miércoles, 13 de febrero de 2013

Ofrendas y sacrificios en la antigua Grecia


Platón decía que no había nada mejor para un hombre virtuoso que mantener el contacto con los dioses mediante ofrendas, oraciones y votos. Los antiguos griegos hacían ofrendas a las diversas deidades para solicitar algún don, o bien para conjurar los peligros, enfermedades y tormentas. Había una segunda clase de ofrendas, que eran de gratitud por la merced concedida. Por último, una tercera tenía como objetivo la expiación de una culpa o reparación del incumplimiento de la ley, humana o divina. 

Antes de entrar en contacto con el dios, era preciso seguir un proceso de purificación, exigible a todo aquel que entraba en el templo y no solo a quien iba a realizar el sacrificio. La purificación se extendía a la ropa y los objetos utilizados en los ritos. A la entrada había vasijas con agua consagrada. La persona, a la que se pedía que no albergara malos pensamientos, se rociaba con ella o bien dejaba que lo hiciera un sacerdote. Otra forma de purificación era la del fuego y el humo, que subía hasta el Olimpo y alimentaba a los dioses. 

También se atribuyen cualidades purificadoras a ciertas plantas, como el mirto, el romero y el enebro. Una ramita de laurel de Apolo se suponía que podía librar al asesino de su culpa. Pero no solo había purificaciones de individuos, sino incluso de ciudades enteras después de haber sufrido una epidemia o una guerra, y en tiempos de gran aflicción llegaron a ofrecerse víctimas humanas. 


En Samotracia y en Delfos los suplicantes debían confesar sus pecados. En este último lugar era el sacerdote de Apolo el encargado de escucharlos. El acto de purificación iba seguido de una oración. Casi todos los acontecimientos de cierta relevancia en la vida cotidiana se acompañaban de oraciones que normalmente iban dirigidas a tres dioses juntos. Para no ofenderles omitiendo alguno de sus nombres, se añadían generalmente ciertas fórmulas, como “si este y otro es tu nombre favorito”, o “quienquiera que puedas ser”. 

A los dioses olímpicos se les rezaba en posición vertical y con las manos levantadas. Para orar a los dioses marinos se colocaban las manos horizontalmente; a los del Tártaro con las manos bajadas, o se pronunciaba la invocación golpeando el suelo con el pie. Arrodillarse no era usual. Solo aquellos que tenían un deseo especial de protección solían abrazarse arrodillados a la estatua del dios. Semejante a la oración era la maldición contra los criminales, mediante la cual se imploraba a las Furias. 

Zeus Horkios, vengador de juramentos, castigaba al perjuro. El juramento solemne se tomaba en suelo sagrado, ante el altar o la estatua de un dios. La persona que juraba tocaba el altar o la estatua, o bien metía su mano en la sangre de un animal sacrificado, invocando a tres dioses igual que en la oración, pero en este caso como testigos. 


Para que los dioses le fueran propicios, solían acompañar la oración con una ofrenda. Esta podía ser depositada en el altar, consumida por el fuego o bien tratarse de una ofrenda votiva que pasaba a ser propiedad del santuario. Algunos lugares recibían tantas que para albergarlas fue preciso construir edificios llamados tesoros, como fue el caso de Delfos. 

Las ofrendas podían consistir en los primeros frutos del campo, pero también en comestibles elaborados, con frecuencia en forma de animales. La cebada tostada era muy común. La arrojaban a las llamas o bien se esparcía sobre los cuellos de los animales dispuestos para el sacrificio. 

Las libaciones eran características de estas ceremonias. A determinados dioses se les ofrecía vino sin mezclar, mientras que las deidades de la luz, las Ninfas, las Furias y las Musas recibían miel, leche y aceite. 

La elección de los animales que iban a ser sacrificados dependía de las cualidades de los dioses en cuestión. Los olímpicos preferían animales blancos; los del mar y el inframundo, por el contrario, se inclinaban por los negros. Generalmente eran domésticos, aunque Artemisa, como es lógico, prefería animales de caza. Pero, del mismo modo que los sacerdotes no podían tener ningún defecto físico, los animales tenían que ser fuertes y saludables, encontrándose inadmisible que hubieran sido utilizados previamente por los hombres. Solo en Esparta, por ser gente de costumbres más frugales, se podía pasar por alto esa pureza absoluta del animal. 


A Demeter se le sacrificaban cerdos, y a Dionisos machos cabríos. Si el animal iba al sacrificio sin oponer resistencia, o si asentía con la cabeza, era considerado un buen presagio, de modo que para forzar un poco la suerte, echaban agua purificadora sobre su cabeza, facilitando así el movimiento. 

El número de víctimas variaba con arreglo a las posibilidades del adorador. Los pobres se conformaban con ofrecer figurillas de barro representándolas. 

El rito de quemar a los animales sobre el altar se llamaba holocausto (“todo quemado”), pero fue desapareciendo paulatinamente. En tiempos de Homero los dioses recibían los perniles y trozos pequeños de carne, mientras que los presentes comían el resto, sin que pudiera sobrar nada. Estas comidas compartidas por dioses y hombres se convirtieron en parte del sacrificio en sí, de modo que los animales solo se enterraban enteros en las ofrendas hechas para los difuntos y en aquellas en las que había un maleficio de por medio. Homero menciona también la costumbre de dorar los cuernos, pero posteriormente se cambió por una decoración a base de guirnaldas y tainiai (cintas de lana). 


El animal era conducido en procesión hasta el templo. Si el sacrificio era para el inframundo, se doblaba la cabeza hacia abajo; en caso contrario se volvía hacia arriba. Luego se cortaba la garganta con un cuchillo y se recogía la sangre en un recipiente especial. Las entrañas, y especialmente el hígado, se examinaban para comprobar si los dioses aceptaban el sacrificio. Cestas y demás utensilios empleados eran también adornados con guirnaldas, ramitas o tainiai. 


22 comentarios:

  1. Interesantísima entrada, madame. Me la guardo. Beso su mano reverenciada.

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  2. La cuna de Occidente...Un culto que parecía calcado en las siguientes religiones...

    Besos Madame

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  3. Estuve en Delfos, impresionante. Muy bien contado esto de los sacrificios. Si el hombre no cambia todo es inútil. A la vista está con o sin sacrificios no tenemos remedio.
    Bisous

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  4. Aparte del sacrificio animal, parece una religión muy sensata y pacífica.
    Bisous, Madame

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  5. Lo de los rezos no lo tenia muy claro, pero tu depejas dudas.
    Ha sido gratisimo leerte.

    Cariños

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  6. Ciertamente el arte de los sacrificios y ofrendas requería todo un manual debido a su complejidad. Siempre que se habla de sacrificios en el mundo grecorromano recuerdo el caso del emperador romano Juliano (siglo IV d.C.), muy aficionado a sacrificar toros. Como murió joven y sólo pudo gobernar apenas 3 años, se solía decir en la época que a su muerte los toros de todo el Imperio respiraron aliviados porque su especie no desaparecería.

    Un saludo y enhorabuena por el blog,

    Anónimo Castellano

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  7. Muy elaborado todo lo que se refiere a las ofrendas y sacrificios. Es evidente que existían muchas normas.
    Muy instructivo este post, Madame.

    Bisous

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  8. Todas las religiones basan sus cultos en sacrificios, ofrendad, confesiones, purificciones y peregrinsciones, pero lariega era muy coherente y equilibrada, propio del clasicismo heleno.. Muy buenas noches, madame

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  9. Resulta curioso que los humanos pidiese a los dioses el castigo de los asesinos, como si Zeus y familia no fueran capaces de administrar justicia divina. Bueno, no de todos: de algunos se pedía el perdón con un poquito de laurel.
    Beso su mano.

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  10. De allí venimos.
    Parece que la humanidad, ante el desamparo y la incertidumbre, siempre ha tenido necesidad del cobijo de los dioses.
    Tras Constantino y Teodosio, la Iglesia se fue apropiando de los rituales grecorromanos, imprimiendo su sello característico.
    Un saludo.

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  11. llámeme atolondrado, pero en la primera reflexión de Platón he querido ver algo también de Confucio y la importancia que le daba a los ritos.
    si yo fuera un jovenzuelo que tuviera que hacer un trabajo para el insti, guardaría esta entrada como oro en paño. todo un lujo.

    saludos madame!
    bisous!!

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  12. Tengo un rollo con la antigua Grecia. La cuna de la cultura occidental, lugar bellísimo, todo muy cierto. Pero que misógenos eran los griegos. Tengo una negación con este pueblo. Ya se que es terrible lo que digo, a lo bestia, ja,ja, pero me hago cargo. Igual la entrada, lujito como siempre. Besitos. Claudia.

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  13. La cultura griega siempre interesante Un pueblo comprometido con su fe y sobre todo agradecido .Aunque discrepo que con una hoja de laurel ya se limpiaba la culpa de un asesino.Pero eran otros tiempos.

    Muy interesante esta entrada madame.

    Feliz día de San Valentin.

    Besos.

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  14. Afortunadamente, la humanidad ha superado, salvo algún caso aislado y morboso, la práctica del holocausto, tanto de animales como de personas. No es Dios (o los dioses) quienes nos necesitan, sino las personas quienes necesitan a la divinidad.

    Como siempre, Madame, sois admirable.

    Bisous

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  15. Se puede seguir el rastro de algunos de estos ritos en la actualidad, desde los exvotos a la consulta de oráculos.
    Creo que el de Delfos estuvo en activo sus buenos mil años.
    Benditos griegos, algo se debió estropear porque no hemos mejorado mucho desde entonces, exceptuando la tecnología y alguna cosa más, seguimos sin superar la vasta visión que tenían sobre el ser humano y el mundo.

    Bisous y buenas tardes.

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  16. Muy interesante, Madame. Sobre la evolución desde el holocausto a las comidas compartidas entre dioses y hombres se me ocurren unas cuantas teorías, pero seguro que el puro pragmatismo es la más acertada.
    Feliz tarde, Madame

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  17. En sus ritos se muestran mucho más civilizados que otros pueblos hasta en fechas actuales, por algo son los griegos la cuna de la civilización.

    Bisous y feliz día.

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  18. Creo que detrás de toda ofrenda existe un interés puesto que se espera algoa cambio. En esto no henos cambiado, aunque sí en la forma. Excelente entrada, madame.
    Buenas boches

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  19. Estos griegos y sus dioses sin fin. Espero que fueran comedidos lanzando avena tostado al fuego, que si no...
    Grandes ilustradores en el post, románticos, supongo.
    Saludos.

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  20. Algunos aspectos de los sacrificios los conocía pero nunca con tanto detalle.
    Buena exposición, Madame.

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  21. Es curioso que en el mundo clásico se orase de pie y con las manos levantadas, con la palma hacia arriba, y no arrodillados como los cristianos. Quizá fue una costumbre que se implantó con la llegada de los cultos orientales y la implantación del cristianismo en el Imperio Romano. Los griegos oraban de pie porque nunca se podrían poner a la altura de sus dioses.
    Seguro que sólo los más ricos podían ofrecer una gran hecatombe para atraerse el favor de los dioses.
    Un besito y feliz fin de semana

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  22. Es más fácil creer en ellos que en la religion catolica y cristiana, a mi parecer

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)