sábado, 18 de mayo de 2013

Madame de Chevreuse y Ana de Austria

“Francia solo está tranquila cuando ella está lejos.” (Mazarino)


La vida de Marie-Aimée de Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse, fue una larga serie de aventuras amorosas, intrigas y complots que le granjearán la enemistad de Luis XIII, de Richelieu y de Mazarino. 

La duquesa era bonita, distinguida, su rostro un óvalo perfecto de rasgos delicados y aristocráticos, boca perfecta de labios rojos que levantaban pasiones. La mirada guardaba un gran misterio; los cabellos eran rubios, el talle esbelto, el cuerpo bien proporcionado, aunque no era muy alta. El conjunto resultaba sumamente elegante, gracioso, femenino. Marie no dejaba indiferente a nadie; jóvenes o viejos, nobles o plebeyos, todos solían sentirse atraídos. “Galante, vivaz, osada, emprendedora”, la describía La Rochefoucauld. 

Le gustaba el romance. Le duraban poco los amores y cambiaban frecuentemente, pero no los simultaneaba. Durante el tiempo que durase la relación, permanecía fiel. También adoraba divertirse. Por donde pasaba dejaba el recuerdo exquisito de su alegría y su vivo ingenio, algo que se manifestaba en su conversación. Dicen sus biógrafos que no era egoísta ni ambiciosa, y que si intrigó toda su vida fue, simplemente, en parte por diversión y en parte por devoción hacia los que amaba. Así lo afirma madame de Motteville cuando dice: “Yo la oí decir a ella misma que la ambición nunca le había tocado el corazón, sino que era el placer lo que había perseguido”. Es decir, Madame de Chevreuse fue una conspiradora vocacional. 

El padre de la duquesa, monsieur de Montbazon, se había casado dos veces. Tuvo dos hijos de su primer matriomino: el mayor era un varón, Luis VII de Rohan, Príncipe de Guéméné, y la segunda fue nuestra Marie, nacida en diciembre del año 1600. 

Marie d'Avaugour
Cumplidos los 60, el caballero volvió a casarse, y esta vez eligió a una jovencita de tan solo 18 y que pasaba por ser una de las mayores bellezas de su tiempo: Marie d’Avaugour de Bretagne, hija del conde de Vertus. Para ello la sacó del convento en el que deseaba profesar como religiosa. Monsieur de Montbazon, en absoluto desalentado por la diferencia de edad, fue capaz de engendrar tres hijos durante su segundo matrimonio, convirtiéndose en padre por última vez a los 76. 

Marie apenas conoció a su madre, Madeleine de Lenoncourt, fallecida cuando ella no había cumplido siquiera dos años. Pasó su infancia en manos de gobernantas desprovistas de autoridad, por lo que no fue educada con esmero ni de un modo capaz de predisponerla a la virtud, pero ella suplía con su inteligencia las deficiencias de su educación. Desde el primer momento manifestó una encantadora coquetería y una ligereza peligrosa, rasgos de su carácter que la inclinarían hacia una vida independiente, llena de placeres, fantasías y libertades. 

A punto de cumplir 17 años, su padre, ansioso por desembarazarse de ella, planeó casarla. Era el momento en que Luis XIII había puesto fin a la regencia de su madre y ejecutado a Concini. Tenía entonces por favorito a Charles d’Albert, posteriormente duque de Luynes, un caballero que a sus 39 años resultaba hermoso, tenía muy buena planta y hacía gala de unos modales exquisitos. El rey le había ofrecido por esposa a su propia hermanastra, mademoiselle de Vendôme, pero ella lo rechazó por juzgarlo poca cosa. Él, despechado, decidió contraer rápidamente matrimonio con cualquier otra que se le presentara. Fue entonces cuando dirigió su mirada hacia Marie de Rohan, joven, rica y seductora. Luis XIII dio su aprobación, y ella tampoco tenía nada que objetar. La diferencia de edad era cosa corriente en la época, por lo que no supuso ningún obstáculo. Ambos se casaban el lunes 11 de septiembre de 1617, en los apartamentos de la reina en el Louvre, en presencia del rey y de algunos notables de la corte. 

Marie fue nombrada superintendente de la Casa de la reina. Esto se hizo al principio muy a pesar de Ana de Austria: ella detestaba al favorito, y por nada del mundo hubiera querido tener a su esposa tan cerca, pero tuvo que acatar la voluntad del rey. Sin embargo, poco a poco Marie de Rohan se fue ganando su simpatía hasta comenzar a forjar una sólida amistad entre ambas. 
                                                                                                      
                                                                                                                  Duque de Luynes
A los 16 meses de su matrimonio Marie tuvo una hija. Desde el primer momento planeó prometerla a algún gran personaje, en lo que encontró la colaboración de la reina. El elegido fue monsieur de Joyeuse, hijo del duque de Guisa. 

El 25 de diciembre de 1620 daba a luz un hijo. El favor del que gozaba para entonces era tal que Ana de Austria la veló toda la noche, y por la mañana incluso repicaron las campanas celebrando el acontecimiento. Luis XIII, que en ese momento estaba en Calais con Luynes, hizo disparar los cañones para anunciarle al padre la buena nueva. 

Dicen que el propio rey se sintió pronto seducido por los encantos de Marie. Sin embargo, como afirma Tallemant des Reaux, “nunca tuvo la intención de convertir en cornudo al condestable de Luynes”. Virtuoso, tímido y poco emprendedor, Luis no era lo suficientemente osado. Aun en el supuesto de que fuera cierto que alguna vez se sintió atraído, la dama no era de su agrado por la gran influencia que ejercía sobre la reina. 

Luynes falleció en diciembre de 1621, a consecuencia de unas fiebres durante el transcurso de una campaña en el Midi. En el momento de su muerte la esposa estaba en París, a punto de dar a luz. Luis, a su regreso, no acudió a verla, sino que se limitó a ordenarle abandonar el Louvre con el pretexto de que no era oportuno que el nacimiento de su hijo tuviera lugar en el palacio real, privilegio reservado a los príncipes de la sangre. Posteriormente retiró la orden, pero la hizo trasladar a un lugar más pequeño y oscuro dentro del palacio. Así dio a luz Marie a una niña. 

Luis XIII se había reconciliado con su madre, María de Médicis, que regresaba ahora a la corte para emponzoñar aún más la convivencia con la reina. Para entonces Marie de Rohan se había convertido en el único refugio de Ana de Austria; ambas eran inseparables. Pero entonces sobrevino la tragedia: Ana, que ya había tenido un primer aborto, causó accidentalmente el segundo jugando de modo imprudente con su amiga por los corredores del Louvre. Fue Marie, al parecer, quien tuvo la infortunada idea de incitar a la reina a correr y patinar sobre el suelo, lo que provocó su caída y posterior aborto. La cólera del rey fue indescriptible. Marie quedaba en una posición muy delicada, pero no se rendía. 

María de Médicis

Y esto nos lleva a Claudio de Lorena, primero Príncipe de Joinville y luego duque de Chevreuse. Era el tercero de los cinco hijos del duque de Guisa. Le doblaba la edad a Marie: hacia 1622 tenía 44 años, y había tenido numerosas amantes: siempre se encaprichaba de las del difunto Enrique IV, por lo que en una ocasión el rey le había enviado en un viaje a Inglaterra para librarse de su molesta presencia. 

La amistad de Marie con el duque de Chevreuse había comenzado en vida de su marido, y fue algo que dio mucho que hablar. De hecho Luis XIII, en un arrebato de mal humor contra Luynes, le había revelado que monsieur de Chevreuse estaba enamorado de su esposa. 

Marie y Claudio se habían visto muchas veces en la corte. Solían encontrarse en casa de la princesa de Conti, hermana de él. Al tanto de los sentimientos de su hermano, les facilitaba las entrevistas, que desde la muerte de Luynes se sucedían sin rebozo. En abril de 1622, tras caer en desgracia, Marie comprendió que no tenía otro modo de salir adelante que casándose con él, de modo que le propuso matrimonio sin vacilar, y el desconcertado Chevreuse apenas tiene otra opción que aceptar. Ambos se casan sin el consentimiento del rey, pero al convertirse en miembro de una de las principales familias de Francia, podía permanecer en la corte con la cabeza muy alta, a pesar de toda la antipatía y el disgusto que pudiera inspirar a Luis XIII. Marie se convertía en duquesa de Chevruse, por lo que comienzan a llamarla Chevrette (literalmente “cabrita”). 

Enriqueta María de Francia, reina de Inglaterra

La duquesa nunca dejó de estar en todas las salsas. Ella y su segundo esposo tuvieron un papel destacado en el matrimonio de Enriqueta María, la hermana de Luis XIII, con el rey de Inglaterra. Como Carlos I no podía abandonar su reino, se acordó que se casarían por poderes y que sería el duque de Chevreuse quien le representaría en Francia. Después de la ceremonia, el duque debía acompañar a la recién casada a Inglaterra, y madame de Chevreuse le seguiría. 

¡Que gran ocasión para la intriga! No iba a poder resistir lanzarse a una de ellas cuando 13 días después de la ceremonia, el 24 de mayo de 1625, llegaba a París el joven y seductor George Villiers, duque de Buckingham, para conducir a Enriqueta a Inglaterra. La Chevreuse intentaría lanzar a Ana de Austria de cabeza a la aventura...


El relato continuará con "Ana de Austria y el duque de Buckingham"

40 comentarios:

  1. No se salva una de estas buenas señoras.
    Debe ser que como las casaban con hombres mayores y ellas eran tan jovencitas, trataban de quitarse el aburrimiento con amantes y tejiendo intrigas...
    Digo yo....

    Como siempre Madame, muy interesantes sus historias.

    mariarosa

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    1. No, madame, es más bien que las que no lo hacían y se quedaban bordando, que lamentablemente fueron la mayoría, no pasaron a la historia :)

      Muchas gracias, madame.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  2. Me parece haber leído por ahí que este duque de Buckingham era el amante de Carlos I, o como suele decirse ¿eran "simplemente amigos"? Besitos .Claudia.

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    1. No, no, Carlos I no era dudoso. Le sonará a usted más bien como amante del padre de Carlos, Jacobo I. Chi lo sa. Hay caballeros muy multiusos cuando se cruza la ambición.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. Una interesante lección de historia, de los personajes que la mueven a veces incluso a su pesar.

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    1. Muchas gracias, madame.

      feliz fin de semana.

      Bisous

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  4. Veremos a ver si sigue la racha de ir de uno en uno, reponiendo los que se van quedando en el camino. No sabemos qué habría pasado, aunque es de imaginar, si Luis XIII hubiera sido más atrevido.
    Lo que tiene muy claro la dama es el no quedarse sola.
    Un saludo.

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    1. Oh, sí, de uno en uno irá, pero, desde luego, los maridos no cuentan.

      Si Luis XIII hubiera sido más atrevido, tal vez no habría elegido precisamente a una mujer. A menos que se tratara de Marie d'Hautefort.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  5. Hola Madame:

    ;D La dama estab en todas las salsas ;D. Como Ud comenta más arriba, si se hubiese quedado bordando, no sabríamos de ella o poca cosa.

    Veremos como irá el viaje a Inglaterra...La historia promete.

    Besos Madame.

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    1. Qué sería de nuestra corte sin Madame de Chevreuse, Madame de Longueville, la condesa de Soissons y tantas otras damas que son nuestra inspiración, verdad, monsieur? :)

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Esa manera en que Ana de Austria abortó nos demuestra que no eran más que unas niñas que todavía querían correr, patinar y hacer travesuras. Tal vez los amores ilícitos serían otra manera de jugar.
    Bisous, Madame

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    1. Lo que pasa que en aquella época en la que se crecía más deprisa porque la vida solía ser más corta, una mujer que ya rebasaba los veinte años debía de resultar un poco ridícula haciéndose tan nena. Y, sobre todo, en su estado muy irresponsable e irreflexiva.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  7. Que relato tan interesante. La verdad es que estoy deseando que nos cuente el papel que tuvo Marie en la relación de Villiers con Ana de Austria.

    Besos

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    1. Un tema objeto de muchas leyendas e inspirador de grandes novelas :)

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  8. Bonne nuit à tous!

    Tiempos terribles para las damiselas, cuando eran obligadas a contraer matrimonios desiguales.
    Imagino que para Marie d’Avaugour debió ser repugnante tener como marido a un viejo setenton.

    La Chevreuse debió ser realmente arrebatadora, con una simpatía que hechizaba a todos, sin importar su género; pero ni por un instante Luis XIII pensó en obtener los favores de Marie, pues ya sabemos que era proclive a "otros gustos".

    Un feliz fin de semana para Ud. Madame y para todos y cada uno de los miembros del blog

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    1. No, no sabemos eso, monsieur. Es una cuestión muy discutida aún hoy, y son numerosos los datos que hablan de su inclinación por Marie d'Hautefort o Luisa de La Fayette, por la que sentía algo que difícilmente puede calificarse de amistad.
      Lo que yo opino es que Luis XIII era asexual. No mantenía relaciones físicas con hombres ni con mujeres. Imagino que se podía sentir cautivado por cualquier persona, independientemente de su sexo, pero no le satisfacía el aspecto físico del amor. No tenía ese instinto, no le era necesario.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  9. Esta primera parte ya dice mucho de esta dama.Por lo que se ve no daba puntada sin hilo aunque es qué en esta trama palaciega el que no corre vuela.Vamos a esperar con impaciencia la reacción de Luis XIII depués del aborto de la reina y que parte y culpa la tuvo Marie.

    Madame :por aquí esperando me quedo...

    Un abrazo feliz domingo.

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    1. El próximo día nos vamos con el duque de Buckingham. Veremos cuánto hubo de cierto en ese famoso asunto.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  10. Interesante damita que trae hoy, de hija poco atendida, pero inteligente y habilidosa por merito propio. Metida en todas, pero sin ambicion, solo por ayudar a quien amaba, y que sabia ganarse simpatias, amistadas, y porque no salvar el pellejo.
    Intrigar era un modo de vida para esta gente, de tener algo mas de quizas algo que faltaba y aun no tenia nombre. Libertad tal vez.

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    1. La libertad le faltaba al pueblo, madame, pero les sobraba a los aristócratas, que disponían alegremente de sus vidas y de las ajenas. Solía ser menos en el caso de una mujer, frecuentemente obligada a casarse sin tener en cuenta su gusto y apartada de los asuntos políticos. Como ve, ni siquiera es este el caso de Marie: propuso ella matrimonio a su segundo esposo y teje los hilos de la política de Francia fastidiando a Richelieu, y después a Mazarino.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  11. ¡Ay, Madame, debo ser un trasnochado por eso de ser hombre de una única mujer! "Le duraban poco los amores y cambiaban frecuentemente, pero no los simultaneaba". Por muy atractiva y seductora que sea una persona, si el amor no es duradero, algo falla, ¿no lo creéis así?

    Bisous.

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    1. Es posible, monsieur. Algunas personas sienten que es así, que algo les falta, que la gente que encuentra no es la adecuada, que les fallan. Otras, en cambio, no. Hay quien es feliz amando a uno y hay quien es feliz amando a ciento. La cuestión es ser feliz. Marie era Diana cazadora. El problema con este tipo de gente suele llegar cuando se hacen demasiado mayores para salir de caza.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  12. Buenos días, Madame:

    Me ha encantado eso de ser "conspiradora por vocación". Como bien dice usted, si la vocación hubiera sido religiosa o pedagógica, posiblemente no estaríamos hablando ahora de ella.

    Por cierto, el retrato mitológico que presenta al principio de entrada en la que la Chevreuse aparece como Diana, creo que dice mucho de su personalidad.

    Fenomenal entrada. Tenemos curiosidad por ver las andanzas de la Chevreuse por Inglaterra.

    Disfrute del día, querida Dame.

    Pd: Con respecto al padre septuagenario, qué manía tienen algunos de dar vida a huérfanos inminentes. Pero ahí por desgracia, la cosa no ha cambiado tanto.

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    1. El alegre septuagenario aún vivió diez años más. Curiosamente, su jovencísima esposa murió casi al mismo tiempo que él. Nunca se sabe quién va a dejar un huérfano antes.

      Feliz domingo

      Bisous

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    2. Es interesante el punto de vista de Anónimo castellano (me encanta el nombre que ha elegido, por cierto) respecto a la orfandad. No nos parece adecuado que un hombre mayor tenga un hijo, porque seguramente va a morirse pronto dejándolo huérfano. Pero sí nos parece adecuado que una mujer soltera decida ser madre en solitario aun cuando su pareja no desea hacerse cargo, o cuando ni siquiera tiene pareja. A mí en principio me parecen bien ambas opciones, puesto que ninguna de ellas impide por sí misma la felicidad de ese niño. Pero creo que, en todo caso, resulta más traumático para un hijo saber que nunca fue querido por su padre, que no deseó hacerse cargo de él, o que fue abandonado después por un hombre que ni siquiera le pasa una pensión ni afronta sus responsabilidades. En cambio, haberse sabido y sentido muy amado durante el tiempo que permaneció junto a él, fuera poco o mucho tiempo, deja un poso dulce y recuerdos muy tiernos. El de este caballero parece que fue amado, que no tuvo una infancia solitaria puesto que tenía a sus hermanos y hermanastros, y apuesto a que nunca le faltó de nada en ningún aspecto.
      Un personaje interesantísimo el de esta Chevrette. Espero que no tarde la continuación.
      Saludos, Dame!
      Marta.

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    3. Fue una niña, que sería madre de la bellísima condesa de Verrue. Resultaría un debate apasionante, en efecto.

      En realidad en aquel siglo era un drama la orfandad entre las clases humildes, cuando la viuda y los hijos quedaban desamparados y sin recursos. Pero entre las clases acomodadas, que podían hacer provisiones de todo tipo para su descendencia, no se percibía la orfandad del mismo modo que ahora. Ello es debido a que entonces no era tan frecuente llegar a viejo, lo que convertía en habitual ser huérfano: muchas mujeres morían al dar a luz, y ya teníamos huérfanos de madre. Madame de Chevreuse, por ejemplo, perdió a la suya antes de cumplir dos años, a pesar de que era muy joven. Y muchos caballeros morían jóvenes en la guerra, cuando no se los llevaba alguna fiebre que hoy no hubiera supuesto especial problema. Por eso hacían provisiones para sus hijos apenas nacían, y no quedaban desamparados.

      La paternidad o maternidad tampoco era una elección tan libre como pueda serlo ahora, dada la poca eficacia de los métodos anticonceptivos de la época. Por lo mismo, la infancia no solía ser muy solitaria, no.

      Gracias, madame. Si le interesa a usted especialmente el personaje, en mi otro blog lo he desarrollado con bastante más amplitud, ya que trata precisamente sobre esa época y lugar.

      Feliz tarde

      Bisous

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  13. Me está cayendo bien Madame de Chevreuse. La imagino mujer inteligente y con don de gentes. Sobre todo me ha gustado lo de conspiradora vocacional. Jeje. Menuda tenía que ser.

    Pasad un buen domingo, madame.
    Abrazos!

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    1. El personaje más terrible de la corte de Luis XIII, sin ninguna duda. Y aún siguió dando guerra durante la Fronda.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  14. Luis XIII se parecía,entonces, poco a su conquistador hijo... Raro era en aquellas testas coronadas la fidelidad masculina. En todo caso Marie tuvo suerte de encontrar en Ana de Austria una amiga y confidente a pesar de las reticencias de la primera época debido a su matrimonio con el poco apreciado favorito. Por cierto, en cuanto ha desvelado su título por matrimonio, duquesa de Chevreuse, me ha resultado familiar, quizá por haberme encontrado a su personaje literario en las novelas de Dumas.
    Un beso

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    1. Menos aún se parecía Luis XIII a su rijoso padre! Enrique IV fue un caso, absolutamente. Era peor que el nieto. Pero Luis XIII salió raro. Ese hombre era un enigma en más de un aspecto.

      Ya lo creo que le es familiar: además de en las novelas de Dumas, la encontró usted en nuestra corte, donde nos ocupamos de ella durante largo tiempo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  15. Supo moverse en todos los ambientes de la corte de Luis XIII, debido a su sagacidad y fino olfato, aunque, al final, tuvo de frente a todos los hombres fuertes del reino: el propio monarca y los validos Mazarino y Richeliu. Muy buena la cita que encabeza de Mazarino. Buen domingo, madame.

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    1. Y no eran enemigos pequeños. Había que tener agallas para hacerles frente :)

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  16. si, igual la muchacha no lo hacía con mala intención, pero tenía facilidad para meterse en todos los charcos. a ver la que prepara ahora con el inefable y un tanto cargante duque de buckingham.
    un placer volver por palacio y encontrarnos con ana de austria, una de mis preferidas.
    buen domingo!

    bisous madame!

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    1. Consecuencias de leer los tres mosqueteros de niño, supongo,jiji.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous.

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  17. Tal como la describe, a la fuerza hay que simpatizar con el personaje. Sería conspiradora profesional, pero con gracia y donaire sin par. Muchas habilidades sociales tuvo para poder enredar tanto tiempo y con tantos.

    Bisous y disfrute del final de esta tardede domingo.

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    1. Es uno de esos personajes que han dado vidilla a nuestra corte, madame.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  18. Bueno, bueno, interesantísimo. Creo que esa época estuvo marcada por ese desenfrenado deseo de intrigar. ¿Y cómo se libra uno de sus peligros? Pues intrigando a su vez... Pese a que floreciera durante el barroco, también hoy siguen habiendo intrigas, y no pocas. Al menos, yo las sufro. Beso su mano, madame.

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    1. Ay, madame, esas intrigas! Tenga usted cuidado, que hay mucha Chevreuse por ahí suelta.

      Buenas noches

      Bisous

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  19. Me temo que nuestra dama parecía guiarse por la conducta propia del sobrenombre que le pusieron al casarse con el duque de Chevreuse jajajajaja más que por la de una dama de su categoría (y disculpe mi falta de sutileza, amiga). Me hace gracia el tema de que se trate de una "intrigante vocacional", como bien dice usted, que actúe movida por su ansia de diversión en vez de por la ambición. ¿Acaso de ese modo sus faltas tienen menos delito?.

    PD. Es un honor estar de vuelta, Madame.

    Bisous.

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    1. Pues yo creo que sí tendrían menos delito si fuera así, porque en ese caso lo habría hecho pensando que rendía algún servicio a la gente que amaba, y no se trataría de trepar y llegar a lo alto pisando a quien fuera en el camino. Dicen que la intención es lo que cuenta :)

      Feliz día, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)