sábado, 8 de junio de 2013

Catalina I de Rusia


“Sin ti no gozo de alegría verdadera en la vida; todo es soledad y tristeza”. (Pedro el Grande)


En 1712 Pedro el Grande se casaba oficialmente con Catalina, la mujer que fuera primero su amante y luego su esposa secreta. Era el segundo matrimonio del zar. Acerca de los orígenes de la nueva zarina circulan numerosas hipótesis. Los primeros años de su vida permanecen envueltos en la bruma del misterio, debido a que los zares posteriores consideraron que su origen humilde era una cuestión embarazosa y un asunto de Estado que debía permanecer oculto. 

Catalina nació el 5 de abril de 1684 (15 de abril según el calendario gregoriano) con el nombre de Marta Elena Skavronska, y la versión más comúnmente aceptada es que era hija de campesinos lituanos de origen polaco, en una época en la que Lituania era una provincia de Suecia. Otros la suponen hija de un oficial del ejército sueco, o de un comerciante lituano establecido en Dorpat. Se ha apuntado, incluso, que su padre podría haber sido un siervo fugado, o hasta un enterrador.

Según Voltaire, su vida fue casi tan extraordinaria como la del propio Pedro el Grande. Catalina no recibió ninguna clase de instrucción y ni siquiera aprendió a leer y escribir. Había nacido en el seno de una familia católica, pero, al morir sus padres durante una epidemia de peste cuando aún era muy niña, fue recogida por un pastor luterano en cuyo hogar trabajaba como sirvienta. Al crecer, el pastor temía que su hijo pudiera sucumbir a sus encantos, de modo que consideró más prudente ocuparse de su matrimonio y conjurar así el peligro. En 1702 la casaron con un oficial de dragones sueco junto al que solo pudo permanecer ocho días. Al cabo de ese tiempo Marienburg, la ciudad donde residía, era conquistada por los rusos. El pastor se ofreció como traductor y se trasladó a Moscú llevándose consigo a la joven, si bien otras versiones afirman que los rusos la llevaron cautiva, como parte del botín de guerra.


Algún tiempo después, el general Menchikov se enamoró de ella y la hizo su amante, instalándola en su casa. Él era el mejor amigo de Pedro el Grande, y fue allí donde Catalina tuvo el primer encuentro con el zar. Pedro también se enamoró de ella, y ambos se casaron en secreto en 1707, después de que ella se convirtiera a la fe ortodoxa y adoptara el nombre de Catalina. Por entonces aún vivía Eudoxia, la primera esposa del zar, a la que había enviado a un convento por oponerse a sus reformas. Eudoxia había educado a su hijo Alexis en el odio a su padre. Las relaciones entre Pedro y el zarevich eran tan deplorables y estaban tan tensas y enrarecidas por intrigas y complots, que acabaron con la ejecución de Alexis en 1718.

Pedro y Catalina tuvieron dos hijas, llamadas Ana e Isabel, antes de oficializar su matrimonio. En realidad de su unión nacieron un total de doce hijos, pero solo Ana e Isabel alcanzaron la edad adulta. El zar construía San Petersburgo, y mientras tanto vivía con Catalina en una casa de solo tres habitaciones. Ella cocinaba y se ocupaba de los niños, y él cuidaba el jardín como si fueran cualquier matrimonio del pueblo.

Fue durante ese tiempo cuando aprendió a leer y escribir en ruso, pero nunca se refinó lo suficiente para ser aceptada por los aristócratas extranjeros. La margravesa de Bayreuth la describe de este modo tan poco halagador en sus memorias:

“La zarina es pequeñita, regordeta, muy morena, sin gracia ni donaire, y bastaba verla para adivinar su bajo origen. Por su tocado, se la hubiera creído una cómica alemana. Su traje, cortado a la moda antigua, cargado de plata y de suciedad, había sido comprado sin duda a algún judío. Llevaba pedrerías en el pecho, donde un dibujo extravagante representaba un águila doble, cuyas plumas eran de un oro muy bajo y mal montado. Una docena de condecoraciones con otros tantos retratos de santos y de reliquias pendían de sus ropas y sonaban al moverse, lo que la hacía parecerse a un mulo.”


De ella se dice que su personalidad era enérgica, compasiva, encantadora y siempre alegre. Se interesaba por todas las tareas de su esposo, compartía la alegría de sus victorias y la tristeza de sus fracasos. A menudo lo acompañaba en sus viajes. Durante las inevitables separaciones, el zar no cesaba de recordar a su mujer, como queda reflejado en sus numerosas cartas, remitidas desde los más diversos lugares. A pesar de las múltiples ocupaciones que lo agobiaban, siempre encontraba tiempo para escribir a Katinka, “la amada de su corazón”, a la que siempre regresaba a pesar de sus aventuras extraconyugales. Bassevich, escribió que él “quería ver a Catalina en todas partes. No había un solo desfile militar, inauguración de un buque u otra fiesta en la que ella no estuviera presente. Catalina estaba segura de tener el corazón de su esposo, se reía de sus frecuentes aventuras amorosas. El zar, cuando le contaba sus aventuras, siempre decía: nadie puede compararse contigo”.

Cuando Pedro era presa de uno de sus arrebatos de cólera, Catalina era la única persona capaz de aplacarlo. Una vez el zar se abalanzó furioso sobre Menchikov, le golpeó el rostro hasta hacerle sangre, desgarró su jubón; le arrancó una peluca que Pedro le había regalado en señal de amistad, confeccionada con los propios cabellos del zar; luego sacó el puñal gritando que iba a matar a aquel miserable. Catalina se interpuso entre ambos para impedirlo mientras su esposo exigía a gritos que lo soltara. Fue suficiente escuchar la voz amada de la zarina para volver en sí y calmarse.

La zarina salvó a muchos rusos del castigo del látigo, de la horca o del hacha; pero no desdeñaba recibir a cambio alguna recompensa, pues le gustaba el dinero. Sin embargo, cuando en 1711 Rusia atravesó momentos complicados frente a los turcos, ella ofreció inesperadamente ayuda al país poniendo a su disposición todas las riquezas que había logrado acumular hasta entonces. “En aquel momento la sangre fría y la resolución de la zarina fueron decisivas para salvar al zar y al ejército ruso de una catástrofe segura”. Ella misma se ofreció como embajadora para negociar la paz con el visir, del que consiguió unas condiciones muy ventajosas. Fue la gratitud y la admiración por el brillante papel que había representado en momentos tan difíciles lo que impulsó a Pedro a hacer oficial su matrimonio con ella.


El buen entendimiento entre el matrimonio tan solo atravesó un bache cuando ella apoyó a su secretario Mons al caer en desgracia. Pedro se había esforzado durante todos sus años de gobierno por eliminar la corrupción de Rusia, pero Mons y su hermana Matrena, que era una de las damas de Catalina, se dedicaban a cobrar por poner a la gente en contacto con Catalina, y a través de ella acceder al propio zar. A Pedro no le gustó enterarse; hizo ejecutar a Mons y exilió a su hermana. Su decisión causó profundo disgusto en la zarina, que los apreciaba mucho a ambos. Se rumoreaba que ella y el secretario habían mantenido una relación, y que en realidad el zar había ejecutado al secretario por ello, ordenando después que la cabeza fuera metida en un frasco de cristal que colocó en el dormitorio de la zarina. A raíz de la ejecución, ambos dejaron de dirigirse la palabra durante meses. 

En 1724 Pedro, muy enfermo, la llama a su lado y el 7 de mayo la hace coronar como emperatriz. A partir de ese momento ambos gobernaron conjuntamente, a pesar de la oposición del clero, de los boyardos e incluso del pueblo llano. Pero con la ayuda de Menchikov y de la burguesía, Catalina fue proclamada sucesora por la guardia a la muerte del zar.

La emperatriz continuó la obra de su esposo, fundó la academia rusa de las ciencias, construyó los primeros puentes de la nueva capital y llevó a cabo una política en la que la sensatez y el sentido común suplían su falta de formación. Aunque durante la mayor parte de su reinado permaneció controlada por sus consejeros, en una cosa logró imponerse a ellos: fue capaz de reducir el gasto militar, que estaba arruinando al país. Tampoco olvidó a su familia: buscó a sus parientes, los llevó a Rusia y repartió títulos entre ellos. 


La joven analfabeta de origen humilde se había convertido en la primera mujer que gobernaba Rusia, pero solo iba a sobrevivir dos años a Pedro el Grande. Falleció en San Petersburgo contando 43, y fue enterrada en la catedral.


21 comentarios:

  1. Una mujer; con una inteligencia natural ya que era medio analfabeta: dónde prima la sensatez y, sobre todo el amor a su esposo.Madame: una historia muy interesante una mas de las que nos regala en cada entrada a su ventanita.

    Un abrazo y que paseis un tranquilo fin de semana.

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    1. Gracias, madame. Igualmente para usted, feliz fin de semana.

      Bisous

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  2. Siempre había leído que esta Catalina era solo una cocinera inculta e incluso borracha. Gracias por contarnos su verdadera historia.
    Bisous, Madame

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    1. Es que era una cocinera inculta e incluso borracha. Le daba a la botella que daba gusto, en especial desde que murió Pedro. Pero no era solo eso.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  3. A veces la historia nos depara sorpresas como ésta: una persona sin formación ni estirpe noble que llega a la realeza gracias al amor de su marido y a sus buenas artes.
    Un saludo.

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    1. Debía de ser una mujer especialmente inteligente para lograr que Pedro el Grande le confiara incluso el gobierno de Rusia a pesar de no poseer otra formación que la experiencia adquirida a su lado.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  4. A mí el personaje de Catalina me resulta inspirador y me atrae porque lo veo con mucha fuerza. Ahora bien, los hombres que sucumbieron a ella lo harían por las cualidades de su personalidad que resalta en la entrada, porque guapa no era mucho...

    Interesante entrada, Madame, feliz tarde.

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    1. Tampoco sucumbirían por la brillante conversación que permitía su escasa cultura, al menos al principio. Así que es curioso que una simple sirvienta analfabeta que no parece especialmente bonita fuera capaz de seducir a todo hombre que se cruzaba con ella, aunque se tratara de los más poderosos.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  5. Esta historia nos hace reflexionar que la belleza física de una mujer no es requisito indispensable para conquistar el corazón.
    Siendo el Zar de todas las Rusias, Pedro hubiese podido elegir a la princesa de mayor alcurnia y prefirió a una humildísima campesina lituana; Catalina debió tener un carisma extraordinario, tenía "Duende" y todos se sentían a gusto a su lado.

    Precisamente por sus bajos orígenes cautivaba al Zar, pues imagino que lejos de ser distinguidamente sosa, era campechana y auténtica.

    ¡Feliz fin de semana para todos!

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    1. Así es, monsieur. Pero mire que tenía campesinas donde elegir! Había muchas más campesinas que aristócratas. Algo especial debía de tener, además de ser campechana y auténtica. Ciertamente su carisma debía de ser tremendo.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  6. Hola Madame:

    Me ha intrigado siempre lo que el Zar vio en Catalina. La sencillez??, la sinceridad??.

    Quizás incluso justamente confiaba en Catalina que le hacía ver desde el punto de vista del pueblo llano.

    No me sorprende que ella calmara el ánimo de Zar...Las damas tiene ese manera partícular de hacerlo

    Besos

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    1. Todas esas cosas juntas y alguna más debió de ver en ella Pedro a quien no cabe duda de que fue el amor de su vida.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  7. Estoy encantada con esta faceta rusa suya que estamos disfrutando, ya que casualmente tengo en mis manos desde hace unos días Crimen y Castigo. Totalmente en sintonía. Besitos. Claudia.

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    1. Qué coincidencia, madame! Una lectura apasionante, por cierto. Cambiaremos de rumbo nuevamente tras estas entradas dedicadas a Rusia. Ya empiezo a tener frío, jiji.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Buenos días, Madame:

    No se preocupe usted por el frío de las estepas, que sus entradas nos resultan muy cálidas por la franqueza con que trata a estos personajes tan interesantes.

    La historia de Catalina es tan estrambótica como la vida misma, pero nos deja el regusto de una persona que parecía destinada a tener una vida muy humilde en Lituana, acabara siendo pareja de Pedro el Grande y emperatriz de todas las Rusias, como dicen por allí.

    Por cierto, eso de poner en negro sobre blanco que la zarina iba cascabeleando como una mula, como hizo la margravesa de Bayreuth, es atreverse mucho.

    Que disfrute del día, querida Dame. Un saludo.

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    1. Yo creo que Catalina tuvo uno de los destinos más insólitos de la historia. Parece imposible que llegara a ser la primera gobernante femenina de todas las Rusias, y sin embargo así fue. Una prueba más de cómo la realidad supera a la ficción.

      Feliz tarde

      Bisous

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  9. Madame, esta mujer siempre me ha llamado la atención. Muy destacable y para recordar su labor (breve) como zarina sin la sombra de su marido.

    Buena tarde.

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    1. Poco pudo maniobrar, pero sí lo suficiente para hacer su aportación, que no estuvo mal, a pesar de sus excesos en otro sentido.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  10. Madame, he visto en el Kremlin bastante de la ostentación de la Grande Catalina, y créame que resulta inimaginable; no por la talla de la dama, que tampoco es despreciable, sino por la desmesura de esa opulencia frente al paupérrimo pueblo.
    Bisous

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    1. Desde luego, la diferencia era aterradora e insostenible. La historia tenía que acabar mal.
      Me pregunto si aguantaremos nuevamente hasta ese punto.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  11. sentido común, el que parece el menos común de los sentidos. parecería un mulo, pero su buen juicio seguro que era más valioso que el arte con que llevara los ropajes.
    mejor con Catalina que con Eudoxia, claro.
    buena semana, madame.

    bisous!

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)