jueves, 2 de mayo de 2013

Cartouche: historia de un bandolero (IV)


La banda de Cartouche tenía mil estratagemas ingeniosas para proteger a su líder e impedir que fuera arrestado. Cuando los soldados se hacían con una descripción de Cartouche que incluía la ropa que vestía ese día, se encontraban con más de veinte “Cartouches”, todos vestidos de modo idéntico para confundirlos mientras el verdadero se les escapaba. 

Había llegado a ser demasiado peligroso. El Regente prometió el indulto a aquel de sus hombres que lo entregara, y la recompensa por delatarlo era una fortuna con la que nunca hubieran soñado. El cerco en torno a Louis-Dominique se estrechaba; se había convertido en un hombre acorralado al que cualquier traidor podría delatar. No duerme dos noches en el mismo sitio, y los dueños de las posadas comienzan a cerrarle sus puertas. Ofrecer cobijo a Cartouche era demasiado arriesgado. Los que aún acogen a su banda, exigen a cambio sumas exorbitantes por el favor. 

Para relajar la tensión, Louis se refugia en el alcohol hasta permitir que pronto se convirtiera en un enemigo más formidable que el Regente y que toda la policía de París. Siempre había logrado controlarlo todo, pero el alcohol acabó por controlarlo a él. Comienza a volverlo loco; su carácter va cambiando, se hace más cruel y sanguinario, se vuelve paranoico y ve traiciones por todas partes, llega a matar a gente que jamás hubiera pensado en venderle ni por todo el oro del mundo; pero Cartouche sospecha hasta de su sombra, y al mismo tiempo teme a la soledad. Para cuando cumple 28 años está totalmente alcoholizado. Ya no queda apenas nada de aquel encanto con el que encandilaba al pueblo de París; su popularidad se iba apagando a pasos agigantados. 


Una de sus mayores locuras fue matar a su propio primo, el hijo de Tanton. Su tío se hallaba por entonces en prisión por alguno de sus turbios negocios, y Cartouche llegó a recelar, sin ningún fundamento, que su primo se proponía entregarlo a cambio de la libertad de su padre. Lo mató cerca de Montparnasse, y luego quemó su cerebro y enterró su cuerpo en un estercolero. 

Ahora eran sus propios hombres quienes lo temían. Sabían que todos podían correr la misma suerte del desdichado Tanton; cualquiera de ellos podría convertirse en la próxima víctima de su paranoia. 

Bertrand era el dueño de un tugurio de la rue du Bac. Un día quiso acogerse a la cláusula que permitía a los miembros de la banda retirarse, a cambio de guardar discreción en adelante, y anunció que no trabajaría más con ellos. Cartouche se enfurece, lo califica de traición y clama venganza. Al frente de un grupo de los suyos, irrumpe de noche en la posada, pero no encuentra a Bertrand, quien, consciente del mal talante con el que había sido acogida su decisión, había ido a dormir a otro sitio más seguro. Rabioso por no encontrarlo, Cartouche ordena destruir la posada y la casa. Las llamas alertan a la patrulla y tiene lugar un duro enfrentamiento en el que Louis pierde a siete de los suyos, muertos o hechos prisioneros junto con cuatro de las mujeres que cargaban el botín. 

El bandido, siguiendo sus ideas obsesivas, se empeña en que la patrulla, reforzada por un destacamento de guardias, no había acudido por casualidad, sino debido a que alguien los había delatado. Sin que se sepa cómo ni por qué, decidió que el traidor era un joven de 24 años llamado Jacques Lefevre, con el que piensa dar un escarmiento ejemplar. Cartouche concierta un encuentro con él detrás de Les Chartreux, y cuando acude, se ve rodeado por la banda y conducido ante una especie de tribunal que lo condena a muerte. Entre todos lo atraviesan con la espada, reservándose Louis el último golpe. Uno de ellos, Gruthus Duchâtelet, se lava bestialmente las manos con su sangre y luego le cortan los genitales, la nariz y el cuello. Duchâtelet le abre el vientre y sobre su cuerpo coloca un cartel: 

“Aquí yace Jean Rebaty (que en el argot de la Corte de los Milagros significaba “el asesinado”); ha tenido la suerte que se merecía. Los que le imiten conocerán la misma suerte”. 


Después de escuchar la noticia de este crimen monstruoso, todo París tiembla horrorizado; ya no sienten simpatía por Louis-Dominique. Las cosas comienzan a ponerse francamente mal para él: los miembros de la banda que habían sido detenidos a raíz del asunto del posadero, fueron torturados. Una de las mujeres hizo una confesión completa. Dijo a los magistrados que ese Duchâtelet era capaz de delatar a Cartouche, de modo que las autoridades lo tantean e inician negociaciones con él. Duchâtelet acepta el papel de traidor. El furriel Coustade de Bernac, de la compañía de Chabannes, nos ha dejado el relato de lo que sucedió entonces: 

“Siguiendo órdenes de mi coronel… me puse de acuerdo con monsieur Duchâtelet sobre las medidas a tomar, elegí cuarenta hombres, de los cuales cuatro eran sargentos, absolutamente seguro de ellos, descartando a los que el llamado Duchâtelet me señalaba como afiliados a la banda. 

“Al día siguiente salimos de nuestro barrio a las siete de la mañana… ïbamos todos bien armados, pero vestidos como burgueses o como cazadores… ïbamos todos de dos en dos, a diez pasos de distancia, y tomamos diferentes direcciones para rodear por todos lados la casa designada. 

“Sería algo más de las nueve cuando alcanzamos a ver la taberna El Pistolón, regentado por German Savard y su mujer… Savard fumaba a la entrada de su casa, como si esperara a alguien. Duchâtelet, que yo mantenía siempre a tiro de mi pistolón, o más bien a una cuarta de él, le saludó y le dijo: 

—¿Hay alguien arriba? 

—No —contestó Savard. 

—¿Están esas cuatro señoras? 

—Suba —contestó Savard. 


“Y se hizo a un lado para dejarlo pasar. Inmediatamente irrumpimos en la casa. Llegados a la habitación de arriba, encontramos a Balagny y al limosina bebiendo vino delante de la chimenea. Gaillard estaba aún durmiendo, y Cartouche sentado en la cama, se arreglaba los pantalones. Nos abalanzamos sobre ellos, los atamos… con fuertes cuerdas que traíamos a tal efecto; hicimos que se adelantasen dos carrozas y los llevamos, primero al señor secretario de Estado del Ministerio de la Guerra y a continuación, cuando nos dieron la orden, a pie hasta el Grand Châtelet.” 

En la carroza que lo llevaba hasta el ministerio, sentado entre dos guardias cuyas cartucheras le molestan, Cartouche no pierde su tono burlón. 

—Camaradas, me estáis arrugando —les dice. 

Pero antes de entrar en la prisión del Grand Châtelet, se vuelve hacia su captor y le grita: 

—Imbécil. ¿Por qué me haces hoy lo que no osabas hacer ayer? 

Cartouche vive el final de su suerte. Esta vez se tomarían medidas para que no pudiera producirse una nueva fuga, así como para no dejarlo a solas ni un momento con Duchâtelet, a quien le ha sido prometido el perdón por el Regente después de ser juzgado. Louis-Dominique es encadenado y separado del resto de sus compañeros. Hay cuatro guardias ante su puerta, y comparte celda con un albañil acusado de varios crímenes. Su misión es impedir que Cartouche pueda suicidarse rompiéndose el cráneo contra el muro. 

Por orden del Regente, “se le alimenta de forma extraordinaria: para cenar le dan sopa, un buen potaje y algunas veces un pequeño entremés, todo ello con tres raciones de vino por día”. Además el preso recibe numerosas visitas. “Todo el mundo corre, sobre todo las señoras, para obtener los pases”, aunque también se podía acceder sin uno, simplemente sobornando al portero. Fue entonces cuando la anciana mariscala de Boufflers acudió a verlo y a prestarle su consuelo, y cuenta la leyenda que incluso el Regente quiso visitarlo y conocer al hombre que lo había tenido en jaque durante años. 
El arresto de Louis-Dominique Cartouche

Los magistrados lo interrogan hasta tres veces al día, pero él insiste en negar que sea quien buscan, y afirma ser, en cambio, un tal Bourguignon, y niega conocer a ninguno de sus hombres. Por la noche, en su celda, enseña a su compañero y a los guardias versos de canciones irreverentes en argot mientras beben vino de Borgoña que, conociendo sus gustos, le regalan personas desconocidas. 

Las cadenas no habían logrado apagar su ánimo. En la noche del 27 al 28 de octubre de 1721 decide fugarse. Había hecho a su compañero tantear los muros y el suelo, y de sus averiguaciones extrajeron la conclusión de que el calabozo se encontraba encima de una poza de los retretes, cuyas emanaciones han roído el techo. Ambos se pusieron a arañar, uno con los hierros y otro con las manos, hasta hacer un agujero en el lugar por donde pasaba el tubo que llevaba al pozo. A través de él escapan de la celda...



Continuará con el quinto y último capítulo


24 comentarios:

  1. No es un Curro Jiménez, desde luego ni un Robin. La gente sencilla siente simpatía por esa clase de bandoleros porque luchan contra la tiranía tal vez de la única forma que saben. Lástima que terminase así; un buen ejemplo de lo peligroso que es el alcohol. Saludos, Dama.

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    1. Sí, una de las cosas que más agradaba de él al pueblo era que, al igual que ellos, detestaba al Regente.
      Lamentablemente subestimó el poder del alcohol.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  2. qué malo es beber. pero claro, no se bebe por que sí. suele haber algún motivo, en este caso aguantar la presión. y no era poca. y mira que no se daba mala vida en la cárcel.
    al final ha acabado cayéndome mal, podría haber procedido de otra manera, sin eliminar a los suyos. no sé.
    a ver cómo termina.

    bisous madame!

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    1. Un crimen nunca se puede justificar, y nosotros sabíamos desde un principio que era un ladrón y un asesino. Sin embargo, no es cierto que eliminara a los suyos. Póngase en su piel un momento: él estaba convencido de que no eran de los suyos, y que, por el contrario, por culpa de Lefevre habían muerto varios de los suyos, hombres a los que tenía afecto. Debía protegerse y proteger al resto dando un escarmiento ejemplar contra aquellos que él estaba seguro de que eran traidores.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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    2. ¿Noo, Madame, como deja la historia en ese momento culminante? Triste la caida del bandido-caballero debido al vicio, pero esa estadía en la cárcel, tratado a cuerpo de Rey indica que la leyenda sigue viva.
      Bisous

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    3. Sí, aún no han terminado con él, pero puedo asegurarle que lo intentarán de nuevo.

      Feliz día,madame

      Bisous

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  3. Queda patente que Cartouche tenía aún recursos, a pesar de su alcoholismo. Me da que conseguirá escapar y salir adelante. Aunque pagará el error de haber perdido las simpatías de los suyos, de algunos, por lo que explica.

    Bisous y buenas tardes.

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    1. Se admiten apuestas, madame. Veremos si sale adelante, o si paga algún error.

      Feliz tarde

      Bisous

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  4. Una verdadera lástima la caída en desgracia de Cartouche, aunque tampoco podamos justificar en ningún momento su comportamiento, ni como ladrón, ni como asesino.

    Queda muy clara la notoriedad que adquirió en París y el aprecio que por él tuvieron los ciudadanos del estado llano.

    Ansiamos ver cómo termina esta formidable historia. Mil gracias por hacérnosla llegar, querida Dame.

    Pase una buena tarde. Un saludo.

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    1. Sí, es una lástima, porque después de todo era un criminal simpático, como Hannibal Lecter. Y también tuvo sus buenos detalles con mucha gente, lo que es más de lo que puede decirse de la mayoría de sus colegas.

      Gracias a ustedes, equipo.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. Bueno este IV capítulo esta un poco ya en declive pero aun así y todo se pudo fugar...!

    Lo dicho:ansiosa espero el V capítulo... a ver, que final nos depara?

    -La película era muy divertida pero casi siempre desforman la realidad.

    Bisous madame

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    1. Sí, las películas normalmente no tienen mucho que ver con las verdaderas historias. Y la verdad que el personaje da para fantasear mucho.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  6. La habilidad del bandido está en no serlo para todos, sino tener adeptos a los que favorece y le cuidan. Hace años, en el Carnaval de Cádiz, creí que me había buscado "un tipo" genuino; craso error, me fui viendo a mi mismo por todas las esquinas y hasta llegaron a confundirme.

    Bisous.

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    1. Oh, pero si usted es inconfundible! Muy bueno tuvo que ser el disfraz para conseguir parecerse a otros :)

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  7. Hola Madame:

    Mal acompañante escogió Cartouche con el alcohol. Deshizo con los pies lo que había hecho con la manos.

    Terrible el asesinato del joven. Pero parece que lavará su imagen o eso es lo que creo sigue.

    Besos Madame

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    1. Está difícil lavar la imagen de Cartouche. Bastante tendrá con no enfangarla más.

      Monsieur, le he enviado un correo.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Todo en esta vida tiene su declinar. Espero el final.
    Saludos

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    1. En algunos casos, cuando se vive tan deprisa, ese declinar llega muy pronto.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Genio y figura hasta la sepultura.
    Lastima de vida que se destroza por su afición al alcohol. Veremos como termina....

    mariarosa

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    1. Sí, una lástima por desgracia repetida tantas veces. Ya pronto sabremos qué fue de Cartouche, madame.

      Buenas noches

      Bisous

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  10. Este hombre es incombustible. Pero no me me gusta este capítulo. Yo también le perdido la simpatía. Una cosa es ser bribón y otra asesino sanguinario. Lo que hace la bebida...
    Estoy intrigada de como termina el asunto.
    Bisous y buenas noches

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    1. Iba cuesta abajo y sin frenos, madame. Veremos si es capaz de remontar.

      Buenas noches

      Bisous

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  11. La bebida ha destruido pueblos enteros y tambien se ha cargado un mito. El carismatico ladron, la popularidad se le vino en contra y se ha transformado en un moustruo en primer lugar por la persecucion y la avaricia de algunos que ponen alto precio a darle cobido ahora, sopesandolo con la recompensa, que lo arrojan en brazos de mala compañera: la botella.
    Si ya estaba algo paranoico, aunh mas y se vuelve violento (o eso ya estaba alli latente?) tanto que hasta los mismos que estaban con el lo delatan.
    La mariscala, de momento, firme, lo ayuda, quien hubiera pensado que una mujer llena de privilegios, iba a ir a ayudarlo a hacerle mas llevadero el encierro. Y nada mas. o me matan si me voy de lengua, digo de letras.

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  12. Cuando creí que Cartuche estaba ya en las últimas, temido y odiado por todos -menos por la mariscala, claro- preso y alcoholizado, va y se escapa. Veremos en que queda todo esto, aunque presiento que no muy bien para él. Usted dirá...
    Beso su mano.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)