miércoles, 6 de marzo de 2013

El Cid Campeador (IV)


Tras derrotar al conde de Barcelona, el Cid se convertía en el más poderoso señor en todo el este de la península. Su protectorado se extendía sobre Valencia, Lérida, Tortosa, Denia, Albarracín y Sagunto, entre otros lugares. Se había convertido en un hombre inmensamente rico, y tenía un ejército muy importante. 

Alfonso VI se disponía a marchar nuevamente contra los almorávides. Los amigos que le quedaban al Cid en Castilla vieron en ello la ocasión de reconciliarlo con el rey y le escribieron pidiéndole que viniera cuanto antes para auxiliarlo en su expedición. Rodrigo partió a reunirse con Alfonso, y el monarca, enterado de que venía en camino, le salió al encuentro para recibirlo con todos los honores. 

Pero para entonces la relación entre ambos estaba demasiado maltrecha. Surgieron nuevos desacuerdos y enfrentamientos durante el transcurso de aquella campaña. Alfonso no soportaba la arrogancia del Cid, y le irritaba todo cuanto procedía de él. En una ocasión, al colocar el rey sus tiendas, Rodrigo situó las suyas más adelante. Fuera de modo inadvertido o intencionado, con su actitud parecía reclamar preferencia incluso sobre el monarca. 

Al llegar al castillo de Úbeda, Alfonso dio finalmente rienda suelta al enojo que había estado reprimiendo. Esta vez el Cid, teniendo que se propusiera arrestarlo, huyó con los suyos al caer la noche. Para entonces le quedaban pocos seguidores, pues muchos de los que antes lo habían acompañado en su infortunio lo abandonaron para quedarse con el rey. Rodrigo se retiró a tierras de Valencia, donde reconstruyó el castillo de Peña Cadiella y lo aprestó para una larga defensa. 


Alfonso VI, consciente de la importancia de Valencia, deseaba afirmar su dominio en la zona, para lo cual se alió con el conde de Barcelona y con el rey de Aragón. La empresa, sin embargo, hubo de quedar interrumpida debido al alto coste de mantener una larga campaña. 

Enterado Rodrigo del intento del rey por arrebatar el territorio a su control, decidió tomar represalias, y el elegido para ello fue aquel a quien consideraba su mayor enemigo, el hombre al que responsabilizaba de atizar el encono del rey contra él: García Ordóñez, el conde de Nájera. La enemistad entre ambos se remontaba a aquellos primeros años del reinado de Alfonso, cuando Rodrigo y el conde se habían enfrentado por apoyar el uno al rey moro de Sevilla y el otro al de Granada. García Ordóñez era ahora comandante en la Rioja por el rey de Castilla, además de ser el miembro más importante de la nobleza castellana, tanto por su linaje como por sus riquezas. El Cid entró en la Rioja como en tierra enemiga, arrasando campos y saqueando poblados. 

Satisfecha su ira tras hacerse con un rico botín, supo que mientras tanto los almorávides se habían apoderado de Valencia. Esta ciudad, situada a orillas del Mediterráneo, gozaba de un clima agradable y templado, y eran tantas sus bondades que los moros la llamaban su paraíso. Pero tal paraíso atravesaba por entonces un nuevo episodio dramático y sangriento. El reyezuelo tributario del Cid era odiado por sus súbditos debido a la buena acogida que daba a los cristianos, de modo que resolvieron llamar a los almorávides para expulsarlo. El moro huyó del alcázar disfrazado de mujer y se refugió en una alquería, pero el enemigo lo encontró, le cortó la cabeza y arrojó su cadáver a un muladar.

El Cid juró venganza y se dirigió hacia allá con la intención de conquistar Valencia, decidido a convertirla en un señorío hereditario independiente. 


Rodrigo ocupó el castillo de Cebolla, donde estableció su cuartel general. En verano puso cerco a la ciudad. Yusuf le había escrito una carta insolente intimándole a que no entrase en Valencia, y el Cid, después de devolverle insulto por insulto, publicó por todas partes que Yusuf no se atrevía a salir de África por miedo a medirse con él. 

El Cid estrechó el cerco. Se le rindieron los arrabales tras un terrible combate. Rodrigo, haciendo gala nuevamente de su magnanimidad, concedió a los vencidos su libertad y sus bienes. Pero la ciudad aún resistía tras las murallas, en penosas condiciones y falta de todo lo necesario. Obligados por las dificultades, sus moradores se ofrecieron al fin a expulsar a los almorávides y entregarse si no llegaban socorros de África en un plazo razonable. Hubo así una tregua de dos meses durante los cuales el Cid hizo algunas correrías, guardó el botín en Pinnacatel y atacó las tierras del señor de Albarracín, un moro que se le había rebelado negándose a pagar las parias.

El plazo acordado transcurrió sin que Valencia recibiera refuerzos de Yusuf. Rodrigo exigió a los valencianos el cumplimiento de lo pactado, pero ellos se negaron. Llegó por fin un ejército de almorávides cuando ya desesperaban, aunque no lograron nada frente a las tropas del Cid. Los sitiados continuaban resistiendo con tal empeño que llegaron a poner en serios apuros al Campeador: un día Rodrigo hubo de refugiarse en un baño contiguo a la muralla para defenderse de las piedras y flechas que le arrojaban. Allí lo cercaron y le hubieran dado muerte de no tomar la decisión el Cid y sus acompañantes de abrir una brecha en el muro para poder escapar. 


El hambre dentro de la ciudad estaba rebasando todos los límites. Agotados los alimentos, los habitantes caían muertos de debilidad por las calles; muchos se arrojaban desesperados desde las murallas, y los supervivientes encontraban la muerte a manos de las tropas del Cid, para que sirviera de escarmiento. Al fin, perdida toda esperanza, la plaza se rindió. 

¡Sí que son grandes los gozos que van por aquel lugar, 
cuando el Cid ganó en Valencia y entró por la ciudad! 
Los que iban a pie, los tienen como caballeros ya. 
y el oro y la plata suyos ¿quién los podría contar? 
Con esto quedaron ricos todos cuantos allí están. 
y nuestro Cid don Rodrigo su quinto mandó apartar: 
de riquezas en moneda, treinta mil marcos le dan, 
y de las otras riquezas ¿quién las podría contar? 
¡Qué alegre el Campeador y los que con él están 
viendo en lo alto del alcázar la enseña del capitán! 

Cuentan que el Cid no tuvo clemencia con el moro que tanto se resistió: apresado con toda su familia, fue conducido a la plaza pública enterrado hasta la cintura y quemado vivo.

Una de las primeras cosas que hizo el Cid fue establecer una buena policía en la ciudad, capaz de asegurar que moros y cristianos se llevasen bien entre sí. Ordenó un trato honroso y magnánimo para con los vencidos. Los gobernó respetando sus leyes y costumbres. Dos veces a la semana oía y juzgaba sus pleitos. A los cristianos, para que no se desmandasen, les prohibió salir de Valencia sin su permiso.

Yusuf intentó reconquistar la ciudad por dos veces. Los almorávides, acaudillados por su sobrino, fueron derrotados por las tropas aliadas de Rodrigo y del rey de Aragón. Esta victoria terminó de asegurar Valencia, que permaneció en poder del Campeador todo el tiempo que vivió. 


La muerte llegó cinco años después, en 1099, pero la ciudad aún se mantuvo otros 3 años bajo el gobierno de Doña Jimena. Al cabo de ese tiempo, los moros, libres ya del terror que les inspiraba el Campeador, le pusieron cerco. Jimena llamó en su auxilio al rey de Castilla, que acudió a socorrerla. 

Los almorávides huyeron al saber que se acercaba Alfonso. Éste, sin embargo, vista la situación de la ciudad, y ante la imposibilidad de conservarla entre sus dominios debido a la distancia, sacó de allí a los cristianos con todos sus bienes, se los llevó consigo a Castilla y abandonó la ciudad.

El Cid dejaba dos hijas, una de las cuales, Cristina, se casó con el infante Ramiro de Navarra y la otra, María, con el conde de Barcelona. Diego, el hijo varón de Rodrigo había muerto dos años antes que su padre, combatiendo contra los moros cerca de Consuegra. 

El cadáver de Rodrigo Díaz de Vivar fue sacado de Valencia por su familia al retirarse de allí y llevado solemnemente al monasterio de San Pedro de Cardeña, junto a Burgos. Desde 1921 sus restos y los de su esposa reposan en el crucero de la catedral de Burgos.

La leyenda del Campeador, mio Cid Roy Díaz, “el que en buena hora nasció”, “el que en buena hora cinxó espada”, inspiración de románticos, ha pasado de siglo en siglo hasta nosotros como una muestra del respeto que sus contemporáneos le tenían. 


Esa leyenda que siempre le acompañó le hizo ganar una batalla después de muerto, cuando, para infundir temor a los moros, cuentan que ataron el cadáver a su caballo Babieca, y el enemigo, persuadido de que era el Cid en persona quien venía al frente de las tropas, huyó en desbandada. 

Pero, incluso sin la leyenda, él fue invencible. 

Banderas antiguas, tristes,
de victoria un tiempo amadas,
tremolando están al viento
y lloran, aunque no hablan.
Sonaban las roncas voces
de las destempladas cajas,
y los pífanos, soberbios,
calles y plazas arrancan.
Estaba el Campeador
humilde y manso en la cama,
y sujeto a la inclemencia
de la vengativa Parca.
Hizo traer las reliquias
de las victorias pasadas,
y mandó que le truxesen
sus compaíieras espadas.
Y desque fueron traídas
levantábase en la cama;
tomándolas en sus manos
les dijo aquestas palabras:
"¡Colada y Tizona mías,
no colada, mas calada
por mil contrarios arneses
y por mil contrarias armas!
¿Cómo os hallaréis sin mí?
¿A quién os dejaré en guarda
que no manche vuestro honor,
pues que tan fácil se mancha?"
Y luego, en diciendo aquesto,
mandó que a "Babieca" traigan.
que quiere verle primero
que comience su jornada.
Entró el caballo más manso
que una corderilla mansa:
abriendo los anchos ojos,
como si sintiera, calla.
"Ya me parto, caro amigo;
quien os gobierna, ya falta.
Quisiera pagaros bien,
pero recibid por paga
que con los fechos que he fecho
será inmortal vuestra fama."
Y no diciendo más que eso,
la muerte tira una jara...

40 comentarios:

  1. ¡HOLA! soy nuevo en este maravilloso blogspot...
    He pasado horas de horas leyendo varios de los temas y aún continúo delitándome con muchos anécdotas sobre personajes de la Historia Universal.
    El Cid siempre será un símbolo de la Reconquista española, su importancia ha trascendido a través de los siglos y en mi opinión personal el Cid es el precursor de la unidad hispana y también de la libertad europea.
    ¡Mis sinceras felicitaciones por el esfuerzo de ilustrarnos con estos interesantes temas!

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    1. Muchas gracias, monsieur, por honrarnos con su visita también en este espacio.
      En cuanto al Cid, la historia tiene esas paradojas: el secesionista por excelencia, que aspira a su propio reino, independiente de Castilla; aquel que llega a atacar incluso los intereses castellanos en la Rioja y combatido contra otros gobernantes de la península, hábilmente manipulado se puede hacer pasar por precursor de la unidad hispana. Tiene narices la cosa.

      Monsieur es muy amable. Muchas gracias y feliz día

      Bisous

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  2. vaya, yo que pensaba que la leyenda de que le colocaron en el caballo malherido era real... pues nada. ahora bien, que ganara batallas después de muerto bien pudiera significar eso, que aún muerto, su recuerdo ahuyentaba a los almorávides.
    espléndidamente contado todo, como siempre, madame.

    bisous!

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    1. Efectivamente, al final la leyenda era un modo de ilustrar precisamente eso. Pero tratándose del Cid, es difícil distinguir en todos los casos qué parte fue realidad y cuál leyenda.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz día

      Bisous

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  3. La historia una vez más nos hace reflexionar y nos enseña alguna que otra lección:
    1ª Tiempos medievales aquellos en donde un noble caballero era capaz de humillar en su arrogancia a todo un rey. Creo que el Cid batió récords en este sentido.
    2ª Aunque se hable de reconquista, a veces el enemigo más fiero y despiadado está en tu propia casa. No siempre es el infiel.
    3ª Las batallas a veces se ganan con la inteligencia y no sólo con la fuerza bruta. A veces incluso se ganan después de muerto el combatiente.
    4ª Si te rindes, no esperes clemencia de tu enemigo, aunque se confiese cristiano practicante. Y ojo, no te disfraces de mujer que te pillan.
    5ª La historia de los héroes es más grandiosa gracias a sus caballos. ¿Qué hubiera sido de algunos si no hubieran existido Bucéfalo, Othar, Pasacas, Babieca, Rocinante o Incitatus? Parte de la leyenda se la llevan sus cabalgaduras.
    Un saludo.

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    1. Monsieur se ha levantado más filósofo que nunca hoy.
      Sabias reflexiones las suyas. Y por cierto que no olvidamos a los caballos, no. Hace tiempo hubo un par de entradas por aquí a ellos dedicadas. Por supuesto que Babieca se encontraba entre los caballos homenajeados.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  4. Y tras ser rendida y defendida la plaza de Valencia por el Cid y gobernada porteriormente por Doña Jimena, vino a terminar bajo la vara de Rita Barberá, que también está fajada en luchas políticas y gobierna con mano de fierro. No sabemos si la actual dama de Valencia será igualmente invencible hasta después de muerta, pero va camino de convertirse igualmente en leyenda del gobierno de la ciudad del Turia.

    ¡Fantásticos estos cuatro capítulos, Madame, marca de la casa! Muchas gracias.

    Bisous

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    1. Ay, monsieur, después del Cid tener que descender a estos lodos! Me parece que doña Rita no es lo mismo. Tarde o temprano aparecerá el almorávide que la descabalgue.

      Muchas gracias a usted, monsieur.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. Como no he podido he leído todas las entradas de un tirón de esta figura tan controvertida y legendaria como es el Cid. Desde luego en su época fue considerado un héroe, modelo de caballero y guerrero, pero a la vez,su relación con el rey Alfonso VI fue controvertida, ya que parece que tenía ciertos aires de grandeza y que en sus luchas iba bastante a su aire, lo que le acarreó bastantes problemas con el rey. Algunos historiadores lo consideran un mercenario de la época que luchaba con el que le interesaba; por otra parte algo frecuente en estas épocas y poco censurable.
    Interesante el recorrido de don Rodrigo, protagonista de un Cantar, que es una joya de nuestra literatura.

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    1. Yo creo que Alfonso cometió un error al cederle la propiedad de cuanto conquistara a los moros. Tal vez cuando lo hizo no imaginó que al final sería tanto que Rodrigo podía convertir todo ello en su propio reino, o cuando menos le tentaría hacerlo.

      No, yo no lo veo como un mercenario. Su comportamiento fue el propio de cualquier caballero de la Reconquista. Caído en desgracia, tenía que buscar otro señor a quien servir. Lo que fue diferente en Roerigo es que pronto fue tan grande que ya no necesitaba servir a nadie.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  6. Rodrigo encarnaba la valentía y resolución que se presume de quien ha de liderar un ejército. Desde luego, era el tipo de guerrero que antepone la victoria a cualquier otra consideración personal. El hecho de respetar normas y derechos de los vencidos demuestra también su inteligencia, pues evitaba conflictos internos y revueltas.
    Madame,es usted la flor de lys del relato histórico.

    Bisous y buenas tardes

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    1. Ay, madame, jiji, algunas veces soy más bien el cardo. Aunque, después de todo, eso en Escocia viene a ser lo mismo.

      Muchas gracias, madame

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. La verdad madame que a la excelencia de su relato hay que agregarle el aporte inmejorable de sus lectores.Me encantaron las reflexiones de Cayetano. Y eso de "la flor de lis del relato histórico",muuy bueno. Estoy con la leyenda negra de Juan sin Tierra. Hasta ahora lo encuentro tan requeteperverso y requetemalvado como cualquiera de sus parientes-predecesores y muchos de sus sucesores. Ay las leyendas blancas ylas leyendas negras¡¡¡ Y si todavía en este mismísimo momento se siguen alimentando con nuevos "personajes". Besitos Claudia.

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    1. Juan sin Tierra es uno de los monarcas que más leyenda negra tiene. Y es que nadie perdona a los perdedores. Si las cosas le hubieran ido mejor en Francia, otra consideración habría merecido tanto a sus contemporáneos como a la posteridad.
      Nadie parece tener en cuenta que a quien tuvo enfrente fue a Felipe Augusto, mientras que a su padre le había tocado Luis VII. No estoy de acuerdo con todo lo malo que se ha dicho de Juan, ni en el modo en que se considera en él aspectos que eran disculpados en su padre.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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    2. Por cierto, madame, olvidaba comentarle que no sé qué le pasa a blogger que envió su comentario a spam. Menos mal que me dio por mirar.

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  8. Siempre me llamó mucho la atención esa leyenda del triunfo del Cid en la batalla una vez muerto, es ver como una exageración se convierte en historia o una mentira muchas veces repetida se convierte en verdad. Por otro lado, la historia de las relaciones entre Alfonso VI y el Cid es una historia de desencuentros con final feliz. El campeador se puede resumir con dos palabras: valentía y fidelidad. Muy buenas tardes, madame.

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    1. Yo lo reduciría a una palabra, para estar más seguros, pero bueno. La mayor parte del tiempo es posible que fueran aplicables las dos.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  9. Terminada la historia suspiro.
    A mi me gusta la historia del Cid y me ha parecido para le época una persona legal y magnánima. No se le puede reprochar que se sintiera seguro de si mismo al final, porque era un valiente caballero.
    Hoy con mucho menos la gente se cree más que nadie.
    Gracias por dedicarle estos capítulos tan bien contados.
    (Y por las fotos que han ido a engrosar mi ya extensa colección:-)
    Bisous

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    1. Ay, madame, ya le enviaré alguna otra bonita que tengo por ahí del Cid, jiji.

      Gracias a usted.

      Buenas noches

      Bisous

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  10. Hola Madame:

    La historia del Cid es una de esas que marcan cuando se leen y que se encuentran detalles nuevos cada vez que se lee nuevamente (más aún como la cuenta Ud).

    La fidelidad siempre tiene su recompensa, aún cuando esa fidelidad venga salpicada de desencuentros.

    Besos madame

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    1. En este caso fueron tantos los desencuentros que la historia de ellos dos solo podía acabar de una manera. No había sitio en Castilla para los dos.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  11. ¡Ah! Señora, cuánto me ha gustado esta entrada. Si ya de por sí el Cid es personaje principal y en buena parte alma de lo español, hoy la historia sobre la conquista de Valencia por el Cid me ha gustado especialmente por lo que me toca. Una de las estatuas ecuestres que hay en Valencia del Cid es la del héroe castellano, del que la ciudad se muestra agradecida y guarda gran recuerdo, ya que al nombre oficial de la ciudad acompaña el del Campeador. También una de las más importantes avenidas lleva su nombre. Justo homenaje al caballero que, como un príncipe, gobernó Valencia “la clara”, que así habla de ella el Cantar, por luminosa y por insigne, y la situó gracias a sus hazañas, que tan bien ha contado usted hoy, en la historia.

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    1. Imaginaba que esta sería su parte favorita, precisamente por lo que le toca :)
      Me alegra no haberle defraudado en un tema que forzosamente usted ha de conocer mejor que yo. Lo cierto es que el Cid es un personaje de tal talla que facilita el relato, tantas son sus hazañas.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  12. Buenos días, admirada Madame:

    Nos ha encantado vuestro recorrido por una figura tan icónica de la historia medieval española. Es una lástima que las revisiones de la postguerra hicieran del Cid un héroe que parecía sin mácula alguna, cuando ha quedado demostrado que de santo tenía poco; como cualquiero otro hombre, por otra parte.

    Muchas gracias por su dedicación. Seguimos a vuestros pies, sus amigos anónimos.

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    1. Lo que me resulta más curioso es que al parecer esa imagen de héroe sin mácula alguna es anterior a la guerra civil, y llega allende las fronteras de España. Mi querida madame Claudette me ha enviado fotos de la estatua del Cid que tienen allá en su Buenos Aires desde 1935, con una inscripción que dice "Siglo XI, el Cid Campeador encarnación del heroísmo y espíritu caballeresco de la raza".

      Yo creo que esa imagen se remonta a los románticos del XIX, fascinados con el Cantar, y luego llegó Paco y supo sacarle buen provecho arrimando el ascua a su sardina.

      Bueno, de todos modos los héroes nunca fueron ángeles. Ningún caballero medieval que se labraba el porvenir a golpe de espada podía ser un ser inmaculado.

      Muchas gracias a ustedes, estimado equipo. Sigo disfrutando mucho en su maravilloso espacio.

      Feliz día

      Bisous

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  13. Gran final para una gran serie de entradas, Madame. Todo un acierto terminar con las palabras del Cid a Babieca.
    Feliz viernes.

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    1. Muchas gracias, monsieur. No podía faltar Babieca por aquí!

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  14. Y sí, se quedó en leyenda. Leí algo sobre la toma de la Rioja por parte del Cid, al estilo de los hunos. Un poderoso señor, un buen estratego, a pesar del error cometido con el Alfonso, acaso un hombre de su tiempo, de años convulsos de guerras de frontera.
    Ha valido la pena revisar su figura.
    Saludos.

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    1. Así es: la Rioja conoció bien al Cid, monsieur.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  15. Estupendo final para la serie. Eso de que dio un trato honroso a los vencidos valencianos está muy en cuestión. Dejó en Valencia muy mal recuerdo. No sólo por la crueldad del castigo que dio al jefe moro que se le resistió, sino porque cargó de impuestos a todo el mundo. Dicen que cada valenciano, al salir de su casa por la mañana tenía en la puerta esperando a un esbirro del Cid para cobrarle dinero. Y tampoco se ha olvidado que Dª Jimena arrasó con el fuego la ciudad cuando hubo de abandonarla. En fin, el Cid fue un personaje de su época, sin duda, pero la exaltación heróica que recibe no es percibida del mismo modo en todas partes. Beso su mano, madame.

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    1. Lo más curioso, madame, no es que no sea percibida del mismo modo en todas partes, sino que en el mismo sitio es percibido diferente, al parecer: poco antes de usted comentó otro valenciano y lo hizo mostrando una opinión totalmente contraria a la suya. Ya ve.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  16. Fantástica entrada final, madame. Después de leer todo lo que nos habéis regalado sobre el Cid, saco la conclusión de que aunque lo etiquetaran de héroe, no era ningún santo, arrasando y vengándose de sus adversarios, y pagando los platos rotos el pueblo, para no variar.

    Aún así, era un hombre muy inteligente y un auténtico estratega al que pocos se le resistieron en el campo de batalla.

    La película alimenta mucho el mito, ya que recuerdo perfectamente ese final en el que los moros huyen al ver reaparecer al Cid, que daban por muerto.

    Que tengáis una excelente semana cargada de sueños cumplidos, madame.

    Bisous

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    1. Ay, madame, no sé qué me pasa con usted que siempre leo tarde sus entradas, jiji. Mil perdones de nuevo.

      En realidad no era ningún santo, no. Y valía más no tenerlo por enemigo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  17. Algo tenía, sin duda cuando ha pasado a la historia con esa leyenda de gran caballero ¿no? De cualquier modo, Madame, magníficas estas entrada sobre el Cid.

    Bisous

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    1. Sí, así es. Cumplía con los cánones de su tiempo. Y lo cierto es que fue mucho lo que consiguió por sus propios medios.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  18. Buen blog!

    He aqui un resumen de la influencia de El Cid musicalmente:

    LUIS FONSI - La Fuerza del Corazón
    http://www.youtube.com/watch?v=8lXNe_Ubnjk

    SIGNAL BLADE - El Exilio
    http://www.youtube.com/watch?v=GBfND4w4FZU

    AVALANCH - El Cid
    http://www.youtube.com/watch?v=eT1nocnBRto

    TIERRA SANTA -Legendario
    http://www.youtube.com/watch?v=k09M7soYHNY

    DARK MOOR - Mio Cid
    http://www.youtube.com/watch?v=iLWeTaaj6z8

    FOLKODIA - El Cid The Champion
    http://www.youtube.com/watch?v=Evaj-DbFBXA

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  19. Excelente!
    un gusto leerte

    saludos

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    1. Muchas gracias, madame.

      Alcancé a ver que me había dejado otro comentario en otra entrada, pero cuando fui a responder había desaparecido. Siento mucho la jugarreta de blogger.

      Feliz día

      Bisous

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  20. Gracias por tu visita y respuesta e mis comentarios. Tu blog es un deleite.
    merci Madame

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)