lunes, 1 de abril de 2013

Damas enmascaradas


A partir del siglo XVI era habitual en Francia que las damas de calidad llevaran máscara a fin de proteger la blancura de su cutis contra los rayos del sol o para preservar el anonimato durante sus desplazamientos. La costumbre era alzar la máscara cuando la dama se cruzaba por la calle con una persona conocida, y la etiqueta obligaba a despojarse de ella cuando se entraba en un domicilio

Había dos modelos diferentes. Uno era la máscara propiamente dicha, de forma oval, que cubría todo el rostro desde la frente hasta el mentón. En lugar de atarse se sujetaba con la boca -según muestra la imagen más abajo- valiéndose de una especie de botón o cuenta de madera que se colocaba entre los dientes. Solían confeccionarse en terciopelo forrado de raso, de paño o de cuero, y preferentemente en color negro, porque, como escribía en 1690 Antoine Furetière, “el negro del terciopelo de las máscaras hacía resaltar la blancura del cuello”. 


La otra modalidad era el antifaz, llamado loup (lobo). Solo cubría la parte superior del rostro. Según los diccionarios de los siglos XVII y XVIII, el origen de la palabra Loup se debería a que asustaban a los niños cuando las mujeres comenzaban a llevarlos. 

En Francia el uso de máscara se mantuvo en su apogeo durante los siglos XVI y XVII, para luego comenzar a declinar. Pero la costumbre pasó también a las colonias francesas en América. Encontramos documentos que acreditan que algunas damas de Quebec poseían su loup en esos tiempos. Como curiosidad, en 1703 el inventario de bienes de Marie-Anne Roberge, esposa del filibustero François Guyon, de Quebec, demuestra que el oficio de corsario podía llegar a ser muy lucrativo: la señora poseía dos máscaras y cinco loups, como la más encumbrada de las aristócratas francesas. 

El uso, por cierto, parece que no estaba reservado a las mujeres adultas, pues contamos con otro inventario en el que aparece un loup de terciopelo negro, una máscara de terciopelo de mujer y otra máscara infantil. 

Seguramente debido a que facilitaban los lances galantes, la moda no era muy del agrado del clero. En una carta escrita en Montreal en 1685 el barón de Lahontan denunciaba que había sacerdotes que velaban “con más celo la conducta de hijas y esposas que sus propios padres y maridos”. El barón afirmaba, con gran exageración, que las mujeres que llevaban máscara eran excomulgadas, y que los curas “acudían al lugar en el que se encontraban para desenmascararlas e injuriarlas”. Pero el conde de Frontenac pudo atestiguar que, afortunadamente, el desagrado del clero no llegaba en realidad a tales extremos. 

No era la Iglesia la única en posicionarse en contra. Algunos escritores norteamericanos, como Samuel Richardson, consideraban inmoral esta moda y, además, una “influencia extranjera” poco deseable. 

Y es que lo que comenzó siendo algo respetable y signo de refinamiento y distinción, fue desarrollando otros usos y connotaciones. Al final también las prostitutas las utilizaban para atraer nuevos clientes, de modo que una mujer se convertía en sospechosa de ejercer la prostitución si era vista en un parque con la máscara puesta. Ello fue la razón de que acabaran por ir cayendo en desuso. 

También en Inglaterra constatamos la presencia de las máscaras. Allí se denominaban vizards o visards, y parece ser que las isabelinas iban a veces forradas con cuero perfumado. El propio Shakespeare las menciona en Love’s Labour’s Lost. Contamos, además, con otros testimonios, como el de un mercader de Antwerp establecido en Londres en tiempos de la reina Isabel, que en 1575 anotaba que “las damas distinguidas últimamente se cubren el rostro con máscaras de seda o vizards y plumas”. 

Durante esos siglos fueron muy populares las mascaradas. De hecho constituyeron una de las principales diversiones de la corte tanto durante el reinado de Jacobo I como de Luis XIV. La celebración de estos bailes de máscaras favorecía los encuentros galantes con desconocidos, por lo que, según las memorias de la princesa de los Ursinos, a veces el Rey Sol mostraba alguna prevención para con su entorno: en 1701 Luis XIV intentó en vano disuadir a la duquesa de Borgoña de participar en una mascarada en la que “podría encontrarse expuesta a bailar con el primero que llegara, incluso un actor”. 

La opinión de los puritanos ingleses era aún peor, según nos consta por un escrito de Philip Stubbs que data de 1583. El caballero considera que “de ese modo profanan el nombre de Dios, y viven toda clase de voluptuosidades y placeres, peores que los que jamás hayan disfrutado los paganos”. 

Pero los bailes de máscaras no siempre eran una ocasión para propiciar la galantería. También servían de amparo a conspiradores. Tal fue el caso que llevó al asesinato del rey Gustavo III de Suecia. La fiesta tuvo lugar en la Ópera de Estocolmo el 16 de marzo de 1792. El monarca fue rodeado por cinco hombres vestidos de negro y recibió un disparo a quemarropa en la espalda. Gustavo fallecía días más tarde a consecuencia de las complicaciones producidas por la herida. El atentado inspiró varias óperas, entre ellas Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi.


Fuentes:
Cap-aux-Diamants : la revue d'histoire du Québec , n° 85, 2006
http://id.erudit.org/iderudit/7020ac
houseffg.org/belphoebe/Research/Masks/Index.html
http://www.anglistik.uni-kiel.de/tl_files/Englisches%20Seminar/Fachbereiche/Kultur-%20und%20Medienwissenschaften/Projekte/18th_century_london/masks.html


46 comentarios:

  1. Parece mentira que un accesorio tan simple pudiera causar tantos problemas, aunque creo que tiene cierta consonancia con lo que pasaba en el Reino de las Españas con los sombreros de ala ancha y la capa.

    De todos modos, menudo cuidado que había que tener con las connotaciones que fueron adquiriendo las máscaras con el tiempo.

    Nos ha parecido muy curiosa su entrada. Que pase una buena tarde, Madame.

    Sus amigos anónimos.

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    1. Sí, es verdad, los sombreros de ala ancha y la capa también dieron mucha guerra. Al final todo depende del uso que se le dé, o de lo que uno quiera pensar.

      Feliz tarde también para usted, monsieur

      Bisous

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  2. Muy curiosa la entrada y a propósito con este blog.
    La máscara es como la celosía: ver sin que se descubra la identidad de la persona que está detrás. Lo malo es el uso que se le pueda dar. No es lo mismo usar este artilugio en un juego de galantería y seducción que usarlo para ocultar oscuras intenciones. Hay también quienes no hacen uso de máscaras pero ofrecen con su sonrisa de dentrífico una imagen falsa de sus verdadera identidad.
    Un saludo.

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    1. Efectivamente, monsieur. Tiene mucha razón al decir que la máscara está a veces en una sonrisa falsa. Hay quien la lleva eternamente puesta, sin que lo parezca. Esa es la auténtica máscara, y no la que se ve.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Curiosa costumbre, eterno carnaval. Personalmente no creo que encontrase cómoda detrás tal invento. Ir con la cara descubierta evita confusiones.
    Reconozco que era un buen invento antes de la cirugía y el botox. jiji
    Bisous y feliz semana

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    1. En cambio yo, madame, no podría pasarme sin ella, ya sabe, jiji.

      Bueno, contra lo del botox de poco servía, habida cuenta de que ante un conocido o en un interior no se podía ir enmascarada. Era de mala educación, algo así como dejarse el sombrero puesto. Tan solo era un modo de no exponerse a la curiosidad de los desconocidos en la calle, además de protegerse de las inclemencias del tiempo.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  4. Qué decir, una dama y una máscara, siempre causan fascinación. Sobre esa moda de mantener el cutis lejos del sol. Muy saludable. Recuerdo un dermatólogo haciéndose esta pregunta: ¿Cuál es la parte del cuerpo dónde la piel está mejor conservada?
    Saludos.

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    1. A mí, desde luego, me fascinan las máscaras, como supongo que ya se habrán dado cuenta :)
      Lástima que se hayan pasado de moda en estos tiempos de usted!

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  5. Qué incómoda me parece la máscara que se sujetaba con la boca... Creo que prefiero la otra modalidad. Me recuerda un poco a la moda, como han dicho más arriba, del sombrero de ala ancha y la capa, que tantos problemas trajo luego en el siglo XVIII. E incluso también a la moda de las llamadas "tapadas" limeñas, propio de damas de alta sociedad que también acabó degenerando y adquiriendo otras connotaciones.

    Muy interesante entrada, pues siempre había asociado las máscaras al mundo del carnaval y el teatro, sin pensar que se pudiera deber a algo tan natural como querer tener el cutis blanco.

    Saludos.

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    1. Sí, a mí también me gusta mucho más el antifaz. Pero no solo se utilizaban para protegerse del sol, sino también del frío, que podía perjudicar igualmente la piel. De noche también se usaban.
      Ciertamente recuerda al sombrero de ala ancha y la capa, prendas que también encuentro fascinantes.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  6. bien, bien, ya me ha quedado claro qué tipo de máscara es cada cual, por si alguna otra vez me cuelo en una fiesta y me presento ante quien no debo... :)
    una interesante entrada, madame.
    bisous!

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    1. Eso, monsieur. Hay que tener mucho cuidado, no vaya a pasarle lo mismo de la última vez.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. Encuentro util y hasta sexi la moda de la máscara pero sujetarla con los dientes? Nunca.
    Bisous

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    1. Era un sistema muy práctico: de ese modo la dama no podía hablar públicamente con desconocidos, porque se le caería la máscara y sería notorio. Por otra parte, al saludar a un conocido automáticamente se soltaría, como era preceptivo. Eso evitaba un olvido contrario a los buenos modales.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  8. Siempre me han causado fascinación las máscaras y mascaradas, y si las portan mujeres, más. Me encantaría participar en una de esas grandes mascaradas de la corte, el aroma de seducción que propician las máscaras es incomparable. Ese punto en el que están a medio camino entre la aristócrata y la prostituta, como símbolo de la decadencia y la corrupción de la alta alcurnia, me resulta francamente cautivador e inspirador.

    Fabulosa entrada, Madame. ¡Buenas tardes!

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    1. Esas mascaradas son una de mis pasiones, monsieur. No en vano he adoptado este nombre. Adoro las máscaras barrocas, me resultan igual de cautivadoras e inspiradoras que a usted.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz tarde

      Bisous

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  9. Hola Madame:

    Me ha agradado mucho esta entrada. No soy fan de los disfraces, pero siempre me ha llamado la atención los antifaces. Me parece que la máscara que se mantiene con la boca era algo incómoda (o mucho).

    Besos Madame

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    1. No, al parecer no era incómoda. Y de ese modo podía ponerse y quitarse en un instante. Encontraban más engorroso tener que andar atándola y desatándola cada vez que se encontraban a algún conocido.

      Feliz tarde

      Bisous

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  10. Es un asunto del que usted sabe tanto, como usuaria, que no le habrá resultado difícil escribirlo. Me pregunto que, si me cruzase con usted, señora, podría ver su rostro, quizás.
    Beso su mano.

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    1. Está usted en lo cierto: el artículo lo escribí en un suspiro :)

      Monsieur, por supuesto. Sería preceptivo quitarme la máscara para saludarlo a usted.

      Feliz tarde

      Bisous

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  11. Muy interesante Madame.

    Es verdad que el uso de máscaras puede simular un encuentro amoroso o un crimen. Cuantas cosas que desconocía y me sorprenden. Me pregunto: ¿Por qué las personas mayores no podían usarlas?
    Tal vez miedo de que algún caballero, cometiera el error de interesarse en una dama que al quitarse la máscara fuese su abuelita....

    Un abrazo y buena semana.

    mariarosa

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    1. Sí, las mujeres mayores también podían usarla. Todas las mujeres, incluyendo a las niñas. Los que no las usaban eran los hombres, excepto en mascaradas y en el teatro.

      De todos modos, en un principio eran solo las aristócratas las que tomaban tal medida como un modo refinado de proteger su cutis y un modo recatado de no exponerse a la curiosidad de extraños. Con el tiempo se le fue viendo otras utilidades, puesto que resultaban ciertamente estimulantes, digamos.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  12. Signo de distinción las máscaras y antifaces acabaron por pasar al estante de aditamentos pasados de moda. Seguro que en algún momento de la Historia resurgieron con nuevos bríos, sobre todo en los siglos XVIII y XIX. De todas formas, madame, la forma de llevar la máscara, con un botón en los dientes, eran un tanto incómodo. No dejaba lugar para hablar y eso le restaba un pòco de picardía, ¿verdad?
    Un beso

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    1. Se trataba precisamente de no dejar lugar para hablar con desconocidos. De todos modos, yo prefiero el coqueto loup, mucho más cómodo. Lo encuentro más atractivo.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  13. Estoy con vos; me parece mas atractivo el loup.Aunque me parece una incomodidad el solo hecho de taparse el rostro.El tener la piel blanca y en este caso el rostro junto con las manos siempre ha sido un toque de distinción ya que la inmensa mayoría de mujeres eran campesinas o hacian trabajos rudos.

    Nunca se acuesta una sin aprender algo nuevo.Muchas gracias madame por compartir esta entrada tan interesante.

    Besos.

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    1. Sí, es cierto: la razón por la que en ciertas épocas se apreciaba la blancura de la piel era precisamente porque eso las diferenciaba de aquellas mujeres que debían trabajar al sol. Hoy día, como ya no tiene sentido, cuanto más tostaditas mejor.
      Pero no, a mí no me parece nada incómodo el loup :)

      Gracias a usted, madame

      Buenas noches

      Bisous

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  14. El gusto por la máscara, no solo para proteger la piel, pues tenía su sentido en una sociedad en la que las mujeres debían preservar su reputación. No ser vistas o reconocidas cuando tenían amoríos era también un motivo más para el cortejo.
    Madame, algunos antifaces y máscaras son preciosos y nos recuerdan el gusto de los seres humanos por disfrazarnos alguna vez, ser o aparentar otros, o ponernos en la piel de quien no somos.

    Buenas noches y pase usted una buena semana.

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    1. Un juego que apasiona especialmente a esta hija de Molière, madame. Preciosas las máscaras y fascinante su uso y cuanto puede dar de sí.

      Buenas noches

      Bisous

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  15. ¡Madre mía, cómo cambian los gustos a lo largo del tiempo! De esas pieles blanquecinas, casi enfermizas, al tostado de la actualidad que se suma al descocado de los cuerpos al sol tapándose a penas el mínimo común múltiplo:
    1) minimo, pequeño.
    2) común, todas las personas tienen genitales.
    3) múltiplo, o reproductor de múltiples.

    Como siempre, Madame, ha sido muy gozoso leer vuestra crónica histórica.

    Bisous

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    1. Me encanta el ingenio con el que juega usted con las palabras, monsieur. Acaba de dejarnos nuevamente un buen ejemplo, y mire que está bien traído eso del mínimo común múltiplo.

      Buenas noches

      Bisous

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  16. Lindas ambas entradas,esta y la anterior. Se nota que le ha hecho bien el descanso, ha retornado con espíritu divertido. Las notas lo son y se agradecen. Besitos. Claudia.

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    1. Gracias, madame. Unos días de descanso no vienen mal. No pudo ser tal descanso en realidad, pero al menos parcialmente sí.

      Feliz día

      Bisous

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  17. Empezaron como 'protector solar', pasaron por la prostitucion, la sospecha, y terminaron en el asesinato; hoy en dia en el asalto de bancos. Vaya usos que han tenido las mascaras.... sus creadores no lo hubieran pensado jamas.

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    1. Sin olvidar su utilidad en fiestas y escenarios. Las máscaras son ricas en matices, muy útiles. Por eso suelo llevarlas puestas :)

      Feliz día, madame

      Bisous

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  18. No conociía estas costumbres, son curiosas, si; además, las veo muy útiles, pues protegían mucho y no eran facilmente reconocibles, de ahí su imposición en la sociedad. Bisous, madame.

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    1. Efectivamente. Una dama ha de ir siempre enmascarada en determinadas circunstancias, tal como conviene a su reputación. Yo no me olvido, como verá :)

      Feliz tarde

      Bisous

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  19. Aunque me considero una entusiasta y curiosa estudiosa de todo lo relacionado con la historia de Inglaterra debo reconocer que me mantenía en la ignorancia en lo concerniente a este asunto de las máscaras (asunto que dicho sea de paso me parece bastante ridiculo pues ir todo el rato sujetando la máscara con los dientes no podía resultar cómodo en modo alguno). Soy consciente de la obsesión de entonces por el cutis blanco, pero tanto como para llegar a enmascararse... en fin, será que mi repelús por las máscaras proviene de la terrible época de la peste en la que los médicos llevaban aquellas máscaras narigudas horrorosas.

    ¡Cómo se tirarían de los rulos los nobles al comprobar cómo hasta la plebe hacía suya una moda creada exclusivamente por y para la aristocracia jjajajajajaja! ¡Y cómo se haría de cruces el clero ante un método que fomentaba la perversión!

    Bisous, Madame.

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    1. El propio Shakespeare menciona esas máscaras, y aún siguieron en boga durante el XVIII.
      Pero, contra lo que nos pueda parecer, no eran incómodas, según los testimonios que nos llegan. Por el contrario, se encontraban sumamente prácticas, razón por la cual preferían no atarlas. De haber sido incómodo, no tendría sentido elegir ese sistema en lugar de simplemente atarlas.
      Posteriormente, con las mascaradas y demás, el sistema se modificó y ya comenzaron a atarde, para poder hablar con ella puesta.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  20. Hay modas verdaderamente extravangantes, como ésta. De todos modos, el uso de la máscara, si no de esta manera tan extendida, ya era anterior, al menos la usaban quienes querían ocultar un defecto físico (por ejemplo, las huellas dejadas en el rostro por la sífilis o enfermedades semejantes). Lo digo porque precisamente a finales del siglo XV, el duque de Gandía fue asesinado en Roma. Había salido de casa de su madre, donde había cenado, con una escolta y un amigo montado en la grupa. Ese amigo llevaba una máscara que no se había quitado en toda la cena, de modo que sus familiares nunca supieron quién era aquel sujeto que debió contribuir al asesinato.
    El hecho de que cenara con la careta puesta y sin que a nadie le extrañase especialmente ni incomodara a la anfitriona ni a otros comensales me hace pensar que no debía ser la primera vez que alguien se cubría el rostro de esa manera.
    Estupendo post, madame. Beso su mano.

    Besots.

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    1. Claro, el uso de la máscara era anterior, especialmente en Italia. La novedad es que ahora era solo para las damas, y por motivos bastante inocentes y recatados, incluso de distinción. Pero hubiera sido una grosería imperdonable que la dama se encontrase en presencia de conocidos, o simplemente en el interior de una vivienda, con la máscara puesta.

      Pero por qué extravagante, madame?? Yo lo encuentro tan natural! :))

      Buenas noches

      Bisous

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  21. Muy interesante esta entrada sobre las máscaras, desconocía que fuera de uso común, siempre lo había relacionado con el carnaval y los bailes.
    Un saludo.

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    1. Pues ya ve usted que no siempre fue así, o no solo así. Claro que el uso que aquí destacamos estaba reservado solo a las damas, quedando excluidos los caballeros.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  22. Me mate de risa con el comentario de que eran utiles antes del botox y las cirugias. muy bueno y ocurrente. Por aqui, ni se llegaron a usar, los españoles y ademas del culo del mundo como nos toco en desgracia o suerte, no las permitian.
    Hasta las crinolinas del siglo XVIII fueron prohibidas por los cabildos por los movimientos sinuosos de los aros.... imaginese que aburrimiento era la vida por aqui.

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    1. Las máscaras no pertenecen a la misma época que las crinolinas. No me imagino a las españolas con máscara durante el siglo XVII, porque se les estropearía todo el excesivo maquillaje que llevaban. Fiestas sí que había en ese siglo, y muchas. Y carnavales.

      Pero lo del miriñaque que usted me dice, me extraña mucho, porque en España, tal como atestiguan los retratos, sí que se llevaban. Se introdujeron durante el reinado de Isabel II, y eran realmente desmesurados.

      Y digo que me extraña, además, porque en la época de las crinolinas Argentina era una nación independiente, y no se encontraba bajo la autoridad española.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  23. Siempre había asociado las máscaras a los carnavales y hoy veo que es algo más, otro interesante post del que he aprendido algo nuevo.

    Bisous

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    1. Hubo un tiempo en que formó parte de la vida cotidiana de una dama. Era, simplemente, algo decoroso y al mismo tiempo práctico, al ayudar a proteger el cutis.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)