martes, 23 de abril de 2013

La Era del Libertinaje

John Wilmot, conde de Rochester

Después de la Restauración de los Estuardo en el trono de Inglaterra, la corte de Carlos II se entregaba al más absoluto libertinaje. El conde de Rochester y el duque de Buckingham eran tan famosos por su ingenio como por sus continuas borracheras, pero no eran, ni mucho menos, los únicos libertinos. Los jóvenes disolutos, miembros de la aristocracia o bien de la alta burguesía, parapetados tras sus privilegios, se unían en clubs que constituían auténticas tribus urbanas que en ocasiones se adentraban en lo criminal en su recorrido por los bajos fondos de Londres. Estos grupos tenían cada uno su propio nombre: Muns, Hectors, Scowrers, Nickers, Mohocks, y los tristemente célebres en tiempos de Carlos II: los Baller. Todos ellos actuaban con violencia y se entregaban a comportamientos sexuales sórdidos y desenfrenados sin respetar ningún código ético. 

Algunas damas, por cierto, también formaban parte de estos clubs. Pepys cuenta cómo “la sociedad conocida con el nombre de los Baller se había formado con algunos jóvenes calaveras, entre los cuales figuraba… Lady Banner, condesa de Arlington, con sus damas de compañía y sus doncellas. Allí se bailaba como Dios nos echó al mundo, entregándose a los mayores excesos. Todo está permitido a esta aristocracia abyecta. Es un carnaval de Venecia desenfrenado, aullando, sin el Consejo de los Diez y su terrible policía.” 

La condesa de Castlemaine se daba de puñetazos con la señorita Stewart en presencia de toda la corte, porque su rival había sido vista un día devorada a besos por el rey públicamente y por espacio de media hora. 

El conde de Oxford estaba enamorado de una actriz, y como ella no quería acceder a sus pretensiones sin matrimonio previo, el conde hizo que un trompeta de su regimiento se disfrazara de sacerdote y simuló una ceremonia. A la mañana siguiente abandonaba a la burlada “esposa”. Ella acudió ante el rey para quejarse del agravio, y obtuvo una pensión de mil escudos a modo de reparación mientras toda la corte, y el soberano el primero, reían a mandíbula batiente la ocurrencia de aquel sinvergüenza. Con tanta tolerancia por parte de las altas esferas, el asunto estaba abocado a alcanzar límites peligrosos. 

Carlos II

Buckingham, enamorado de la condesa de Shrewsbury, simplemente la tomó de la mano y la condujo a su hogar en pleno día. Una vez allí, metió a su esposa en un carruaje y la invitó a retirarse a casa de su padre. El marido de la condesa, nada complaciente con aquella irregularidad, perdió la vida a consecuencia de las heridas recibidas en el duelo que tuvo lugar para solventar el asunto. Cuentan que la propia condesa de Shrewsbury, disfrazada de paje, sujetaba las bridas del caballo de Buckingham mientras este se batía con su esposo, y que el vencedor se jactaba de haber recibido los favores de su amante antes de despojarse de las prendas cubiertas aún por la sangre del conde malherido. 

No fue, ni mucho menos, el único escándalo de Buckingham. En otra ocasión se disfrazó de hostelero y atrajo a su supuesta hostería a un puritano con reputación de ser avaro y celoso. Mientras él lo emborrachaba, su amigo Rochester, vistiendo ropas de aldeano, entró en la casa del hombre, adormeció con opio a su hermana y raptó a la esposa. La mujer lo acompañó llevándose consigo el dinero del marido. Cuando Rochester se hubo divertido lo suficiente, se la traspasó a Buckingham, y finalmente este la abandonó en las calles de Londres. Como despedida le dejó un consejo: que volviera a casarse. El hombre burlado, al volver a casa y ver que su mujer había huido dejando el cofre vacío, pasó la noche delirando y se ahorcó al amanecer. 

Rochester, poeta erótico y vividor, es precisamente el compendio de todos los vicios y locuras de esta que fue dada en llamar la Era del Libertinaje. El obispo Brunet, que escribió su vida para redención de pecadores, afirma que durante cinco años no hubo ni un solo día en el que se encontrara sobrio. Incluso el rey se hartaba de él de vez en cuando. Entonces lo desterraba, pero estas temporadas eran para Rochester como vacaciones en las que se entregaba a nuevos desenfrenos. “Se divertía disfrazándose de lacayo o mendigo, persiguiendo a mujerzuelas de baja estofa, que prefería a las de rango, por la variedad que aportaban a sus placeres. Otras veces, solo por gusto, se ponía disfraces raros, fingiendo tan perfectamente los personajes que aun los mismos que lo sabían, dudaban.” 

Rochester

Durante una de sus representaciones, haciéndose pasar por un charlatán extranjero y bajo el nombre de Alejandro Bendo, se puso a pregonar en plena calle. Repartía folletos que decían lo siguiente: 

“Curo, principalmente, esas enfermedades en las que tanto se recomienda la discreción. He visto recetas tan escandalosas como las del Aretino en sus famosos Diálogos. En las mías no hay nada de esto. Solo hallaréis remedios fáciles contra los sofocos, agitaciones nerviosas, los insomnios y otros accidentes que engañan a la mujer haciéndole creer que su corazón está en peligro, cuando, gracias a Dios, el mal no tiene relación alguna con aquel órgano.” 

Rochester, desde luego, hizo su agosto con esta farsa. Su consulta se llenó de gente durante tres meses. 

En 1663 Sedley y Buckhurst celebraron una noche de orgía que concluyó con ambos completamente ebrios; se desvistieron en el balcón de una taberna de Bow Street y, después de hacer un brindis ciertamente extravagante a la salud del rey, salieron desnudos a la calle. Los vecinos que aún dormían despertaron bruscamente de su sueño, aterrados por los gritos desaforados que iban profiriendo los juerguistas, amenazando a los transeúntes y atropellando a las mujeres. Consideraron divertido, incluso, colgar a una de ellas cabeza abajo. El asunto solo podía terminar de una manera: llegó el condestable y los metió en la cárcel. 

Pero fue entonces cuando se produjo el verdadero escándalo: el rey se ponía de parte de los caballeros libertinos; el condestable fue juzgado por haber tomado una medida tan drástica y condenado por abuso de autoridad. 

George Villiers, Segundo duque de Buckingham

Y es que Carlos II no se dedicaba precisamente a dar ejemplo de comportamiento sobrio a sus súbditos: un día se dedicó a escuchar canciones obscenas, y otro se hallaba tan embriagado que no pudo recibir al gran chambelán, quien solicitaba una audiencia con carácter urgente. Se encontraba en un estado tan deplorable que fue preciso trasladar al rey a su alcoba y acostarlo. 

Al no atajarse de raíz el problema de estas bandas, la situación se prolongaba aún en tiempos de la reina Ana, y los desmanes habían ido en aumento hasta convertirse en un grave peligro para la población. Los Mohocks fueron una de las últimas de estas bandas, y probablemente la peor. Fueron el terror de los londinenses a comienzos del siglo XVIII. Se dedicaban a mutilar a los hombres y violar a las mujeres. Según Lady Wentworth, “metieron a una anciana en un barril y la echaron a rodar colina abajo; a algunos les cortan la nariz, a otros las manos, y cometen barbaridades sin provocación previa. Dicen que son jóvenes caballeros; nunca roban el dinero a nadie.” 

El club tenía su propio presidente, que llevaba el título de Emperador de los Mohocks y se distinguía por una media luna tatuada en la frente. En 1712 la situación había llegado a tal punto que hubo de ser ofrecida una recompensa por su captura 

Otra de las bandas más temibles era la de los Hawkubites, activa entre 1711 y 1714. Cuando la oscuridad caía sobre Londres, estos desalmados salían en busca de sus presas. Golpeaban a mujeres, ancianos y niños, y, al igual que a los Mohocks, a veces se les iba la mano y llegaban a matar. 



Bibliografía:
Rakes, Highwaymen, and Pirates: The Making of the Modern Gentleman in the eighteenth century - Erin Mackie 
Mujeres en la corte inglesa – Tomas Murray y Leon Gozlan


32 comentarios:

  1. que pena haber llegado tarde a esa Inglaterra tan divertida...

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    1. Hay cosas que no son mi concepto de la juerga, pero bueno. Aun se podrá dar un poco de glamour al botellón y a los hinchas del Madrid y del Barça.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  2. Bonsoir Madame

    Bien dicen que el poder corrompe y que el poder absoluto ¡corrompe Absolutamente! Sería muy fácil decir que es preferible un gobierno republicano con un presidente elegido "Democráticamente", pero ya sabemos que tampoco es la solución.

    El rey de Inglaterra tuvo un sinfín de queridas, entre ellas la más conocida Nell Gwynn que hasta pelis se han filmado sobre su disoluta pero fascinante vida. Pero simultáneamente mantenía otra relación con otra aristócrata francesa llamada Louise Renée de Kéroualle, quien era odiada por el pueblo por ser católica.

    C'est la vie

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    1. Sobre la Kéroualle ya escribimos algo en su momento en el blog de la corte. Luis fue muy astuto al enviarle el "regalo" a su primo. Y el pueblo inglés tenía más razones que esa para odiarla.

      Feliz día del libro, monsieur

      Bisous

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  3. Pues nuestros botellones son un desfile de primera comunión en comparación con esa panda de salvajes. Y ¡ay de los pobres desgraciados! los que no tenían amparo en la Corte ,la ordinary people.

    Madame, el ser humano puede llegar a horizontes de abyección inimaginables. Cuando leo entradas como esta más defensora soy del Derecho como única garantía para defendernos contra esas època en las que la barbarie se adueña de la sociedad.
    Tenga usted un día espléndido en libros, rosas y paseos al ire libre sin temor de topar con un Mohock.

    Bisous

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    1. Ay sí, madame. Siempre pensamos eso de que la juventud no tiene remedio, ni valores, y que esto es terrible. Pero entonces echamos la vista atrás y nos damos cuenta de que, después de todo, hasta puede que tengamos suerte.

      Feliz día del libro también para usted.

      Bisous

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  4. ¡Y pensar que ni se le podía echar la culpa a las drogas que eran desconocidas! De joven leí una novela rosa sobre el affaire de Buckingham y Lady Shrewsbury, ahi lo ponían como algo muy romántico. Al menos Rochester tenía talento. Para más sobre el poeta aristócrata recomiendo el excelente filme "El Libertino" con Johnny Depp y Samantha Morton.
    Bisous

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    1. Madame, cualquier película de Johnny Depp será acogida con agrado por aquí, sin duda. Recuerdo que recurrí muchas veces a imágenes de El Libertino para ilustrar el blog de la corte, concretamente una parte sobre Péguilin y Mademoiselle.

      Feliz día del libro

      Bisous

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  5. Estos jovenes de antes ¿que vamos a hacer con ellos?

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    1. Menos resucitarlos, estamos abiertos a sugerencias.

      Feliz día del libro

      Bisous

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  6. Buenas tardes, querida Madame:

    Un profesor en la universidad solía decir que comparativamente, nuestra sociedad actual, aunque nos pareciera mentira, era mucho más mojigata de lo que parecía; sobre todo pensando en los excesos de la del siglo XVIII.

    Barbaridades como estas son inherentes a cierto tipo de hombres que nunca se van a extingüir, por mucho que nos las queramos dar de avanzados tecnológica y moralmente. Coincidimos con Amaltea en que es el derecho el único refugio contra los desmanes de esta gente.

    Nos ha encantado su historia de hoy. Siempre nos engatusa con su fantástico hechizo. Un saludo y pase buena tarde.

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    1. Pues imagínese que encima se condenara al juez por osar juzgarlos, como sucedió entonces.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. Hoy diríamos que son diversiones gamberras de niños ricos, pijos sin moral ninguna como las de aquellos que prendieron fuego al mendigo en un cajero.
    Un saludo.

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    1. Así es. Solo que en aquel tiempo estaban más protegidos por sus privilegios.

      Buenas noches y feliz día del libro

      Bisous

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  8. Hola Madame:

    Sabe que viví un tiempo en el Reino Unido. Siempre he tenido la impresión de que algunos jóvenes ingleses tiene doble moral: Ciuando están en su país se comportan como todos los jóvenes de su edad en cualquier país, pero cuando salen de allí...Es terrible su conducta.

    La entrada me ha recordado esté pensamiento. La última vez que estuve en Canarias, me recordó esto que le comento...

    Besos.

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    1. Pues imagínese lo que debía de ser tenerlos en su propio país completamente desinhibidos y además protegidos por el poder. Un horror.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  9. Debe ser algo atávico, solo que ahora como dice Manuel vienen a Salou a divertirse. Claro ya no esta Carlos II para protegerlos.
    Beso su mano.

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    1. No, al parecer ahora para protegerlos ya están los españoles, que encima hasta les dan las gracias. Vivir para ver, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  10. Es tal cual se ha dicho.Depravados ha habido en todos los tiempos. Esto sucede en épocas sin justicia y de poderes absolutos. Hasta ahora no se ha inventado nada mejor que la división de poderes y lss constituciones con sus derechos y garantías al ciudadano..Dios nos las conserve a todos . Besitos. Claudia.

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    1. Sin embargo, madame, frecuentemente observamos que el problema sigue ahí, y no hay modo de acabar con él. Parece consustancial al ser humano, que no puede despojarse del australopiteco que fue.

      Buenas noches

      Bisous

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  11. Podriamos decir que exceptuando a las tres mujeres - la primera Lizzie, Anna y Victoria- y en medio de sus reinados, los ingleses no ganaron ni para sustos con los reyes que le tocaron en desgracia.

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    1. Ana también se vio ante el mismo problema, y completamente desbordada. En sus tiempos el problema precisamente se había agravado, alcanzando cimas antológicas.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  12. Angelitos, qué bien se lo pasaban. De buena se libró la hermana del rey español, Felipe IV cuando Carlos II vino a buscarla a España, pero se tuvo que marchar sin conseguirla.

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    1. Él también se libró de un buen aburrimiento a su lado. Pero en sus tiempos las cosas aún no eran tan desmadradas. Todo surgió a raíz de la Restauración, después de la asfixia de Cromwell, que casi no permitía ninguna diversión porque todo lo consideraba pecaminoso. Salieron disparados como el corcho de la botella de champán.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  13. Claro: al no tener otras distracciones los pobrecillos pues a desbordarse que total para el castigo que les caia valía la pena...que cinismo.Pués comparando los tiempos y en la era en que vivimos mucha tecnología pero por lo que veo no hemos descubierto nada en cuanto a las miserias humanas... con la agrabante de que eran aristócratas que si lo hubiera hecho un ciudadano normal; con decir que era un bárbaro y encima a pagar por sus actos.Dios los cria y ellos se juntan.

    Un abrazo madame.

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    1. Pues claro, de eso se valían. Abusaban de sus privilegios y eran prácticamente intocables.
      Hoy, en cambio, hay veces en que es todo el mundo quien parece intocable. Qué difícil es conseguir a veces que la justicia actúe.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. Vaya con la corte disoluta de Carlos II, madame.Tanta Guerra Civil, tantas muertes para llegar a esta restauracion en la figura de Carlos II, el cual no se acordaba como murio su antecesor. Menudas orgías que se gastaban, y pobres ciudadanos de a pie que caian en las garras de semejante nobleza.
    Un fuerte abrazo, madame.

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    1. Sí se acordaba, monsieur. Y en lo político se caracterizó siempre por su prudencia. Pero el pueblo, curiosamente, lo amó tanto como detestó a su padre, que al menos en ese aspecto era hombre íntegro y decente. A veces también es difícil entender al pueblo.

      Feliz día

      Bisous

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  15. Sinceramente, Madame, no me esperaba tal grado de depravación. Creo que nunca hasta este momento le había puesto todo su significado a la palabra libertino, pero sin dudas es mucho más de lo imaginado.

    Bisous.

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    1. Así es, monsieur. Creo que todo es lícito cuando las personas que intervienen están todas de acuerdo y es su gusto hacer lo que sea, pero cuando a alguna de ellas se le impone el papel de víctima para que otro se divierta, entonces el asunto es repulsivo e intolerable.

      Feliz día

      Bisous

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  16. uf, a mí me ha puesto de muy mal humor. la impunidad es lo que tiene. cuando una casta se siente impune a todo, puede hacer lo que le de la gana porque el mismo rey es partícipe de la misma idea, todo esto es posible.
    me aterraría haber vivido a expensas de esos pijos y sus 'depravadas ideas'.
    y lo peor, me asusta que eso no pueda volver a pasar.

    buen miércoles, madame.
    bisous!

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    1. Efectivamente, monsieur. Me pregunto si al fin y al cabo no está pasando en mayor o menor medida. Quien tiene dinero y puede pagar buenos abogados, también puede tener hijos que queman desde coches hasta mendigos, y casi nunca pasa nada.

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)