martes, 18 de junio de 2013

El teatro en la época isabelina

William Shakespeare

En tiempos de la reina Isabel el teatro era aún un arte popular, aunque ni las más encumbradas damas ni los caballeros desdeñan asistir a una representación. Los aristócratas protegen a los actores, y la propia reina hace representar una obra en la corte de vez en cuando. Generalmente pagaba diez libras esterlinas por una representación. Sin embargo, dramas y comedias se consideraban simplemente como una diversión, igual que pantomimas y mascaradas, y no se contemplaba su dimensión cultural. Pasarían aún años antes de que se estimasen dignas de ser publicadas.

En Inglaterra, igual que en el continente, el teatro tenía por origen los misterios, las obrillas jocosas y los apólogos morales que antes se ejecutaban en las explanadas de las iglesias por grupos de comediantes aficionados. Hacia mediados de siglo se representan obras traducidas del latín, del griego y del italiano, y muchos autores ingleses comienzan a escribir adaptaciones, además de piezas originales. Se forman compañías de autores profesionales que ofrecen sus funciones en los palacios y los jardines de los grandes señores, a los patios de las universidades, granjas y posadas.

El público, habituado a las baladas de los juglares, prefiere el verso a la prosa y gusta de coplas cantadas con métrica antigua. No quieren alegorías, sino mucha acción, intriga, chanzas y horribles asesinatos. En el campo y en las pequeñas poblaciones que no cuentan con compañías fijas de comediantes, el gusto por el teatro también está muy difundido.

The Globe. Imagen: bilikids.blogspot.com.es/2013/01/the-globe.html

En 1576 surge una gran innovación: un carpintero emprendedor, James Burbage, construye un teatro permanente en el Arrabal de Shoreditch, un lugar de mala reputación al este de Londres. Al año siguiente se erige otro teatro en las inmediaciones, y entre 1587 y 1599 otros tres en Southwark, uno de los cuales fue the Swan, el mayor de todos, con una capacidad para 3000 espectadores. El siguiente será el famoso Globe.

Los teatros imitaban el estilo de las posadas: patio rectangular, poligonal, ovoide o circular y rodeado por una estructura de dos pisos, cada uno con una galería. Al fondo y en el centro del patio se instalaba una plataforma que servía de escenario. Por detrás, tres puertas daban a una sala utilizada para el juego de los bastidores. Los músicos se acomodaban en la galería, mientras que los espectadores ocupaban las de alrededor del tablado, excepto algunos privilegiados que eran admitidos en el escenario. Los decorados eran muy simples: algunas sillas, a veces una mesa, una cama, un lienzo en el muro o un telón pintado. Cuando durante la obra cambiaba el lugar en el que transcurría la acción, se exhibía un cartel pintado mencionándolo.

Las representaciones tenían lugar durante el día, y a veces no se permitía que el local se llenara demasiado. En una ocasión en que había una epidemia, las autoridades no autorizaron que se reunieran demasiadas personas en el teatro, por temor al contagio y la propagación incontrolada de la enfermedad.

Los primeros teatros estaban frecuentemente bajo la protección de algún señor. Esta protección llegaba al extremo de que, si el actor o autor vestía su librea, no podía ser arrestado, algo que iba a salvar a Shakespeare y otros dramaturgos de las iras del sector más puritano. Los actores no eran despreciados, si bien una ley de 1572 suprimió las compañías que no tenían un patrocinador oficial entre estos señores, cuyos miembros pasaron a ser considerados como vagabundos. Pero los demás eran aceptados, estaban bien pagados y frecuentemente recibían una buena instrucción. Después de la función, los nobles caballeros alternaban con ellos en las tabernas vecinas sin ningún sonrojo. Pero no hay actrices; los papeles femeninos son interpretados por muchachos. En muchas ocasiones los nombres de los teatros hacían alusión precisamente a sus patrocinadores: The admiral’s men, The King’s men

Christopher Marlowe

Los autores suelen ser antiguos estudiantes expertos en los temas latinos e italianos, así como en las viejas crónicas inglesas. Aún son más adaptadores que creadores. El primero de los grandes dramaturgos isabelinos, Christopher Marlowe, había sido alumno de Cambridge, y además era actor. Hombre erudito y gran artista, desarrolló una técnica delicada. Solo tenía 23 años en 1587, cuando presentó su Tamerlan con extraordinario éxito. Durante los tres años siguientes escribió tres grandes dramas: La vida y la muerte del doctor Fausto, El judío de Malta y Eduardo II, al tiempo que entraba a formar parte de la policía secreta de Walsingham. En 1593, contando 29 años, recibió una puñalada en una pelea de taberna que acabó con su vida. 

Cuando Marlowe desaparecía, William Shakespeare, un año menor, apenas comenzaba a ser conocido. Había nacido en Stratford-on-Avon el 23 de abril de 1564, hijo de un comerciante en lanas que fue alcalde durante un tiempo. Shakespeare tenía buen conocimiento del latín, además de nociones de griego y francés.

No se sabe cuándo llegó a Londres, y todo cuanto se refiere a sus comienzos aparece envuelto en la leyenda. En 1592 aparece como actor y autor en la compañía teatral que se encuentra bajo la protección del conde de Derby, descendiente por línea materna de la casa de Lancaster y uno de los pretendientes al trono inglés.

Su éxito y las alabanzas de la crítica pronto comienzan a suscitar envidias, pero él se muestra como un buen compañero, de agradable trato. Los jóvenes aristócratas lo reciben y tiene el honor de tratar al deslumbrante Essex, el niño mimado de la reina.

Ben Jonson
Era inevitable que comenzaran a surgir muchos émulos, entre los cuales el más dotado es Ben Jonson, “un sabio letrado y un satírico ingenioso”. Sus comedias están repletas de acción y de ingeniosas sátiras.

A finales de ese siglo comenzó a haber teatros con el patio cubierto por un techo, y a comienzos del siguiente Londres contaba con seis: tres públicos y tres privados, de modo que a partir de 1610 la capacidad teatral de la ciudad era de más de 10.000 espectadores. Estos teatros privados se alumbraban con candelas y lámparas de aceite, contaban con asientos para todos los espectadores y, a diferencia de los públicos, que solo funcionaban de día, ofrecían unos horarios más compatibles con la jornada laboral

En cuanto a las entradas, estaban al alcance de todo el mundo: según un testimonio de 1599, el que se quedaba de pie abajo solo pagaba un penique, y el que quería sentarse accedía a través de otra puerta, para lo que pagaba otro penique. “Si desea sentarse sobre un cojín en el mejor sitio, desde donde no sólo se ve todo, sino que también pueden verle, tiene que pagar en una tercera puerta otro penique”.

Y, desde luego, tan antigua como el propio teatro fue la censura. El funcionario que llevaba el curioso título de Master of the Revels (el Señor de los Festejos), era el encargado de supervisar las diversiones de la corte y aprobar las obras teatrales antes de ser presentadas al público. Estaba prohibido tratar temas religiosos, políticos o sexuales.


28 comentarios:

  1. Aun con esa censura, son obras que perduran hasta hoy.
    Bisous, Madame

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    1. No todas, madame. Se habían escrito muchas más. Lamentablemente por culpa de la censura se han perdido algunas. Y Thomas More, que llevaba la mano de Shakespeare, entre otros dramaturgos, nunca pudo ser representada. Pero es que claro, More era un mártir católico ejecutado por el padre de la reina por oponerse a su divorcio, y muchas escenas de la obra se consideraron subversivas porque despertaba las simpatías del pueblo hacia el personaje.

      Feliz día

      Bisous

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  2. El teatro era una actividad globalizadora donde se integraban no sólo lo relacionado con la obra en cuestión que iba a ser representada. Era también un encuentro de gentes, un mentidero, un escaparate, un espacio para el cotilleo... La grandeza de ese teatro, con obras de Shakespeare, Lope o Calderón, es que se supo aunar lo popular con la calidad, algo que desgraciadamente no suele ocurrir mucho en nuestros días.
    Un saludo.

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    1. Exactamente,monsieur. Da una lástima tremenda ver lo que está ocurriendo con el teatro en países de tanta tradición teatral como España. Es tremendo ver cómo agoniza.

      Feliz día

      Bisous

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  3. Buenas tardes, Madame:

    Parece mentira que hubiese tanta censura. Si tan sólo con Shakespeare ya se tocan todos los temas posibles.

    Ha sido una entrada muy interesante. Desconocía que Marlowe ya hubiese hablado sobre Fausto.

    Que disfrute de la tarde. Sus amigos anónimos quedamos a sus pies.

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    1. Por cierto que las personas interesadas en la obra de Marlowe, las tienen todas online en Proyecto Gutenberg. El link para la de Fausto es:

      http://www.gutenberg.org/ebooks/811

      Gracias, equipo anónimo.

      Feliz tarde también para ustedes.

      Bisous

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  4. Interesante entrada, madame. El teatro era el espíritu mismo del Barroco, que aspiraba a aunar todas las artes principales en una sola, cosa que el teatro consigue (literatura, música en los intermedios y artes plásticas en el decorado).

    Como bien dice usted, es una lástima que el teatro esté agonizando actualmente... En fin, supongo que hay un momento para cada cosa...

    Bisous!

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    1. Una verdadera lástima para una apasionada del teatro como yo lo soy. Se me parte el alma, madame.

      Buenas noches.

      Bisous

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  5. Bonsoir Madame

    Simplemente maravillosa la entrada de hoy, maravilloso dosier del teatro en la Era Isabelina.
    El Renacimiento florecía en Inglaterra y quizás sus protagonistas no vislumbraron del todo la espléndida trascendencia que tendría a través de los siglos, no sólo en las islas británicas sino, en todo el planeta.

    Con limitados recursos Marlowe y Jonson escribían obras inmortales que admiramos hasta nuestros días. Leí en alguna parte que en los teatros se izaba una bandera con el logo del mismo, lo cual era una forma de comunicar a la población que ese día habría representación.

    Coincido en que más que asistir a ver una pieza teatral era un punto de encuentro, para sociabilizar; lo que podemos apreciar en la peli "Shakespeare Enamorado", ganadora del Oscar en 1998.

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    1. Gracias, monsieur. No era un mal lugar para sociabilizar. El teatro es uno de los lugares más maravillosos a los que uno puede acudir.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. madame, de lo religioso a lo mundano. un camino interesante el del teatro desde la misma Grecia. siempre aprovechando las rendijas de lo solemne. sobre el misterio de marlowe/shakespeare vi un documental el otro día... en fin, elucubraciones.
    permítame felicitarla aquí por los dos premios recibidos... mi espíritu Yanáyev ha vuelto a hacer de las suyas y no me dí cuenta de sus galardones. ya sabe que merece esos premios y más.

    felicidades y bisous!!

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    1. La leyenda aún flota sobre Marlowe, al igual que sobre Shakespeare. Es tan tentador imaginar que en realidad no murió en aquella reyerta...

      Gracias, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Hola Madame:

    Excelente!!. En estos días estaba leyendo sobre Marlowe. Hay una corriente en Inglaterra que indica que si no hubiese muerto en aquella reyerta, quizás hubiese tenido mayor influencia en la literatura inglesa, incluso mayor que Shakespeare.

    Sabe que su título de licenciado en artes estuvo a punto de ser denegado por que creyeron que se había convertido al catolicismo??

    Me gusta el teatro. Más que el cine. Aunque a mi me da risa ese deseo de éxito que hay en España, relacionado con el teatro de: Mucha mie... ;D

    Besos

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    1. Sobre Marlowe, yo, que he tenido el gusto de leerlo, opino que no le llega a Shakespeare a la suela del zapato. Pero también es cierto que era muy joven aún cuando murió. Tal vez podría haber dado mucho más de sí con la madurez.

      Yo también soy una gran apasionada del teatro, monsieur :)

      Buenas noches

      Bisous

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  8. El teatro Isabelino; dio paso a la edad moderna.Me encanta el teatro de esa época y por estos lares nuestros clásicos.No hace muchos meses que vi la" viuda valenciana "y me deleité porqué nuestro teatro es más rústico pero con muchos matices...y sobre todo a ironía y picaresca no nos ganaban... Lo que pasa que no es lo mísmo la censura de una época; en una tierras que en otras.Estoy de acuerdo que a lo mejor si Marlowe hubiera tenido más oportunidades pués igual hubiera superado a Shakespeare.Romeo y Julieta,Otelo, Hamlet, son libretos que aun se siguen representando en las Artes Escénicas y sobre todo en balet y ópera.

    Bisous madame.

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    1. El teatro español del siglo de oro es simplemente maravilloso. Yo lo adoro. Fue una buena época para el teatro, tanto en Inglaterra, en España o en Francia.

      Pero sobre Marlowe, yo veo mucha distancia entre él y Shakespeare. Lo hubiera tenido difícil, pero quién sabe.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  9. En realidad Shakespeare fue todo un antecesor de la novela histórica. Claro, que gracias a la censura , sus personajes no siempre se ajustan a la realidad. Baste pensar en el Ricardo III, deforme y depravado que nos describe, muy conforme a la época Tudor. Besitos.Claudia.

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    1. En realidad Ricardo no necesitaba de muchos esfuerzos por parte de los dramaturgos para ser el perfecto villano. No se portó muy bien con sus propios sobrinos. Se aprovechó de su tierna edad para despojarlos, encerrarlos en la Torre y me temo que asesinarlos (porque yo sí creo que fue él). Y, aunque no los hubiera asesinado, con todo lo anterior no quedó precisamente como una joyita, por muchos esfuerzos que hagan los revisionistas.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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    2. Es que justamente el asunto sigue siendo quien fue. Porque Enrique VII no era ninguna perla tampoco y es un período en que se pone en duda nada menos que la legitimidad de los actuales reyes, asi que dificilmente sean objetivos , incluso respecto a Eduardo IV. Bueh esto me excede, estoy tocando de oiditos, perdóneme Ud. Besitos.Claudia

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    3. Está discutido el asunto, en efecto. Me parece un tema apasionante al que hace tiempo dediqué algunos capítulos aquí en el tablero. Le dejo los links por si le interesa el tema:

      http://themaskedlady.blogspot.com.es/2010/05/el-misterio-de-los-principes-de-la.html

      http://themaskedlady.blogspot.com.es/2010/05/el-misterio-de-los-principes-de-la_30.html

      http://themaskedlady.blogspot.com.es/2010/06/el-misterio-de-los-principes-de-la.html


      Bisous, madame, feliz tarde.

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  10. Interesante exposición sobre el teatro en Inglaterra; me llama la atención que era un género muy popular, algo que quizás se ha olvidado y que habrái que recuperar.
    Un saludo, Madame.

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    1. Me temo que nos han hecho olvidarlo con los impuestos y los precios de las entradas, que no son los mismos de antes, monsieur. Un crimen.

      Feliz día

      Bisous

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  11. Ya conoce de sobra la polémica actual entre Shakespeare y Marlowe. Podría dedicar una entrada (o varias al tema) porque la cuestión está que arde entre los investigadores. Imagínese que ahora alguien saliera diciendo que Cervantes en realidad era una impostor y que el escribió El Quijote se llamase maese Juan Pérez, por decir un ejemplo.
    Un beso

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    1. Bastante absurdo todo, sí. Pero tanto da, porque se llame como se llame el autor, la obra es igual de genial. Las obras de Shakespeare lo fueron desde sus comienzos hasta su muerte. Curiosamente, una vez muerto parece que desaparecieron también al mismo tiempo sus "juanes pérez".

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  12. Me temo que hoy los señores no protejan a nadie. El mundo de la cultura en general, no solo el teatro, está desasistido. La cultura no de prestigio y, además, ¿quien lo quiere? Para ser "alguien" en el mundillo que cuenta basta con amasar mucho dinero.
    Excelente artículo, madame, algo a lo que nos tiene acostumbrados pero siempre nos deleita. Beso su mano.

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    1. Es que el arte ha sido devorado por la empresa, por el negocio. Y ahora, encima, por los impuestos. Un desastre, madame.

      Muchas gracias y feliz día

      Bisous

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  13. Magnífica la entrada que nos ha traído hoy.
    Saludos, madame

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)