martes, 30 de abril de 2013

Cartouche: historia de un bandolero (III)


Marie-Jeanne Roger, a quien llamaban la Venus, o la Grande Jeanneton, era una bonita joven, vendedora generalmente de frutas, a veces de flores y siempre de favores. Era, además, una ladrona experta, y tal vez la mujer que más amó a Cartouche, aunque no su única conquista. El bandido también había logrado el amor de Marie-Antoinette Neron, con la que alguno de los biógrafos afirma que contrajo un “matrimonio casi legítimo” celebrado con una orgía en la taberna de El Pequeño Sello. Otra de las amantes de Cartouche fue Marion Le Roy, que vendía hierbas en las calles, y una cuarta fue la dueña de una taberna cerca del Temple. Pero, aparte de sus cuatro amantes titulares, fueron innumerables las mujeres que pasaron por la cama de Cartouche. Entre ellas había algunas colocadas como sirvientas en casas importantes y preparaban el terreno a la banda. 

El bandolero se sentía tan poderoso que no temía a nada ni a nadie, y para demostrarlo, uno de los primeros caballeros asaltados fue el príncipe de Soubise. La osadía hizo que el hermano de Cartouche perpetrara el robo en el mismísimo Palace Royal, en una pieza contigua a la Cámara de Regentes. Louison, mezclado entre la masa de cortesanos, se apoderó hábilmente de la espada del príncipe y de su manguito. 

En septiembre de 1720 Cartouche, al frente de un escogido puñado de los suyos, irrumpe en la casa del embajador español y consigue un buen botín. Pero los robos que debieron de causarle mayor satisfacción fueron aquellos que tuvieron por víctima nada menos que al Regente, Felipe de Orleáns. 

Uno de los hombres de Cartouche era guardia de palacio, y una noche tuvo por misión acompañar al duque de Orleáns hasta su carroza. Después de eso el hombre se marchó con los dos candelabros de plata dorada que había utilizado para iluminar el camino del Regente. Más adelante desapareció también la vajilla de plata del duque. Y después le robaron la empuñadura de la espada, que era de plata incrustada de nácar. Felipe la sustituye por otra de acero cincelado, pero vuelven a robársela a la salida de la Opera. Cuando Cartouche comprueba que esta vez era tan solo acero, tiene la desfachatez de devolvérsela a su dueño junto con una nota ciertamente insolente: en ella reprochaba “al mayor ladrón de Francia” haberles quitado el pan de la boca a sus colegas menos favorecidos al usar una empuñadura de pacotilla y sin ningún valor. Todo París aullaba de risa cuando se conoció la noticia. 


Mientras tanto Cartouche continuó haciendo de las suyas. Uno de los episodios más famosos fue aquel que se refiere a la noche en que irrumpió en la casa de la mariscala de Boufflers. La señora, viuda de un par de Francia, estaba haciendo su toilette nocturna. Era una calurosa noche de verano, por lo que la ventana de su alcoba estaba abierta. Louis-Dominique apareció ante ella, tan elegantemente vestido que más parecía un caballero que un salteador de caminos. Todo ello desconcierta a la mariscala, más sorprendida que asustada. Él saluda con una profunda reverencia y se presenta, lo cual es suficiente para que la mujer comprenda la conveniencia de pedir auxilio. Pero Cartouche le aconseja que no lo haga: la casa está rodeada por sus hombres, y él, aunque con gran pesar, se vería obligado a hacerla callar. Además le explica que no hay ninguna necesidad de dar un escándalo, puesto que no tiene intención de hacerle ningún daño a ella ni a su caja fuerte. La cuestión es que le persiguen y están a punto de prenderle; lo único que necesita es un refugio hasta que pase el peligro. A continuación abre su chaqueta y muestra seis pistolones ingleses que, según afirma, hubiese deplorado tener que emplear. 

Cartouche expone su plan a la mariscala: él se esconde tras unas cortinas mientras la mariscala pide a sus servidores que traigan una cena abundante. Luego deberá deshacerse de ellos durante el resto de la noche. Después de comer algo, el bandido decide dormir en la cama de la doncella

La tal doncella, de nombre Justine, era la amante de uno de sus hombres. Esa noche, invitada por la señora a disponer de su tiempo a su antojo, se apresura a abandonar la casa para acudir a su encuentro. Cartouche, mientras tanto, cena y cumplimenta a la señora por la buena comida de su casa, pero expresa sus reservas con respecto al champán. 

Después de cenar, Louis se acostó en la cama vacía de la doncella. Y sí, lo hizo solo: es preciso tener en cuenta que la mariscala rebasaba entonces los sesenta años. 


Cartouche se marchó al amanecer. Horas más tarde llamaban a la puerta de Madame de Boufflers: eran dos hombres que venían a dejar cien botellas de champán. 

Su gratitud hacia la dama que le había dado refugio sería eterna. Una noche la carroza de la mariscala fue detenida en la rue de Cherche-Midi. Cartouche estaba presente y reconoció a la víctima, y entonces corrió hacia ella. 

—Dejad pasar, hoy y siempre, a Madame de Boufflers —ordenó. 

Y luego se acercó a la portezuela y colocó en su dedo un anillo de diamantes robado días antes. 

Ella tampoco olvidaría al galante bandido. Cuando más tarde fuera arrestado, la dama lo visitaría en su celda y le daría dinero para aliviar su situación. 

Entre esos gestos que le hicieron tan popular, se cuenta también el que tuvo aquella noche de 1719 en que, al acecho de alguna víctima en el Pont-Neuf, ve a un hombre que quiere tirarse al río y actúa con rapidez para agarrarlo antes de que pueda consumar su propósito. El desdichado era un ropavejero comido por las deudas. Sus acreedores le reclamaban 25.000 libras, y no tenía manera de hacer frente al pago. 

—Yo me encargo de librarle de toda esa gente —se ofrece Cartouche—. Tome estas tres mil y convoque mañana por la noche a todos sus acreedores. Yo estaré allí con el dinero necesario. 

Louis acompaña al hombre hasta su domicilio para asegurarse de que llegará sano y salvo, y al día siguiente se presentaban los acreedores. El bandido les paga íntegramente hasta el último céntimo haciéndose pasar por el delegado de una asociación anónima de beneficencia. Pero cuando ya han cobrado la deuda y se marchan en su compañía, apenas llegados al final de la calle los hombres de Cartouche los emboscan y vuelven a llevarse el dinero. Louis hace la comedia y finge lamentarse más que ninguno, pero en su interior brincaba de gozo: recuperaba hasta la última moneda y además ya no podrían reclamarle nada a aquel pobre diablo. 


Cartouche fue arrestado en alguna ocasión. Una vez era ya tan famoso que el guardia supo de inmediato quién era su prisionero. 

—Le reconozco. Usted es Cartouche. 

—¿Está seguro? 

—Absolutamente. 

—¿Tanto le interesa a usted que yo sea ese? 

—Sí, hasta 24 libras, que es el precio prometido a quien le entregue. 

Louis le entregó una cartera diciendo: 

—Ahí van doscientas. Y tome usted estas dos tabaqueras. 

Cartouche se presentó ante el juez con una identidad ficticia sin ser delatado y viendo corroborada su suave versión acerca del altercado que había organizado en una taberna. Al final quedó en libertad con solo una amonestación. 

En otra ocasión fue atrapado con las manos en la masa y conducido a la prisión de Fort-L’Evêque. Iban a colgarlo, pero logró evadirse de su celda. 

Hubo una nueva orden judicial contra el fugitivo. Se colocaron grandes anuncios y un pregonero iba haciendo sonar su trompeta entre redobles de tambores para publicar el bando. El 28 de marzo de 1721, el pregonero, en compañía de unos 80 arqueros de a caballo y a pie, había llegado a una plaza y lanzó la fórmula tradicional: 

—En nombre de Su Majestad el rey y de todos nuestros señores del Parlamento, se ordena al llamado Louis-Dominique Cartouche… 

Pero una voz que surgió de entre la multitud le impidió continuar. 

—¿Cartouche? Aquí estoy. ¿Quién pregunta por mí? 

Inmediatamente se produce una desbandada general. Cartouche y una veintena de sus hombres se quedan solos riendo de buena gana.


Continuará

30 comentarios:

  1. "Entre ellas había algunas colocadas como sirvientas en casas importantes y preparaban el terreno a la banda". Pues como hoy:-)
    Que genial la historia con la mariscala de Boufflers. Se ve que Cartouche tenía dotes de persuasión y encanto personal.
    La historia me encanta. Espero que acabe bien.
    Bisous y buenas noches

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    1. El episodio de la mariscala es precioso, sumamente novelesco. Pero la notita al Regente tampoco tiene desperdicio. Cartouche tenía bastante sentido del humor, al parecer.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  2. Buenas noches, madame:

    Este Cartouche encierra episodios realmente interesantes. La intimidad que alcanzó con Madame de Boufflers revela mucho de la personalidad de ambos personajes.

    Por otra parte, no es de extrañar que medio París riera a carcajadas con lo ocurrido con Felipe de Orleáns. Al final el remedio era mucho peor que la enfermedad.

    Decididamente nos apuntamos a este personaje en la agenda, es extraordinario, al igual que su relato.

    Pase una buena noche, querida Dame.

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    1. No todas las anécdotas de las que fue protagonista son igual de amables, pero hay algunas, en efecto, verdaderamente antológicas. Por algo era tan popular entre el pueblo a pesar de todo.

      Feliz día

      Bisous

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  3. Pero que ladrón tan caballero! Lástima no poder decir lo mismo del Regente al que Cartouche supo tan bien reconocer.
    Bisous, Madame.

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    1. A veces los ladrones sabían ser caballeros, en efecto, aunque no hubieran pasado por una escuela. Qué tiempos, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  4. Si, interesante la III ya debe de ser impresionante la parte que sigue.Madame; que intrigante esta esta historia me encanta jejejje!

    Bisous feliz I de Mayo.

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    1. Esperemos que no decaiga su interés, madame.

      feliz día

      Bisous

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  5. Hola Madame:

    Ya me he puesto al día.Interesante este caballero, persuasivo (como en el episodio de Madame Bouffers, como en el de la empuñadura...Algo así como: Si regalas algo que valga la pena :D.

    Besos Madame. Hoy de guardia

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    1. Sí, debía de ser persuasivo, desde luego. El episodio con la mariscala da una idea de su carisma. Y el de la espada del Regente, de su sentido del humor.

      Feliz día, monsieur. Que le sea leve la guardia.

      Bisous

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  6. Cuando uno se salta un portillo, ya está preparado para la carrera de obstáculos y cada objetivo difícil es un nuevo reto, claro que si se cuenta con la confidencialidad camera de las sirvientas, es más fácil allanar el camino. Una buena pieza el tal Cartouche, una historia que vos nos hacéis deleitosa.

    Bisous

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    1. Resulta difícil seleccionar episodios, de tan divertidos como los tiene. Lamentablemente no todos tenían finales felices.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  7. Sería un ladrón, pero no se puede negar que era un simpático atorrante. Comparado con los políticos actuales era un Señor con mayúsculas.

    Me encanta esta historia, la descubrí hoy, pero nunca es tarde ante la buena lectura.

    Buen día del trabajo.

    mariarosa

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    1. Eso sí. Entre Cartouche y los de ahora, definitivamente me quedo con él.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  8. Unas entradas apasionantes las que nos estáis ofreciendo sobre Cartouche, madame.
    Me acabo de leer las tres seguidas y, como no podía ser de otro modo, me quedo con ganas de más.
    Gran personaje. Con más sombras que luces en su biografía, supongo.

    Abrazos!!

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    1. Muchas gracias, monsieur. Lo cierto es que tuvo una vida apasionante. Pero sí, también hay sombras, y de eso tratará el próximo capítulo.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Muchas habilidades tenía, el donjuanismo y la perspicacia está claro que no le faltaron hasta ese momento que nos explica, en el que su exceso de confianza le da fuerza para identificarse tan ricamente.
    Un individuo como Cartouche a la fuerza tenía que triunfar en las empresas en las que participaba, como malhechor o benefactor, la cosa es que su impronta no pasaba inadvertida.

    Bisous y pase usted una estupenda tarde.

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    1. Se identifica porque está rodeado por los suyos, y el enemigo, conociendo el ejército que tenía, temió que fueran muchos más.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  10. Evidentemente era un señor bandido. La nota ironica que le envia al Regente por la mala calidad de lo robado -si robaba, unicamente robaba calidad-, el gusto por lo bueno, salvarle la vida a un pobre diablo y despues esquilmar a sus acreedores que lo llevaban al suicidio, o la cortesia con la anciana mariscala y regalarle buen champagne sin duda robado hablan mucho de el. Menos mal que la anciana dama estuvo a la altura de las circunstancias.

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    1. Tenía detalles el bandido. Y muchos arrestos la dama, porque no tuvo que ser fácil presentarse a pedir un pase para visitar a Cartouche y aguantar luego las murmuraciones y quién sabe qué entre sus aristocráticas amistades.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  11. Una buena historia magníficamente contada. Espero la próxima entrega.
    Saludos, madame

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  12. Una personalidad arrolladora la de Cartouche, "todo un señor" este bandido.
    Unos relatos muy interesantes.
    Saludos

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    1. Muchas gracias, madame. Aún queda historia por delante. Su vida dio para mucho, desde luego.

      Buenas noches

      Bisous

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  13. Lo dicho, todo un maestro en robar, en sisar vajillas y objetos de valor este Cartouche y sus secuaces, con un cierto punto de sarcasmo, de ironía fina, como cuando no está de acuerdo con la calidad de lo robado. Saludos, madame. Bisous.

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    1. Un personaje muy de película. No me extraña que el cine se haya acordado de él.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  14. Y el detalle de las cien botellas de buen champaña es de consideración, vaya que sí.
    Beso su mano.

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    1. Exquisito, desde luego. Todo un detallazo. A veces no salía del todo mal ser la víctima de Cartouche.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  15. 'soy un truhán... soy un señor'. qué pieza Cartouche. un bandolero consciente de que su personaje es casi tan importante como su profesión. al fin y al cabo roba y es un maleante, pero bien vestido y con dotes para la publicidad y 'fidelizar al cliente'.
    y qué valientes somos mientras el peligro no está ciertamente delante, como ocurre en la última anécdota que nos cuenta.
    mucho me temo que tanta arrogancia se la harán pagar a Cartouche.

    buen jueves, madame.

    bisous!

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    1. Sí, yo también lo creo, monsieur. Lo tiene mal Cartouche, porque al Regente cada vez le dan más ganas de acabar con él.

      Buenas noches

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)