lunes, 18 de febrero de 2013

Bothwell y las mujeres (II)


Nadie puso en duda la autenticidad de los documentos incautados al conde de Bothwell hasta que, en palabras del gran Stefan Zweig, “cien o doscientos años más tarde, cuando hacía mucho que los originales habían sido aniquilados por el hijo, osó, poco a poco, ir surgiendo esta hipótesis de la falsificación, enlazada con los esfuerzos que eran hechos para presentar a esta mujer osada e indómita como inocente e inmaculada víctima de una miserable conspiración… ¡Y qué absurdo también sería el que unos nobles campesinos escoceses, a quienes la poesía era lo más ajeno de la tierra, compusieran rápidamente once sonetos en lengua francesa para comprometer a su reina!” 

James Hepburn, conde de Bothwell, tramó un complot para deshacerse de Darnley. Se ha discutido mucho acerca de quiénes formaban parte de la intriga, y especialmente si la reina participó o tuvo conocimiento del plan del nuevo favorito para acabar con la vida a su esposo. Lo cierto es que a pesar de los románticos defensores a ultranza de María, parece difícil en extremo negar que fuera cómplice. 

“Arriesgué por él nombre y conciencia. Quiero, por él, renunciar al mundo, quiero morir por hacerle progresar”. 

Lord Darnley había caído muy enfermo en Glasgow, adonde se había apresurado a acudir tras escuchar rumores de que la reina se proponía hacerlo prisionero. Se apuntó que se trataba de sífilis, pero también se habló de viruela, e incluso de veneno. María acudió a su lado, escoltada por el propio Bothwell durante parte del camino, y aparentó buscar la reconciliación. Persuadió a Darnley para que regresara a Edimburgo, y él, sosegados sus temores, accedió. 

María Estuardo

El enfermo fue transportado en una litera, pero no se alojó en palacio, sino que con el pretexto de que estaría más tranquilo y respiraría mejores aires se decidió que ocupara una casa de los suburbios, en Kirk O’Field, donde María lo visitaba. 

La noche del domingo 9 de febrero de 1567 la reina abandonaba el lugar a las 11 para asistir a una fiesta, y tres horas más tarde se producía una fuerte explosión en la casa. Los cuerpos del rey y del sirviente que dormía en su cámara se encontraron en el huerto. Habían sido estrangulados, y la explosión fue un torpe intento de encubrir los asesinatos. 

Siguió una parodia de investigación. Se pretendió hacer creer que el atentado había ido dirigido contra María, puesto que los explosivos habían sido colocados en la habitación que ella ocupaba a veces, pero la argucia no convenció a nadie. Finalmente Bothwell fue juzgado por el Consejo Privado de Escocia en abril de 1567, acusado de ser el jefe de la conspiración, tan sólo para salvar las apariencias. Naturalmente fue declarado inocente

Casi todos los obstáculos parecían despejados excepto uno: James seguía casado con Jean Gordon. De hecho, apenas había transcurrido un año desde el día de la boda. Días después de la muerte de Darnley, la propia esposa del conde enfermó gravemente. Su vida corrió gran peligro, hasta el punto de que un embajador llegó a anunciar su fallecimiento. Pero afortunadamente para ella, su hermano logró persuadirla para que accediera al divorcio, y Jean recuperó entonces su salud. Para cumplir con el trámite, el 3 de mayo de 1567 acusaba a su esposo de adulterio con Bessie Crawford, una de las doncellas de su madre. Cuatro días más tarde el matrimonio era anulado con el pretexto de que no habían solicitado la pertinente dispensa, unidos como estaban por una relación de parentesco en cuarto grado. 

María Estuardo

El 12 de mayo la reina convertía a Bothwell en duque de Orkney, y tres días después se casaba con él en Holyrood por el rito protestante. Tan sólo habían transcurrido tres meses desde la muerte de Darnley. 

Ningún personaje importante asiste a la boda, y la gente murmura al paso de la reina. John Knox la aplasta con la fuerza de su encendido verbo y en Inglaterra Isabel no responde a sus cartas. 

En cuanto a Bothwell, no está en su naturaleza aventurera dejarse abatir. Intuyendo que se avecina una rebelión, decide adelantarse a ella. El 6 de junio deja a María en Holyrood y se dirige al castillo de Borthwick, donde ha movilizado a sus vasallos con la intención de regresar al frente de un ejército y apoderarse de Edimburgo. Antes de partir hace fundir la plata de la reina, así como las pilas bautismales de oro macizo, regalo de Isabel. 

El llamamiento del conde no tiene el resultado esperado. Solo consigue reclutar unos pocos hombres que nada pueden hacer frente a las tropas de los lores insurgentes. Hubo de escapar de Borthwick a través de una puerta excusada y emprender un frenético galope hasta el castillo de Dunbar. Allí la reina, vestida de hombre, se reúne con él. Juntos reunen suficientes soldados para atreverse a un encuentro desesperado con el ejército enemigo. 

Tras algunas escaramuzas, el conde, que sabe que no tendrán ninguna oportunidad, propone dirimir el asunto mediante combate singular. No ignora que muchos de sus hombres simpatizan con el enemigo, y que no puede confiar en ellos. Los adversarios no aceptan la propuesta, de modo que todo está perdido. María envía un mensaje a los lores y estos imponen sus condiciones: si la reina se entrega, Bothwell podrá partir al extranjero. 

María acepta y ambos se despiden. Ya no volverán a verse. 

James Hepburn, conde de Bothwell

El conde se dirigió a Escandinavia. Tenía la esperanza de reclutar un ejército capaz de restaurar en el trono a María, pero fue apresado en la costa noruega por no llevar los documentos pertinentes. Bothwell fue escoltado hacia el puerto de Bergen, donde le aguardaba la venganza de una mujer: Bergen era la ciudad de Ana Trondsen, su abandonada esposa noruega. Para complicar las cosas, allí se encontró también con viejos acreedores que reclamaban sus deudas. 

Ana, con el apoyo de su poderosa familia, interpuso una demanda contra él por abandono, y solicitaba la devolución de su dote, de la que Bothwell se había apropiado. El conde fue enviado a prisión, encerrado en la Torre Rosenkratz. Durante el proceso que siguió, la dama testificó que James tenía tres esposas vivas. 

A pesar de todo, había conseguido negociar con Ana y alcanzado un acuerdo para la restitución de sus bienes. Seguramente hubiera sido puesto en libertad de no ser porque el rey Federico II, rey de Dinamarca y Noruega, supo que la reina de Inglaterra buscaba a Bothwell por el asesinato de Darnley y decidió retenerlo. Tanto Isabel como el hermanastro de María reclaman su entrega. Moray lo acusaba de pirata, asesino y traidor, pero los parientes franceses de María presionaban para que Federico no cediera, y el rey de Francia, Carlos IX, decidía permanecer neutral. 

Al principio Bothwell fue tratado con toda consideración, pero, llevado de prisión en prisión, fue finalmente trasladado al castillo de Dragsholm, en Dinamarca, donde se enfrentó a unas durísimas condiciones que acabaron por hacerle perder la razón. Ya nunca saldría de allí. Moriría en su celda el 14 de abril de 1578. 

Torre Rosenkratz

En cuanto a Ana, nunca volvió a casarse, pero Jean Gordon rehizo su vida y contrajo un segundo matrimonio con el conde de Sutherland, con el que tuvo al menos siete hijos. Y cuando su segundo esposo murió, aún tuvo un tercero. Pero esta vez, por fin, pudo casarse con el hombre de su vida: Alexander Ogilvy de Boyne. Sus dos primeros matrimonios habían obedecido a razones políticas; el tercero, celebrado cuando Jean rebasaba los 50 años, fue por amor. 

Lady Jean fue una mujer que dejó huella en la Escocia de su tiempo, como recuerda Antonia Fraser: “Las esposas de los nobles escoceses fueron capaces de vez en cuando de proyectar una figura de genuina inteligencia e ingenio, tales como Jean, condesa de Argyll, Jean Gordon, condesa de Bothwell, o Agnes, condesa de Moray, que hicieron sombra a muchos de sus contemporáneos varones.” 

Jean Gordon tuvo una larga vida. Contaba 83 años cuando falleció en su castillo de Dunrobin el 14 de mayo de 1629. Ella había sobrevivido a todo.


Links para artículos relacionados:
María Estuardo y David Rizzio (II)


Bibliografía:
Marie Stuart et le comte de Bothwell – L. Wiesener 
The love letters of Mary, Queen of Scots, to James, Earl of Bothwell - Hugh Campbell 
Isabel I de Inglaterra – Jacques Chastenet 
María Estuardo – Stefan Zweig 
María Estuardo – Elena Agüero 
Isabel de Inglaterra – Sysley Huddleston 
Mary Queen of Scots – Antonia Fraser 
Queen of Scots: The True Life of Mary Stuart - John Guy 

36 comentarios:

  1. Mal acaba quien adopta en la vida el arriesgado papel de aventurero.
    Un saludo.

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    1. A veces les sale bien la jugada, pero este hombre picó demasiado alto. No tenía sentido de la medida.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  2. Nos ha encantado esta rocambolesca historia, Dame Masquée. Es una lástima que en Hollywood no sepan ni la mitad, de la mitad, de la mitad de la historia con la que nos ilustras.

    Al final, las personas que apuestan tanto acaban perdiendo. Por cierto, creo apreciar en el desenlace de sus aventuras resonancias shakesperianas.

    Un saludo y gracias por tu dedicación.

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    1. La inspiración del genial dramaturgo forzosamente se nutrió de muchas historias como esta, destinadas a salir mal. Es increíble hasta qué punto puede cegar la ambición.

      Feliz comienzo de semana y gracias a ustedes.

      Bisous

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  3. Quien mal anda mal acaba. Tantas mujeres al final toman represalias.
    Pobre Bothwell, terminar sus días así.
    Me ha enganchado mucho la historia como si de un relato de aventuras se tratara.
    Bisous madame. Que disfrute de la tarde.

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    1. Gracias,madame. Que tenga usted también una tarde agradable.

      Bisous

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  4. ¡Qué bárbaridad! !Cuánta mala uva, cuánta jugada entre los juegos de camas, para finalmente verse sobrepasado por los acontecimientos! ¡Cuántas intrigas esconde el poder ahora y siempre!

    Bisous

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    1. Lo que pasa que muchas veces en vez de esconderlas, las saca a la luz. Y claro, entonces viene Paco con las rebajas y los pone en su sitio.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  5. ¡Albricias por Lady Jane! Cosa rara que en ese contexto histórico, una mujer pudiera vivir tantos años, pasar por dos viudedades y alcanzar la meta amorosa.
    Bothwell no supo medir bien su suerte, casado con María solo necesitaba algo de prudencia y sentido de la lealtad, una pizca de inteligencia para evitar su desgraciado final.

    Bisous y tenga usted una buena semana.

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    1. El problema es que su ambición era tan sumamente enorme que no se dio cuenta de que no se podía casar con María siendo sospechoso de asesinato, hubiera sido o no absuelto. Tendría que haber hecho como Robert Dudley, que cuando hubo sospechas de que pudo tener algo que ver con la muerte de su esposa, se conformó con seguir siendo tan solo el amante de Isabel, y renunció a casarse con ella. Bueno, la que renunció fue más bien Isabel, mucho más inteligente que María.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  6. Bothwell: al final fué victima de su propio estilo.Tan ambicioso y a la vez tan confiado porqué la mala mala praxis que tenís con sus antiguas esposas., le acabó pasando factura Ana tuvo que desquitarse por la afrenta que le hizo.Y Jean recuper´r su tiempo a mejor.Se fué a confiar de quien menos tenia que hacerlo.

    Un final patético pero así es la historia unos ganan y otros pierden.

    Me ha encantado madame.

    Feliz día.abrazos.

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    1. Quien a hierro mata, a hierro muere. Jugó muy fuerte y con malas cartas. No podía ganar.

      Muchas gracias, madame

      Buenas noches

      Bisous

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  7. ...y su belleza sería segun los cánones de la época porqué era bien vulgar de cara por lo que se deduce.Ya en otras lindezas las damas lo consentian bastante bien:)

    Bisous.

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    1. No, pero él no estaba considerado guapo en absoluto. Varonil sí, pero guapo no :)

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  8. Hola Madame:

    Creo que elcaballero no sabía por donde caminaba...Muchos despechos por el caminoy sobretodo con poder...

    Sin embargo la historia tiene lo suyo.

    Besos Madame

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    1. El caballero despreciaba el peligro. Seguramente tenía un alto concepto de sí mismo y de sus posibilidades.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  9. Verdaderamente los líos de intereses y los amores han estado siempre muy embrollados. Y qué fácil, parecía para algunos, deshacerse de los cónyuges no deseados... Beso su mano, madame.

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    1. Era increíble. Si uno sobraba, ya podía acceder al divorcio. Le iba la vida en ello. Menos mal que Jean Gordon anduvo lista.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  10. Vaya intrigas y vaya argucias y complot para terminar con Darnley. Pero la historia no podía acabar bien para este hombre tan desafiante y chulesco. Un final adecuado a su vida. Un abrazo, madame.

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    1. Yo creo que sí fue adecuado. No podía irse de rositas después de haber hecho daño a tanta gente.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  11. De acuerdo a varias fuentes (una el secretario privado de la reina) durante el cautiverio en la isla de Lochleven, Mary tuvo un parto prematuro de gemelos, ambos murieron. Sophia Lee, una contemporanea de Jane Austen, escribió una novela gótica El Receso, sobre esas gemelas en las que ambas sobreviven para vivir mil aventuras en la corte isabelina.
    Bisous

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    1. Pues yo doy crédito al embarazo de la reina, madame. Es la única razón que se me ocurre para cometer la insensatez de casarse con Bothwell sin que el cadáver de su anterior esposo asesinado hubiera enfriado aún. Si esperaba un hijo de Bothwell, el asunto no podía demorarse.
      Pero el parto prematuro tuvo que ser muy prematuro.

      Me agrada la señora Austen, pero no he leído El Receso. Tomo nota, desde luego.

      Muchas gracias, madame, y buenas noches

      Bisous

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  12. A buenas horas se le ocurrió al conde ir a Escandinavia, donde le esperaba la despechada Ana Trondsen. Mal asunto, y así acabó.
    Beso su mano.

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    1. En realidad, fuera donde fuese, no podía salir ya de allí. Muchos lo reclamaban, y nadie parecía dispuesto a tenderle una mano, lógicamente. Pero me gusta que haya sido una mujer la que le dio el empujón que lo precipitó cuesta abajo. Hay en ello una especie de justicia poética :)

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  13. Hola!! Acabamos de encontrar tu blog y te seguimos desde ahora! :D Ojalá que también te guste el nuestro!! Un abrazo fuerte! :)

    http://melodiasporescrito.blogspot.com.es/

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    1. Muchísimas gracias por el interés y por la visita.

      Feliz día

      Bisous

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  14. ¡Cuánta intriga y maquinación! Excelentee interesante relato. Buenas tardes, madame.

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  15. Ah siiiii. Qué placer que diera punto final a sus vanidades nada menos que la esposa despechada. No por típico, menos estimulante. Besitos. Claudia.

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    1. Y resulta reconfortante que la que estuvo a punto de perecer finalmente lograra casarse con su gran amor. Y todo sin matar a nadie!

      Feliz día, madame

      Bisous

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  16. Bothwell jugó, ganó durante un tiempo y perdió al final. Mientras le fue bien estuvo en la cima y se la ganó a pulso. Desde luego era un canalla y no podía/debía acabar bien, pero a mí me ha dado un poco de penilla imaginarlo en su celda de Dragsholm, con la mirada perdida y balbuceando sobre sus buenos tiempos.
    Feliz tarde, Madame

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    1. Él pudo elegir. Eligió mal, y eso costó la vida a otros, de modo que, en efecto, se la ganó a pulso.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  17. tremenda historia, madame. desde el mismo momento en el que alcanza la cúspide, bothwell empieza a caer y de golpe se queda en nada. qué desastre. maría, ¿esa reina de los escoceses es la misma reina de los escoceses de la que habla lou reed en la canción Sad Song del Berlin?
    otra cosa, ¿los escoceses son más británicos que los ingleses ya que estos tienen normandos, sajones, daneses entre sus sangres y los escoceses no? ale, ahí dejo el tema.

    buen miércoles, madame.
    bisous!

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    1. Síiiiii :DDDD!!!
      Es ella! la de Sad Song, preciosa canción!

      Visto así, monsieur, podríamos considerarlos más británicos, sí. Pero los normandos eran solo los aristócratas, la clase dominante. Los escoceses también tienen vikingos en la sangre. Los vikingos invadieron parte el territorio picto y algunas islas escocesas allá por el siglo VIII, si mal no recuerdo.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  18. Es que este hombre, Bothwell, fuera donde fuese tenía algo que pagar, ¡así le fue!
    Muy mal final tuvo, la verdad.

    Bisous

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    1. Un final espantoso. Pero también vivió sus buenos momentos, también. Estaba preparado para afrontarlo todo excepto la pérdida de libertad.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)