domingo, 5 de mayo de 2013

Un solo Dios, un solo Farinelli


Carlo Broschi adoptó el nombre artístico de Farinelli en honor a los hermanos Farina, sus mentores. Había nacido en Apulia en 1705, en el seno de una familia acomodada: su padre, Salvatore, fue gobernador de Maratea y Cisterino durante los primeros años de vida de Carlo, pero fallecía al cumplir su hijo doce años, y la situación familiar se resiente. El huérfano precisó de una beca para poder estudiar en el conservatorio de Santa María de Loreto, uno de los cuatro con que contaba Nápoles, con el maestro Niccolo Porpora. 

La Iglesia había prohibido que las mujeres cantaran en los coros de los templos basándose en la frase de San Pablo "Mulier taceat in ecclesia", es decir, que la mujer debe permanecer en silencio en la iglesia. Por tanto, se necesitaban voces capaces de suplir las femeninas. La solución, en ocasiones, eran los falsetti, frecuentes en los coros de la Capilla Sixtina. Se trataba de varones cuya voz era educada para cantar en tonos agudos. Pero otras veces se optaba por una medida más drástica: los castrati, es decir que se castraba a los niños para que conservaran su voz de soprano. Esto, por supuesto, estaba prohibido por la ley, pero siempre se encontraba el modo de burlar la prohibición. 

Siendo niño, Carlo había sufrido una aparatosa caída del caballo, debido a lo cual los médicos recomendaron la castración. O al menos esa fue la explicación oficial. En aquel tiempo sucedía que en ocasiones las familias humildes encontraban solución a sus estrecheces mediante la castración de alguno de sus hijos cuya voz resultara de especial calidad, pero para ello se requería un certificado médico aconsejando la operación. En algunas regiones del país, sobre todo en el sur, estos documentos no eran difíciles de obtener. Se pretextaba así una razón médica, que podía ser precisamente una caída, la mordedura de un cerdo o una forma de combatir los ataques epilépticos. No es sorprendente, pues, que durante ese siglo llegara a haber en la zona de Nápoles en torno a cuatro mil niños castrados. 

Una vez obtenido el certificado, el niño se ponía en manos de un cirujano-barbero que lo drogaba con opio antes de meterlo en agua caliente y proceder a la operación. No es posible determinar si en el caso de Farinelli la caída se trató de un falso pretexto, pero, si lo fue, no parece que pudiera deberse a una situación económica súbitamente tan desesperada. 

Los castrati tendían a la obesidad. Al crecer solían mostrar caderas redondeadas y hombros estrechos. No les brotaba barba ni vello corporal, aunque tenían una abundante mata de cabello. Farinelli, sin embargo, creció como un joven de notable belleza, alto, con porte aristocrático, gran magnetismo personal y muy alejado de esa imagen de obesidad. A los quince años hacía su debut profesional en la Ópera con su seudónimo de Farinelli, comenzando un éxito imparable que le llevaría por toda Europa. 

Su fama fue superior a la de los demás castrati, y su arte recibía mejor remuneración, unos ingresos a los que había que sumar los múltiples regalos que recibía de los poderosos, y de encumbradas damas que caían rendidas a sus pies. Fue en Londres donde una de esas mujeres lanzó desde su palco el grito que después iba a seguirle en todas sus actuaciones: 

—One God, one Farinelli!

Es preciso aclarar que Carlo no estaba totalmente incapacitado para retribuir el amor que le profesaban. Los niños que eran castrados después de los diez años podían llegar a la erección, si bien lo más usual era sufrir la operación al cumplir los ocho. Farinelli había cumplido doce. No era fértil, pero tampoco impotente, ambas circunstancias muy convenientes para las mujeres que deseaban asegurarse que podrían recibir placer sin arriesgarse a un embarazo no deseado. 

Durante su visita a Londres una admiradora anónima, por supuesto— escribió un poema burlándose de los donjuanes ingleses, a los que calificaba de “fanfarrones presumidos” cuyo entusiasmo “expira demasiado rápido, mientras que Farinelli lo mantiene hasta el final”. 

Cuando la reina de España, Isabel de Farnesio, conoció su fama, lo mandó llamar. Su médico, Giuseppe Cervi, creía en el poder de la música como terapia para curar la depresión, de modo que la reina esperaba que el canto de Farinelli serviría para aliviar la profunda melancolía en la que se hallaba sumido su esposo, Felipe V. Carlo llegó con un suculento contrato de tres mil libras de pensión que Isabel pronto dio por bien empleadas. La voz de Farinelli, en efecto, causó gran sensación en la corte, y al rey se le hizo tan imprescindible que no podía conciliar el sueño hasta oírlo cantar. Agradecido por el dulce solaz que le proporcionaba su canto, Felipe le ofreció cualquier regalo que le pidiese, a lo que Carlo respondió: 

—Solo deseo que Vuestra Majestad se deje vestir y afeitar. 

Una petición muy oportuna, porque, para mortificación de la reina y de cuantos rodeaban al monarca, una de las manías que había adquirido Felipe a raíz de su depresión y su comportamiento errático, era la de no asearse ni mudarse de ropa. 


Cada noche cantaba las mismas tres canciones, y terminaba cada actuación imitando el canto del ruiseñor. Tan obsesionado estaba Felipe por el arte de Farinelli que su pasión le llevó a imitarlo. De su cámara salían extraños alaridos que causaban el asombro y la inquietud de los cortesanos. 

El rey lo adoraba, y lo nombró “criado mío, con dependencia solo de mí y de la reina, mi muy cara y amada esposa, por su singular habilidad y destreza en el cantar”. Carlo utilizaba su influencia siempre con enorme generosidad en beneficio de los más desfavorecidos, animando siempre a Felipe y a su esposa hacia los actos benéficos. 

En 1738 dispuso que una compañía de ópera italiana, Los Trufaldines, visitara Madrid, consiguiendo despertar el interés y la pasión de los madrileños por este género. El coliseo del palacio real del Buen Retiro fue reformado para convertirse en teatro de la ópera, y Farinelli hizo estrenar las mejores obras de su época. 

A la muerte del rey, Farinelli continuó en la corte española al servicio de Fernando VI, quien padecía la misma melancolía de su padre y, junto con su esposa, Bárbara de Braganza, también apreciaba mucho su arte. El nuevo monarca concedió a Farinelli el título de Caballero de la Orden de Calatrava, reservada a los más altos dignatarios. Eso suscitó la ironía en algunos ingenios y llevó a decir que se había “dado la espuela a quien no tenía espolones”. 


Carlo fue también nombrado responsable de la programación musical de los teatros reales, “honrándome poner a mi cuidado la dirección de las funciones de ópera y serenatas que se han ejecutado en el real coliseo del Buen Retiro y en el Real Sitio de Aranjuez”, según nos cuenta él mismo. 

Pero cuando Fernando fallece y es sucedido por su hermanastro, Carlos III, este le despidió porque, según su borbónica forma de expresarse, “a él no le gustaban los capones más que en la mesa”

Farinelli regresó a Italia en 1761, tras haber permanecido en la corte española durante casi 25 años. Volvió a actuar ante el público, pero al poco tiempo se retiraba a la suntuosa mansión que se había hecho construir en Bolonia. Allí recibió las visitas de Casanova y de Mozart, deseosos de escuchar esa prodigiosa voz capaz de mantener una nota durante un minuto.



Bibliografía:
Las anécdotas de los Borbones – Carlos Fisas
eltiempo.com – Sección Otros - 7 de julio de 1996 - Fernando Avila
http://suite101.net/article/farinelli-un-castrati-con-un-amor-al-canto-sin-mutilaciones-a33043
Madrid: Cuentos, Leyendas y Anecdotas, II - Javier Leralta
http://tejiendoelmundo.wordpress.com/2010/06/13/por-que-los-castrati-eran-los-mejores-amantes/
http://www.gorgas.gob.pa/museoafc/loscriminales/funerarias/voces%20blancas.html


18 comentarios:

  1. Ahh ese dicho de Carlos II ilustra su sentido practico. No había necesidad de arruinar más a la corona. Me pregunto cómo sería la voz de Farinelli. ¿Mejor que las de una mezzo o de una soprano? El tuvo suerte, pero miles de niños fueron castrados solo para descubrir que no tenían aptitudes para el bel canto.
    bisous, Madame

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  2. Como en aquellos tiempos no había radio ni mp4, Farinelli venía de perlas a los borbones. Con su canto aliviaba los males de Felipe V y de su hijo Fernando VI, posiblemente una depresión o algo peor, porque ya sabemos de las rarezas de estos monarcas. Así que me los imagino en una de esas lujosas falúas reales recorriendo la vega del Tajo a su paso por Aranjuez, mientras "il castrato" entonaba una suave melodía con su fina voz...
    De todas formas, suerte que tengo de no haberme caído del caballo.
    Un saludo.

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  3. Mas alla de la mala educacion de Carlos III (y todo se paga, ya se quedara solo por años el tipo) me quedo con la nota de la dama inglesa que se rie de los supuestos ardores de los galanes locales que salian perdiendo notoriamente.
    Como seria su voz? En la actualidad hay un cantente qu por razones de nacimiento tiene la voz de una soprano, e incluso aqui en Argentina hay un cantante lirico con identico registro.

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  4. Farinelli fue la gran diversión de los Borbones, con esa voz increíble. Una persona que lo sacrifica todo en pos de alcanzar su objetivo. Es el primer gran cantane de moda, del fenómeno fans actual. Un gran entrada, madame. Que tenga una gran semana.

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  5. Me ha encantado esta historia, madame. Porque saber de los éxitos de personas bondadosas es hoy una de las buenas noticias que nos alivian de tantas malas. ¡Qué tonto fue Carlitos...! Beso su mano, madame.

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  6. Hola Madame:

    Muy bueno. Como dice Paco, Il Catrastro fue uno de los primeros cantantes de masa. Me admira que empleara parte de su fama en encaminar a otros..

    Tonto Carlos III...En fin...

    Besos Madame

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  7. Un privilegiado Farinelli, porqué: se le admiraba por su talento , se le respetaba como persona y se le deseaba como hombre muy dificil este equilibrio.

    Una historia muy interesante.

    Un abrazo madame.

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  8. A juzgar por los cuadros era guapo. Y si además cantaba como los ruiseñores mejor. Creo que fue un privilegiado que no todos pueden contar. Y lo que más me ha gustado es que fuera generoso con los más desfavorecidos.
    Bisous y feliz semana

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  9. Buenas noches, Madame:

    Tengo muy buenos recuerdos de Farinelli cuando di Historia de la Música en la carrera, pero desconocía todos los detalles que ha dado sobre cómo solían evolucionar los castrati, ni el rechazo de Carlos III; tan inteligente para unas cosas y tan necio para otras.

    Sobre Farinelli hicieron hace casi veinte años una película en Bélgica llamada 'Farinelli, il castrato' que siempre he tenido ganas de ver porque parece bastante fiel:

    http://www.youtube.com/watch?v=-_x6foTBmUs

    La escena representa el final 'Rinaldo' de Haydn. Está claramente ambientada en vuestra querida Inglaterra dieciochesca, como podréis ver.

    Actualmente lo más parecido a los castrati son los contratenores, que cantan utilizando el falsete y lo tienen todo en su sitio. El más famoso es Philippe Jaroussky, que ha venido en alguna ocasión al Teatro de la Ópera de Madrid y del que hay múltiples vídeos en youtube:

    http://www.youtube.com/watch?v=9zQX2XqAE8c

    Buenas noches y felicidades por su estupenda entrada, Madame.

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  10. Para los que no la vieron, la película sobre Farinelli, a mi me gustó muchísimo. Sin golpes bajos, es una muy brillante y obviamente , plena de música, reproducción de época. Qué buena receta contra la depresión y qué bueno que le resultara el singular tratamiento. Nos dejó con la duda. ¿ lograron que acceda a bañarse Felipe? Besos. Claudia.

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  11. Al menos a Farinelli no le cortaron del todo las alas. Tuvo el buen sentido y la agudeza de dar un consejo muy higiénico al orate de Carlos.
    Por lo que cuenta, Farinelli tuvo una vida sin muchos sobresaltos, y retirarse a vivir en su palazzo, conocer a dos personajes tan interesantes como Mozart y Casanova,fue un bello final.

    Bisous y buenas tardes.

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  12. una historia interesante, ilustrativa y que nos alumbra sobre los castratti... hasta que aparece felipe V y la cosa toma esos tintes de españolidad que le producen a uno un desazón que para qué.
    conocer a mozart, qué lujo.

    que tenga buen comienzo de semana, madame.

    bisous!!

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  13. Una historia muy interesante la que cuenta madame. Creo que Farinelli debió pasar los mejores años de su vida instalado en la corte madrileña, admirado por todos se permitía criticar a aquellos que lo admiraban.
    Lo he pasado muy bien leyendo su relato
    Feliz semana

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  14. Lo sucedido con los castrati, su historia, es uno de los hechos incomprensibles que la humanidad ha tolerado como algo casi normal durante algún tiempo y que en nuestra mentalidad hoy no cabe. Hace ya tiempo publique una entrada sobre Farinelli, en realidad, dentro de su desgracia, un privilegiado, y en la que hable del último de estos desdichados, Alessandro Moreschi, cuya voz está guardada en un vieja grabación de hace cien años, y cuyo enlace coloqué en la entrada. Un voz inquietante, que pone los pelos de punta.
    Beso su mano.

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  15. Bárbara de Braganza fue la reina mas culta que ha tenido España, hablaba varios idiomas y era de un talento descomunal para la música.

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  16. Lamento llegar a estas horas y con estos pelos, Madame, pero aguardaba el momento para ir quitando la cola de lecturas atrasadas y me alegro no haberme perdido esta. Lo de la castración... No entiendo cómo se pueden cometer ciertos atropellos en en nombre de la cultura musical, otras de la moral... de la inmoralidad diría yo. ¡Cuántos sistemas distintos de esclavitud a lo largo de la historia!

    Bisous.

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  17. Interesente semblanza de este cantante único en la historia. Lo que me ha sorprendido ha sido ver sus buenos sentimientos, intercediendo por los más débiles.
    Un saludo.

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  18. Vengo de lo del amigo Paco Hidalgo, y me deslumbro por lo que encuentro.

    Con tu permiso, regresaré.

    saludos

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)