miércoles, 17 de abril de 2013

María de Brabante, Reina de Francia



Cuando el rey Luis IX partió por segunda vez a la Cruzada en 1269, lo hizo llevándose a su familia consigo. Lo acompañaba su hijo y heredero, Felipe, y también su nuera, Isabel de Aragón. Pero el rey ya no regresaría nunca a Francia. Moría en Túnez, y su hijo se convertía así en Felipe III. 

Felipe emprendió el regreso en medio de todas las penalidades que hubieron de sufrir quienes tomaron parte en la expedición de San Luis, tan espantosas que, según un cronista de la época, fueron “numerosos los que hubieran querido seguir al Paraíso al santo rey”. Hubo una terrible tempestad en la que naufragaron varios barcos, y poco después su esposa, encinta de seis meses, caía del caballo al cruzar un río y resultaba fatalmente herida. Al cabo de 16 días fallecía Isabel tras dar a luz prematuramente a un niño que no logró vivir más de unas horas. 

El horror no terminaba ahí: para poder trasladar su cuerpo a Francia, tuvo que ser sometido a un espantoso tratamiento que era costumbre realizar en Italia: su cadáver fue confiado a un especialista que lo hizo hervir, después de lo cual se enterraron las carnes y se depositó el esqueleto en un ataúd para ser conducido a París. Cuando llegó con los féretros de su padre, de su mujer y de su hijo, el pueblo lo contemplaba desencantado. “El rey no trajo de la Cruzada más que cofres vacíos y ataúdes llenos de huesos”, murmuraban. 

Tres años después Felipe se dispuso a buscar nueva esposa. La elegida fue finalmente María, hija del duque de Brabante y de María de Hohenstaufen. La nueva contrajo matrimonio con el rey en el bosque de Vincennes en agosto de 1274. Al año siguiente era coronada en la Sainte-Chapelle.


María estaba considerada una joven hermosa, elegante, instruida y amante de la historia. Su propio padre era poeta y había conseguido inculcarle la afición por las letras. Su pasión por la literatura era tan reconocida que la leyenda quiso atribuirle una parte en la redacción de ciertos cantares de gesta de Adenet. La joven, que disfrutaba con las fiestas y los bailes, parecía una heroína de las novelas de caballería; trajo consigo un toque de alegría a la corte y se convirtió pronto en musa y protectora de los trovadores. Pero, al contrario que Isabel de Aragón, la nueva reina se interesaba por los asuntos políticos y se puso al frente de un bando que se dio en llamar partido brabanzón y se oponía a la excesiva influencia de la reina madre, Margarita de Provenza. 

Felipe se mostraba enamorado de su esposa. Algunos de sus nobles estaban muy satisfechos con la nueva situación, porque pensaban que ella sería capaz de alejar el nefasto influjo que ejercía sobre el rey Pierre de la Broce, el hombre que había comenzado siendo cirujano y valet de su padre, pero que se había enaltecido tanto que ahora ocupaba el puesto de chambelán y primer ministro. De la Broce hundía sus manos en el tesoro real sin que el rey pareciera darse cuenta de nada. Las desmedidas mercedes con las que el soberano distinguía a su chambelán llegaron incluso a originar rumores de una relación amorosa entre ambos. 

La camarilla que había comenzado a reunirse en torno a la reina se propuso como uno de sus objetivos la caída del favorito, al que consideraban un advenedizo. Pero no era tarea fácil derribar a un hombre tan astuto. Guillermo de Nancis nos cuenta lo siguiente: “Como la reina gozaba cada vez más de los favores del rey y de su amor, Pierre de la Broce, chambelán de Felipe, que tenía tanta familiaridad con él que todos lo honraban más que a cualquier otro, empezó a inquietarse por este amor del rey por la reina; pues era un hombre envidioso que sufría ante la dicha de otro. Temió que aquella mujer, demasiado sutil, llegara a conocerlo y hacerle perder el favor del monarca. Desde entonces la iniquidad nació en su corazón y buscó sin cesar el medio de separar al rey de la reina”. 


Y de pronto ocurrió un extraño suceso que le ofreció en bandeja la ocasión de llevar a cabo sus propósitos. Una tarde el príncipe Luis, hijo del primer matrimonio del rey, abandonaba la habitación de María, donde había bebido un vaso de agua. El niño, que solo contaba doce o trece años, caía enfermo al poco tiempo y fallecía en cuestión de horas. Pierre de la Broce acusó a la reina de haberle suministrado un veneno, y expresó su convicción de que tenía la intención de hacer lo mismo con todos los hijos que el rey había tenido con su primera esposa, para así asegurar el trono de Francia para el suyo, que acababa de nacer. 

La acusación llegó a oídos del rey, que no dio crédito a las murmuraciones. Dio cuenta de ellas a María, quien a su vez señaló a de la Broce como el origen de las mismas. 

Felipe no sabía qué hacer, y para ayudarse a tomar una resolución pidió al obispo de Bayeux que consultara con una adivina que vivía en la ciudad de Nivelle y tenía reputación de recibir informaciones directamente del cielo. Pero el obispo era pariente del chambelán y, aconsejado por él, se presentó ante el rey y le dijo durante su conversación con la adivina había quedado de manifiesto que la muerte del príncipe se debía a una intriga de la camarilla que rodeaba a la reina. 

El rey no se conformó con esta versión, y posteriormente encargó al obispo de Lieja una nueva entrevista con la mujer de Nivelle para poder contrastar las palabras del de Bayeux. El encuentro tuvo lugar a pesar de todos los obstáculos que trató de poner de la Broce y, según consta en las Grandes Crónicas del año 1276, la mujer encargó al enviado que dijera al rey que “no debía creer nada de lo que se insinuaba contra su mujer porque esta era buena y fiel, y amaba de todo corazón a él y a los suyos”. 


La respuesta tranquilizó a Felipe y situó a la reina en posición de exigir la ejecución del chambelán, con el apoyo de los grandes barones del reino. Muchos pensaban que había sido el favorito el verdadero responsable de la muerte del príncipe, pero nada era suficiente para que el rey se decidiera a proceder contra él. No lo hizo hasta que poco después ocurrió un suceso crucial. Durante el verano de 1276 Felipe reunía un inmenso ejército con la intención de invadir Castilla, debido a las constantes ingerencias de Alfonso X en los asuntos del reino de Navarra. De pronto, y de modo inexplicable, el rey de Francia decide negociar con Alfonso. Los barones temen que el extraño cambio de actitud se deba a la traición de alguien que le ha hecho creer que el castellano deseaba esa negociación. Días más tarde un mensajero muere en un convento. Era portador de una caja que contenía unas cartas y llevaba el sello de Pierre de la Broce. Cuando el rey la vio con sus propios ojos, conoció el entendimiento que había entre su chambelán y el rey de Castilla. 

Nunca sabremos si se trató de una traición real o de un montaje de sus enemigos para darle el golpe de gracia. No es imposible que todo hubiera sido organizado por los barones de la corte, pero con tanto éxito que finalmente provocaron la caída del favorito. En enero de 1278 era arrestado en Vincennes y encerrado en Janville, lejos de la corte. Acusado de alta traición, se le condenó sin ser sometido a ningún proceso y se le impuso la más degradante de las muertes: el 30 de junio era colgado en Montfaucon. 

Su caída provocó la de todo su clan. El obispo de Bayeux hubo de huir a Roma para escapar a la venganza de la reina, y los descendientes del chambelán no recuperaron siquiera una parte de sus bienes hasta el reinado de Felipe IV. 

Entre buena parte del pueblo, sin embargo, continuó flotando la sospecha de que de la Broce era inocente, y la reina, en cambio, culpable de la muerte de su hijastro. 


En cuanto a los demás hijos del primer matrimonio del rey, vivieron lo bastante para que uno de ellos alcanzara el trono como Felipe IV y comenzara a quemar Templarios. A los hijos de María tampoco les fue tan mal: el primogénito, Luis, fue origen de la Casa de Évreux-Navarra, y de las dos hijas de la reina, Margarita casó con Eduardo I de Inglaterra y Blanca con Rodolfo III de Habsburgo. Pero María sufriría el dolor de verlos morir a los tres. 

María de Brabante se retiró de la corte a la muerte de su esposo en 1285 y se dedicó exclusivamente a la educación de sus hijos. Vivió durante 36 años olvidada por todos, hasta alcanzar casi la edad de 70. Fue enterrada en el convento de los Cordeliers, pero un incendio destruyó su tumba en 1580.



17 comentarios:

  1. Esta es una entrada deliciosa, querida Dame.

    Las cruzadas fueron un foco de desgracias, al igual que las intrigas cortesanas. Cuanta gente inocente murió por culpa de intereses personales e intentos de medrar a costa de los demás.

    Al final, este tipo de historias están condenadas a repetirse, porque estos comportamientos tan bajos los llevamos escritos en el ADN.

    Un saludo. Quedamos a vuestros pies, Madame.

    ResponderEliminar
  2. Aquí vemos como la caída de un personaje importante o el triunfo de una traición, conlleva el derrumbamiento de toda una serie de personajes que vivían a su amparo (como el poderoso obispo de Bayeux). Y todo en ese marco casi legendario de las cruzdas: "Porque Dios lo quiere". Que tenga un gran día, madame. Bisous.

    ResponderEliminar
  3. pues era yo pequeño y muy pequeño cuando en mi casa rondaba un libro sobre maría de brabante. o era un cuento. no me acuerdo.
    así que francia estuvo así de invadir castilla... qué podría haber ocurrido si llega a llegar a buen término el plan de invasión.

    veo que se han solucionado sus problemas digitales.

    bisous madame!!

    ResponderEliminar
  4. Truculento y macabro comienzo con las penalidades del joven Felipe, quien en la Cruzada perdió buena parte de su propia familia: el padre, la esposa y el hijo que estaba por venir. Y luego, esa forma tan especial de "embalsamar" el cadáver para evitar su corrupción.
    En estas historias, las intrigas estaban a la orden del día. Tal vez nunca sepamos si De la Broce era tan mezquino y traidor como para asestar una puñalada trapera a su propio país o simplemente era un manipulador y una mala persona. En todo caso, un tipo de poco fiar.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Bonsoir Madame
    Vale destacar que la primera reina, Isabel de Aragón era hija de Jaime El Conquistador. Realmente esa Cruzada sólo trajo muerte y tristezas a sus protagonistas.

    Según parece la nueva reina era de singular belleza, que luego heredaría su hija menor Margarita; tanto así que el rey de Inglaterra decidió casarse con ésta a toda costa.

    Una entrada con todos los ingredientes para atrapar el interés de los lectores. Le ruego Madame hacer una continuación con los demás personajes como Felipe III el Atrevido, Felipe IV el Hermoso, etc.

    À bientôt!

    ResponderEliminar
  6. Es tremendo que, incluso amando tantísimo a su esposa, el rey no dejara de otorgar su favor a de la Broce. La experiencia nos enseña que descabalgar a un/una favorito/a es tarea ardua y, con frecuencia, imposible. Y me da rabia que el pueblo creyese más a él que a la reina. En fin, lo peor de su vida debió ser sobrevivir a sus tres hijos. Magnífica entrada, madame. Beso su mano.

    ResponderEliminar
  7. Hay que ver cómo se las gastaban en esa època. La sospecha unida a la oportunida política, o la simple tirria podía llevarle a una al ostracismo de una torre o, peor aún, a que le colgaran de un árbol. Todo lo anterior invita a reflexionar y muy a pesar de los abusos que hay, en la presunción de inocencia como uno de los mayores logros de las sociedades modernas.

    Quede usted con buena compañía. Bisous.

    ResponderEliminar
  8. Al tal Pierre de la Broce, su jugada se le volvió contra él y su clan...cuando el Rey mando hacer otra visita a la mujer de Nivelle para saber la verdad

    Madame: muy interesante este enlace de" Isabel de Aragón y los cinco ataudes" Tríste vuelta a Francia con razón murmuraba el pueblo que solo había traido ataudes cargados de huesos y cofres vacios...

    Un abrazo feliz semana.

    ResponderEliminar
  9. No había oído hablar nunca de Pierre de la Broce, Madame. Como siempre gracias por enseñarme algo nuevo.
    Bisous

    ResponderEliminar
  10. Felipe III no tuvo suerte en sus retornos a Francia. Este que tan magníficamente ha narrado no le fue bien, volviendo rey con los cadáveres de su familia. Igual le pasaría en un nuevo y penoso regreso, que le costaría la vida, desde Cataluña tras la derrota ante Pedro III el Grande y que convertiría a su hijo Felipe el el cuarto rey de Francia con ese nombre.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
  11. Magnificas ambas entradas, la anterior de la reina Isabel, que le toco ver tanta destruccion y muerte a su alrededor, y la de su sucesora, que tuvo mejor suerte y no las paso tan mal, pero le calleron sospechas encima. Curioso como se usaba a la brujeria entonces: a veces era la voz de dios, a veces del diablo. Siempre segun convenga, claro.

    ResponderEliminar
  12. Pobre Felipe. La desgracia con lo que le sucedió con su primera esposa es un horror, luego las intrigas en el reino... y la verdad, ¿cuál será la verdad?

    Interesante historia. Pero pienso que la mayoría de los reyes, a pesar de tanto poder y dinero, no fueron felices, las intrigas los acosaban por todos los flancos.

    mariarosa

    ResponderEliminar
  13. Macabras murmuraciones, a pesare de no ser disparatadas: “El rey no trajo de la Cruzada más que cofres vacíos y ataúdes llenos de huesos”. Intrigas, traición... ¡Oh, la vida palaciega!

    Bisous

    ResponderEliminar
  14. Hola Madame:

    Horrible lo de hervir el rey...bueno a cualquiera. Un episodio triste de llevar elos cadáveres del rey esposa e hijo.

    La intriga del Chamberlán es de película...Y no me extraña.

    Besos

    ResponderEliminar
  15. A pesar de amar a su esposa le costó decidirse al rey a deshacerse del de la Broce. Y muy triste vivir para ver morir a todos tu hijos.

    Bisous

    ResponderEliminar
  16. Me gusta la manera que tenéis, madame, de narrar las historias. Estas vidas siempre rodeadas de intrigas palaciegas y que tan bien resumís.
    No creo que María asesinase al primogénito. Imagino que fue algo fortuito y bien aprovechado por el chambelán.

    Abrazos!!

    ResponderEliminar
  17. Que fotos tan bonitas Madame. Me ha gustado también esta historia, tuvo que ser muy fuerte. Ya se sabe "La primera la escoba y la segunda la señora"
    Bisous

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)