sábado, 16 de marzo de 2013

La última Reina Normanda


Sobrina de Godofredo de Bouillon y del rey Balduino de Jerusalén, nieta de Malcom III de Escocia y esposa del rey Esteban, Matilde de Boulogne, también llamada Maud, fue la última de las reinas Normandas, y tal vez la más injustamente olvidada por la historia. Tras su reinado una nueva dinastía, los Plantagenet, iba a sentarse en el trono de Inglaterra. 

Es muy poco lo que se sabe de los primeros años de Matilde. Se cree que durante su infancia fue educada en Inglaterra, y se señala la abadía de Bermondsey como el lugar en el que recibió instrucción, pero no hay ninguna evidencia al respecto. Era hija única del conde Eustaquio III de Boulogne, un caballero notable por sus hazañas en Tierra Santa y propietario de grandes territorios en Essex, además del condado de Boulogne, lo que la convertía en una riquísima heredera. Esto, junto con su esmerada educación y su linaje, hizo que el rey Enrique I decidiera casarla con su sobrino favorito, Esteban de Blois

Durante las negociaciones matrimoniales, Enrique alcanzó un acuerdo con el padre de Maud: el rey garantizaba la independencia política de Boulogne si Esteban se convertía en heredero del condado suo uxoris (en virtud de los derechos de su esposa). Eustaquio, en la convicción de que una mujer no podría sostenerse sin la protección de un esposo, accedió, e hizo algo más: siguiendo su vieja inclinación, se retiró a un monasterio cluniacense y abdicó la corona condal. 

Maud no era bonita, pero sí inteligente y dotada de gran encanto y habilidades diplomáticas. El matrimonio tuvo cinco hijos: Eustaquio, conde de Boulogne; Guillermo, conde de Surrey, María y otros dos que no superaron la infancia. El entendimiento entre ambos cónyuges era perfecto, y siempre permanecieron leales el uno al otro incluso en los peores momentos. Es cierto que Esteban reconoció un hijo ilegítimo, Gervasio de Blois, pero este había nacido cuando el rey era muy joven, al menos cinco años antes de su matrimonio con Matilde, y había sido fruto de una larga relación anterior con una mujer normanda. Después de su matrimonio, Esteban rompió con su amante, aunque continuó ocupándose de ella y de su hijo. No volvió a conocérsele ninguna otra relación. 


Tan pronto como murió el rey Enrique, Esteban viajó a Inglaterra con una precipitación que traicionaba sus ansias por usurpar el trono que debía heredar la hija del fallecido monarca. Esta también se llamaba Matilde, pero, por ser viuda del emperador Enrique V, se la conocía como “la Emperatriz”. 

Poco después Esteban desembarcaba en la costa de Kent, bajo la ominosa bienvenida de una tormenta con la que, según Malmsbury, “el mundo parecía a punto de desvanecerse”. Dover y Canterbury le cerraron las puertas, pero, confiando tanto en el desagrado de la nación por la idea de ser gobernados por una mujer como en su propio prestigio y la influencia de sus poderosos amigos, continuó osadamente hacia Londres. Allí los ciudadanos lo aclamaron como su rey, y no fue menos favorable la acogida que le fue dispensaba en Winchester, donde el obispo era su hermano Enrique. Esteban se apoderó del tesoro real, con lo cual podía disponer de medios para financiar la campaña con la que esperaba afianzar su posición. 

Sus partidarios afirmaron que el rey Enrique había desheredado a su hija en su lecho de muerte, designando como sucesor a su sobrino. La asamblea encontró así el motivo perfecto para romper el juramento de fidelidad hecho a la Emperatriz, y el arzobispo de Canterbury no tuvo inconveniente en declararlo nulo. El 26 de diciembre de 1135, día de San Esteban, el usurpador era coronado en Westminster. 

Matilde y Esteban llevaban diez años casados cuando él alcanzó el trono. Hasta entonces habían repartido su tiempo entre Inglaterra y sus tierras de Boulogne, en las que ella se encontraba cuando su esposo fue coronado. Meses después, en la primavera de 1136, llegaba a Londres y el domingo de Pascua tenía lugar la ceremonia de su propia coronación. 


El matrimonio pasó a residir en Oxford por esa época. Allí mantuvieron una magnífica corte de verano a la que invitaron a los más poderosos señores de Inglaterra y Normandía a rendir homenaje de fidelidad a Esteban. Sobre la corte Henry de Huntingdon, impresionado, dejó escrito que “nunca hubo una que excediera en cantidad y en calidad de oro, plata, piedras preciosas, ropas y todas las formas de diversiones”. Allí llegó la alegre noticia de que el Papa Inocencio II se declaraba a favor de Esteban. 

Tanto Esteban como Matilde eran muy piadosos. Ambos fundaron monasterios y conventos y se mostraron generosos con las órdenes cluniacense y cisterciense. La reina se retiraba de vez en cuando al convento que había fundado en Londres Matilde de Escocia, primera esposa del rey Enrique. Además favorecía a los caballeros Templarios financiando la fundación de templos de la Orden en Essex y Oxfordshire, un tiempo en el que estrechó su amistad con el Gran Maestre. 

Durante los dos primeros años de reinado se dedicaron a sus devociones y a mantener el esplendor de la vida en la corte. Pero no todo era felicidad: habían perdido al mayor de sus hijos, Balduino, poco antes de la coronación de Matilde. Ese mismo año, tras el nacimiento de María, también moría la mayor de las hijas. Los cuerpos de los niños fueron conducidos al convento al que la reina gustaba de retirarse. El duelo de los padres fue enorme: incapaces de contener su pena, ambos rompieron la etiqueta llorando públicamente. 

Pero la situación en el país iba a complicarse. A pesar de que el nuevo rey había firmado una carta confirmando los derechos y privilegios de la Iglesia y restaurando las leyes sajonas, una vez logrado su propósito hizo todo lo contrario: volvió a imponer las leyes normandas y se apoderó de los ingresos de la sede de Canterbury. Su incumplimiento ofendió tanto al clero y a los barones que estos se fortificaron y armaron a sus gentes. 


En 1137, poco después de haber celebrado las fiestas de Pascua en Westminster con gran esplendor, Esteban cayó en un letargo tan extraño que se llegó a rumorear que había muerto. Aquellos que apoyaban la causa de la Emperatriz aprovecharon el momento para alzarse en armas y entregar el país a la anarquía, una situación que se prolongó, de modo más o menos intermitente, durante quince años. 

Esteban, mientras tanto, recuperado de su estado de estupor trató de restablecer la paz en sus dominios y logró, con buenos sobornos, que el rey de Francia recibiera el homenaje de su hijo Eustaquio como duque de Normandía frente a los intentos de la Emperatriz y su esposo, Godofredo Plantagenet, por apoderarse del ducado. Compró también la paz con Godofredo antes de regresar a su reino. 

Matilde había permanecido allí mientras tanto, sosteniendo la causa de su esposo, aunque no queda registro de ese periodo. Sí sabemos que cuando el rey volvió en 1138, ella, “con el coraje de una amazona”, asedió a los rebeldes que habían tomado el castillo de Dover mientras el rey se dirigía hacia el norte para castigar a los escoceses, que habían invadido Northumberland. Asistida por un escuadrón de mercenarios y soldados procedente de su tierra natal, Maud bloqueó la fortaleza por tierra y por mar hasta lograr reducir a la obediencia a sus súbditos rebeldes. Pero la situación era cada vez más alarmante, porque día a día los barones iban abandonando su causa para pasarse a la de la Emperatriz. 


Más adelante Escocia sufría una contundente derrota. Esteban despachó a Matilde hacia Durham para negociar con su tío, el rey de los escoceses y persuadirlo para que firmara un tratado de paz más permanente con Inglaterra, lo que implicaba dejar de apoyar la causa de la Emperatriz. La reina desempeñó con éxito su misión y el 9 de abril de 1139 se firmaba un tratado que resultó muy ventajoso para ambos monarcas. 

Sin embargo, su enemiga aún aguardaba tras las murallas del castillo de Arundel y contaba con importantes aliados, entre ellos la viuda del rey Enrique. Esas navidades la corte, reunida en Salisbury, no celebró las fiestas como de costumbre. Se percibía la tristeza y la preocupación por el futuro...

Continuará

33 comentarios:

  1. Llama la atención como un rey tan puntilloso y previsor como Enrique I no haya advertido, al morir su único hijo varón, que la sucesión iba a ser más que compleja, con un sobrino y una hija sumamente codiciosos ambos . Malos tiempos estos para Inglaterra, aunque fascinantes por como los remontarían luego. Espero con ansias el resto del relato.Un besito . Claudia.

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    1. El sobrino supongo que le pareció más dócil. No había asomado aún la pezuña. Y el rey tenía su propia forma de pensar con respecto a las mujeres. No veía inconveniente en que una mujer gobernara, y su hija le parecía perfectamente capaz. Además, tenía derecho. En Inglaterra no había ley Sálica. Ni siquiera la había aún en Francia, en realidad.

      Gracias, madame.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Y así dicen que en la Edad Media las mujeres eran sumisas y tímidas. Con reinas tan baalladoras, las plebeyas deben habe sido más agresivas.
    Bisous

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    1. Tenían que estar preparadas para cualquier cosa. Eran tiempos duros, y no todo era bordar. A veces había que pasar a la acción.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  3. Habia leido un libro con su vida novelada, y si, realmente como una princesa incolora que solo sabia de tapiceria y fiestas le pone sitio a un castillo y reduce a sus enemigos deja con la boca abierta. espeamos la segunda parte de Maud.

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    1. Pues sí. No era plato de gusto para ella, de carácter mucho más dulce y apacible que el de su rival. Pero si tenía que hacerse, lo hacía como la mejor.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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    2. No me abofetee si le digo que la lei en un libro de Jane Pleidy.... y no se olvide de tener a punto la pilcha de fiesta para la proxima.

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  4. Hola Madame:

    El trono inglés tenía muchos pretendientes entonces. Tanto Esteban como Matilde (su prima) eran ambiciosos y casi sin escrúpulos...Época dura la de la anarquía.

    La Reina Maud quizás tenía más temple que su propio marido...En algunos casos, refieren que gracias a ella. Esteban se mantenía en el trono.

    Besos

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    1. Esteban, desde luego, no mostró ningún escrúpulo a la hora de arrebatarle el trono a su prima. Y de la prima, qué decir. Además de no tener escrúpulos, tenía un carácter insufrible y francamente antipático.
      Yo también creo que esteban debió el trono a su esposa. Por eso me parece injusto que sea tan poco conocida, y quede siempre a la sombra de la otra Matilde.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  5. Cordiales saludos Madame

    Un hecho peculiar es que ambas enemigas llevaban el mismo nombre y ¡eran PRIMAS en primer grado!

    Las madres de ambas Matildes, Edith y María, eran hijas del rey de los escoceses Malcolm III y de la reina Margarita, (canonizada en 1251, es la Santa Patrona de Escocia).

    En esta primera entrega podemos apreciar que Maud fue la principal columna en la existencia de Esteban, sobretodo en aquellos terribles tiempos conocidos como la -Anarquía Inglesa-.

    ¡Feliz fin de semana para todos!

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    1. El nombre estaba muy de moda desde que el Conquistador se casó con una Matilde, hasta el punto que, la Edith a la que usted se refiere, se cambió su nombre por el de Matilde. A ella dedicamos un par de textos hace algún tiempo.

      Pero me sorprende usted. De veras es capaz de recordar las fechas de canonización de los santos medievales escoceses?? Es usted una caja de sorpresas, monsieur!

      Buenas noches

      Bisous

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  6. La cosa esta en un pulso vamos a esperar con ansiedad el final del relato una época dura y de mucho resentimientos.

    Os deseo un feliz fin de semana madame.

    Bisous.

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    1. En realidad sobre la guerra entre Esteban y Matilde ya había escrito antes, pero ahora quería centrarme en el personaje de esta mujer, que siempre queda eclipsado por la otra, reuniendo más méritos que ella.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  7. El segundo plano de la mujer es una constante a lo largo de la historia y no ha acabado. Si no modifican nuestra Constitución...

    Bisous

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    1. Monsieur, tal como están las cosas, en estos momentos casi preferiría que no se molestasen, no vaya a ser :)

      Feliz domingo

      Bisous

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  8. Bueno, madame, a pesar de las rebeliones y de los barones ambiciosos, la historia de la pareja no parece infeliz. Más bien se diría que eran un matrimonio que se entendía fuera y dentro del hogar. Una novedad entre las historias de dioses y héroes.
    Saludos.

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    1. Así es. Se ve que el sobrino no siguió las costumbres del tío que lo había educado, y que tiene en su cuenta un record de bastardos con el que tal vez solo puede competir el Felipe IV español.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  9. Una historia bastante desconocida porque la historia la han escrito los hombres. Y tiempos duros para todos y más para mujeres como éstas que por las circunstancias de la vida tuvieron que dirigir sus tierras.
    Un saludo.

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    1. En realidad en esta época yo casi diría que la historia la hizo ella más que su esposo. Y sin embargo poca gente sabe que la reina de Esteban se llamaba Matilde de Boulogne. Ni siquiera su nombre, ya ve.

      Feliz domingo

      Bisous

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  10. Buenos días, Madame:

    ¡Qué interesante se presenta la historia de la inteligente y corajuda Reina Maud! Esperamos que pronto nos pueda contar más detalles de su vida, pues para romper el tópico de la mujer en la Edad Media, es necesario tomar conciencia de su verdadera importancia.

    Un saludo.

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    1. En realidad en la Edad Media hubo muchas reinas titulares, incluso, y herederas de extensos territorios como Leonor de Aquitania (que mire dónde deja el tópico Leonor, también). Yo creo que si la hija de Enrique I no consiguió asentarse en el trono fue más bien por su carácter y sus errores que por su condición de mujer.

      Feliz domingo

      Bisous

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  11. La vida de la reina Maud demuestra que en la Edad Media, como en otras épocas históricas, las mujeres contaban y mucho y han escrito importantes sucesos en sus respectivas historias; el problema es el olvido y la negacion intencionada de los hechos por la historiografía de ese momento, y la posterior también. Sólo hay que bucear, rastrear, como usted ha hecho, para ver el alcance del valor y la sensatez de determinadas mujeres. Que tenga muy buen domingo, Madame. Bisous.

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    1. Es que Matilde de Boulogne no era una mujer que buscara brillar o situarse en primer plano. Era discreta, sutil. Pero cuando las circunstancias obligaban, era perfectamente capaz de asumir el liderazgo.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  12. Me ha encantado esta entrada, Madame, puesto que no conocía yo los pormenores referentes a la vida de esta dama que nos menciona.
    Me agrada ver que ya en tiempos tan remotos, cuando la mujer debía caminar varios pasos por detrás del hombre y siempre con la cabeza gacha, existían féminas tan aguerridas y dispuestas para la batalla. Si al final va a ser evrdad el dicho de que no existe mayor coraje que el que alberga un corazón femenino.

    Bisous.

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    1. En realidad no eran tiempos fáciles para la mujer. Seguramente la otra Matilde hubiera podido retener la corona que le correspondía si hubiera sido un hombre. Entonces nadie habría pensado en disputársela.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  13. No se porque al leer el post de hoy no tuve sensación de agobio. Todo sonaba relajante incluso los levantamientos, como si el final fuese de cuento. Debe ser porque la pareja se llevaba bien y entre ellos no había traición.
    Me imagino que el final no será así.
    Bisous y buena semana

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    1. No, entre ellos no había traición, pero vivieron bastante agobiados y en medio de una tremenda anarquía. Fueron unos años espantosos para Inglaterra.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. vaya jaleo. cuando no le saltan unos, se le sublevan los otros, y la familia bien bien, pues tampoco. a ver cómo se desenvuelve matilde en el próximo episodio.
    que tenga buena semana, madame.

    bisous!

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    1. Entre primos andaba el juego, monsieur. Matilde de Boulogne lo tiene mal, porque su marido dotes de liderazgo y tal no tenía muchas.

      Feliz semana, monsieur

      Bisous

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  15. ¡Menuda tarea tuvo que realizar! Esperemos el continuará.
    Saludos, madame.

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    1. No lo tuvo fácil, no.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  16. Con sinceridad, Madame, desconocía la historia de esta reina. Voy a seguir leyendo.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)