclamaba “heredero de los zares de Asiria y de Babilonia, de Jerusalén, Roma y Constantinopla”.

Para entonces, a pesar de su juventud, se decía que había tenido ya centenares de amantes. Poco después de su coronación, Iván decidía casarse, y para ello ordenó a todos sus nobles que le enviaran a sus hijas para que él pudiera elegir entre ellas. Unas mil quinientas se dieron cita en el Kremlin, alojadas doce en cada habitación. El zar las visitó una a una y les obsequió a todas un pañuelo bordado con oro y piedras preciosas. La elegida fue la hermosa Anastasia Romanovna, una joven de su edad y que ejerció una beneficiosa influencia sobre él. 

Ese mismo año, a raíz de una grave revuelta popular, el pope Silvestre pronunció un enérgico sermón en el que le reprochaba sus lamentables excesos y la negligencia en el cumplimiento de sus deberes. Iván lo escuchó y, alentado por Anastasia, prometió enmendarse; lo tomó como consejero y se rodeó de un reducido grupo de sacerdotes. Nadie reconocía en ese joven súbitamente preocupado por los necesitados al mismo Iván de tantos excesos anteriores. Cierto que su nuevo estilo de vida tan piadoso no duró mucho más de tres semanas, pero ella siempre logró reprimir el lado más cruel y salvaje del carácter de su esposo.


En 1553 el zar caía gravemente enfermo, hasta el punto que se esperaba la noticia de su muerte. Iván ordenó que acudieran los boyardos para obligarlos a prestar juramento de fidelidad a su hijo, cosa que muchos rehusaron hacer, porque odiaban a la familia de su mujer tanto como a la de su madre, y argumentaban que si el niño era coronado, ambas familias se harían con el poder. Algunos de los que se negaron habían sido los más fieles colaboradores del zar. Iván nunca los perdonó. Una vez recuperada la salud, desterró a cuantos sospechaba que se hallaban en la oposición. El zar se ofendía con suma facilidad, y jamás olvidaba un insulto.

Lamentablemente Anastasia murió en 1560. Iván la había amado mucho. Atormentado por la idea de que los boyardos la habían envenenado o hecho víctima de un hechizo, hizo torturar y ejecutar a muchos de ellos. Sus sospechas podrían haber tenido algún fundamento, puesto que hace unos años los restos de Anastasia fueron examinados y se encontraron unos elevadísimos niveles de mercurio en su cabello. Sin embargo, como el mercurio también era empleado como cura, la cuestión no parece resuelta.

Lamentó tanto la muerte de su esposa que durante varios días nadie lo vio sobrio, y es a partir de ese momento cuando comienza a dar muestras de desequilibrio. Se abandona por completo a sus instintos más crueles y se convierte en “un auténtico monstruo, depravado, perverso, sediento de sangre, que gozaba con hacer torturar a infelices víctimas en su presencia para amenizar sus escandalosas orgías”. Pero luego, cuando volvía a estar sobrio, se veía dominado por la angustia y el terror. Iván se rodeaba de una guardia personal llamada Opritchina, que no contaba con menos de seis mil hombres, “despiadados verdugos reclutados entre la hez de la sociedad” y que le obedecían ciegamente. Sus guardias, vestidos de negro, montaban caballos negros de cuyas sillas colgaban escobas y cabezas de perro. Estas últimas simbolizaban a los enemigos del zar y el único destino que les aguardaba, mientras que las escobas representaban su firme determinación de barrer la traición de suelo ruso.

María Temryukovna

Un año después el zar se casaba con María Temryukovna, hija de un príncipe musulmán. María carecía de las cualidades de Anastasia y nunca se integró bien en la corte. Era manipuladora, tenía un carácter vengativo y no fue una buena madrastra para los dos hijos de su esposo. Los rusos la detestaban. Pero la zarina moría en 1569, con solo 25 años. Muchos se mostraron convencidos de que Iván la había envenenado. De hecho, el año anterior él había iniciado negociaciones con la reina Isabel de Inglaterra, a la que hizo propuestas matrimoniales. Eso parece indicar que no pensaba seguir casado con María mucho tiempo. Sin embargo, como iremos viendo, parece que Iván generalmente era reacio a matar a sus esposas, y prefería repudiarlas. En esta ocasión el zar torturó a mucha gente a la que, como en el caso de su primera esposa, acusaba de haberla asesinado.

Vivía obsesionado por su seguridad, imaginando intentos de rebelión en diversas ciudades. En 1570 hizo saquear Novgorod, causando la muerte de 60.000 personas. Familias enteras fueron arrojadas al río. Luego, para aplacar su conciencia, reunió a 300 familiares suyos en una orden monástica de la que él mismo se nombró abad. El zar se dedicaba a hacer sonar la campana desde primeras horas de la madrugada para anunciar los rezos, una tarea en la que permanecía arrodillado durante horas, golpeándose la frente contra el suelo hasta hacerse sangre.

En julio de 1570 organizó un auto de fe donde fue despedazado el príncipe Viskovati. Mientras lo colgaban y degollaban, Iván violó a su viuda y el zarevich a la hija mayor del asesinado. Ambas corrieron después la misma suerte del príncipe, junto con otras ochenta viudas ilustres y centenares de presos. Mientras tanto, la peste y el hambre causaban estragos sobre una población que se veía obligada a recurrir al canibalismo...


Continuará.

28 comentarios:

  1. Y después se quejan del gore de "juego de tronos". La historia ha tenido tiranos peores que los que inventa la ficción.

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    1. Desde luego, madame. Frecuentemente la realidad supera a la ficción. Iván es una buena muestra de ello.

      Buenas noches.

      Bisous

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  2. Pueblo sufrido el ruso en todos los tiempos...y encima ese clima. Claudia

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    1. Con Iván les tocó sufrir a base de bien. Qué peligro para un pueblo estar en manos de un loco.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  3. Poca piedad se puede esperar de un hombre que fue maltratado de niño. La infancia marca más que un hierro candente.
    Un saludo.

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    1. No todos los niños maltratados se convierten en asesinos, pero el poder absoluto ayuda mucho a no encontrar freno a los instintos.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  4. Un personaje nada recomendable para una hija y como yerno, uffff. Terrible se queda corto. Aprovecho para felicitarle por los mil seguidores, algo difícilísimo de conseguir, madame. Mi más entusiasta enhorabuena. Abrazos.

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    1. Muchas gracias, monsieur. Es una bonita cifra.

      Feliz día.

      Bisous

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  5. No sé si por ser tan lejanas, suenan tan cruentas las barbaridades que se han hecho en Rusia a lo largo de su historia. A mí ya me parecieron terribles algunos de los episodios de Pedro el grande...

    Desde luego, cualquier película actual con grandes cantidades de violencia gratuita, no supera las atrocidades de este genocida. Esperemos que a Tarantino no le de por dedicarle un biopic.

    Nos está encantando la entrada. Estaremos atentos a siguientes entregas. Que disfrute del día, querida Dame.

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    1. No tuvieron mucha suerte con los zares, verdad?

      Gracias, equipo.

      Feliz día.

      Bisous

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  6. mmm, yo vi la película y... a ver cómo lo digo. él estaba un tanto hecho cisco de lo suyo, pero... ¿qué otra manera había de controlar el país si todo el mundo le ponía trabas e iba a la suya? claro que en la película los paralelismos con stalin y lenin son evidentes pero... no sé. en cuanto a sus mujeres, el disgustazo que se lleva con la muerte de la primera es antológico y lo descuaderna para siempre.
    veremos como sigue el tema, madame.

    bisous!

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    1. Sabía que había visto la película porque usted ve todo lo ruso. Es buena idea eso de destruir un país para así poder controlarlo. Exactamente igual que cortarte la cabeza para que no te duela.
      Yo creo que el hombre nació descuadrado. No hay que olvidar que de niño, mucho antes de conocer a Anastasia, se divertía torturando a animales y arrojando gatos desde las terrazas, entre otras lindezas. Más bien debemos a Anastasia que por unos años no haya sido peor aún.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  7. Espeluznante personaje: la realidad supera la ficción...

    Madame: esperaremos pacientemente a ver que nos depara la siguiente entrada; porqué viendo lo que hay... ufff no se espera nada bueno...

    Feliz día bisous.

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    1. Es realmente gótico, este hombre. Deja tamañitos a los vampiros.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  8. Menudo bicho este Iván. Cualquiera que estuviese cerca podía ser objeto de sus desmanes.
    Cuando estudiamos, con los niños de Infantil, la catedral de San Basilio (de lo poco decente que hizo) me costó mucho suavizar la figura del zar. Porque los zagales solo querían saber los aspectos más truculentos del Terrible. Jejeje

    Abrazos, madame!

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    1. Normal, monsieur. Al fin y al cabo fue por lo que pasó a la historia, tristemente. No resulta injusto que sea lo que más interesa, por tanto.

      Feliz día

      Bisous

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  9. Como seabéis, Madame, el pasado septiembre visité Moscú y tuve ocasión de adentrarme en la historias de estos personajes del frío donde todo es similar y muy distinto. Con la infancia que le tocó vivir al bueno de Iban, no es de extrañar que llegara ser una mala bestia, algo que le tocó vivir al pueblo, a sus esposas, súbditos y a todo el que se anduviere en sus cercanías.
    Bisous.

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    1. Desde luego nadie le dio ejemplo precisamente, ni le animó a la bondad. Si a eso añadimos su evidente desequilibrio, el cóctel perverso está servido.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  10. Hola Madame:

    Siempre me ha parecido que los rusos no han tenido mucha suerte con los Zares.

    He estado leyendo algunos escritos psiquiátricos sobre Iván. No son nada halagadores.

    Tirano y todo,parecía que a algo quería. Me refiero a los hijos...

    Besos Madame

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    1. Sí, quería a sus hijos, y al parecer a su hermano menor, disminuido psíquico, y a su aya, y a su primera esposa. Era perfectamente capaz de amar, pero era cruel hasta extremos difíciles de imaginar. Supongo que en el fondo de todo estaban sus graves problemas psiquiátricos.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  11. Buenas noches, madame.

    No estoy demasiado puesta en la historia de Ivan el Terrible, sólo algunos datos sueltos, pero después de leer esta primera parte sobre su vida y sus esposas, la verdad es que me está resultando apasionante y escalofriante. Espero ansiosa la siguiente parte ^-^

    Bisous!

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    1. El mal ejerce una rara fascinación sobre nosotros. Resulta desdichado padecerlo, pero gratificante leerlo.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  12. ¡Menudo personaje! Pero fascinante.
    Buenas noches, madame

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  13. Vaya bestia que era Iván. No me extraña que el camarada Stalin fuera admirador suyo. Su enfermedad me recordó a Calígula, que al parecer se hizo el moribundo, y un senador (creo) dijo en tono burlón que si pudiera, se cambiaría por él. Eso le traería fatales consecuencias. A los boyardos, lo mismo. A los moribundos hay que seguirles la corriente, por si se produce un "milagro" y por desgracia para ellos, se produjo.

    Un saludo, madame.

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    1. Viendo historias como estas, monsieur, una siempre se puede consolar pensando que hubo tiempos y lugares peores. No estamos tan mal, después de todo.

      Feliz día

      Bisous

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  14. Vaya historia la de Iván el terrible, por lo que tengo entendido leí que Anastasia e Ivan habían tenido seis hijos (pero le sobrevivieron dos).
    A mí siempre me gustó la relación que tenía Iván con ella, se ve que quedó marcado mucho con su muerte ya que ninguna se comparó exactamente a ella. Luego del fallecimiento de ella salió más que nunca Iván "El terrible". También decían que cuando Iván mandó a que construyan La Catedral de San Basilio hizo que le quitaran los ojos al arquitecto para que no construya otra arte como esa, pero es una leyenda.

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    1. Es difícil desprenderse de la leyenda, aunque a personajes como éste no les hace falta mucho adorno. Menuda joyita era.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)