lunes, 4 de marzo de 2013

El Cid Campeador (III)


Al-Mutamid, el rey de Sevilla, concebía el proyecto de unificar bajo su corona cuantas provincias permanecían aún en poder de los árabes. Al mismo tiempo se sentía amenazado por el creciente poderío del rey de Castilla, cuyas conquistas parecían imparables. A Madrid había seguido Toledo, sembrando la alarma en el moro. Este pensaba que Alfonso tal vez terminaría por despojarlo si no se hacía fuerte él también. Buscando el modo de acrecentar su propio poder y terminar con el peligro que suponía el del monarca castellano, cometió el tremendo error de llamar en su auxilio a los almorávides de África para marchar contra los cristianos. 

La nueva invasión resultó fatal para todos: los almorávides no tenían nada que ver con el pueblo culto y refinado que había invadido la península en el siglo VIII. Eran nómadas bereberes, una especie de monjes guerreros que hacían una interpretación muy rigurosa de la religión. Estas tribus habían salido del desierto del Sahara para entrar en Mauritania y extender sus conquistas hasta el estrecho de Gibraltar. Fanáticos e intolerantes, los almorávides consideraban que los árabes trataban con excesiva benevolencia a judíos y cristianos; se volvieron contra los propios sevillanos e hicieron prisionero a Al-Mutamid, que moría años después en la ciudad bereber de Aghmat, en las inmediaciones de Marrakech. 

El emir Yusuf, que había declarado la yihad en el norte de África, se puso al frente de los almorávides y pasó a la península. Era un hombre brusco, con escasa cultura y hablaba muy mal la lengua árabe. Capaz de torturar y matar después de una recepción cortesana, su mejor baza eran sus capaces generales, que le obedecían fielmente. Con su desembarco en Algeciras llegaba la nueva y catastrófica invasión. Pronto Yusuf iba a afirmar su dominio sobre al-Andalus. Tras apoderarse de los dominios de Al-Mutamid, continuó intentando que el resto de los moros españoles obedecieran a su imperio. 


Alfonso recibió la noticia del desembarco mientras sitiaba Zaragoza. Rápidamente se dirigió al encuentro de los almorávides, cuyas tropas, unidas a las de los reinos de taifas, se enfrentaron a las cristianas en la batalla de Sagrajas, cerca de Badajoz. Era el 23 de octubre de 1086. Alfonso VI era derrotado y se veía obligado a refugiarse en Toledo. 

Mientras el rey se rehacía y aprestaba tropas para presentar de nuevo batalla a Yusuf, dio aviso a Rodrigo para que viniese a su encuentro con los suyos, ordenándole esperar en Beliana, hoy llamado Villena, por donde habría de pasar el ejército castellano. Rodrigo, por algún extraño error, se detuvo en un lugar distinto al acordado, y dejó que el rey fuera solo a enfrentarse contra los sarracenos. Alfonso los derrotó en Aledo, a pesar de contar con un número de fuerzas inferior al previsto. Pero ni siquiera la victoria pudo paliar la furia que sentía en esos momentos contra el Cid.

Verdaderamente resulta inverosímil que un ejército de miles de hombres como el que traía Rodrigo pudiera perderse por Castilla involuntariamente. Este es, tal vez, el episodio más oscuro en la vida del Campeador, y las razones de este desencuentro permanecen como un enigma que ningún estudioso ha sido capaz de descifrar. Se hace difícil encontrar una excusa válida para explicar la actitud del Cid, y la duda planeará siempre sobre su figura. 

El asunto era demasiado grave. Pudo haberse producido de nuevo para los cristianos el desastre de Guadalete. La furia de los castellanos contra el Cid no tenía límite, de modo que esta vez fue abandonado por muchos de los suyos. El rey se incautó de todos sus bienes y puso en prisión a su mujer y a sus hijos, medidas que solo se tomaban cuando la acusación que pesaba sobre el caballero era la de traición. 


Inmediatamente Rodrigo envió a uno de sus soldados ante la corte, con la misión de retar en su nombre a cualquiera que hubiera osado acusarlo de traidor. Alfonso no permitió ningún duelo, sino que, pasado ya su estallido de cólera, liberó a Doña Jimena y a sus hijos y les permitió que fueran a reunirse con el Cid. 

Don Rodrigo de Vivar está con doña Jimena 
de su destierro tratando, que sin culpa le destierra. 
El rey Alfonso lo manda, sus envidiosos se huelgan, 
llórale toda Castilla porque huérfana la deja. 
Gran parte de sus haberes ha gastado el Cid en guerra, 
no halla para el camino dinero sobre su hacienda. 
A dos judíos convida y sentados a la mesa, 
con amigables palabras mil florines les pidiera. 
Díceles que por seguro dos cofres de plata deja, 
y que si dentro de un año no les paga, que la vendan. 
y cobren la logrería como concertado queda. 
Dióles dos cofres cerrados, entrambos llenos de arena 
y confiados del Cid dos mil florines le prestan. 
—¡Oh necesidad infame a cuántos honrados fuerzas 
a que por salir de ti hagan mil cosas mal hechas! 
¡Rey Alfonso, señor mío, a traidores das orejas, 
y a los hidalgos leales palacios y oídos cierras! 
Mañana saldré de Burgos a ganar en las fronteras 
algún pequeño castillo adonde mis gentes quepan; 
y por conservar el nombre de tus reinos, que es mi tierra 
los lugares que ganare serán Castilla la Nueva. 

Rodrigo vive nuevamente en el destierro, obligado a valerse de sus propios recursos. Pero esta vez las cosas no son tan fáciles, porque se ha ido forjando numerosos enemigos a lo largo de su vida. Los dos principales eran el rey moro de Denia y el conde Berenguer de Barcelona, que no podían ni querían perdonarle pasadas afrentas.

El conde Berenguer guardaba rencor al Cid por los tiempos en los que éste había estado al servicio del rey moro de Zaragoza, impidiéndole así conquistar la ciudad. Rodrigo lo había hecho prisionero en la batalla de Almenar. Berenguer no renunciaba a la venganza, y pronto se le presentó la ocasión en tierras de Albarracín.


Financiado por el rey moro de Denia, y al frente de un numeroso ejército, el conde salió al encuentro de Rodrigo, que se había apostado en un valle. Berenguer cruzó las montañas y llegó cerca de donde estaba su adversario. Creyendo tenerlo ya a merced de su ejército, mucho más numeroso, le envió una carta de desafío.

“Si tanto desprecias a tus enemigos y tanta es la confianza en tu valor, ¿por qué no bajas al llano y dejas los cerros donde te guareces, más confiado en las cornejas y en las águilas que en el Dios verdadero? Desciende de la sierra, ven al campo, y entonces creeremos que eres digno del nombre de Campeador. Si no lo haces, eres un alevoso, a quien de todos modos vamos a castigar por tu insolencia, tus estragos y profanaciones.”

El Cid respondió en su mismo tono: era cierto que le despreciaba a él y a los suyos, y siempre los había comparado a mujeres, “largas en palabras y cortas en obrar”, a lo que añadió: “El lugar más llano de la comarca es éste donde estoy; aún tengo en mi poder los despojos que te quité en otro tiempo; aquí te espero, cumple tus amenazas, ven si te atreves, y no tardarás en recibir la soldada que ya en otra ocasión llevaste.”

El intercambio de insultos y ofensas solo podía terminar sobre el campo de batalla. Esa noche los hombres del conde ocuparon el monte desde el que se dominaba el campamento del Cid, y al amanecer lanzaron un furioso ataque. Rodrigo se arrojó sobre ellos, pero con tan mala fortuna que cayó del caballo y, herido, hubo de ser devuelto a su tienda por los suyos. Los castellanos, sin embargo, redoblaron sus esfuerzos y lograron la victoria a pesar de todo. Hicieron gran número de prisioneros durante esa jornada, uno de ellos el propio conde.


Berenguer fue llevado a la tienda de Rodrigo. Allí, ante un enemigo sentado majestuosamente en su silla, ofreció el prisionero las oportunas explicaciones. El Cid escuchaba sin responderle ni darle permiso para sentarse, pero ordenó a sus soldados que fuese bien tratado, y a los pocos días le concedió la libertad

Luego se negoció el rescate de los demás cautivos. Se acordó percibir una suma elevada, y partieron después a recogerla a sus tierras. Volvieron con una parte y traían a sus hijos y parientes como rehenes, a cuenta de lo que faltaba. Sin embargo, Rodrigo hizo gala de su magnanimidad, puesto que no solo les concedió la libertad, sino que les perdonó todo el rescate adeudado. Fue esta una acción sumamente generosa, porque en la situación a la que se veía reducido, su subsistencia y la de su ejército dependían enteramente de los rescates, despojos y correrías. 

Mientras tanto Fath al-Mamun, el hijo de Al-Mutamid, defendía Córdoba contra los invasores almorávides. Se enfrentó con valor a ellos, pero pedió la vida en la batalla: "Fath al-M'mun intentó abrirse camino con su espada a través de los enemigos y de los traidores pero sucumbió al número. Le cortaron la cabeza, que pusieron en la punta de una pica y pasearon en triunfo". 

Finalizaba el mes de marzo de 1091. Su esposa Zaida conseguía ponerse a salvo huyendo hacia territorio cristiano y acogiéndose a la protección de Alfonso VI. La princesa mora se convirtió en la amante del rey, y algunos sostienen que después abrazó el cristianismo, se bautizó con el nombre de Isabel y se casó con él. Fuera o no cierto este matrimonio, Zaida dio a Alfonso su heredero varón: el infante Don Sancho, que habría sido rey de Castilla si la muerte no se lo hubiera llevado de modo tan prematuro.

Continuará

40 comentarios:

  1. Disfruté con la película pero... si le soy sincera madame:me estoy enterando y en profundidad gracias a su generosa aportación.sobre la vida del Cid Campeador.

    -Tiene razón cuando exclama!Oh necesidad infame a cuantos honrados fuerzas a que por salir de tí hagan mil cosas mal hechas!.Pero era un machista como los de su época jejeje"Mujeres largas en palabras y cortas en obra".Bueno con razón pasó a la Historia cómo un hombre bueno y se hace alarde de su magnanimidad al perdonar los rescates y dejarlos en libertad después de la sangrienta batalla contra Berenguer y el moro.Y el Rey que buen provecho sacó de la hospitalidad...que se le concedió a Zaida la mora.

    Esperando con impaciencia la siguiente entrada para ir comprendiendo mejor la historia del Meo Cid.

    Buenas noches Madame.

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    1. Algo especial debía de tener para que los romances lo glorificaran a él entre todos los caballeros. Eso no quita algunas manchas que quedan por ahí. Todos somos humanos, incluso él.

      El rey Alfonso es que era tremendo, jiji. Donde ponía el ojo...

      Feliz día, madame

      Bisous

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  2. Rodrigo fue magnánimo. Resulta casi incomprensible que que se perdiera voluntariamente, a menos que obtuviera una sustancia recompensa por ello, que tampoco consta. Los estudiosos tampoco encuentran una explicación. La película me encantó pero la verdadera historia me conmueve e impresiona.
    Bisous y feliz semana

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    1. Lo que no encuentran los estudiosos es una explicación que lo EXCULPE. Los indicios apuntan a que es difícil creer en su inocencia, pero no apuntan hacia la recompensa material. Estas no podían ser mayores que las que recibía del propio rey de Castilla. El asunto podría orientarse, más bien, hacia un enojo del Cid porque no había sido tenida en cuenta su estrategia para atacar a los moros, y Alfonso decidió seguir su propio criterio.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. Completísima esta serie de entradas sobre el personaje mítico por excelencia de nuestra historia. Su sistema de ideales, el concepto de la honra y la fidelidad, su integridad fueron la base del hombre hispano y del sistema de valores de los Siglos de Oro. Impresionantes Charlton Heston y Sofia Loren en la película El Cid. Que tenga muy buena semana, madame. Bisous.

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    1. Me imagino que se tomarían el concepto de integridad y fidelidad de los romances, y no las del personaje histórico, no siempre bien esclarecidas.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. Hola Madame:

    Siempre me gusta la forma de su relato Madame. Queda uno con ganas de más.

    Quien sabe que estaría pensando el Cid en aquel momento de su "perdida". Episodios como estos, acrecientan la leyenda sobre el personaje, que a pesar de todo siempre fuen honrado y fiel.

    Besos Madame

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    1. Muchas gracias, monsieur. Yo creo que en aquel momento el Cid iba muy enfurruñado con Alfonso y sentía que había sido ninguneado de cara a plantear la estrategia de combate.
      En la frase de "siempre fue honrado y fiel", yo pondría ese "siempre" entre interrogantes.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  5. Buenos días, Madame:

    Como siempre, su relato es encantador. Queda claro que una cosa es cómo se ha querido presentar al Cid en el romance y cómo habría sido en la realidad. Creo que reflexiones como la suya, que intentan desentrañar lo real de lo ficticio son muy importantes; sobre todo pensando en que en un pasado reciente se tenía al Cid como al que mató a los mil moros de una lanzada...

    Esperando impacientemente la siguiente entrega. A vuestros dulces pies, sus amigos anónimos.

    Un saludo.

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    1. Muchas gracias, estimados anónimos.
      Mire que eran exagerados con las leyendas! Pero es igual: cuanto más exageradas, más bonitas.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  6. le diré que nunca he llegado a ver la película entera. prejuicios ideológicos, lo sé. la historia de relaciones ente musulmanes y cristianos, fidelidades e infidelidades en una península revuelta nos da a entender que lo que hoy es un país mañana pueden ser treinta de nuevo y no pasaría nada.
    saludos madame.

    bisous!!

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    1. Ah, caramba, entonces esto es lo que usted considera no pasar nada?? Ah, genial! Claro, entonces ya voy entendiendo. La situación de la península de todos contra todos eran pequeñas anécdotas. Tenía que haber una explicación lógica, gracias por ofrecérnosla, Tolya.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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    2. ay que no. que no era eso. que contra la idea de que esto siempre ha sido uno y firme, la historia nos dice que han habido reinos, más reinos, pequeños reinos, traiciones y alianzas y que lo que hoy es así mañana puede ser de otra manera sin más. que no que no, que no eran anécdotas, tanta guerra y tanta correría que seguro que pagaría la carne de cañón de siempre, que no. me he explicado fatal.
      pero muy mal.
      disculpe, madame.

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    3. Jijij, le confieso sin rubor, Tolya, que le había entendido. Lo que pasa que soy muy mala. Pero eso usted ya lo sabe.

      Bisous

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  7. La sombra de la sospecha se cierne sobre el Cid. ¿Hubo traición a su rey? Eso es algo que presumiblemente quedará sin saberse. Lo que sí sabemos es que estos tiempos revueltos eran prolijos en envidias y traiciones. Y el Cid estaba en el punto de mira de más de uno. El número de enemigos iba en aumento entre los propios y los ajenos.
    Un saludo.

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    1. Así es: unos habían sido humillados por él, y otros le envidiaban. Luego había una tercera parte a la que no le gustaba su actitud, tal vez por haber perdido algún familiar en Aledo.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  8. Me doy cuenta al leer su relato de lo mal que tenía forjada la figura del Cid.
    No se granjeaba mucho amigos, el episodio de su actitud en la contienda no es muy ortodoxo, es como si actuase por libre jugando como baza su gran valor y dominio del arte de la guerra.
    Bisous, Madame.

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    1. Sí, así es. El caballero iba un tanto por libre. Y era muy orgulloso!

      Feliz comienzo de semana, madame

      Bisous

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  9. Yo insisto en un punto que en que no nos ponemos de acuerdo . Hollywood tendría que poner un gran aviso antes de cada película "ESTO ES UNA LIBRE ADAPTACION DE LA REALIDAD". La gente hasta discute de cosas porque las vió en el cine y no tienen nada que ver con la realidad.Ni el Cid era Heston, ni doña Jimena era Loren. Eran codiciosos, valerosos eso si, que hacían lo que podían en un mundo durísimo.Lo demás es leyenda. La leyenda ( no la historia) es la que inspira a los artistas. Como la creación inspiró a Miguel Angel, o como claramente fue la leyenda la que inspiró el monumento al Cid del que hablábamos el otro día. Gracias por la ardua labor de intentar esclarecer leyendas.Claudia

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    1. Madame, es una reflexión muy interesante la suya: es cierto que la leyenda parece haber resultado infinitamente más inspiradora que la historia, tal vez porque es pura creación e invita a seguir el camino. Cuánto ha inspirado en torno a Arturo, por ejemplo.

      La leyenda favoreció al Cid. Desgraciadamente otras veces las leyendas son negras, y destruyen en lugar de crear, situándose tan lejos de la historia como las blancas.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  10. El Cid, un personaje atractivo, controvertido y muy interesante. En él se funden la leyenda y la realidad. Una magnífica entrada, madame. Buenas tardes

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    1. Así es, monsieur.
      Muchas gracias.

      Feliz día

      Bisous

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  11. Sigue estando muy interesante esta historia. Esa Villena que citas supongo que es la Villena de Alicante... Verdaderamente interesante y misterioso ese episodio. Beso su mano, madame.

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    1. En efecto, madame.
      Muchas gracias. Ya falta poco para terminar.

      Feliz día

      Bisous

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  12. El Cid fue mi ídolo de niño, justo desde que vi la peli de C. Heston - que también se convirtió en mi héroe de entonces. Luego pasé por una etapa de desprecio, cayendo en el "pecado" de juzgar personajes históricos desde perspectivas actuales; y ahora estamos casi reconciliados, no precisamente por la realidad sino por la riqueza del romancero que generó su figura. Como usted bien apunta, algo especial tuvo que tener para que sus gestas fueran cantadas con tanto ahínco. Aunque sigo pensando que eso de "...fuerzas a que por salir de ti hagan mil cosas mal hechas" es una pobre excusa para un timo en toda regla. He disfrutado de las tres entradas de golpe y espero no perderme la continuación.

    Buenas noches, Madame.

    Pd. Siempre me ha llamado la atención la cita a Sanabria en el romance que recoge en la primera entrada: por aquel entonces la comarca no era un enclave excesivamente importante, ni siquiera demasiado poblado. Sí que vivía momentos de expansión el Monasterio de San Martín de Castañeda... me pregunto si tendría algo que ver con la redacción de este romance.

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    1. Más o menos seguimos el mismo camino con el Cid. Pero considero que, juzgándolo a la luz de su tiempo, no sale blanco impoluto. En cualquier caso viendo sus hazañas no cabe duda que fue un fuera de serie.

      A mí también me pareció curioso lo de Sanabria, sí. Es muy posible que la respuesta vaya en la dirección que usted apunta.

      Feliz día

      Bisous

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  13. Rodrigo era un tipo que no se arredraba, aunque el episodio que cuenta es muy poco plausible, pues Castilla no es el desierto de Gobi.
    En todo caso, la leyenda y su culto han erigido un personaje mítico, de los que crean literatura y fervor popular,ingredientes necesarios para construir símbolos históricos.

    Bisous y muy buenas tardes.

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    1. Así es, madame: no resulta fácil hacer que la historia del error encaje en los hechos. Llegar tarde y no poder despachar jinetes avisando del retraso o cambio de planes tampoco es creíble. Confundirse de lugar y creer que le habían dicho otro, tampoco.

      Pero en realidad si juzgamos debemos poner todo en la balanza. Como caballero de su tiempo tuvo que ser un fuera de serie.

      Feliz día

      Bisous

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  14. No son fáciles de entender esas intrigas que se sucedieron contra el Cid, caballero fundamental para la Reconquista, posiblemente cegados sus enemigos por el celo de su brillo.

    Bisous

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    1. No sé si eran intrigas contra el Cid o eran intrigas del Cid. Un poco de todo habría en esta viña.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  15. Que Don Rodrigo se perdió ? En serio? Bueno, demosle el beneficio de la duda... en aquella época no habían celulares ni GPS ni nada.
    Vaya con las intrigas y los vericuetos en los que se mete la gente para conseguir y mantener el poder.
    Es mejor, creo yo, mirar la cosa desde afuera, para no perder la cabeza ni literal ni metafóricamente, aun en nuestros tiempos=)
    SaludosXD

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    1. Perderse, llegar tarde, despachar correos que no llegan a destino... Los indicios no le son favorables a Rodrigo. Yo creo que para entonces ya estaba decidido a fundar su propia dinastía en otra parte, independiente de Castilla.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  16. Una pena no saber que pasó realmente con Don Rodrigo en esa batalla a la que nunca acudió...

    Apasionante historia, madame. Esperaré ansiosa la siguiente parte de esta historia.

    Feliz noche cargada de sueños cumplidos.

    Bisous

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    1. Gracias, madame. Pronto terminaremos con el Cid :)

      Feliz día

      Bisous

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  17. Es célebre el baúl del Cid, que ahora vacío, pero entonces lleno de piedras, está colgado en un muro de una de las salas del claustro de la catedral del Burgos (por lo menos lo estaba hace unos pocos años, cuando lo vi). Y ahora en un tono algo más frívolo, la felicito por la elección de esa preciosa foto de doña Jimena Loren.
    Beso su mano.

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    1. Y recuerdo que me traje una postalita del famoso cofre del Cid :)
      No sé qué habrá sido de ella.

      Muchas gracias, monsieur. No todo iba a ser Charlton Heston!

      Feliz día

      Bisous

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  18. No es por justificar el error del Campeador, pero todos los grandes personajes tienen un lado oscuro, la ambicion, la gran ambición.
    Interesante entrada. Arroja usted luz, mucha luz, en un día plomizo, como tantos que debió vivir el Cid y su hueste.
    ¿Ahora empieza la historia del Señor de la Guerra?
    Saludos.

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    1. Sí, es cierto. Supongo que al final la ambición acabó por perder al Cid. Al fin y al cabo había conquistado con su propia espada y sin ayuda de Castilla tantos territorios que bien podía aspirar a tener su propio reino.

      Feliz día

      Bisous

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  19. Cuanto más leo sobre estas entradas sobre el Cid, más me admira su capacidad, Madame, para mantener el interés sobre ellas. Voy a por la siguiente.

    Bisous

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    1. En realidad a mucha gente le decepciona encontrar manchitas oscuras en el héroe perfecto. Pero claro que las tuvo. Hay muchos aspectos en él que son discutibles y abiertos a debate.

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)