miércoles, 20 de febrero de 2013

LA MAGNA CARTA


El reinado de Juan Sin Tierra culminó con una sublevación de sus barones, que le impusieron la Magna Carta en un intento de limitar su autoridad. 

Hacia el año 1208 los signos de los abusos reales se hacían cada vez más evidentes. Pronto comenzó a haber rumores de descontento entre los barones, seguidos de una serie de incidentes. El verano de 1212 deparaba una conspiración que marca el inicio de lo que iba a desembocar en una guerra civil, pero es en el otoño de 1214, al regresar el rey derrotado de su guerra contra Francia, cuando el descontento iba a aumentar de modo alarmante. Tras la batalla de Bouvines, Juan se había visto obligado a firmar un tratado desfavorable para los intereses ingleses, algo que no le sería perdonado. 

El rey temía las amenazas que procedían de los territorios fronterizos, donde habían surgido importantes centros de oposición. Pensaba, en particular, en los barones del sur de Gales, poseedores de extensos territorios también en Irlanda. Se sentía igualmente inquieto por los del norte de Inglaterra, muchos de los cuales habían sufrido la injusticia de severas exacciones fiscales para poder sostener una campaña que se demostró ruinosa. Los complots, a veces reales y otras solo fruto de rumores, empujaban a Juan a modificar la dureza de su previa política financiera y a hacer cambios en los sheriffs de los condados del norte. 

La alarma del rey ante la oposición de sus nobles jugó un papel fundamental en su decisión de poner fin a la larga lucha que sostenía con el Papa por la sucesión en la sede de Canterbury. A Juan se le hacía preciso cerrar algún frente entre los muchos que se le habían abierto, de modo que se vio obligado a ceder y a reconocer como arzobispo a Stephen Langton. Le fue entonces levantada la pena de excomunión con la condición de renovar las promesas hechas en su juramento de coronación, relativas a proteger a la Iglesia y a gobernar con justicia, conforme a la vieja ley. 


El nuevo arzobispo de Canterbury se convirtió en uno de sus mayores enemigos y se lanzó a atizar el descontento, recordando a los barones sus legítimos derechos. En un concilio al que fueron invitados algunos de ellos, Stephen leyó la carta de libertades de Enrique I y los animó no solo a procurar su continuación, sino a agregar algunas cláusulas adicionales al juramento prestado en su día por el rey y a poner freno a los abusos y extorsiones por parte de sheriffs y demás oficiales de la Corona. 

A finales de octubre de 1213 un grupo de barones se reunió con el legado papal, cuya misión era mediar en la disputa que mantenían con el rey. Posiblemente fue entonces cuando presentaron la primera serie de demandas, recogidas en el documento que lleva por nombre la Carta Desconocida de Libertades, y del que solo existe un manuscrito que fue encontrado en París entre los archivos de Felipe Augusto. En realidad se trata de una copia de la Carta de Enrique I junto con un breve documento en el que aparecen notas, observaciones informales o propuestas, pero en lo esencial coincide con la Magna Carta posterior. Una de las pretensiones de los rebeldes era que la prestación de servicios militares en el continente se limitara a Normandía y Bretaña, excluyendo el Poitou. 

Juan hizo pequeñas concesiones y vagas promesas, pero al mismo tiempo exigía de ellos un juramento de lealtad, tener la custodia de sus castillos y la entrega de rehenes que garantizaran el cumplimiento del pacto. Estas medidas, junto a las exigencias económicas a las que le obligaba la financiación de la campaña bélica que planeaba en el continente, terminaron por colmar la paciencia de los barones. 

Magna Carta de las Libertades

Cuando el rey regresó derrotado a Inglaterra, su posición era precaria. Varios de los que habían huido del reino en su día por estar implicados en complots contra Juan, habían sido autorizados a volver como parte del acuerdo en el que se trató la sucesión de Canterbury, lo que no contribuía a facilitarle las cosas. El descontento era tan obvio que el rey convocó una reunión en Londres el 6 de enero de 1215. Para entonces los barones hostiles se habían juramentado en una asociación o conjuratio

Tras ese encuentro, Juan aplazó la respuesta a sus demandas alegando que habían sido hechas sin ningún respeto y mediante amenazas y coacciones. Anunció que pasada la Pascua volverían a reunirse en Northampton y entonces les comunicaría su decisión. 

Mientras tanto, temiendo que se desencadenara una rebelión, comenzó a prepararse para la guerra y envió a reclutar en Poitou tropas para reforzar las guarniciones de los castillos. Pero cuando sus hombres desembarcaron en Irlanda, cambió de opinión y escribió que no los necesitaba. Había decidido optar por tácticas dilatorias en lugar de una confrontación abierta, con la esperanza de poder atraerse aún a los barones más moderados. Pero, sobre todo, quería atenerse a la legalidad, rechazando el recurso a la fuerza para asegurarse también el apoyo del Papa. 

Sus esfuerzos diplomáticos ante Inocencio III fueron enormes, y hasta estaba dispuesto a emprender una Cruzada. Eso fue un golpe maestro de la diplomacia, porque desde el momento en que tomara la Cruz se colocaba él mismo y todas sus propiedades bajo la protección especial de la Iglesia, convirtiéndose en inviolable. Pero Inocencio temía que se desencadenara una rebelión en Inglaterra que podía dar al traste con los planes. El Papa sospechaba, además, que el arzobispo de Canterbury apoyaba a los rebeldes, puesto que se negaba a atender la petición del rey de excomulgarlos. 


Las negociaciones entre Juan y los rebeldes iban a prolongarse hasta el mes de junio. El rey ofrecía mayores concesiones, pero los barones las rechazaron. El 26 de abril, primer domingo después de Pascua, iba a tener lugar la reunión de Northampton. Los barones se presentaron armados y con unas demandas que no consideraban negociables. Como Juan no acudió, se las enviaron a Wallingford. 

La posición del rey seguía siendo la misma: no tenía intención de hacer ninguna concesión que amenazara lo que él consideraba los derechos tradicionales de la Corona, y esperaba que llegara pronto de Roma el apoyo a sus prerrogativas. Recibió, en efecto, tres cartas del Papa a finales de abril, pero era demasiado tarde para impedir una fractura total entre el rey y sus barones. 

Los rebeldes eligieron a Robert Fitz Walter como líder tras renunciar a su juramento de fidelidad el 5 de mayo de 1215. Ni él ni otros miembros del grupo de 25 ejecutores de la Magna Carta iban a mostrar ningún respeto por la ley ni por el cumplimiento de los compromisos adquiridos. Robert de Ros, por ejemplo, hacía uso de una banda armada para combatir a los hombres del sheriff que pretendían juzgarlo. En realidad los barones de la época defendían generalmente sus propios intereses particulares; pretendían del rey que fallara a su favor en las disputas que mantenían con parientes y vecinos, y se convertían en sus enemigos cuando veían frustradas sus expectativas. Pero también había entre este grupo de hombres quienes demostraron ir más allá en sus objetivos y orientarse hacia el bien público, alarmados por el gobierno arbitrario de Juan. 

El rey continuó proponiendo concesiones en busca de una solución pacífica al conflicto. Ofreció someter la cuestión a arbitraje, nombrando él cuatro árbitros y los rebeldes otros cuatro, bajo la presidencia del Papa, pero los barones no aceptaron. Llegados a ese punto, Juan se preparó nuevamente para la guerra y ordenó apoderarse de las tierras de los rebeldes. 

Baynard's Castle, Londres

Después de un intento fallido por apoderarse del castillo de Northampton, logró ocupar Londres el 17 de mayo. Pero una parte de los habitantes colaboraban con Fitz Walter, señor del castillo de Baynard, la principal fortaleza después de la Torre. Ellos abrieron la ciudad a los rebeldes. Juan, mientras tanto, había reunido tropas y reforzado las fortificaciones, pero no fue capaz de moverse con la suficiente rapidez. Ahora, sin Londres, su posición era mucho más difícil. 

A finales de mayo Juan estaba completamente solo. Tenía que negociar para intentar ganar tiempo. 

Las negociaciones tuvieron lugar en Runnymede, cerca del castillo de Windsor, a comienzos de junio de 1215. Los artículos de los barones eran un acuerdo preliminar preparado antes de la reunión, fruto de varias semanas de conversaciones con los agentes del rey. A comienzos del siglo XIII no era infrecuente que las comunidades compraran cartas de libertades o privilegios. Muchas ciudades y condados habían obtenido estas concesiones, e incluso alguno de los barones rebeldes había otorgado a sus gentes una de estas cartas. Lo novedoso fue la exigencia de los barones de obtener una que se aplicara a todo el reino. 

El texto, cuyas cláusulas aparecerían después en la Magna Carta sin apenas cambios, comenzaba así: 

“Estos son los artículos que los barones solicitan y el rey concede”. 

Vista desde la orilla norte del río Támesis de la isla de la Magna Carta, junto a Runnymede

Juan selló el borrador de la Carta el día 10, aunque quedaban algunas cuestiones por discutir. Una de ellas era la insistencia de los rebeldes para que el rey renunciara a cualquier derecho de apelar al Papa, algo a lo que él se resistía. De hecho, en cuanto pudo pidió a Inocencio que revocara el documento. 

Finalmente se alcanzó un acuerdo el 19 de junio. El rey y los rebeldes intercambiaron el beso de la paz y se renovó el juramento de homenaje. Luego seleccionaron los 25 ejecutores del acuerdo. En los días que siguieron hasta el 24 se redactaron y sellaron copias del documento que conocemos como Magna Carta de las Libertades, cuatro de las cuales aún se conservan. 

Podrán encontrar el texto íntegro del documento en este link.


Bibliografía:
King John – Ralph V. Turner
King John – W. L. Warren
Imagen de Runnymede: Anthony McCallum

16 comentarios:

  1. Nobleza y monarquía siempre a la greña por limitar el poder de los otros frente al propio.
    Lo más positivo de todo es que de estas "Cartas Magnas" provienen las actuales constituciones democráticas donde, junto a los derechos y los deberes del ciudadano, se limitan las competencias del rey.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Pues con este artículo me deja usted clarísmo que nada ha cambiado en todos estos años, madame. Las ganas de sacarse los ojos unos a otros siguen intactas, pero nuestros gobiernos son más sutiles que los de antaño. Y es que la democracia impide que uno se muestre tal cual es realmente.
    Bisous.

    ResponderEliminar
  3. Llama la atención cuánto más peligroso es el poder para el hombre que cualquier otro elemento de corrupción, así como la diferencia de aplicación de aquellas cartas magnas a nuestras constituciones.

    Da pie a la reflexión. Muchas gracias por tu entrada, Dame Masqueé.

    Tenga una buena tarde.

    ResponderEliminar
  4. Está muy claro que los contrapoderes, el equilibrio de fuerzas, son la esencia para que un Estado progrese sin enzarzarse en sangrientos conflictos internos.
    Nos trae la Carta Magna, una semilla constitucional que ha sufrido mil avatares y sin embargo sigue siendo un referente glorioso para quienes estudian lo que malamente se denomina ciencia política.
    Y es asombroso que el arzobispo de Canterbury esté siempre,y a lo largo de ochocientos años en el candelero ¿o era en el candelabro?

    Bisous y buenas tardes.

    ResponderEliminar
  5. Siempre la opresión de unos contra otros en este caso: nobles contra nobles y anterior a la Carta Magna ya la tuvimos en la Península Iberica en las cortes de León de 1188.Pero así y todo es solo un referente porque a la hora de la verdad se puede decir que cuando la sin razón no entiende esto es papel mojado.Aun escuecen estas afrentas entre los normandos y los sajones.

    Un abrazo madame feliz semana.

    ResponderEliminar
  6. Época tormentosa y tumultuosa, donde los monarcas no eran nada sin sus nobles, pues estos eran los que les proporcionaban los vasallos para luchar como soldados en las campañas militares. Además, la historia de la Inglaterra medieval siempre estaba envuelta en esa leyenda que la hace tan atractiva. Y qué poder tuvo siempre el Arzobispo de Cantarbury. Excelente post de historia, madame. Que tenga una buena velada. Bisous.

    ResponderEliminar
  7. Conocía a Juan Sin Tierra por los relatos de Robin Hood, por lo que se ve era muy escurridizo e intentó de mil maneras conservar la corona. Siempre los nobles luchando entre sí para conservar sus privilegios.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Una gran noticia el que se puedahaber llegado a unacuerdo sinque corriera la sangre.Me gusta este Rey tan moderado y que tuviera las cosas tan claras como para intentar salvar los muebles.
    Muy amena la lectura.
    Bss

    ResponderEliminar
  9. Esta carta es citada invariablemente como un antecedente de lo que serían luego las constituciones modernas. He estudiado el tema en la facultad ,pero jamásm hasta ahora, la había leído completa. Cuando uno lo hace se da cuenta que muy poco tiene de democrática. En realidad se están repartiendo el tablero entre unos pocos y el pueblo no le importa a nadie. Pero bueno, algo es algo , y sobretodo impuesta al "Principe de la Oscuridad". Porque ese si que fue un malo malísmo. Agradecida, me resultó particularmente útil este relato. Claudia.

    ResponderEliminar
  10. finalmente, si no es apretando un poco, no se consigue nada. lecciones nos da la historia que nos deberíamos aplicar. con consenso, con grandes acuerdos, se hacen muchas cosas, pero antes, su majestad le ha tenido que ver seriamente las orejas al lobo para dar su brazo a torcer.
    muy buena entrada, madame.

    bisous!

    ResponderEliminar
  11. Hola Madame:

    El favorito de su padre para llegar al trono de Inglaterra. o tenía los mismos apoyos, ni creo que tampoco el mismo caracter.

    Leyendo esto me impresiona que politicamente seguimos igual, llegamos al concenso luego de estira y encoge...Y siempre intentando sacar mejor partido que el oponente...

    Besos Madame

    ResponderEliminar
  12. Este pobre monarca sin predio, sin ardor guerrero, mientras nosotros estábamos defendiéndonos en las Navas de Tolosa; pero la historia y sus caprichos escribe a veces con renglones torcido la historia, cosa que no siempre logramos entender a la primera, Madame.

    Bisous

    ResponderEliminar
  13. Hay que ver la mala prensa que se granjeó Juan SinTierra desde el comienzo de su reinado. Parecían perseguirle los espírtus de sus combativos padres y el no menos victorioso de su hermano Ricardo Corazón de León. Difícil lo tenía, de todos modos, para lograr superlarlos a los tres en brillantez. Él no fue más que un rey en la sombra, lejos de la luz de las estrellas de su familia.
    Un besito

    ResponderEliminar
  14. A regañadientes debió suscribir lo que limitaba su poder. A saber, de haber vivido más, qué habría hecho.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
  15. Muy difícil intentar impartir justicia cuando nos mueve la envidia y la avaricia y, sobretodo, cuando te acechan decenas de cuervos a la espera de sacarte los ojos. No importan las circunstancias, lo que importa es quien se lleva el bocado más gordo en el pico.

    Bisous Madame.

    ResponderEliminar
  16. Está claro, tuvo que ceder, todo estaba en contra. De todas maneras a nivel popular se ha quedado con ese título y leyenda: Juan sin tierra.

    Bisous

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)