domingo, 10 de febrero de 2013

Ana de Kiev, Reina de Francia (II)


Enrique I tuvo cuatro hijos de su esposa Ana: el mayor nació al cabo de un año después de la boda, y por deseo de la reina llevó el nombre de Felipe. Nadie hasta entonces se había llamado así en la corte de Francia. De hecho, no era un nombre precisamente usual en todo Occidente. Poco después nacerían otros hijos del matrimonio: Emma, Roberto, y el menor de todos: Hugo de Vermandois. 

Felipe fue coronado y asociado al trono en vida de su padre, según era costumbre entre los Capeto. Ana asistió a la ceremonia, que tuvo lugar en la catedral de Reims el 23 de mayo de 1059, día de Pentecostés. El arzobispo Gervasio fue nombrado gran canciller durante esa jornada, siguiendo la tradición. Sellada la orden, se procedió a la ceremonia de la consagración. 

Gervasio tomó de un cojín bordado en oro la espada Alegre (Joyeuse), que había pertenecido a Carlomagno, y se la entregó al rey. Enrique bajó la empuñadura y, volviéndose hacia su hijo, pronunció las palabras rituales: 

—Recibe esta espada por la autoridad divina y el poder que te han sido concedidos para combatir a los bárbaros enemigos del nombre de Jesucristo, para expulsar a los malos cristianos del reino y para mantener la paz entre los fieles que te han sido confiados. 

Mirando a los asistentes, el niño levantó la espada con ambas manos y la blandió con la punta hacia arriba antes de depositarla en el altar, reconociendo con este gesto que era vasallo de Dios. Fue entonces despojado de la diadema de oro, el manto y el vestido. Cuando hombros y pecho quedaron al descubierto, el abad de San Remigio presentó la santa Ampolla al arzobispo, así como la aguja de oro. Sirviéndose de la aguja, Gervasio hizo caer una gota en una copa de plata dorada que contenía el óleo consagrado; luego impregnó los dedos e hizo la señal de la Cruz sobre el nuevo rey mientras los presentes, arrodillados, rezaban en silencio. 


Al terminar esta parte de la ceremonia, los doce pares se acercaron al oficiante, que puso el anillo a Felipe diciendo: 

—Toma este anillo, signo de la Santa Fe, solidez del reino, aumento de poder, que por estas cosas sepas vencer a los enemigos con poder triunfal, reunir a tus súbditos y vincularlos a la perseverancia de la fe católica de Jesucristo, Nuestro Señor, amén. 

Felipe empuñó el cetro en la mano derecha, y con la izquierda sostenía la mano de la justicia. El niño se arrodilló y Gervasio tomó la gran corona de oro de Carlomagno, incrustada de rubíes, zafiros y esmeraldas, elevándola por encima de la cabeza del joven rey. Los doce pares acercaron sus manos para sostenerla, formando un círculo a su alrededor. 

—Que Dios te corone, hijo mío, con la corona de gloria y de justicia. Protege y sirve fielmente al reino que ha sido confiado a tus cuidados, para que, ornado de todas las virtudes, tantas como de piedras preciosas, obtengas la corona de gloria junto a Aquel que rige en el reino de los Cielos. 

Después el arzobispo besó a Felipe y gritó por tres veces “¡Viva el rey!”, un grito que encontró eco en todos los allí reunidos. 

Gervasio condujo al niño hacia el trono, junto a su padre y su madre. Cuatro caballeros trajeron las ofrendas: un pan de oro, un pan de plata, una jarra de plata dorada llena de vino y una bolsa de terciopelo rojo con trece monedas de oro. Se hizo venir a doce personas afectadas por tumores escrofulosos, y el niño los tocó para sanarlos, siguiendo la tradición de sus antepasados. Luego hizo que les entregaran a todos obsequios y limosnas. 


Pronto reinaría Felipe en solitario: su padre fallecía al verano siguiente, y Ana se convertía en regente en nombre de su hijo, que subía al trono como Felipe I. La reina contaba con Balduino V de Flandes como co-regente. 

Para dar a conocer a sus súbditos al nuevo rey, Ana emprende un viaje con él. Pretende que comiencen a amarlo, pero es ella quien más acapara la atención de los franceses. Al verla vestida de blanco en señal de luto, la llaman “la reina blanca”. Después, a su regreso, se retira con su hijo al castillo de Senlis, un lugar que le agradaba especialmente, “tanto por la bondad del aire que se respiraba, como por los agradables pasatiempos de la caza, a la que se consagraba con placer.” 

Pronto siguieron otras diversiones mundanas. La reina comenzó a organizar recepciones muy concurridas. Muchos señores de la corte y alrededores iniciaron la costumbre de visitarla, y según Caix de Saint-Aymour, “homenajeaban más a la mujer que a la reina”. 

Ana tenía unos 35 años, y su belleza seguía brillando. Era lógico que atrajera a los caballeros. Pero había entre ellos uno mucho más entusiasmado que el resto, y casualmente era el que ella prefería entre todos. Se trataba de Raúl de Crépy, conde de Valois, uno de los señores más poderosos de Francia y antiguo enemigo de su esposo al tiempo que primo lejano. Raúl había sido capturado por el ejército del rey en 1041, si bien posteriormente cambió de bando. Él solía decir que no temía ni a las armas del rey ni a las censuras de la Iglesia, y dio buena prueba de ello. 


Raúl era casado, pero eso no fue obstáculo para que persiguiera a la reina incluso en vida de Enrique. El conde procuraba encontrarse con ella en todas partes, bien fuera en fiestas, cacerías, o a la hora de hacer obras de caridad. Sus encuentros se multiplicaban fatalmente, aunque mientras vivió el rey Ana no osó corresponder a sus avances. 

El caballero había estado casado en primeras nupcias con Adela de Bar-sur-Aube, de la que tenía cinco hijos. Cuando Adela falleció, Raúl volvió a contraer matrimonio, lo que ahora se convertía en un grave contratiempo para él. Al cabo de un año de la muerte de Enrique decidió repudiar a su segunda esposa, y para ello tuvo la desfachatez de acusarla de adulterio

Con la esposa finalmente en un convento, el conde consideraba llegado el tiempo de pasar a la acción, y con esa idea vuelve a dirigirse a Senlis, al encuentro de la reina. Durante el transcurso de una cacería realiza el que fue seguramente el más osado de sus gestos: se apodera de Ana y la alza de su caballo para montarla en el suyo. Juntos cabalgan hasta una iglesia, donde el conde ordena al sacerdote que los case. 

El rapto de la reina y su boda clandestina causaron gran escándalo en todo el reino, pero ellos parecían no darse cuenta de la indignación que crecía en su contra. Raúl no contaba con que la esposa repudiada, Haquenez, no se resignaría ante la injusticia que le había hecho su esposo e iba a acudir ante el Papa Alejandro II. Este encargó una investigación a los arzobispos de Reims y Ruán, a consecuencia de la cual ordenó a Raúl que volviera con su legítima esposa. Pero la pasión del conde era demasiado fuerte y se negó a obedecer al pontífice, lo que fue causa de una sentencia de excomunión y de la declaración de nulidad del matrimonio con Ana. 


Nada de ello perturbó la eterna luna de miel de la pareja. Juraron no separarse nunca, y mantuvieron su palabra. 

Indiferentes a la hostilidad que despertaba su unión, viajaban juntos por el reino sin esconderse, hasta que al final consiguieron que la gente acabara por aceptarlos. La reina pasaba la mayor parte de su tiempo en el castillo de Crépy, separada de su hijo, a pesar de lo cual, y de que Felipe deploraba esa situación, él siempre le profesó un gran cariño. El rey se reconcilió con ellos y volvió a recibirlos en la corte al cabo de un tiempo. 

A partir del año 1063, Ana dejó de firmar “Anna Regina” para titularse solo “Mater Philippi regis”. En cuanto a Raúl, mantuvo la lealtad hacia su hijastro y puso sus tropas a su servicio en una desdichada campaña en la que perdió a su primogénito. 

La muerte de Haquenez permitió al conde regularizar su situación y hacer que le fuera levantada la pena de excomunión. Sin embargo, iba a morir excomulgado por segunda vez, por el modo en que se había apoderado de Péronne y Montdidier, que habían pertenecido a su repudiada esposa. Fue precisamente en Montdidier donde murió el 8 de septiembre del 1074. Ana se refugió entonces en la corte, junto a su hijo, aunque no intentó ocuparse nunca de los asuntos de Estado. 

Existe una leyenda que cuenta que al año siguiente ella regresó a Rusia para morir allí. Pero no es cierto. Ana falleció en Francia, probablemente en 1076, y se cree que fue enterrada en la abadía de Villiers, cerca de La Ferté-Alais. 


Régine Deforges noveló maravillosamente la vida de Ana de Kiev en su obra Bajo el cielo de Novgorod, una historia en la que a una rigurosa documentación añade el encanto de la leyenda.


37 comentarios:

  1. Sin embargo, para nosotros el tener un Felipe por aquí siempre ha sido algo habitual desde tiempos de "El Hermoso", con los Austrias y los Borbones, incluyendo el último de la dinastía (No digo con esto de que sea realmente "el último" de los monarcas españoles, aunque quién sabe).
    Y sobre los últimos días de la reina, ya sabemos que cuento se novela las vidas de los reyes la leyenda pasa a formar parte de la historia.
    Un saludo.

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    1. Pero es que ese Felipe el Hermoso precisamente se llama así porque su linaje arranca de los duques de Borgoña Valois, una rama de este tronco Capeto. Tanto los reyes de Francia como sus parientes borgoñones comenzaron a llamarse Felipe a partir de este momento en que Ana de Kiev introdujo el nombre.

      En cuanto a la leyenda, es que lamentablemente muchas veces es negra. Pero en este caso, por el contrario, fue muy bonita.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  2. Madame.la realidad supera a la ficción. Qué impetu amoroso tenía el conde... aunque poco caballero en cuanto a la forma de proceder con su segunda esposa.Pero cuando se ama de esta manera...gracias que era correspondido.

    -Que pinturas tan bonitas son de una delicadeza extrema.

    Un abrazo feliz domingo..

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    1. Cuando se ama de esa manera podría al menos tenerse la generosidad, la nobleza y la elegancia de buscarse otra excusa. El caballero no era mi tipo, pero obviamente era el de la reina.

      Feliz tarde de domingo, madame

      Bisous

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  3. Una encantadora historia de amor, a pesar del feo que Raúl cometió con su esposa.
    Los amores que superan adversidades y todo tipo de obstáculos son un excelente material para crear leyendas, en este caso la reina blanca arrebatada del caballo es insuperable.

    Bisous y buena semana.

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    1. Pero el "rapto" (consentido) y boda clandestina son ciertos. Las leyendas circulan más bien acerca de los motivos por lo que ella decidió llamar Felipe a su hijo, o por esa historia de que regresó a Rusia para morir allí.

      Curiosamente las leyendas surgen justo en torno a las épocas en las que ella no estaba con Raúl, sean antes de la relación o después de morir él.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  4. Pues vaya, al parecer las cacerías son buen momento para esos "avances", como usted dice, definitivos, y de ésta Raúl cobró con facilidad buena pieza ""por la fuerza"", pero sin oposición. Otras se hicieron valer más en otros tiempos. Eugenia de Montijo también fue pretendida por Napoleón III durante una cacería: esperaba ella junto a otras damas en el balcón de un pabellón la llegada de los cazadores, con ellos el emperador. Al pasar por debajo del balcón, Napoleón la vio y admirado por su belleza le preguntó cómo podría llegar hasta ella. Eugenia le contestó: "El único camino, Monsieur, es por la capilla". Lo mismito de Ana, pero de otra manera.
    Beso su mano.

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    1. Se ve, monsieur, que lo de la capilla había quedado perfectamente acordado entre ellos antes de la cacería. Aquí la cuestión no era cómo llegar hasta la reina, sino cómo llegar con ella hasta la capilla para contraer un matrimonio que de otro modo les hubieran prohibido.

      Feliz tarde de domingo, monsieur

      Bisous

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  5. Nunca me defraudan la visitas al tablero de cuadros. Historias que, a veces, parecen inverosímiles.
    Un saludo

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    1. Y es que dicen que la realidad siempre supera a la ficción, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Aqui he descubierto la fuerza del amor, el ímpetu fogoso de estos amantes, pues creo que siempre hace falta el amor, y no tantas disputas y batallas. Un fuerte abrazo, madame.

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    1. Eso, eso. Más amor y menos guerras. Me tiene usted convencida, monsieur.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  7. vaya, qué punto se ha marcado al final con el rapto y amor contracorriente de ana y raúl. prefiero el nombre de felipe, no gustándome, al de raúl. imagínese una saga de reyes raúles, qué espanto.
    una historia de la historia muy interesante, madame.

    que tenga buena semana.
    bisous!

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    1. No le imaginaba yo poniéndole a un hijo suyo el nombre de un rey de España, ni tampoco uno de futbolista del real Madrid. Pero a decir verdad, monsieur, espero que tampoco les ponga los de los personajes de sus relatos! No, por Dios, Tolya, conténgase!

      Gracias, monsieur. Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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    2. madame, después de Domingas... llegó Domingos
      http://deportes.elpais.com/deportes/2013/02/11/actualidad/1360576651_047258.html

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    3. Hala, flípelo, monsieur!
      Ese nombre no augura nada bueno.

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  8. Gracias , Madame. Sabía de la existencia de Ana de Kiev, aunque algunos libros de historia la llaman "Agnes" no sé por que, pero desconocía esta fuga romántica que me recuerda a la de Bothwell y María Estuardo. Por suerte la princesa rusa tuvo mejor suerte que la Estuardo.
    Bisous

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    1. Sí, lo del nombre es curioso. En realidad ella se llamaba Anna Yaroslavna, aunque a veces aparece como Agnes, que significa Inés. En ocasiones he visto incluso que figura como Anna-Agnes, por lo cual es posible que en realidad tuviera un nombre compuesto.

      En cuanto a su suerte, también mereció tenerla mejor que la Estuardo, ya que para alcanzar su felicidad no tuvo que ser asesinado nadie :)

      Feliz comienzo de semana, madame

      Bisous

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  9. Conmovedora historia de amor y curioso porque proviniendo un esposo infiel este no lo fuera con ella ni ala palabra dada.
    No conocía nada de esta dama y me ha gustado mucho su forma de narrar la historia de amor sin obviar lo mundano.
    Bisous y feliz semana

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    1. Muchas gracias, madame. Qué extraño es a veces el camino hacia el amor, verdad? Ella llegó de lejos para casarse con otro, pero...

      Feliz comienzo de semana, madame

      Bisous

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  10. Nosotros, Madame, felipeamos con frecuencia y parece ser que eso nos espera; así son las similitudes y diferencias. Su página, Madame, como habitualmente, una delicia.

    Bisous

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    1. Monsieur, yo no sé muy bien lo que nos espera. Solo sé que este no es el camino que lleva a Belén, precisamente.

      Muchas gracias, monsieur. Usted siempre tan amable.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  11. Yo también venía pensando cuantos Felipes hay tanto en Francia como en España. Asi que se debe a que el primer Felipe era en realidad un pariente en común. Muy interesante. También siempre me pregunto por que tanto Inglaterra como Francia han elegido reiteradamente el nombre Enrique. ¿ Se da cuenta cuando le comentaba que me hago ensalada con los reyes de Europa ? Besitos. Claudia.

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    1. Los reyes Enrique de Francia tienen su origen en el marido de Ana.

      Los de Inglaterra, se remontan al hijo menor del normando Guillermo el Conquistador. Y luego Enrique II, el primer rey Plantagenet, era nieto de este último Enrique, y por eso llevaba su nombre.

      No se hace usted ninguna ensalada, al contrario! La veo muy puesta con los nombres de los reyes. No imagine que la mayoría de la gente en Europa tiene tantos conocimientos sobre el tema como usted!

      Feliz tarde, madame, y muchas gracias

      Bisous

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  12. Hola Madame:

    Al final la reina encontró el amor verdadero.

    Henry en Inglaterra Luis en Francia o Alfonso en España tiene lo suyo entre los nombres de reyes. También las monarquías nórdicas como la danesa repite los nombres en este caso los últimos son Federico o Christian.

    Henry II por cierto solo hablaba francés. Poco intentó apreder inglés

    Besos Madame

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    1. En realidad, monsieur, el francés normando continuó siendo el idioma de la corte, además del de los tribunales de justicia y las escuelas y documentos oficiales durante buena parte de la edad media. Se consideraba el idioma culto, el de la clase conquistadora, opuesto al del pueblo dominado.

      Buenas noches

      Bisous

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  13. Las historias de amor siempre nos conmueven, sobre todo cuando se trata de un amor poco interesado como el de esta pareja. Es una satisfacción que lograran terminar bien. Mientras leía esta segunda entrega, me acordaba (no sé por qué) de Carlos y Camila de Inglaterra... Al final, el pueblo cede. Beso su mano maestra, madame.

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    1. Bueno, jiji, mire dónde fue usted a parar! Nunca se me hubiera ocurrido la comparación. Creo que Ana tenía un poco más de glamour que Camila, pero sí, más o menos fue algo así.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  14. Vaya si dio que hablar la reina rusa de Francia! Y por lo visto, pese a excomuniones y demas no se lo tomaba muy en serio, porque hasta hacerse aceptar con su amor, no paró. Los asuntos de estado no la preocupaban mucho al parecer. Una lastima que ni se sepa donde esta enterrada siquiera. En cuanto al libro, juro que por Av. Corrientes (la avenida de los libros) lo vi, pero no le di mayor bolilla, vere de encontrarlo si es que puedo. Como siempre, un gusto enterarse de esto.

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    1. El libro tiene unos cuantos años ya, pero creo que le será fácil de encontrar.
      Espero que disfrute de la lectura.

      Feliz día

      Bisous

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  15. "Homenajeaban más a la mujer que a la reina...” La sutil frase del cronista me parece muy apropiada para una historia, por una vez, carente de ejecuciones, trampas, traiciones, etc.
    Por otro lado, hay que reconocer el sentido del espectáculo ceremonial que se gastaban los Capeto. No faltaba de nada: corona, espada, tumores escrofulosos...
    Feliz noche, Madame

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    1. Eran los reyes del espectáculo, desde luego. Todo cuidado hasta el mínimo detalle para resultar impresionante.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  16. Las historias de amor conmueven mas si se tratan de reyes de tiempos pasados, porque quizá no era habitual que los reyes y reinas se amasen, como tampoco lo era entre los miembros de la aristocracia. El amor estaba reservado para la gente del pueblo y a veces ni eso, madame. Por eso si dos miembros de las altas esferas llegaban a amarse verdaderamente caían simpáticos al pueblo, gustoso de ver caer rendidos en brazos de Cupido a los grandes como si fueran simples campesinos.
    Un besito

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    1. En aquel tiempo los matrimonios no se hacían generalmente por amor en ninguna clase social, no. Aún tendría que llegar el romanticismo a sacudir los cimientos.
      Mi bisabuela fue una rebelde. Aún en sus tiempos pretendían organizarle el matrimonio. Pero no se dejó.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  17. Me ha gustado muchísimo conocer la historia de la reina Ana y conocer el origen de la introducción del nombre de Felipe en la realeza, al igual que me han encantado las ilustraciones que habéis puesto acompañando la entrada, madame ^__^

    Feliz noche cargada de sueños cumplidos ;)

    Bisous.

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  18. Bien, una historia de amor sin que exista interese por medio. Es tan poco habitual sobre todo entre gente de la nobleza que llama poderosamente la atención la historia de ana de Kiev.

    Bisous

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  19. Una historia finalmente hermosa, pero cuál habrá sido su legado?, hijos aparte, porque s le atribuía una gran inteligencia.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)