viernes, 3 de mayo de 2013

Cartouche: historia de un bandolero (V)


El compañero de fuga de Cartouche hizo una barra de hierro con el tubo y la empeló para forzar una puerta medio podrida en lo alto de la escalera. Cuando la puerta cede, ambos se encuentran en la trastienda de un frutero con un perro que les ladra. Delatada de este modo su presencia, una sirvienta surge de pronto y empieza a gritar asustada. 

—¡Al ladrón! ¡A mí la guardia! 

Aparece el frutero con una vela en la mano. Cartouche le cuenta con su habitual desparpajo que son dos presos políticos, encarcelados por escribir libelos contra el Regente. El hombre parece convencido, pero en ese momento cuatro guardias llaman a la puerta de la tienda: habían visto luz y decidieron entrar a tomar unas copas de aguardiente. 

Una vez en el interior, reparan en las cadenas de Cartouche y perciben el mal olor que desprenden los fugados. 

—Imbéciles, la libertad siempre huele bien —responde él a sus observaciones. 

Era el final de la ilusión. Los guardias los conducen de regreso a la cárcel, pero, como ha quedado patente que no se trata de un lugar seguro, Cartouche es trasladado a la Conciergerie. Este intento fallido vuelve a granjearle las simpatías del pueblo. Las autoridades comienzan a acelerar el proceso; tienen prisa por acabar con él. 

Louis-Dominique sigue negando ser Cartouche. Es una maniobra con la que espera ganar tiempo mientras los miembros de la banda aún en libertad organizan un plan para liberarlo. Los magistrados hacen que le visiten su madre y el menor de sus hermanos. Louis está a punto de derrumbarse al verlos; la emoción amenaza con vencerlo, pero se rehace. 

—¡Son unos impostores! —grita— ¡Váyanse! 

El 26 de noviembre se dicta sentencia. Él y algunos otros de su banda son condenados a ser descuartizados vivos “por las piernas, las nalgas, brazos y riñones” en la plaza de Grève, y “esto ejecutado, sus cuerpos deberán ser colocados en sendas ruedas vueltas al cielo para terminar así sus días”. Los bienes serían confiscados y pasarían a ser propiedad del rey. 

La sentencia de Cartouche debía cumplirse al día siguiente. En un último interrogatorio, se le aplica el tormento de los borceguíes, del que se conserva el atestado: 

“Le pedimos que declarase sus robos, asesinatos y los nombres de sus cómplices. Contestó que no había cometido ningún robo, ni asesinato, y que al no haber hecho nada, mal podría tener cómplices; que está dispuesto a morir y que él es inocente. 

“Al primer golpe, dijo que era inocente. 

“Al segundo, no dijo nada de nada. 

“Al tercero, no dijo nada de nada. 

“Al cuarto, dijo que era inocente y que no sabía qué le decían. 

“Al quinto, dijo que era inocente… que está muerto. 

“Al sexto, dijo que era inocente… que está muerto… que confiesa haber hecho lo que queramos…que no ha hecho nada malo. 

“Al séptimo, dijo que era inocente y que no tenía cómplices. 

“Al octavo y último, dijo que le estábamos matando y que era inocente. 

“Liberado y puesto encima del colchón, volvimos a empezar los interrogatorios; persistió en un sistema absoluto y completo de negaciones.” 

Antigua Plaza de Grève, en el lugar que hoy es la Plaza del Ayuntamiento

Mientras tanto los grandes personajes de la corte y los diplomáticos extranjeros alquilaban las habitaciones con vistas a la plaza de Grève para deleitarse con el espectáculo de la ejecución. Se han movilizado seiscientos arqueros para acompañar el paso del condenado. Cartouche, ya a las puertas de la prisión, escucha cómo le leen nuevamente su sentencia de muerte. Luego, al ver los instrumentos de suplicio, hace un gesto de repulsión. 

—Qué aspecto tan feo tiene —murmura. 

Desde el cadalso, contempla a la multitud mientras los verdugos desenrollan las cuerdas. Tal vez aguarda aún que lleguen los suyos a liberarlo, pero quien se acerca a él es el escribano Drouet. Su misión es preguntarle por última vez si tiene algo que decir. Cartouche comprende que va a morir, que no llegará ninguna salvación para él y que pronto estará rindiendo cuentas en ese desconocido Más Allá que tanto le inquieta. Es entonces cuando, de forma espontánea, decide hacer la confesión que no había logrado arrancarle ninguna tortura. 

“Me contestó que era un desgraciado, que su padre y su madre eran personas honradas y que tenía algo que decir”. Drouet llenó 36 páginas con la confesión de siete asesinatos y más de doscientos robos. “Esos son los asesinatos que recuerdo. Si he cometido otros, fueron sin enfadarme, sin odio, y en legítima defensa, es decir, el caso de algún guardia que me sorprendía en los robos o intentaba arrestarme”. 

Cartouche delata a sus cómplices, y mientras tanto los guardias parten en su busca. No siempre los encuentran: la mayoría se había dado la fuga cuando el jefe fue capturado junto con otros miembros de la banda. Louis pide que le traigan a una bonita joven que era su amante. Afirmó no tener nada que declarar contra ella; que solo deseaba verla, besarla y decirle adiós. A pesar de no haberle hecho ninguna acusación, la muchacha pagó con una estancia de por vida en un reformatorio por haber sido la amante de Cartouche. 


Otra mujer iba a pagar un precio más alto por su amor: Marie-Jeanne Roger, la Venus. En un gesto desgarrador, al ser detenida declaró que aceptaba su suerte y pidió a sus jueces que la dejaran morir con Cartouche. 

A las dos de la tarde del viernes 28 Cartouche estampa su firma. Esa mañana le habían llevado el desayuno. “Su cuidador le preguntó si quería café con leche. Dijo que no era una de sus bebidas favoritas, y que prefería un vaso de vino con pan. Se le trajo y se lo bebió a la salud de sus dos jueces". 

La multitud aún no ha abandonado la plaza de Grève. Llevan 36 horas esperando la ejecución, cantando, bebiendo y haciendo fiesta. Cartouche sufre el suplicio sin un solo grito. Después, llevado a la rueda aún con vida, los jueces habían decidido, como medida piadosa, acortar su sufrimiento al ser estrangulado antes de padecer el nuevo tormento. 

Su cuerpo fue expuesto durante varios días. La gente pagaba por verlo, y así se logró una bonita recaudación. Los despojos fueron comprados por los cirujanos de Saint-Come para su disección, pero, conscientes del buen negocio que era tenerlos en su poder, expusieron también el cuerpo cobrando un escudo a cada curioso. 

Triste fue también el sino del hermano de Cartouche. Louison, procesado casi un año después, era tan joven que los jueces le habían perdonado la vida. Debían colgarlo y después descolgarlo aún con vida para enviarlo a galeras, como demuestra este documento que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia:


Pero algo salió mal, y cuando lo soltaron estaba muerto. Las mujeres del mercado, para que no ocurriera con su cuerpo lo mismo que con el de Cartouche, lo recogieron de inmediato en el mismo cadalso y le dieron sepultura. 

La banda no sobrevivirá al jefe. Designarían un nuevo líder, pero este, que realmente había intentado sin éxito rescatar a Cartouche, comprendió que esos tiempos habían terminado. La mayor parte de los que quedaban huyeron de París y buscaron refugio en otros puntos de Francia. La capital se había convertido en un lugar demasiado peligroso. Todo el mundo delataba, y la policía se empleaba tan a fondo que cuatro años después de la muerte de Cartouche aún continuaban los procesos.


Bibliografía:
Cartouche – Barthélemy Maurice
Los grandes procesos de la Historia: Cartouche – Círculo de Amigos de la Historia
Histoire de la vie et du proces de Louis-Dominique Cartouche et de plusieurs de ses complices


33 comentarios:

  1. Hola Madame:

    Un final implacable y duro para este caballero. Quien a hierro mata, no puede morir a sombrerazos...

    Que brutal que se exponga el cuerpo y además se cobrase por verle. Un acto de piedad que a lo mejor él no hubiese tenido, pero por simple humanidad, debieron enterrar sus restos.

    Besos Madame

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    1. Me ha gustado lo de los sombrerazos, monsieur. Me lo apunto.
      La verdad que con lo de cobrar por mostrar sus despojos, a veces una se pregunta quién era más salvaje.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  2. No creo que fuera muy civilizado lo que hicieron con él. Me parece una crueldad espantosa. Yo no hubiera podido soportar eso.
    Al final me ha dado pena que hubiera terminado así su vida.
    Bisous y feliz finde

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    1. Sí, pero al fin y al cabo no fue una víctima inocente. Pudo elegir otro camino. Sabía perfectamente cuál era el único final posible para el que eligió.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  3. Una barbaridad.
    Brutal forma de matar. Creo que fue una vergüenza para Francia semejante muerte..

    mariarosa

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    1. Era lo habitual en la época, para cierto tipo de criminales. Por piedad se aplicaban medidas para paliar el sufrimiento. En este caso fue la de estrangularlo antes de ponerlo en la rueda.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  4. Aunque entristezca este final... era de esperar: no era ningun santo y a lo mejor cuando se refugió en la bebida es qué ya sabía que los días los tenía contados.

    El en vida se aprovechó de sus fechorías y de muerto sirvió para que se lucraran con su historia.La rueda de la vida que siempre repite los mísmos errores.

    Madame: muchas gracias por esta historia que aunque el final es un poco chungo no ha dejado de ser apasionante en cada capítulo.

    Feliz fin de semana.

    Un abrazo.

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    1. Gracias a usted, madame. Lo cierto es que Cartouche tuvo una vida llena de aventura desde que era niño. Fue una vida corta, pero intensa.

      Buenas noches

      Bisous

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  5. Aparte de la crueldad en su ejecución, que soportó estoicamente, su declaración delatando a sus compinches muestra su condición. Quizás quisiera así salvar su Alma, pues su cuerpo ya estaba condenado.
    Beso su mano.

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    1. Desde luego, su único objetivo era ya salvar su alma. No fueron capaces de arrancarle nada bajo tortura, y sin embargo confesó espontáneamente en el último momento. Está claro.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  6. Un hombre curioso este Cartouche. Me pregunto cómo pudo no darse cuenta de que le esperaba un castigo muy severo y desagradable, mucho más de lo que pudiera aguantar con vida y estoicismo.

    Por otra parte, pienso que la crueldad va implícita en el ser humano. Todo grado de civilización es un enmascaramiento de esta condición despreciable. ¿Qué es inmisericordioso cobrar dos veces por ver unos despojos de un bandido? No lo es menos pagar por ver a gladiadores darse muerte entre sí, ¿no?

    Grandísimo conjunto de entradas, querida Dame. Nuestras felicitaciones. Buenas noches.

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    1. Sí se dio cuenta, pero le pareció que compensaba. Evidentemente se equivocó.

      La crueldad forma parte de esta especie depredadora, en efecto. Pero, si es terrible pagar por ver un espectáculo de gladiadores, más aún lo es cobrar y lucrarse con ello. Y, si es tremendo lucrarse con gladiadores vivos que deciden combatir para ganar su libertad o bien, en algunos casos, por vocación, lucrarse exponiendo sus despojos me parece el último peldaño de la degradación humana.

      Muchas gracias, equipo.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  7. Madame, no es por ser morbosa, ¿pero en que consistía la tortura de los borceguiés? Por qué Cartouche se negó a confesar durante el tormento y luego lo hizo en el cadalso? ¿Y que tipo de descuartizamiento era ese? Yo tenía entendido que se ataban las extremidades del reo a cuatro caballos que lo despedazaban. Pero este incluye nalgas y riñones. ¿Cómo el pobre Carouche quedó con vida después de ese inhumano suplicio?
    Bisous

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    1. Pues menos mal que no es por ser morbosa, madame!

      Veamos, en primer lugar, el tormento de los borceguíes consistía en atar fuerte a las piernas unas tablillas y luego meter cuñas de madera desde la rodilla hasta los tobillos, dando golpes con un mazo. Eso iba fragmentando los huesos. Alejandro Dumas, en su novela La reina Margot, tiene un bonito capítulo que se titula precisamente el tormento de los borceguíes.

      En cuanto a sus motivos para confesar espontáneamente, como no estamos en su mente y él no dejó escrito cuáles habían sido, solo podemos especular, pero no es tan difícil. Él no tuvo miedo a los hombres, no tuvo miedo al dolor, a la tortura. Aguantó estoicamente todo eso, incluso el descuartizamiento. No pronunció ni un quejido mientras lo descuartizaban. Pero temió a la muerte, a lo desconocido, a que pudiera haber una justicia divina, y quiso irse descargado de culpas. Sabemos que antes de subir al cadalso había recibido los sacramentos, lo que ya indica algo.

      En cuanto al descuartizamiento, entiendo que la sentencia explica que debe hacerse al modo habitual: arrancar los brazos y separar las extremidades inferiores hasta la altura de los riñones, simplemente. Tenga en cuenta que, aunque se emplearan caballos, luego el verdugo tenía que cortar tendones y músculos. A partir de ese momento el agonizante tardaba un tiempo en morir, tiempo que los verdugos podían emplear en aplicar un tormento adicional o no. Generalmente se optaba por estrangularlos para evitarles mayor sufrimiento. A veces incluso se los estrangulaba antes de ser descuartizados, según decidieran los jueces.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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    2. ¡Qué crueles son los hombres!Porque uns decretan esa tortura y otros la miran como espectáculo público. Gracias, Madame. Ahora recuerdo, es la tortura que le aplican a Boniface de La Mole en La Reina Margot, y por eso no puede huir, porque ha quedado cojo.
      Bisous

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  8. "Si he cometido otros, fueron sin enfadarme, sin odio, y en legítima defensa". El desparpajo del bueno de Cartouche daba para esto y más, pero finalmente, quien mal anda mal acaba.
    Muy bien y extenso relato en sus cinco partes, Madame.

    Bisous.

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    1. Sí, quería decir que a veces se producían tiroteos en los que era imposible decidir quién había matado a quién, y que seguramente algunos habían caído por sus balas, pero no podía precisar.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  9. Jugar con fuego es lo que tiene, que uno se acaba quemando.
    En todo caso eran más bestias los captores y la justicia que el propio bandido.
    Un saludo.

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    1. Así es. El final de la historia da mucho que pensar.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  10. Tres reflexiones como minimo: 1) como bien expresó Cayetano en otra entrada los bandidos hábiles tienen sus seguidores y defensores, para mucha gente ser delincuente es sinónimo de vivo o exitoso. 2) increíble como las severísimas penas no eran disuasivas para estos personajes, al contrario parecían alentarlos. 3) el alcohol y su relación con lo sanguinario y sin sentido de los crímenes lo asocio a las actuales malditas drogas y los bandidos drogadictos, con el agravante que para los garantistas actuales sólo son "enfermos". Vaya tema. Ahh me encanta cuando la emprende con personajes del pueblo, fuera de la más conocida realeza. Un besito. Claudia.

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    1. Lamentablemente incluso perlas como Hitler tenían (y tienen) millones de seguidores, muchos más que Cartouche. Es el poder del mal, supongo.
      El problema con las penas impuestas en la época es que eran algo tan cotidiano que llegaban a ser asumidas.

      A mí me encantan las vidas de los personajes aventureros, por cierto :)

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  11. Genio y figura hasta el final. He disfrutado mucho con sus relatos sobre la vida de Cartouche.
    Gracias y saludos

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  12. Conste que me quede muda sin decir palabra de lo que se venia. Evidentemente pese a todos sus esfuerzos, ya sea por un perro (ya ven porque son mejores los gatos) o era su hora, la justicia de la epoca deja mucho que desear.
    El tormento es habitual, y la gente lo soporta en silencio como algo mas que hay que soportar en la vida.
    La pena de descuartizamiento con caballos se uso en America,en su caso se le dieron sendos mazazos en los hombros, riñones,caderas, para que pudieran los huesos rotos ser facilmente arrancados de un tiron. Sin embargo los que esperaban un espectaculo de gritos pedidos de piedad y demas, se quedaron mudos y por ello se decidio estrangularlo, un postrer respeto.

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    1. Sí, luego los verdugos tenían que cortar tendones y músculos. De ese modo se indicaba por dónde golpear al modo habitual.

      Pero lo de que el tormento se soportaba en silencio como algo más que había que soportar, madame, permítame que discrepe. Normalmente solo guardaban silencio al perder el conocimiento debido al dolor. Era prácticamente imposible aguantar el tormento de los borceguíes, por ejemplo, sin decir ni "ay".

      Y no, madame. No se decidió estrangularlo por eso. Venía estipulado en la sentencia de los jueces, en el mismo momento de ser dictada. La cláusula era lo que se llamaba un retentum, es decir, el derecho de la curia a mitigar la pena más severa, o más bien las condiciones de su aplicación.

      Buenas noches

      Bisous

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  13. Trágico final. Se veía venir, claro. Los excesos no traen nada bueno y el alcohol de los peores.
    Ya me advertisteis que Cartouche también tenía sus sombras, pero no me hubiese imaginado que se transformara en alguien tan cruel.

    Feliz fin de semana, madame.
    Abrazos!!

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    1. En realidad no era ningún santo. Era un asesino y un ladrón, por muy simpático que fuera. Si quería sobrevivir el mayor tiempo posible, tenía que ser a costa de cosas como esa.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  14. La tortura era un espéctaculo apreciado por aquel entonces, casi como el fútbol hoy. A falta de televisión buenos eran los ajusticiamientos. El público no se ponía en el lugar del otro y sólo veía el suplicio como una buena forma de pasar el rato.
    Con respecto a la tortura, me temo que yo hubiese cantado con sólo ver el intrumental...
    Un beso

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    1. La violencia en general era y es apreciada como espectáculo. Puede que hoy día la gente no acuda a ver ejecuciones o combates de gladiadores, pero sí combates de boxeo, corridas de toros, peleas de gallos, etc.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  15. tristísimo final pero normal si consideramos que había forzado la máquina lo suficiente como para que no se tuviera piedad de él. no sólo había delinquido, si no que había sido irrespetuoso con el poder. y eso no se perdona.

    muy interesante esta biografía madame.

    bisous!

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    1. Yo me imagino que si la justicia no hubiera acabado con él, en un par de años más a lo sumo, lo hubieran hecho sus propios hombres, con el camino que llevaba.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  16. Llegué hasta éste blog siguiendo la pista de Marie Duplessis y lo guardo en favoritos tras la historia de Cartouche :)
    Querría aprovechar para preguntar si hay algún libro en especial sobre éste bandolero que recomendaríais, ya que me he quedado con ganas de más.

    Nadaya

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    1. Muchas gracias. Los libros que conozco sobre él son los que he utilizado y apunto en la bibliografía.

      Bienvenida al tablero. Espero que se quede con nosotros.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)