sábado, 13 de abril de 2013

¡Salvad a los perros y al Duque de Monmouth!

Van Dyck - Los tres hijos mayores de Carlos I : Carlos, María y Jacobo


He cannot be a gentleman who loveth not a dog (Proverbio ingles) 

Tan conocido como el amor del cardinal Richelieu por los gatos fue el de los Estuardo por los perros spaniel, en especial el del rey Carlos II y su hermano Jacobo II. Su pasión era tal que dio lugar a curiosas anécdotas. En 1682 Jacobo, siendo aún duque de York, navegaba en medio de una terrible tormenta en la que muchos de los marineros perecieron ahogados, y cuentan que en el momento más desesperado se lo oyó gritar: 

“¡Salvad a los perros y al duque de Monmouth!”. 

El duque de Monmouth era el hijo del rey. Obviamente Jacobo concedía a los perros la misma prioridad, e incluso los mencionaba antes. 

Se trataba en realidad de una afición común entre los reyes Estuardo: un pequeño spaniel acompañó a la reina María de Escocia hasta el cadalso oculto entre sus faldas; se negó a apartarse de ella y murió de pena unos cuantos días después de morir su ama. Otro spaniel acompañó también a Carlos I camino de su ejecución en 1649. Jacobo I amaba a sus podencos favoritos, Jowell y Jewell, el último de los cuales resultó muerto por un disparo de la propia reina, que lo confundió con un ciervo durante una cacería. En 1617 Jacobo I fue acusado de amar a sus perros más que a sus súbditos. 

Pero Carlos II superó a todos ellos en su amor por estos animales. Tenía un gran número de spaniels enanos que le seguían ladrando a todas partes, lo cual llegaba a resultar sumamente molesto y suscitaba las quejas de muchos de sus cortesanos. En una ocasión un caballero, al ser mordido por uno de los perritos, exclamó: 

“¡Dios bendiga a Vuestra Majestad! ¡Pero Dios maldiga a vuestros perros!” 


El rey los tenía en su propia alcoba, dejaba que se metieran en su cama y que las perritas parieran y amamantaran a sus cachorros allá o en cualquier parte, para desconsuelo de todo el mundo en la corte, pues consideraban ofensivos tales extremos y los efluvios que frecuentemente se derivaban de ellos. Además firmó un decreto que obligaba a aceptar a sus spaniels en todos los edificios públicos, incluido el Parlamento. Samuel Pepys cuenta cómo los perros circulaban libremente por el palacio de Whitehall, hasta en ocasiones en las que se trataban asuntos de Estado. En una entrada de su diario, con fecha de 1 de septiembre de 1666, Pepys describe una reunión del Consejo y anota: “Todo cuando observé allí era la necedad del rey, jugando con su perro todo el tiempo y sin preocuparse de los asuntos”. Pero hay que tener en cuenta que no eran los perros lo único capaz de distraer la atención del monarca: durante los servicios religiosos solía jugar al cucú-tras con Lady Castlemaine por entre las cortinas que separaban su palco del de las damas. 

Como a Carlos lo llamaban el Rey Caballero, su raza favorita fue bautizada en su honor como Cavalier King Charles. Un ejemplar de esta raza era carísimo, hasta el punto que solo los miembros de la realeza o las personas más acomodadas podían aspirar a tener uno. De hecho, era un regalo muy apreciado entre aristócratas. La consecuencia era que al rey le robaban los perros, por lo cual Carlos II se veía obligado a poner anuncios constantemente ofreciendo recompensas por su devolución. Algunos resultan curiosísimos, como este aparecido en el Mercurius Publicus de Londres en julio de 1660 y atestigua el sentido del humor del rey, a quien no en vano llamaban The Merry Monarch: 

"Debemos hacer un llamamiento otra vez por un perro negro, entre galgo y spaniel, sin nada blanco, solo una raya en el pecho y el rabo un poco corto. Es el perro de Su Majestad, y sin duda fue robado, pues el perro ni nació ni se crió en Inglaterra, y nunca abandonaría a su amo. Aquel que lo encuentre puede informar en Whitehall, pues el perro era más conocido en la corte que quienes lo robaron. ¿Es que nunca dejarán de robarle a Su Majestad? ¿Acaso no puede tener un perro?..."

Pierre Mignard - Retrato de Henrietta Anne, duquesa de Orleáns

Algunos piensan que el cartel de “Beware the dog” (cuidado con el perro) se originó en esta época, con la intención de advertir a la gente para que no pisaran a los pequeños spaniels. Es posible que durante el reinado de Carlos II la advertencia llevara, en efecto, esa intención, pero el cartel no era nuevo en absoluto: entre las ruinas de Pompeya encontramos ya el "cave canem".

La hermana del rey, Henrietta Anne, cuñada de Luis XIV al casarse con su hermano el duque de Orleáns, tenía su propio spaniel favorito, un ejemplar enano de color rojo y blanco con el que fue retratada por Pierre Mignard. Y su madre, Enriqueta María de Francia, compartía ese amor por los perros. Un testigo nos cuenta que cuando se entrevistó con ella en 1662 “me contó muchas historias curiosas acerca de la sagacidad de unos perros que había tenido”. 

Según queda reflejado en las cuentas reales, los perros del rey disfrutaban de muchos lujos: Carlos encargaba comprar cojines para ellos, y pasearlos  era un negocio lucrativo: en 1662 George Russell recibía una paga de 20 peniques diarios por ello, y 7 libras al año para sus libreas. 

En tiempos de los Estuardo la pasión de los aristócratas por sus perros rayaba en la locura, y los trataban con suma indulgencia. Según un testimonio, cuando volvían de una cacería “suelen preocuparse más por los animales que por sus servidores, y los hacen tenderse a sus pies, y a menudo golpean al sirviente en lugar de al perro…”. Eso sin contar, desde luego, que estaban mucho mejor alimentados que el personal a su servicio. Los spaniels, junto con los galgos, eran considerados “perros de caballero”. 


El spaniel se mantuvo como favorito de la aristocracia hasta el reinado de María y Guillermo, que manifestaron preferencia por el Pug que él había traído de Holanda. El pobre spaniel cayó un poco en desgracia, porque era de mal gusto que una corte protestante siguiera teniendo los mismos perros que el anterior monarca católico. A nadie le interesaba que lo asociaran con el depuesto Jacobo aunque solo fuera a través de sus perros. Sin embargo posteriormente la reina Ana compartió la afición de su padre Jacobo por los spaniels, y debido a ello estos animales consiguieron resistir durante el siglo XVIII como perritos falderos para señoras. Las damas aún aparecían en los retratos junto a spaniels enanos, que encontraron un último reducto en el palacio de los duques de Marlborough

Más adelante, ya en el siglo XIX, la reina Victoria tuvo durante los años de su infancia y adolescencia un Cavalier King Charles tricolor al que adoraba. Se llamaba Dash, y en su tumba puede leerse una inscripción con un mensaje escrito por la propia reina: 

“Aquí yace Dash, el spaniel favorito de Su Majestad la Reina Victoria, por cuyo encargo se erigió este monumento. Murió el 20 de diciembre de 1840, en su noveno año. Ofreció cariño sin egoísmo, alegría sin malicia, fidelidad sin engaño”. 

Otros personajes que amaron a los spaniels fueron María Tudor, su hermana la reina Isabel, Luis XIV y el príncipe Ruperto.


Fuentes:
King Charles II - Antonia Fraser
History of King Charles II of England - Jacob Abbott
Marketing: The Complete Awakening - Pando C. Papantoniou
Man and the Natural World: Changing Attitudes in England 1500-1800 - Keith Thomas
The Diary of Samuel Pepys
www.i-love-cavaliers.com/Famous_Cavaliers.html
www.petwave.com/Dogs/Dog-Breed-Center/Toy-Group/Cavalier-King-Charles-Spaniel/Overview.aspx


46 comentarios:

  1. Buenas tarde madame:

    Pués un poco excesivo este amor tan desmedido pero...viendo las intrigas palaciegas y sus cortesanos que no se libraba ni el mas pintado.

    El epitafio que la reina Victoria puso en la tuumba de su querida mascota no le falta razón.Por lo menos son fieles a los que aman cosa que hace aguas el ser humano que es un lobo para su propia especie.

    -Y si me permite aportar mí modesta opinión:es que a falta de psicologos en la corte de antaño; buenos son para curarse en desalientos los canes.

    Feliz sábado madame un abrazo.

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    1. Pues sí,madame. Gatos o perros, la cuestión es tener una criatura a la que amar en medio de tanta intriga.

      Feliz sábado también para usted.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Buenas tardes, madame:

    La pasión de los Estuardo por los perros, anteponiéndolos a los sirvientes y a toda persona, reafirma por una parte su fidelidad, ¿pero puede también hacer que pensemos en la desconfianza hacia los demás?

    Por otra parte, no es extraño pensar en las consecuencias de este amor desmedido: los concursos de pedigree o los cenotafios de mascotas, por ejemplo.

    Muchas gracias por tan entretenida entrada. Un saludo, querida Dame.

    Pd: Es espeluznante pensar en el camino del cadalso de varios de los monarcas que ha citado, acompañados por sus Spaniel.

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    1. El párrafo sobre los sirvientes no se refiere en realidad a los reyes Estuardo, sino a los ingleses que vivían en tiempos de los reyes Estuardo y podían permitirse tener esos perros. Se refiere a las costumbres de la época. Los perros eran muy apreciados, y se llegaba a esos extremos en ocasiones. Supongo que ahora también.

      Buenas noches y gracias a ustedes.

      Bisous



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  3. Bonne nuit Madame

    La anterior entrada me afectó profundamente que no pude escribir un comentario... y es que yo amo profundamente a las mascotas sean gatos, perros o pericos australianos.
    Mucha gente ignora la lealtad y cariño que profesan estos animalillos, son tiernos y cuando uno les trata con respeto, ellos corresponden incondicionalmente.

    Lamentablemente la fobia hacia los gatos continúa, sé bien de personas que les tienen pavor, lo cual es comprensible pues nadie es monedita de oro...
    Pero lo que es increíble es que todavía persiste la ignorancia en algunos lugares del planeta al decir que los gatos o los perros o los murciélagos están relacionados con Satanás, las posesiones demoníacas, etc. etc.

    À bientôt!

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    1. Pues sí, aún somos pasto de la superstición. Supongo que se trata de un tema eterno, y que nunca veremos el final. Es una lástima cuando la superstición crea, además, otras víctimas distintas de aquellas que la padecen, como es el caso de los pobres animales.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  4. Hola, siempre me llamó mucho la atención el tamaño de estos perritos con que son retratados algunos personajes. Son tan pequeñitos que pensé que se debían a una exageración por parte del artista. Besitos. Claudia.

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    1. En realidad parecen incluso de juguete. Pero no debía de ser exageración, no. En su tamaño diminuto residía la rareza y por ende la gracia.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  5. Me alegra saber que a través de la Historia han habido personajes que aman a los animales como los reyes Estuardo.

    Sin embargo estuve documentándome y también existe el lado oscuro como el sanguinario zar Iván El Terrible, quien arrojaba perros y gatos al vacío desde las almenas del Kremlin para observar cómo se estampaban contra el suelo.

    Otro caso que los historiadores deliberadamente omiten en las biografías de Luis XVI, es que el rey de Francia sentía un placer enfermizo torturando gatos en su taller de forja. Con el perdón pero, ¡qué bien hicieron los revolucionarios con la guillotina...!

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    1. Y dígame, monsieur: ¿no ha considerado usted, siquiera como una posibilidad, que si ningún biógrafo dice nada en el caso de Luis XVI y sí, en cambio, en el de Enrique III, no es porque historiadores de diversas épocas y lugares se hayan puesto de acuerdo para silenciarlo en un caso sí y en otro no, sino porque es falso y no hay nada que contar? Me permito sugerir que esa circunstancia bien pudiera ser, más bien, una de las razones que avala la falsedad del dato.

      Parece ser que Luis XVI, contrariamente a Iván el Terrible, tenía miedo a los gatos, lo que de por sí hace extraño que se acercara lo bastante a ellos para torturarlos y recrearse de cualquier modo con ellos. Hubiera sido más lógico, en todo caso, mandarlos matar como hacía Enrique III, que también los temía. Pero quién sabe.

      En cambio, Luis XVI adoraba a los perros, especialmente a un caniche que tenía María Antonieta, y del que él llegó a encargar un retrato.

      Tanto los revolucionarios como Iván el Terrible, a fin de cuentas, hicieron con las personas (incluso con algún niño inocente) lo mismo que nos parece tan mal que se haga con los gatos. Los humanos resultamos una delicia de especie.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  6. Que los Estuardo trataban mejor a los perros que a los sirvientes, habla mal de los Estuardo, no de las mascotas. Que los perritos acompañaran a sus amos al cadalso, habla bien de los perritos no de sus amos.
    Bisous, Madame

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    1. No, los servidores de los Estuardo eran los propios aristócratas.

      El párrafo que alude a los sirvientes no se refiere a los Estuardo, sino a los ingleses que vivían en tiempos de los Estuardo y podían permitirse tener perros y sirvientes, es decir, los aristócratas y alta burguesía.

      En la era Estuardo nadie hubiera osado hablar mal de un perrito, madame.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Qué epitafio tan bonito, madame. Me ha conmovido. Ojala pudiera escribirse de muchas personas... Me ha encantado esta entrada, también me gustan los perros y más allá de las extravagancias, comprendo que sus amos les tuvieran cariño porque, generalmente, los perros se hacen amar. Beso su mano, madame.

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    1. Lástima que en otras ocasiones los pobres animales reciban tan mal pago. Afortunadamente no siempre es así, y a veces son muy amados.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Madame, el epitafio es digno de figurar como perfecto homenaje al can. Desde luego, el amor por los perros es muy comprensible, lo sabemos quienes tenemos uno, una beagle por más señas.
    Es verdad que los seres humanos capaces de demostrar insensibilidad con los semejantes y un cariño desmedido por los animales revelan, como poco, una anomalía emocional. Somos así, más raros que un perro verde.

    Bisous y una feliz velada.

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    1. Bueno, al menos hay que aclarar que Carlos II también amaba a su familia, en especial a su hermana menor, y, desde luego, amaba muchísimo a su hijo Monmouth.
      Lo que ya es más dudoso es que Richelieu amara realmente a alguien, aparte de sus gatos.
      Madame, una beagle! Son preciosos :)

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Gente obsesiva con los perros,hasta eldia de hoy la 'Tia Lizzie' anda con sus perritos histericos para todos lados. Lo que se pierden al no tener un buen gato! bueno, al final la reina Victoria cedio al encanto de los gatos, al fin y al cabo.

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    1. Jijij, usted podría hablarnos largo y tendido sobre las ventajas de tener un gato, no cabe duda!

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  10. Bueno, no en vano dicen del perro que es el mejor amigo del hombre. ¿O es al contrario?
    Beso su mano.

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    1. No creo que sea al contrario, no. El hombre no suele ser buen amigo ni de sí mismo :)

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  11. Ahora me doy cuenta de dónde sacaron muchas actrices argentinas su manía de salir en fotos y en televisión con sus perritos; imitaban a la realeza. Fue bueno y cómico, lo de intentar salvar primero en un naufragio, a los perros y luego al hijo del Rey.
    Yo amó a mis perros, tengo dos, pero algunos se les va la mano, a algunos los reyes al menos así lo parece.

    Buen domingo Madame.

    mariarosa

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    1. jiji, menos mal que por lo menos Jacobo se acordó de su sobrino, aunque fuera después de los perros!

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  12. ¡Qué curiosa entrada, Madame, y qué interesante! Nunca hubiese imaginado que se pudiese asociar el "Beware of the dog" con el peligro de pisar al perrito y no al revés. Yo también pienso que el "cave canem" latino desmiente esta teoría.
    Feliz domingo

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    1. Ya ve qué interpretaciones tan diferentes se pueden dar a una misma frase. A veces era preocupación por el perrito, y no por el humano.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  13. Comprendo y comparto el amor por los animales y en este caso por los perros, pero de ahí a la equiparación que hacen algunos me parece indignante. Vos extractáis de la historia, pero en el presente, Madame, personas de mucha menor alcurnia, gastan cantidades nada desdeñables en el cuidado de sus perros, mientras se desentienden de los millares de niños que mueren a diario de hambruna en el mundo. Por todo ello, Madame, sí a los animales, pero después de las personas de cualquier latitud.

    Bisous.

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    1. Es cierto, monsieur. Es lamentable cómo se olvida muchas veces a los niños hambrientos, mientras las mascotas gozan de lujos indecentes. Yo también considero que han de ir primero las personas.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  14. Al igual que Richelieu, hay gente que muestra más amor a los animales que al prójimo necesitado. Debe ser la condición humana.
    Un saludo y feliz día.

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    1. Hay gente peor aún, que no muestra amor ni a unos ni a otros. Y no son tan poquitos.

      buenas noches, monsieur

      Bisous

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  15. Hola Madame:

    Conocía de está afición de los Estuardo por los perros. Me gustan los animales, pero soy terriblemente alérgico a ellos (perro, gatos, aves de compañía).

    Hay comportamiento terribles tanto contra los animales, como contra los mismos humanos. Lo de Iván el terrible, no llevaba ese sobrenombre por gusto.

    Siempre me ha dado risa la superstición contra los gatos. Tuve una vecina con un gato negro (era completamente negro), a la que le decían la bruja...

    Besos Madame

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    1. Mal asunto, monsieur, ese de la alergia. Imagino lo mal que debió de pasarlo de niño, porque es inclinación de casi todos los niños acercarse a los animales. A usted le salía caro el acercamiento.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  16. Hay amores que matan aunque en el caso de Carlos II semejante amor mataría precisamente a sus sirvientes, obligados a soportar y limpiar constantemente los "efluvios" de estos santos canes jajajjaja. ¡Madre mía, qué locura, qué bullicio!

    Desconocía el detalle de mi querida reina Victoria y su afecto por su amigo Dash. Desde luego cualquiera de estos animalillos resultaría más fiel y amigable que los intrigantes que merodeaban por las diferentes cortes.

    Bisous, Madame.

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    1. Madame, se trataba de un trabajo bien pagado el de limpiar los efluvios. Lo que no sé es cómo la real nariz del rey podía soportarlo!

      La reina Victoria, en efecto, no tuvo inconveniente en erigir monumentos a los seres que amó, aunque se tratara de un perrito.

      Buenas noches

      Bisous

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  17. Leyendo la entrada es normal que haya pensado en la reina Isabel II y su amor por sus perritos de compañía. Es un defecto querer más a las mascotas que a los seres humanos, eso es cierto, y no era extraño que los reyes mimasen a los animales en demasía. De todos modos, se puede decir que seguramnete eran más files que todos aquellos que les rodeaban con su peloteo...
    Un besito

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    1. Efectivamente, madame, de los perritos podían fiarse, y en cambio de su séquito no tanto. El que hoy los apoyaba, al día siguiente podía intrigar en su contra.

      Buenas noches

      Bisous

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  18. Gente civilizada ésta que ama a los perros y también a los gatos. Si fuera millonario tendría la casa llena de gatos y perros. Aunque no spainels. Este amor por las mascotas humaniza a estos seres, los grandes nobles, que a veces parecen vivir en otro paraleo.
    Muy amena la entrada, Madame.
    ¡Bup!

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    1. Un spaniel no está mal. Pero no me imagino rodeada de ellos por todas partes! Me resulta inconcebible llegar a tales extremos.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  19. sin ganas de parecer almibarado, me ha parecido una entrada deliciosa esta de los perros. y el rey Carlos II cada vez más me parece un personajazo de tomo y lomo. lo que se llamaría un 'huevazos', en el pueblo de mis padres.
    buena semana, madame!
    bisous!!

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    1. jijij, qué buena definición para Carlos II! Sí, era algo así, monsieur. Su reinado está lleno de anécdotas similares.

      Buenas noches

      Bisous

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  20. Por lo visto la nobleza de la época era excesiva en todo. Y los perros no podían ser una excepción.
    Aún así, pobres sirvientes.

    Abrazos, madame!

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    1. Efectivamente, lo ha descrito usted perfectamente: era el barroco, el gusto por lo excesivo en todo. Hasta en los perros!

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  21. Pienso que se puede amar a los perros sin menospreciar a sus cuidadores, aunque compruebo que todo puede ser llevado hasta la exageración.
    Un saludo, Madame.

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    1. Incluso se puede apreciar más a los cuidadores que a los perros, pero para algunas personas no es así, y anteponen a los animales de una forma desconcertante.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  22. Aún hoy dia hay personas excéntricas que adoran a los los animales y los meten en su cama. "Mientras más conozco a las personas cada vez amo más a mis animales"

    Bisous

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    1. Una buena frase, madame. Pero algunos la llevan hasta extremos inconcebibles :)

      Buenas noches

      Bisous

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  23. Me gustan los animales, de hecho tengo una boxer y siempre he tenido en casa, pero lo de estos reyes me parece una exageración. Aunque puedo comprenderlo, de los perros podían esperar fidelidad y compañía, de las personas... eso ya es otra historia.

    Bisous

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    1. Sí, pero era, desde luego, una exageración. Tenerlos por todas partes, incluso durante el trabajo, no era muy apropiado.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)