lunes, 20 de mayo de 2013

Ana de Austria y el Duque de Buckingham

Ana de Austria

Madame de Chevreuse conoció a su primer verdadero amor por las fechas en las que Buckingham llegaba a Francia para escoltar a Enriqueta María hasta el que sería su reino. Marie había puesto sus ojos en uno de los embajadores ingleses, Henry Rich, conde de Holland, enviado para apresurar las negociaciones que culminaron en la boda de Enriqueta con el rey de Inglaterra. El embajador era joven, apuesto y elegante, y ella no resultó insensible a sus encantos. Holland no tardó en hacerse un visitante asiduo en su hogar, y el marido no veía nada. 

Fue con este hombre con el que Marie concibió la idea de organizar una intriga galante entre Ana de Austria y el duque de Buckingham. Madame de Motteville nos cuenta lo siguiente al respecto: “Madame de Chevreuse me ha dicho… que obligaba a la reina a pensar en Buckingham, hablándole siempre de él y quitándole los escrúpulos que ella tenía… Sin embargo, he oído decir a madame de Chevreuse, y con exclamaciones al respecto, que era cierto que la reina tenía el alma bella y el corazón bien puro, y que a pesar del ambiente en el que había nacido, donde, como ya he dicho, la palabra galante está de moda, ella se había tomado todas las molestias del mundo por evitar tomarle el gusto a la gloria de ser amada”. 

Henry Rich, conde de Holland

A Marie se le había metido entre ceja y ceja que la reina debía dar un heredero a la Corona. Se consideraba obligada a ayudarla a resolver ese asunto, ya que en cierto modo había sido responsabilidad suya que Ana de Austria cayera en aquel corredor y tuviera un aborto. El problema era que, a raíz de aquel desdichado accidente, el enojo del rey era tremendo. La disposición de Luis XIII era tan nula y las relaciones con su esposa tan deplorables que había renunciado a intentar ser padre de nuevo. Chevrette pensaba que la solución pasaba por encontrar otro caballero mejor dispuesto y que resultara del agrado de Ana. Al menos el cardenal Richelieu y Gastón de Orleáns estaban convencidos de que eso era lo que había en el fondo de todo, como se desprende de unas palabras de Gastón de Orleáns recogidas por el cardenal más adelante, cuando Marie regresaba de uno de sus exilios. Gastón dijo “que se había hecho volver a Madame de Chevreuse para proporcionarle a la reina más medios de tener un hijo”. 

Los intrigantes hablaron con el osado George Villiers, duque de Buckingham, al que encontraron con muy buena disposición de ánimo. Él ya había visto a la reina un par de años antes, cuando había acompañado a España al príncipe de Gales, quien se proponía en aquel tiempo concertar un matrimonio con la hermana menor de Ana de Austria. A George le había agradado la reina de Francia y, además, considerándose irresistible, no cruzaba por su mente la idea del fracaso. 

Buckingham
Curiosamente, consta que venía intentando atraerse la buena voluntad de Ana desde mucho antes: hay al respecto una nota dirigida al duque de Chevreuse con fecha del 26 de abril de 1620 y que dice: “Me atrevo a suplicaros que os toméis la molestia de posar vuestros ojos sobre los 8 caballos de carroza que envío a la reina y que ordenéis que le sean presentados a la hora que estiméis, para que, acogido a vuestra autoridad, la culpa que merece esta osadía pueda verse paliada; es una protección que espero de vuestro favor”. 

La cuestión es que Ana de Austria, a pesar de esa alma bella y corazón puro, pareció conmovida al conocer al duque, sin que diera la impresión de ser capaz de calcular las consecuencias. “Por los consejos de madame de Chevreuse, la reina no había podido evitar, a pesar de la pureza de su alma, complacerse en esta pasión”. 

Eso nos dice madame de Motteville, íntima amiga de la reina. Françoise Bertaut de Motteville era hija de una dama española que fue la secretaria personal de Ana de Austria. No dejó de serle absolutamente leal, a pesar de todas las intrigas de la Fronda. Su devoción fue inconmovible. Y ella nos dice eso. La reina le confió más tarde que le había hecho a Buckingham esta confesión: “que si una mujer honesta hubiera podido amar a otro hombre que no fuera su marido, él habría sido el único posible”. 

Por suerte para Ana de Austria, Buckingham sólo permaneció una semana en la corte, con lo que los enemigos de la reina tuvieron poca ocasión de arruinarla. Sin embargo, los gestos, las miradas entre ambos eran tan elocuentes que no fue difícil que Luis XIII y sus ministros fueran pronto informados de cuál era el tema de conversación favorito de sus cortesanos. Por consiguiente el rey decidió apresurar el regreso del duque a Inglaterra, y con él iría Enriqueta María rumbo a su destino. 

Enriqueta partió el 2 de junio a las cinco de la tarde, montada en una litera de terciopelo rojo y escoltada por arqueros a caballo. La corte la acompañaría en su ruta a través de suelo francés. No era, por tanto, el momento de la despedida para Ana de Austria; la aguardaban otras ocasiones de encontrarse con el duque, pero, aun así, el asunto jamás excedió los límites de una atracción platónica. 

Madame de Chevreuse

Madame de Chevreuse siguió a la comitiva hasta Inglaterra, y allí el rey dispuso que se alojara en el castillo de Richmond. Buckingham la frecuentaba mucho; podía estar cinco o seis horas encerrado con ella cada día. Marie incluso pasó dos semanas en el hogar del duque sin la compañía de su marido. El obispo de Mende denunció esta situación a Richelieu. Éste se alarmó y quiso hacerla regresar de inmediato; sin embargo, como estaba encinta, el rey de Inglaterra se opuso a que emprendiera el viaje. Desde ese momento iban a establecerse entre ella y el cardenal sentimientos de antipatía profunda. 

Marie dio a luz en el palacio de Hampton Court. Tuvo una hija a la que llamó Anne Marie y que fue religiosa, abadesa de Pont-aux-Dames. Solo daría hijas a su segundo esposo: otra de ellas, Henriette, nacería en 1631 y fue también religiosa, abadesa de Jouarre; y Charlotte, nacida en 1627, conocida como mademoiselle de Chevreuse. 

Anne-Marie de Chevreuse

Una vez nacida Anne Marie, ya no tenía ningún pretexto para permanecer en la isla. Richelieu se encargó de hacerla regresar, y con ello el asunto del duque de Buckingham estaba casi liquidado… Excepto, claro está, por los famosos herretes de diamantes, una historia con más fundamento del que podría parecer a simple vista, como narramos en su día en este artículo: 



31 comentarios:

  1. Le pregunto, Madame, ¿entre "de organizar una intriga galante" o "proporcionarle a la reina más medios de tener un hijo" y ser una Celestina caben algunos matices?

    Gracias por su pronta respuesta.

    Bisous.

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    1. Oh, sí, monsieur, la diferencia es enorme: la celestina es una mujer que procura que una pareja se haga a cambio de dinero, a sueldo del caballero o tal vez de la dama. Es decir, ella procura cumplir el deseo de un caballero o de una dama. La intriga de Marie no obedecía a tal interés crematístico, ni tampoco obedecía a la voluntad del duque ni de la reina, sino a su propia iniciativa y por razones de Estado. Ella dirigía en todo momento, y no estaba a sueldo de nadie. Marie no se llevaba ningún beneficio aparte del placer que hallaba en ello, y en cambio arriesgaba la cabeza.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  2. ¡Qué peligro tenía la Chevreuse! No me extraña que Mazarino y Richelieu quisieran ponerla cerco.

    Me ha hecho gracia que se dijera en la época que era necesaria su participación para que Ana de Austria quedase encinta, como si esto de las intrigas galantes fuera un secreto a voces.

    Gran entrada. Gracias por habernos dado a conocer a esta mujer tan interesante. Que disfrute de la tarde, Dame.

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    1. A veces es más bien que había gente muy malpensada, o interesada en señalar que un hijo de la reina tal vez no sería legítimo. De no ser legítimos los hijos de la reina, el heredero de la corona era Gastón, mire usted qué casualidad: el mismo que difundía esas palabras.

      Gracias a ustedes, equipo.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  3. Sólo tuvo hijas. Y al parecer, buena parte de ellas se dedicaron a la vida religiosa, no sé si por vocación o porque en aquellos tiempos las mujeres no tenían mucho donde elegir, salvo que hubieran heredado el talento y las maneras de su progenitora.
    Un saludo.

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    1. En el caso de una familia tan poderosa como la del duque de Chevreuse, no cabe duda de que el ingreso en el convento era meramente vocacional.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  4. Madame,Chevrette era una insensata, no solo por los lances en los que se enredaba, sino por lo temerario que resultaba, con la enemistad del rey avistando sus pasos, apañar un relación con Villiers, que por lo que nos cuenta era un engreído.
    En todo caso, da para mucha charla cinco o seis horas de encierro. Queda demostrado que ambos eran grandes conversadores.

    Bisous y buenas tardes.

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    1. Eso desde luego. Y grandes conspiradores también.
      Pero sí, Chevrette nunca se caracterizó por su sensatez.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  5. O cómo pretender cambiar el rumbo y el destino, que no es poco. ¿Fue consciente de las consecuencias de sus actos, de lo importantes qué eran? Me queda esa pequeña duda.
    Buen lunes, Madame.

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    1. Por supuesto, eso era lo que la impulsaba. No se detenía en menudencias. Este fue solo el principio de su carrera como conspiradora. Llegaría a meterse en asuntos aún más arriesgados, y que ya narramos en la Corte en su momento.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  6. Esto ya es adentrarse en terreno Dumas. Había leído que Buckhingham era el padre del Rey (y de su gemelo El Hombre de la Máscara de Hierro), pero en el libro (no era novela) donde lo lei, el autor, aunque pretendía encontrar la identidad del prisionero de la máscara, y aportaba fuentes, decía que la Reina era virgen cuando llegó Milord a su vida. Algo totalmente falso dado que Ana ya había sufrido una pérdida.
    Bisous, Madame

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    1. Ay, sí madame, jiji, no puedo con la vida. Si el pobre Buckingham murió DIEZ AÑOS antes de que naciera el rey.
      Y es la primera vez que oigo hablar de una virgen que ha abortado dos veces, desde luego.
      Pero ya ve cómo es la gente. Usted cree que a alguien le importa mucho que el duque ya estuviera dando geranios hacía años cuando nació Luis XIV? Ya se sabe: no dejes que la realidad te estropee nunca una buena noticia.

      Ahora bien, lo de los herretes no lo inventó Dumas, no. También contrariamente a lo que se suele creer.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. Dama de armas tomar...No me extraña que la vieran como enemiga o al menos como alguien de cuidado...

    Intrigan iban y venían...Este de buscarle un hijo a la reina a toda costa fue bastante osado, aunque los he visto peores ;D

    Me ha gustado mucho Madame. Luego envió un mosquetero.

    Besos

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    1. Jiji, qué cosas. Y pensar que Luis XIII iba a conformarse, así sin consultarle ni nada. O, más que Luis XIII, Richelieu. Qué ilusión debía de hacerle la posibilidad de ver en el trono al hijo de una Austria pero no de un Borbón! Qué locuras, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. La mente de una dama cuando cree enamorarse o estar atraída por un caballero es el caldo de cultivo perfecto para que las amigas, enteradas del caso, aviven el fuego aunque en realidad casi no haya ni si quiera unas bras sobre el que asentarlo. Y en este caso las brasas sólo había que soplarlas según dedujo madame de Chevreuse. Si el rey no quería tener hijos por su tremendo enfado, no había mas que poner a un sustituto en el camino... ¡qué insensatez! Como si todo fuese tan fácil...
    Un besito

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    1. Imagínese la que podría haberse organizado si Ana hubiera sido un poquito menos sensata durante esos años.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  9. Que tremendas señoras, capaces de lograr lo que se les antojará y sin pensar en ser diplomaticas.

    Creo que el adulterio en ese tiempo era tan normal que no llamaba demasiado la atención. Hoy es casi igual, pero una piensa que antes solía haber más recato....

    mariarosa

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    1. No, Marie nunca pensaba en ser diplomática con quien no le caía bien. Eso sí, cuando quería, resultaba encantadora.

      El adulterio es eterno como el mundo. No ha habido época en la que no proliferara. El posterior recato victoriano distaba de disminuir los casos.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  10. Estas entradas son un verdadero placer, Madame: Ana, Buckingham, el rey y Richelieu... ¿qué más se puede pedir? Que me voy a releer los herretes.
    Feliz noche

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    1. Recordaba su afición a los tres mosqueteros :)
      Algo tiene esa historia, que no se pasa de moda.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  11. Madame:es una gozada entrar en vuestra biblioteca particular y leer estas reseñas me ha encantado.Pero es qué no hay nada nuevo bajo el Sol la Historia se repite y las intrigas solo cambian de corte pero...intrigas y zancadillas son iguales en todos los lugares.Acabo de leer lo de los herretes muy interesante tambien este enrredo palaciego y el último en enterarse es...el coronado jejeje.

    Bisous . buenas noches,

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    1. Pero se entera, se entera. Y claro, no contribuye nada a mejorar las relaciones con su esposa.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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    2. desde luego la corte no cambiaba cuantos hijps de nobles no llevaban su sangre y si su apellido o hijps con alguna deficiencia eran ocultados o cambiados

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  12. Bueno, Marie al menos le dio a la reina el gusto de un amorcito platonico, una leyenda de los herretes que paso a a literatura, el cine; se fue de viaje a Inglaterra y tuvo una hija.
    Nada mal para una intrigante no profesional ni a sueldo de causa alguna. Pensar que una amiga necesita algo de amor, a fin de cuentas, no esta mal.

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    1. Y no puede esperar a que la reina lo encuentre. Prefiere encargarse ella de la elección.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  13. cuenta usted estas cosas como nadie. parece que estamos allí viendo el juego de miradas entre uno y la otra. fantástico relato, como siempre, por otra parte.
    chevrette era realmente peligrosa, si. paradójico que sólo diera religiosas al mundo.

    buen martes, madame.
    bisous.

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    1. No solo religiosas, no. Mademoiselle de Chevreuse era de cuidado. Se parecía mucho a su madre.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz día.

      Bisous

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  14. Menudo peligro tenía la Chevrette. Y qué bien le iba el apodo.
    Se ve que la mujer disfrutaba con lo que hacía (y deshacía). Lo que hoy sería una "lianta". La de quebradero de cabeza que le daría al cardenal.

    Pasad un buen día.
    Abrazos, madame.

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    1. Y a pesar de eso, al cardenal le gustaba la Chevrette, jijiii. Pero eso es otra historia. Y muy divertida :)

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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    2. a su eminencia le gustaba todaslas mujeres q quisieran sus favores y luego son los q hablan de recato y virtud cosa q ellos carecen buenas tardes madanme

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    3. Ya ve, no hay nada como la hipocresía.

      Feliz tarde

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)