sábado, 20 de abril de 2013

La cobardía de Gastón de Orleáns

El marqués de Cinq-Mars

Henri Coiffier de Ruzé, marqués de Cinq-Mars, era hijo de un buen amigo de Richelieu. Cuando contaba tan solo 12 años, Henri perdía a su padre, y el cardenal lo tomaba bajo su protección. Siete años más tarde Richelieu situaba al bello y brillante joven al lado del rey, como una estrategia para contrarrestar la excesiva influencia que Marie d’Hautefort ejercía sobre Luis XIII. Esperaba que Cinq-Mars se convirtiera en el favorito del monarca para así contar el cardenal con un instrumento más de poder. Totalmente sometido a sus directrices, la misión del marqués sería, principalmente, mantener entretenido al rey mientras el cardenal gobernaba Francia. 

Luis, desde luego, cayó de inmediato fascinado por el joven Henri, pero los cálculos de Richelieu resultaron errados, porque no iba a encontrar en el marqués al cortesano complaciente que esperaba. Cinq-Mars encontraba sumamente fastidioso permanecer al lado del rey, tan conocido por su austeridad, cuando él prefería entregarse a sus conquistas femeninas y los placeres de una vida disipada. En privado se burlaba de Luis XIII, y estando la corte en Saint-Germain se escapaba por las noches a París para ver a la famosa cortesana Marion Delorme, como cuenta Montglat en sus memorias: 

“A menudo hacía estas solitarias galopadas por miedo a que el rey se enterase; y así no tenía hora para dormir, porque era preciso que todo el día estuviese junto al monarca. Y este trabajo, unido al que le procuraban las noches junto a la damita, lo debilitó hasta tal punto que siempre estaba de mal humor; lo que hacía creer al rey que se aburría con él, y esto renovaba sus querellas, en las que el cardenal siempre era mediador”. 

María Luisa de Gonzaga-Nevers

Pero Cinq-Mars mostraba al mismo tiempo una gran ambición. Deseaba casarse con María Luisa de Gonzaga-Nevers, y para aspirar a su mano le era preciso conseguir un ducado, de modo que se aplicó a la tarea de agradar al soberano. Su carrera comenzó a ser meteórica. Al poco tiempo de su llegada era nombrado escudero mayor, y Richelieu se puso en guardia: al parecer la ambición no era incompatible con la juventud de su protegido, que se fijaba metas demasiado elevadas. El cardenal comprendió que en lugar de un aliado debía ver en él más bien a un rival, y se opuso a ese matrimonio, una unión que aumentaría alarmantemente su poder. 

— No creo que la princesa María olvide su alcurnia para seguir a un advenedizo —sentenció. 

Cinq-Mars jamás se lo perdonaría. 

El marqués comenzó a relacionarse con el duque de Bouillon y con Gastón de Orleáns, el hermano del rey, ambos enemigos declarados de Richelieu. Otro de los cortesanos con los que se relacionó por esas fechas fue un consejero de Estado llamado François Auguste de Thou. Cuando la duquesa de Chevreuse, amiga de Ana de Austria, partió al exilio, de Thou hizo las veces de intermediario en la correspondencia secreta que ambas mantuvieron. Richelieu se enteró, y aunque el consejero logró aplacarlo, ya nunca pudo recuperar la confianza que en otro tiempo había depositado el cardenal en él. Y como había llegado a ser imposible prosperar mientras Richelieu se mantuviera en el poder, de Thou entró en la liga que se había fijado como objetivo lograr su destitución. 

Varias veces estuvo Luis a punto de ceder y firmar la orden de destierro de Richelieu, pero entonces tomaba conciencia de que él solo no sería capaz de afrontar las tareas de gobierno, e invariablemente se volvía atrás. Viendo que el rey no se resolvía a apartar a su ministro, concibieron el proyecto de recurrir a España, que les proporcionaría tropas para apoyar la conspiración. 

Richelieu

El cardenal se hallaba por entonces en el Languedoc para reunirse con el ejército, pero, siempre bien informado, sus espías pusieron en su conocimiento el tratado. Richelieu lo presentó al rey, y con ello la suerte de los conjurados estaba echada. 

Luis XIII dio orden de prender a Cinq-Mars, pero no podía hacer lo mismo con su propio hermano, Gastón de Orleáns, que haciendo gala de su proverbial cobardía se apresura a renegar de sus amistades y escribirle a su enemigo el cardenal en los siguientes términos serviles: 

El rey, mi señor, me ha hecho el honor de escribirme cuál ha sido por último el efecto de la conducta de este ingrato Monsieur le Grand [título que se le daba a Cinq-Mars como escudero mayor]: es el hombre más culpable del mundo por haberos desagradado después de tanto como os debe. Los favores que recibía de Su Majestad me han hecho siempre guardarme de él y de todos sus artificios; pero bien habéis visto, y estoy seguro de ello, que si he tenido algunos miramientos con él ha sido solo superficialmente, reservando para vos mi estimación y mi amistad sinceras; y como sé que os estoy nuevamente obligado por el honor que me ha hecho Su Majestad al darme el mando de su ejército en la Champaña, os ruego creáis que jamás podréis tener un amigo más verdadero y fiel que yo, ni que sea con mayor sinceridad y ardor vuestro afectísimo 

Gastón.

Y no olvidó escribir a todos los amigos de Richelieu para que intercedieran por él ante el cardenal. Pero, consciente de que toda su mansedumbre en esos momentos no podría hacer olvidar las pruebas que había en su contra, se decidió a hacer una confesión traicionando a sus compañeros, tal como tenía por costumbre. Gastón tomó de nuevo la pluma y escribió lo siguiente: 

Gastón de Orleáns

Gastón, hijo de Francia, hermano único del rey, duque de Orleáns, penetrado de un verdadero sentimiento por haber faltado a la fidelidad que debo al rey mi señor después de tantos testimonios como he recibido de su extremada bondad, y deseando de todo corazón hacerme digno de la gracia y perdón que Su Majestad ha tenido a bien prometerme por medio del abate de la Rivière, le confieso sinceramente todas las cosas de las que soy culpable y de las que tengo conocimiento. 

Declaro y confieso a Su Majestad que desde el viaje de Amiens del año pasado fui solicitado y requerido muchas veces por M. le Grand para entablar inteligencias con él a fin de derribar al señor cardenal, a lo cual me resistí en un principio; pero habiéndome asegurado después en otra entrevista que poseía la entera confianza del rey, y viéndome apremiado para ir al viaje del Languedoc… entré en tratos con él con menos reparos desde que me aseguró la cooperación de M. de Bouillon y que me daría Sedan por retiro en caso necesario. 

Algunos días después, en una entrevista con M. le Grand y M. de Bouillon resolvimos, para poner en práctica nuestros designios, que M. le Grand permaneciese cerca de la persona del rey y yo me retiraría a Sedan con M. de Bouillon; que haríamos un tratado con España, cuya principal cláusula sería la paz general para atraer al pueblo a nuestro partido; que mientras el rey estuviese en Perpiñán entraríamos en Francia con las armas en la mano proponiendo la paz. Pero este proyecto no fue llevado a cabo por no haberlo juzgado necesario M. le Grand, persuadido de que podría igualmente lograr sus fines sin ese inconveniente. 

Sin embargo, como la proposición de hacer un trato con España quedó más bien aplazada que desechada, puse en manos de Fontrailles, en París, el pasado mes de enero, dos firmas en blanco con mi nombre solamente en un papel para hacer de él dos cartas, una dirigida al rey de España y la otra al conde-duque. Dichas firmas en blanco fueron llevadas por Fontrailles según este me ha dicho y lo creo cierto, puesto que recibí respuesta a dichas dos cartas de petición. 

En ellas se pedía un ejército de doce mil hombres de infantería, cuatro mil caballos y tropas veteranas de Alemania y dinero para armar gente en Francia. Había algunos otros artículos para mi subsistencia y para obtener cartas para mi retiro en todas sus plazas, en caso de que yo tuviese necesidad. Había también otro artículo para la subsistencia de dos grandes señores que no aparecían mencionados de otra manera, pero que efectivamente eran M. de Bouillon y M. le Grand. 

He hablado dos veces de este asunto en París a M. de Thou, a quien hallé enterado… Después Fontrailles vino a buscarme a Chambord para decirme que los negocios de M. le Grand iban mal, y que era preciso mirar por nuestra seguridad, en vista de lo cual envié al conde Ambijoux a Saboya a fin de pedir a M. de Bouillon una carta para que me recibieran en Sedan, carta que me envió. 

Después de esto me despachó M. le Grand un correo para decirme que se hallaba en malas relaciones con el rey, y me pedía opinión sobre lo que convenía hacer. Le respondí que estuviese en Molins en Gilbert el 4 de julio y se retirase conmigo al condado y desde allí a Sedan, pero el correo se encontró con que estaba ya preso. 

Si además de todo esto se encuentran algunas negociaciones directas o indirectas entre Montresor y M. de Thou, o entre otras personas, las he desaprobado como hechas sin mi conocimiento. 

Protesto ante Dios y suplico humildísimamente a Su Majestad que crea que la presente declaración que le hago es muy sincera y verdadera, y esto es todo aquello en lo que he tenido parte y ha llegado a mi conocimiento… por todo lo cual pido humildemente perdón a Su Majestad. En testimonio de lo cual escribo y firmo la presente de mi mano, mandando a mi secretario que la refrende. Hecha en Ayguepense a 7 de julio de 1642.

Bajo las firmas se lee “a la vuelta”, y en el dorso de la hoja hace un añadido: 

“Después de haber escrito lo anterior he recordado que había omitido la respuesta que me dieron de España, que fue que tendrían el ejército mencionado el 1 de julio, que me darían 400.000 escudos para armar gente en Francia… El tratado me lo trajeron a Blois firmado por el conde-duque, y no habiéndolo querido yo firmar, lo he conservado hasta que Monsieur le Grand fue arrestado. Entonces lo quemé. Yo debía haber enviado la ratificación a don Francisco de Mela, lo que no hice…” 


14 comentarios:

  1. Que individuo tan infame este Gastón. Su única gracia fue se el padre de La Grande Mademoiselle.
    Bisous, Madame, y feliz fin de semana.

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  2. De un bellaco semejante no puede esperar nadie nada bueno. Si es capaz de traicionar a su propio hermano y a su propio país, al recurrir a tropas extranjeras, es de tontos volver a confiar en él.
    Un saludo.

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  3. ¡Cuánta felonía en Gastón de Orleáns, duque de Orleans! Su ambición sin fronteras le lleva a no atajarse ante ningún tipo de traición y encima, para recuperar la confianza perdida lo hace acusando a sus inmediatos colaboradores. ¡Cuántas veces se repiten estos personajes en la historia!

    Bisous.

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  4. Richeliu y sus estrategias para llevarse el mejor bocado en este caso nunca mejor dicho que :en la caridad entra la peste.Aparte que de que su protegido Cinq Mars le salio ambicioso y cínico se junto con otro que no tenía desperdicio cómo el duque de Orleans.

    Madame esto es una espiral de intrigas e intrigantes y así terminó.

    Que disfruteis de un tranquilo fin de semana madame!

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  5. Nuevamente las faldas perdieron a este cortesano de gozar una vida plácida junto a Luis XIII y los cálculos de Richelieu no fueron los acertados ni los esperado por el todopoderoso valido. Buen fin de semana, madame. Bisous.

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  6. Hola Madame:

    Despreciable...Realmente no encuentro otro calificativo...Intrigas van y vienen...Y no terminarón con este rey...

    Besos madame

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  7. Desde luego cuando la ambición y el poder no tienen límites suele suceder que se pierde más que se gana. Aparecen adversarios por doquier. Y la verdad que tampoco Richelieu tuvo un buen ojo. El caso es que la traición siempre hace a un ser más despreciable por muchos valeres que tenga.
    Bisous y buenas noches

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  8. Qué peligroso individuo, un auténtico trepa que unido a la acostumbrada manía en esa época de intrigar, hasta para ir a comprar el pan, augura episodios de defenestraciones y entretenidas maledicencias con graves efectos colaterales.

    Buenas noches y bisous

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  9. Conforme iba leyendo me iba dando cuenta de lo poco original que iba a ser en mi comentario, pues todo que lo que se me iba ocurriendo estaba seguro que ya iba a estar dicho.
    Así ha sido.
    Beso su mano.

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  10. Buenas noches, querida Dame:

    El poder tiene estas cosas, que corrompe más que el dinero, la vanidad o el sexo. Aquí además se juntaron una pandilla de crápulas de mucho cuidado junto con un rey bastante incauto.

    Gran relato, como siempre. Un saludo y que descanse.

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  11. No puedo más que retiterar la opinión de aquellos que me anteceden: ¡qué criatura más despreciable ha venido a engrosar esta corte plagada de intrigas! Desde luego en aquella época era preferible meterse en un nido de víboras que confraternizar con la alta alcurnia francesa.

    Bisous, madame.

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  12. Con hermanos asi el rey no necesitaba de enemigos, tenia el mejor en su propia familia. Que gusto leer todas estas historias. ya sigo en breve.

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  13. Esta gente vivia clavandose cuchillos en la espalda sin piedad. No era un ambiente muy grato para vivir por lo visto esas cortes envenenadas de ambiciones, y encima sin agua corriente ni caliente.

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  14. ¿y qué le hubiera pasado si no hubiera firmado la carta de su confesión y delación? ¿le hubiera costado la vida? un destierro, quizás, o ser apartado de la corte, pero no creo que se lo hubieran quitado de en medio...¿no?
    en todo caso, le tuvo que ver las orejas al lobo para semejante trino florido.

    buen comienzo de semana, madame!
    bisous!

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)