domingo, 7 de abril de 2013

La Maupin: una espadachina en la Francia del Rey Sol (II)


Apenas se hubo recuperado Louis-Joseph de la estocada recibida durante el duelo, recibió órdenes del rey de incorporarse a su regimiento. Debía desplazarse a Alemania, pero antes se dirigiría a París, una ciudad a la que era demasiado peligroso que la Maupin regresara en esos momentos, puesto que pendía sobre ella una condena a muerte. 

Él y Julie se separaron con gran dolor, jurándose amor eterno y con la firme promesa de que volverían a encontrarse, no importaba dónde ni cuándo. Después Louis continuó su camino hacia París mientras ella emprendía otro hacia el norte, en dirección a Ruan. 

En aquella ciudad la Maupin conoció a un joven cantante, tan solo unos años mayor que ella. Se llamaba Gabriel-Vincent Thevenard, y era hijo de un abastecedor de Orleáns. Había dejado el trabajo en las cocinas de su padre para dedicarse a su carrera musical, y, con la intención de probar suerte en París, practicaba primero en provincias para ir ganando experiencia. Pronto Thevenard sucumbió a los encantos de Julie y se enamoró perdidamente de ella, dando comienzo una nueva relación

La Maupin seguía deseando ir a París, pero era demasiado peligroso aparecer en público mientras estuviera condenada, y de ese modo nunca podría triunfar en el teatro ni estar cerca de Louis. Tenía que conseguir de algún modo que la sentencia fuera anulada, y se le ocurrió que tal vez el conde de Armagnac, aquel que había sido su primer amante, podría ayudarla. 


Julie se presentó disfrazada en la casa del conde en el Marais. Él aún conservaba afecto por esta joven salvaje, a pesar de todos los quebraderos de cabeza que le había dado, así que accedió a ocuparse de ese asunto. Cumplió su palabra y habló con el rey. Tres días más tarde Luis XIV, quien dicen que se regocijaba secretamente con la osadía de la aventurera, le concedía el perdón. 

Julie contaba 21 años cuando regresó a París en 1691. Thevenard ya se encontraba allí, y había sido aceptado en la compañía de la Opera, donde, tal vez en parte gracias a su influencia, también ella fue admitida. 

Con el nombre de Mademoiselle Maupin debutó con éxito como Palas Atenea en Cadmo. Contribuía a la aceptación de la que gozaba su voz el hecho de que era la cantante más atractiva de la compañía, y una buena actriz que se desenvolvía muy bien con la danza. Pero la aventurera no podía contentarse con su carrera operística, de modo que se convirtió en duelista profesional al mismo tiempo. “Realmente era una duelista privilegiada, teniendo en cuenta que los edictos [que prohibían los duelos] no mencionaban a las mujeres”, explica el cardenal Dubois en sus memorias. 

Julie se vio envuelta en muchos escándalos, debido a que tan pronto iniciaba relaciones amorosas con los actores y actrices con los que compartía la escena como se batía con ellos. Fue sonada la violenta pasión que experimentó hacia la soprano Fanchon Moreau, cuyo rechazo la impulsó a un intento de suicidio

El cardenal Dubois dedica algunas interesantes páginas a Julia: 

“El duque de Chartres… pasó de Florencia a la Maupin, y no se cansaba de las chicas de la Opera. La Maupin tenía todo aquello de lo que carecía su antecesora; física y moralmente era un dragón; manejaba la espada como un maestro de esgrima; su lengua no era menos audaz. Su defecto más lamentable, en mi opinión, era su pasión por su propio sexo; esto incluso la llevó a excesos escandalosos. El duque de Chartres hizo lo posible por reformarla, y lo logró solo a medias…” 


La Maupin tuvo un duro enfrentamiento con Duménil, otro de los actores de la Opera. Este albergaba esperanzas de conquistarla y se tomó muy a mal que el duque de Chartres se interpusiera, de modo que, con la intención de apartarlo de ella fue en busca del cardenal Dubois y le contó el peculiar incidente en el convento que le había valido a Julie una condena a muerte. El cardenal aceptó colaborar en el plan divulgando la historia en el Palais Royal, “sazonado con mil ocurrencias que no honraban a la Maupin”, en palabras del propio Dubois. Ella, furiosa, envió una nota al cardenal jurándole que iba a matarlo. “Yo sabía que era perfectamente capaz de cumplir su palabra, y repliqué que los eclesiásticos, al igual que las mujeres, no combatían. Dada esta respuesta, me mantuve alerta, y ella desahogó su cólera con insultos que yo desprecié; por prudencia, sin embargo, me abstuve de viajar al extranjero durante dos semanas”. 

Julie decidió ocuparse también de Dumenil. Lo esperó en la Place des Victoires ocultando su identidad bajo un disfraz masculino. Allí lo retó, pero él se negó a batirse. Entonces ella lo golpeó con su bastón y se llevó su reloj y su cajita de rapé. 

Al día siguiente Dumenil contó a sus amigos de la Opera que había sido asaltado por tres ladrones, y que, aunque se defendió vigorosamente, habían logrado reducirlo entre todos llevándose esos objetos. Era lo que la Maupin estaba esperando para desenmascararlo públicamente. 

—Mientes —lo acusó—. No eres más que un cobarde. Fui yo sola quien te golpeó, y como prueba aquí está el reloj y la cajita, que ahora te devuelvo. 

Y a otro de sus compañeros, que también la había ofendido en úna ocasión, lo obligó a pedirle perdón de rodillas. 


Hubo veces en las que su atuendo masculino, más que anonimato, la envolvió en los escándalos a los que alude el cardenal. Durante un baile organizado por Monsieur, el hermano del rey, la Maupin asistió vestida de caballero y representó el papel hasta las últimas consecuencias. Sus atenciones se dirigieron hacia Mademoiselle de Sery, una hermosa joven cuyos bailes se propuso monopolizar, y luego Julie propuso una cita más discreta, lejos de las miradas de los cortesanos, sellando la propuesta con un apasionado beso en medio del salón de baile. 

Fue demasiado para el pretendiente con el que ya contaba Mademoiselle de Sery, y que de inmediato se dirigió hacia allá acompañado de dos de los guardias de Monsieur y protestando airadamente por el insensato comportamiento de la Maupin. 

—Monsieur, salgamos de aquí y me rendiréis cuentas por vuestra impertinencia —exigió el joven. 

—Con todo el placer del mundo. A vuestro servicio, caballero —respondió ella, lo que equivalía a un desafío según las fórmulas de la época. Su irritación era mayor debido a la frialdad con la que la bella había acogido su osado avance—. ¡Venid los tres, y más si lo deseáis! 

Los cuatro bajaron al patio y desenvainaron las espadas. Al poco tiempo los tres adversarios de la Maupin quedaban tendidos en el suelo

Julie estaba a punto de ser apresada cuando “Monsieur, informado de que el hermoso bailarín en el que se había fijado tan particularmente era una mujer disfrazada, impidió su arresto. Ella incluso volvió al baile entre la admiración general, y Mademoiselle de Sery se retiró desesperada; pero el duque de Chartres, para complacer a su amante titular, nunca volvió a ver a la Amazona. Se la cedió en cuerpo y alma a Monsieur, que se había enterado demasiado tarde de que era una mujer”, nos cuenta el cardenal Dubois. 


Al día siguiente esperaba que el rey, molesto por el incidente, decidiera ordenar finalmente su arresto, pero no fue así. Por fortuna para ella Luis XIV resolvió que, en efecto, su ley solo se aplicaba a los hombres, y que ella era libre de batirse si lo deseaba. 

Julie, mientras se apagaba el eco del terrible escándalo y por si el rey cambiaba de opinión, huía a Bruselas, donde se convertía por un tiempo en la amante de Maximiliano Manuel de Baviera, gobernador de los Países Bajos españoles. Pero el Príncipe Elector pronto se cansó de ella y la reemplazó por una condesa. Trató de deshacerse de la Maupin enviando al propio esposo de la condesa con 40.000 francos y órdenes de abandonar Bruselas, pero ella, ofendida, arrojó el dinero a la cara del conde, espetándole que era un regalo más adecuado para un cornudo como él

Pero abandonó Bruselas y regresó a París. Probablemente fue entonces cuando se reunió con su esposo, en busca de un poco de respetabilidad después de tanto escándalo. Ambos se reconciliaron y vivieron juntos hasta que él murió

A su regreso volvió a pisar los escenarios de la Opera, donde interpretó a Dido, la fundadora de Cartago, y a la diosa Minerva. En 1702 tuvo un gran éxito como Medea. Ese mismo año Campra compuso para ella la ópera Tancrède, la primera compuesta en París para una mujer que no fuera soprano. 


En 1705 se retiraba de la escena e ingresaba en un convento. En ese punto de su vida había tan solo un amor terrenal que había perdurado en su corazón durante todos esos años. Sus demás pasiones, por vivas e intensas que brotaran, se extinguían al poco tiempo; pero nunca pudo olvidar a Louis-Joseph d'Albert, ni tampoco él a ella. Aún se apoderaba de ambos "un deseo más tierno que les impedía romper". Él continuaba siendo, además, su amigo y confidente en los momentos difíciles; a él recurría Julie en busca de consejo. Ahora le escribió una carta en la que le confesaba la tristeza que inundaba su corazón, hastiada de los placeres de este mundo. En esas líneas estremecedoras le comunicaba su intención de retirarse a un convento y le pedía que la ayudara aceptando su resolución.

Louis se sumió en la desesperación. "Mirad a quién os dirigís. ¿Es mi religión, es mi corazón, es mi complacencia lo que deseáis poner a prueba? ¿Contáis, al consultarme, con que soy lo bastante dueño de mis sentimientos para fortalecer los vuestros?", comienza esa carta desgarradora y maravillosa con la que le responde, y en la que resulta patente lo que había aún entre ellos. "¿No es insultar a mi desdicha obligarme a aprobarlo?"

Poco es lo que sabemos sobre su vida a partir de entonces, excepto que en 1705 "antes de terminar el año, la amante del conde d'Albert se retiró a un convento, donde terminó sus días entregada a la más estricta penitencia". Julie moría dos años después, contando tan solo 37. 

En 1835 Théophile Gautier inmortalizaba a Julie d'Aubigny al publicar su novela Mademoiselle de Maupin, basada en el verdadero personaje. 



Fuentes:
http://home.wwdb.org/atkinsonk/public_html/La_Maupin.html 
http://www.eldacur.com/~brons/Maupin/LaMaupin.html 
Histoires des duels anciens et modernes - Fougeroux de Campigneulles 
http://historizo.cafeduweb.com/lire/11681-art-duel-en-jupons.html
http://www.corrieweb.nl/amazon/historica8.htm
Memoirs of Cardinal Dubois 
La Maupin: sa vie, ses duels, ses aventures - G. Lentainturier-Fradin


36 comentarios:

  1. Pero que desilusión. Espadachina, actriz, soprano, bisexual, una vida de aventuras ¿y todo para terminar de monja? Aunque creo que en tiempos antiguos el convento era un hotel-asilo para mujeres que por edad o pobreza no tenían donde ir.

    ResponderEliminar
  2. Se retiró a un convento, pero en su caso no fue por edad, pobreza ni obligación, sino por gusto y propia inclinación. Hasta el final hizo lo que quiso, y fue plenamente libre. Nadie logró nunca imponerle nada, madame.

    Feliz tarde

    Bisous

    ResponderEliminar
  3. Qué personaje tan interesante. Increible que no le hayan dedicado una superproducción . Cuando veía las fotos de la Marceau, antes que Ud. lo aclarara, pensé que efectivamente se trataba de una película sobre esta señora que vivió poco pero tan intensamente. Besitos. Claudia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El personaje merecería toda una serie. Es difícil comprimir su vida en un largometraje.

      Las fotos del capítulo de hoy son de las dos mismas películas que mencionaba ayer en un comentario, pero donde aparece una chica embozada es de una tercera que no recuerdo ahora mismo.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

      Eliminar
  4. Eso de que no te arresten por batirte por el hecho de ser mujer... no sé si tomarlo como un cumplido o como una afrenta por parte del rey hacia una persona que había demostrado tener redaños y más valor que muchos hombres.
    Y luego estaba esa moda de la gente que acababa sus días en reclusión en un frío convento. Eso son vocaciones auténticas y lo demás, zarandajas.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Decidir excluir a las mujeres fue una galantería del rey hacia ella. Tenía debilidad por la Maupin, como había demostrado ya revocando la sentencia del Parlamento de Aix, que la condenaba a muerte.

      En aquel siglo era cosa bastante común terminar los días en un convento después de años de vida licenciosa. La Maupin vivió mucho y muy deprisa, así que se sació pronto de todo.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  5. Me he quedado de piedra por dos razones. Por su ingreso en el convento que era lo último que esperaba y por su prematura muerte. Reconozco que vivió mucho en poco tiempo.
    Me ha impresionado bastante lo reconozco.
    Bisous y feliz semana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así era ella: nadie sabía qué es lo que podría hacer a continuación. Seguramente ni siquiera ella misma. Ni tampoco el hombre que mejor la conoció.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  6. Bueno: ella mísma confiesa que esta harta de los placere de este mundo y por eso quiere retirarse a un convento.Con 35 años que hoy sería una mujer en su plenitud ya estaba de vuelta de muchas cosas.Posiblemente ya notaba su decadencia y para una mujer tan deseada esto no se encaja bien...Lo digo porqué désde que ingresó hasta que murió transcurrió solo 2 años.

    Una bonita historia madame.He disfrutado con las aventuras de madame Maupin una mujer singular.

    Feliz domingo.

    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tal vez, de haber vivido más, también se hubiera hartado de su nueva vida de santidad en el claustro, y un buen día comenzaría a añorar la aventura y se habría ido. No podemos saberlo.

      Muchas gracias, madame.

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  7. Respuestas
    1. Mucho, monsieur. No creo que fuera posible vivir más y más rápido.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

      Eliminar
  8. Leyendo la vida de esta mujer uno mira la suya propia y piensa: ¡cuántas cosas ocurrieron en su vida en tan poco tiempo! Eso es vivir intensamente.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y luego nosotros decimos que no nos da tiempo a nada! A ella le daba tiempo a todo.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

      Eliminar
  9. Esperamos impacientes el desenlace de esta mujer... Que lo mismo interpretaba a Didos que se batía en duelo... (aunque Dido, por ejemplo, también es pintada como una mujer de armas tomar).

    ¡Un saludo, madame!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que resulta que si se fija, ya la hemos matado. Yo, por complacerles, la sacaría de la tumba, pero no sé si debo.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

      Eliminar
  10. Que mujer. Apenas treinta y siete años y vivió, amó hasta la locura. Diría que no vivió, se bebió la vida.
    Una mujer que asombra y deslumbra.

    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí me impresiona mucho esta historia. Y, si le digo la verdad, lo que me hizo investigar más sobre esta mujer fue encontrarme con la carta de él, que menciono al final. No la podía apartar de la mente.

      Feliz comienzo de semana, madame

      Bisous

      Eliminar
  11. ¡No sabe cómo festejo, Madame, el hecho de no haberme perdido la continuación de esta historia pues le reitero que resultaba mucho de mi agrado!

    ¡Menuda joyita esta criatura, tan salvaje y osada que hasta al propio Luís agradaba (bueno, me temo que a Luís le agradaba casi cualquier fémina jeje)!

    Lo que sí me causó decepción fue el hecho de que una criatura tan intrépida y con una vida tan azarosa acabara sus días sumida en la rutina aplastante de una monja. ¿Pretendía redimir su alma?

    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sabía, madame, que sería del agrado para una dama romántica como usted, igual que lo es del mío. ¿Ve por qué me gusta tanto esta corte? Todo era posible.

      Supongo que ella buscaba, sobre todo, un equilibrio, una espiritualidad. Demasiados placeres carnales, materiales, en veinte años. Al final uno se sacia y ya nada le complace. Lo único que la seguía atando, y a lo que se resistía a renunciar, era a d'Albert, tal vez porque en su relación también había una parte espiritual, ya que había sentimiento y no solo pasión. El resto ya lo había dejado y lo había hecho sin pena.

      Feliz comienzo de semana, madame

      Bisous

      Eliminar
  12. Qué vidas, ¿verdad, Madame? A los 21 años le pesa una condena a muerte, muere a los 37, en un convento, posiblemente agotada de tanto vivir. Es lo que tiene ser una mujer Dragón, como la describe el cardenal Dubois.
    Lo fue todo en Francia, me parece.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, pero dragón en sentido militar. El cardenal se refiere a los regimientos de dragones del rey.

      Feliz comienzo de semana, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  13. era neil young el que decía en una canción que 'es mejor quemarse, que desvanecerse', y me da la impresión de que la Maupin se quemó mucho en una vida llena de 'puestas al límite'. finalmente, prefirió apagarse antes, supongo que ser una caricatura de lo que fue. no sé.
    una vida que parecen cien.

    que tenga buena semana, madame!

    bisous!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Quién sabe, monsieur. Ella se llevó sus motivos a la tumba. Era absolutamente imprevisible hasta para quien mejor creía conocerla.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

      Eliminar
  14. Muchas mujeres, no sólo en esta época, sino tambien en la Edad Media tuvieron que disfrazarse de hombre para poder hacer determinadas actividades o destacar en algo, aunque lo mejor es pasar desapercibida; no es el caso de esta valerosa mujer, que destacaba y hacía notar en todo lo que hacía. Lo más triste es que toda esa adrenalina la tuviese que cambiar al final por los habitos de monja. Un cordial saludo, madame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Triste para quién, monsieur? Para ella no, desde luego. Fue su propia opción. La libertad consiste en seguir el propio camino, y no el que gustaría a los demás, y menos a los que vivirán siglos después. Habría sido triste si, como en tantos casos de la época, la hubieran obligado a ingresar en un convento, pero debemos alegrarnos de que en aquel siglo una mujer pudo hacer lo que quiso y cuando quiso hasta el final.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

      Eliminar
  15. Vida intensa la de la dama. Al final entró en la vida religiosa, pero creo que era algo así como que luego de ir a mil por hora, rebajó la velocidad.

    Yo creo que a ella le gustó su vida. Dicen que hay que probar de todo. Impresiona que ella lo hizo.

    Besos Madame. Ando disperso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, así es. Al final le faltaba algo, otra cosa. Muchas veces ocurre.

      Feliz día, monsieur

      Bisuos

      Eliminar
  16. Excelente post, muchas gracias por compartirlo, da gusto visitar tu Blog.
    Te invito al mio, seguro que te gustará:
    http://automotores-de-alta-gama.blogspot.com/

    Espero tus comentarios, un gran saludo, Oz.

    ResponderEliminar
  17. Se ve que esta mujer, gran aventurera y amante, vivió tanto que le fue indispensable acabar lejos del mundanal ruido para rememorar en la soledad de su celda los dorados momentos de su juventud. Y lejos de los hombres, que no es poco descanso.
    Un besito

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. También le hubiera venido bien alejarse de las mujeres, si es por eso. Pero bueno. En realidad aún le quedaba juventud por vivir. Y éxito. Estaba en la cumbre cuando se fue.

      Feliz día, madame

      Bisous

      Eliminar
  18. Aunque con bastante retraso, Madame, he tenido la fortuna de no perderme este relato tan trepidante de una mujer-hombre que, de tan aventurera, lo fue todo.

    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mujer, siempre mujer, aunque pudiera comportarse igual que un hombre.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  19. Una vida intensa la de la Maupin. Todo en ella parece haber sido pasión y libertad, hasta su decisión de recluirse en un convento es libertad.
    Me ha gustado mucho leer su historia, Madame.

    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, así es como yo lo veo. Consiguió algo increíble en su tiempo, y le extrajo todo el sabor a la vida. Al final ya se había hastiado de todo.

      Feliz fin de semana, madame. Muchas gracias

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)