jueves, 7 de febrero de 2013

Ana de Kiev, Reina de Francia (I)


La reina Matilde de Frisia había muerto en el año 1044. Su viudo, Enrique I, hijo de Roberto el Piadoso, tenía 36 años y no había conseguido aún descendencia, a pesar de que aquel había sido su segundo matrimonio. Su primera esposa había sido otra Matilde, hija del emperador Conrado II. Pero ella era una niña de solo cinco años cuando la prometieron al rey de los francos, y no iba a sobrevivir a la infancia. La segunda, aunque no era muchos años mayor, vivió lo suficiente para dar a luz una hija. Lamentablemente, tanto la niña como la madre morían poco después. 

Enrique necesitaba una esposa que pudiera darle herederos, pero no era fácil encontrarla, porque estaba emparentado prácticamente con todas las princesas a cuya mano podía aspirar, y la Iglesia había prohibido los matrimonios consanguíneos hasta en caso de primos en séptimo grado. De ese modo era casi imposible encontrar otra esposa de sangre real. El rey recordaba los problemas que habían atribulado a su padre a causa de su unión con su prima hermana, Berta de Borgoña. El Papa le había pedido que anulara su matrimonio, y como Roberto se negó, él y el obispo que había autorizado la boda fueron excomulgados, un castigo que no le fue levantado al monarca hasta que depuso su actitud rebelde. 

Pero el obispo de Châlons presentó a Enrique una carta del rey Casimiro de Polonia. Casimiro hablaba de una sobrina de su esposa, joven de gran belleza, intrépida amazona, gran cazadora, piadosa, sensata, instruida y caritativa con los pobres. Se trataba de la princesa Ana, hija de Yaroslav I, gran príncipe de Kiev y Novgorod, aliado por matrimonio con los emperadores de Bizancio, los reyes de Dinamarca, de Hungría, de Noruega y de Alemania. La dama parecía idónea desde todos los puntos de vista: incluso provenía de una familia muy prolífica. Su abuelo, Vladimiro el Grande, había engendrado doce hijos legítimos y otras tantas hijas, sin contar los bastardos, y su padre podía jactarse de tener nueve hijos vivos. ¡Y lo mejor de todo es que a la princesa rusa no la unía ningún grado de parentesco con Enrique! 


El rey de Francia se rindió ante tantos y tan grandes atributos y envió al obispo en su busca para pedir su mano. 

Roger de Châlons cumplió con su cometido. En Kiev fue recibido con gran fasto y obtuvo sin gran esfuerzo la mano de la princesa para su rey. Enrique, muy satisfecho con el compromiso, hizo preparar varias carretas cargadas de suntuosos regalos y despachó una nueva embajada para traer a la novia a su reino. 

Ana viajaba en una litera tirada por cuatro caballos de color rojizo, regalo de su padre, y traía consigo una importante dote constituida por monedas de oro acuñadas en Bizancio. Había atravesado Cracovia, donde los boyardos la dejaron bajo la única protección de los caballeros del rey Enrique y de su tío Soudislav, príncipe de Pskov. Yaroslav lo había tenido prisionero durante años por rebelarse contra su autoridad, pero ahora lo liberaba para que lo representara en la boda de su hija. 

Veinte guerreros la acompañaban, encargados de honrarla y vigilarla, y también el gobernador de Kiev formaba parte de la comitiva. El rey Casimiro y la reina María Dobroniega, tía de Ana, la acogieron con una pompa poco habitual en la austera corte polaca y ofrecieron un banquete en el que por primera vez se reunían rusos y franceses. 

Desde Cracovia, Ana continuó viaje hasta Praga bajo las inclemencias del tiempo y la amenaza de los bandoleros, y tras una breve parada la comitiva se dirigió a Nuremberg. El duque de Baviera envió a la futura reina de Francia una importante delegación encabezada por el arzobispo de la ciudad. Él no podía acudir en persona, pues se hallaba en aquel momento junto al emperador. 


Más adelante el camino la llevó por entre los espesos bosques alemanes. Cerca de Tubinga fueron asaltados por bandidos armados con garrotes y espadas, pero los guerreros de la escolta lograron controlar la situación tras dar muerte a diez de ellos. El duque de Alta Lorena, Gerardo de Alsacia, la recibió en compañía de los obispos de Metz, Toul y Verdún y .la saludó en nombre de su soberano, el emperador. Tras dos días de festejo, los viajeros partieron de Toul, encantados con la amable acogida que les había sido dispensada. 

Durante el viaje Ana no permanecía ociosa, sino que aprovechaba el tiempo para aprender la lengua de los francos, asunto en el que demostró una extraordinaria habilidad, de modo que ya era capaz de comprender bastante y expresarse en cierta medida cuando llegó a Reims en la primavera del año 1051. Ella y sus damas fueron conducidas a un convento situado fuera de las murallas, cuya abadesa estaba emparentada con el rey. Allí se preparó Ana para la boda, que tendría lugar al día siguiente. 

Enrique se presentó poco después del oficio de hora prima, al que había asistido. Vio entonces aproximarse a una princesa vestida como una emperatriz de Bizancio, con un pesado traje bordado de pedrería y mucho más hermosa de cuanto le habían descrito. 

El entusiasmo de Ana seguramente fue bastante menor que el de él. Tampoco le gustó de modo inmediato el que sería su reino. De hecho escribió una carta a su padre en la que le decía que Francia era “un país bárbaro donde las casas son tristes, las iglesias feas y las costumbres repugnantes”. 

Catedral de Reims

Era el 19 de mayo, el día fijado para celebrar tanto la boda como la coronación de la reina. Antes de entrar en Reims, asistieron a una misa en la iglesia del monasterio, y después se dirigieron a las literas, cubiertas de preciosos tejidos y tiradas por bueyes blancos adornados con cintas de color rojo y oro. La multitud, que esperaba desde el día anterior para ver a la que sería su reina, los vitoreaba a su paso. A la cabeza de los caballeros, el soberano montaba su palafrén ricamente enjaezado. Tras él, un escudero traía su caballo de batalla. Rodeados de guerreros y vestidos con túnicas y mantos de colores vivos, avanzaban todos los condes de Francia. Destacaba entre ellos el temible Raúl de Crépy, conde de Valois y Amiens, siempre dispuesto a apoyar cualquier levantamiento contra Enrique. 

El cortejo pasó bajo los arcos de triunfo. De las ventanas de las casas colgaban pedazos de tela coloridas en los que se habían prendido flores, ramos, o se había bordado el emblema de la ciudad. Sonaban las campanas cuando la litera se detuvo ante la catedral. Al descender del vehículo, las damas colocaron sobre los hombros de la reina el pesado manto color púrpura, y así se dirigió a la iglesia. 

La pareja se arrodilló sobre las alfombras que cubrían los escalones. El arzobispo los bendijo y les tendió su mano enguantada para que la besaran. Después de besar también el libro de los Santos Evangelios, se incorporaron y entraron en la catedral para proceder a la ceremonia, durante el transcurso de la cual la nueva soberana hizo las ofrendas rituales: un pan, un barrilito de vino, una paloma, trece monedas de oro y sus donaciones a los pobres, portadas por cuatro caballeros. 

Terminada la boda, los reyes de Francia se dirigieron con un gran cortejo a los aposentos reales del arzobispado, en compañía del preboste y su guardia, los músicos, heraldos de armas, el maestro de ceremonias y los cuatro caballeros portadores de las ofrendas. 


El gran maestro de ceremonias acudió en busca de Ana para acompañarla a la gran sala del arzobispado donde tendría lugar el banquete. La reina ocupó su lugar a una mesa que compartiría con su cuñada Adela, esposa del conde de Flandes, y su hija Matilde. La joven Matilde era la prometida del duque Guillermo de Normandía, el mismo que años más tarde alcanzaría la corona de Inglaterra y sería conocido como Guillermo el Conquistador. 

En la mesa del rey se sentaba el arzobispo de Reims, el conde de Sussex, representante del rey Eduardo de Inglaterra, y el enviado de Noruega, quien, además de los regalos de su señor, entregó a la novia un collar de parte de su hermana Isabel, casada con el rey Harald III. Y es que Yaroslav consiguió casar a todas sus hijas con reyes o príncipes de sangre real. 

Entró Enrique precedido por los heraldos; el arzobispo bendijo a los presentes y a una señal del soberano dio comienzo el banquete tras lavarse las manos los invitados en vasijas de agua tibia que traían los servidores...


Continuará

38 comentarios:

  1. En una época en que habían pocos reinos, era dificil no casarse con algún pariente lejano. ¿Qué ganaba la Iglesia con poner esos cortapisos a las uniones reales? Me pregunto cómo pasó de esa intransigencia a apoyar los matrimonios reales endógamos de los siglos siguientes

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    1. En realidad a veces se utilizaba la ley a conveniencia: se casaban, y luego anulaban el matrimonio pretextando motivos de consanguinidad, como si no lo hubieran sabido cuando contrajeron matrimonio. Y el Papa, según conviniera, lo concedía o no.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  2. Hola Madame:

    Me ha llamdao la atención la prohibición papal de casarse entre primos hasta septimo grado. Ahora sabemos que ya la consanguinidad está práctiamente perdida en el tercer grado. Quizás también la sanidad entoces era muy precaria y así podían asegurar continuidad.

    Cuantos hijos tuvo el abuelo de la futura reina?? me perdí en la cuenta de 12 hijos legitios y otras tanta hijas ;D

    Besos Madame

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    1. Bueno, en la época parecía que estaban más por la labor de la procreación. Tampoco había tantos medios de impedirlo, y además, con el índice de mortalidad de aquellos siglos, más valía asegurarse bien la descendencia.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  3. Unas veces se podían casar entre parientes, otras veces no, siempre según fuera o no conveniente a los asuntos de estado o de la Iglesia. Veremos como le va a Ana de Kiev.

    Bisous

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    1. Sí, madame, menudo toma y daca se traían con ese asunto.

      En cuanto a nuestra dama, la historia tomará un giro inesperado :)

      Feliz día, madame

      Bisous

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  4. Lejos se tuvo que ir a buscar Enrique para encontrar una princesa que no fuera familia. Veremos si al final acabó a la novia gustándole el novio e incluso su nuevo país. Beso su mano.

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    1. El novio, monsieur, al parecer tenía poco que gustar. Uno de esos casos en los que solo cabe la resignación.

      Feliz día

      Bisous

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  5. Menudo viaje para la época de Ucrania a Francia, toda una aventura ya en si misma.

    Tampoco es de extrañar el que a la dama, acostumbrada al boato oriental la austeridad franca le pareciera lo que le pareció... una tierra de bárbaros.

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    1. Realmente las diferencias debían de ser enormes, casi insalvables. Nada que ver lo que encontró con aquella tierra de la que venía. Y si encima a una novia no le gusta el novio, pues tiende a verlo todo más gris :)

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  6. ya lo ha conseguido. ya me he enamorado con mil años de retraso de Ana de Kiev. anda. ahora qué hago yo...
    a ver qué más nos cuenta. espero que al menos, a esta reina, le vaya bien.

    bisous, madame!!

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    1. Ay, monsieur, si es que sale Rusia y ya se nos emociona todo. Cómo tira la sangre!
      Usted tiene que acabar con una esposa rusa, como debe ser.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  7. Ana de Kiev, una persona fascinante, de la que sabía muy poca. Se ve la mezcla de las cortes orientales con las mas occidenales; hay intriga, esperamos acontecimientos. Buen fin de semana, madame.

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    1. Debió de resultar tremendamente exótico ver aparecer a una princesa rusa con su séquito por la Francia de aquel siglo. Todo un espectáculo que me hubiera encantado presenciar.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  8. Vamos a esperar el desarrollo de esta reseña.Las mujeres del Este tenian fama de ser muy bellas...por lo menos a Enrique le gusto nada más verla...a ver, en que queda todo...?

    Madame me ha dejado intrigadísima jejeje.

    Feliz fin de semana besos.

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    1. Parece ser que Ana era muy bella, en efecto. Y no fue el rey el único en notarlo! :)

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  9. Todavía no leí esta entrada, es que me hago un poco de ensalada con tantos reyes del mismo nombre que teneis vosotros en Europa. Si lei su respuesta a mi pregunta a los Estuardo y me pareció tan interesante como el artículo en si. Incluso la reflexión que hace con Malena sobre que al final de la partida los escoces anotan sobre los ingleses tan definitivamente. Eso me hace reflexionar sobre que caradurez intentar hacer pasar por propias sus notas cuando Ud. las valida constantemente con sus respuestas a muchas personas en este sitio que conocen muchísimo del tema y a otras que como yo no dejamos de hacer preguntas que para otro serían bastante embarazosas. Ya me pasó en otros sitios ante una pregunta mìa que me copiaran la respuesta de Wikipedia, Ja, ja. Después la leo Besitos. Claudia

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    1. Ay, madame, el espinoso asunto de las copias. Ayer encontré otra. Era un texto de once páginas al que dieron forma para descargar en PDF, pero no solo estaba copiado mi artículo sobre Roma, sino también otras cosas que no eran mías. Afortunadamente al buscar en google sale claramente que el documento es tres años posterior a mi artículo, nada menos. Pero me mortifica pensar que hay gente que no se fija en eso (el documento en sí no lleva fecha), y que puedan creer, encima, que soy yo quien lo ha copiado del otro. Eso ya sería el colmo.

      Bueno, por lo menos tienen el detalle de buscar en wikipedia para responderle, jiji. Lo que pasa que no es un medio muy fiable siempre.

      Muchas gracias, madame, muy amable.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  10. La endogamia de las casas reales y hasta de la burguesía, no ha traído el resultado que ha llegado a nuestros días y ha plasmado la historia. Luego, o parejo a ello, vino lo de la corrupción, pero eso pertenece a otro capítulo.
    Vos me perdonaréis, Madame, que a uno le brota como de una alfaguara aquello que le rebosa.

    Bisous

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    1. Es que la corrupción, monsieur, también se ha convertido en endogámica, solo que es tan democrática que parece estar al alcance de todos. Encima son corruptos electos. Manda narices.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  11. "Un país bárbaro donde las casas son tristes, las iglesias feas y las costumbres repugnantes”.
    Aunque guardo algunas opiniones acerca del país vecino -no toda francia es París ni toda la gente es encantadora- la de esta mujer es de una estrechez de miras provinciana que asusta.
    Un saludo.

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    1. Uno siempre tiende a ver "bárbaro" al vecino, desde luego. De xenofobia están llenos los siglos. En realidad en ningún lugar es toda la gente encantadora, aunque la gente como esta dama parece creer que en su casa sí. Tiempo tuvo por delante para reflexionar; aún era muy joven.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  12. Pobre niña que la casan y ella ni sabe con quién. Comienza mal el tema de los esposos. Primero intentan robarla. Luego escribe que es un país bárbaro con costumbres repugnantes. Y veremos como sigue la historia....

    Buen fin de semana Madame.

    mariarosa

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    1. Esto parece que comienza bien con unos pocos contratiempos. El viaje no ha sido ninguna tontería. unas pocos . Veremos que le depara el destino a la nueva Reina.
      Bisous y buen finde madame.

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    2. Pues tal vez nuestra dama encuentre algo que le guste más. Veremos, madame María Rosa :)

      Feliz día

      Bisous

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    3. Madame Katy, creo que una dama que es capaz de sobrevivir a un viaje como ese en el siglo XI, podrá sobrellevarlo todo. Apostemos por ella.

      Feliz domingo

      Bisous

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  13. La corrupción siempre rondando al poder.
    Saludos

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  14. Pues menos mal que continuará porque me quedé con la miel en los labios. Interesantísimo blog, muchas gracias.

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    1. Muchas gracias a usted, madame.

      Feliz domingo

      Bisous

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  15. ¡Cachislamar! Justo cuando parece que llegaba la comida por fin...
    Desde luego tuvo que ser una comitiva digna de verse. Y no sólo en Reims: me imagino el asombro durante su larga travesía por Europa. Tampoco me hubiese importado estar presente, Madame.
    Feliz tarde de sábado

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    1. Parece que monsieur tiene hambre. Y eso que hace poco había participado en un banquete egipcio, que llenan mucho!

      Feliz día

      Bisous

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  16. Duro tuvo que ser para Ana de Kiev el viaje y la adaptación a su nueva vida lejos de su casa en aquellos tiempos. Y para Enrique tuvo que ser difícl encontrar una princesa candidata al trono y a su mano que no estuviese emparentada directamente con él ante la prohibición del Papa. Al fin y al cabo todos los reyes eran primos como ahora. Se ve que el dinero que le ofreció al Sagrado Pontífice no fue suficiente para comprar su voluntad, como bien hacían otros príncipes europeos...
    Un beso y feliz sábado

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    1. Era complicado tener que casarse a gusto del Papa además de a propia conveniencia. No es de extrañar que a veces se las vieran y se las desearan para encontrar esposa. Y cuando al fin encontraban una, se les moría, y vuelta a empezar con la búsqueda.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  17. A ver como continua la vida de esta reina rusa desconocida, que parece tener mucho para hacer y decir, y su caracter. Esperemos que dure bastante y no sucumba al destino delas mujeres en esa epoca: morir pariendo.

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    1. No, ya le adelanto que no murió de ese modo. Aguardaba un destino algo mejor.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  18. Bonito inicio para una historia de reyes, madame. Como siempre, vuestro buen hacer es digno de admiración.

    Mañana continuaré con la segunda parte.

    Bisous, madame. Que tengáis una excelente semana cargada de sueños cumplidos ;)

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    1. Muchas gracias, madame. Igualmente para usted.

      Feliz lunes

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)