domingo, 13 de enero de 2013

Madame Royale en Viena

María Teresa Carlota de Francia, Madame Royale, hija de Luis XVI y María Antonieta

Entre los papeles de Luis XVIII se encuentran muchas cartas a él dirigidas por su sobrina María Teresa. Son las cartas de una joven de 17 años que recupera su libertad tras haber pasado los tres últimos en una celda del Temple, donde había sido encerrada con su familia en 1792. Desde que su madre y su tía Isabel fueron conducidas a la guillotina, vivía sola, separada incluso de su hermano. Ignoraba que su madre había sido ejecutada, y que su tía corría la misma suerte meses después. 

“En vano preguntaba por qué nos separaban. Cerraban la puerta y echaban el cerrojo sin responderme. Mi hermano murió en la cámara debajo de la mía… Enfin, no tuve noticia del justo suplicio de Robespierre, del que tanto se ha hablado, hasta un año después. Muchas veces oía la campana tocar a rebato sin que mis guardianes me dijeran por qué. Es imposible hacerse una idea de la crueldad de aquellas gentes.” 

No tuvo conocimiento de cuanto acontecía en París hasta después de la muerte de su hermano en junio de 1795, cuando el gobierno autorizó a Madame de Tourzel a visitarla. Mientras tanto, desahogaba su pena garabateando mensajes en la pared de su celda. “María Teresa es la criatura más infeliz del mundo, no puede obtener noticias de su madre ni juntarse con ella, aunque lo ha pedido mil veces.” 

Madame de Lamballe leyendo a María Antonieta y su hija, por Joseph Caraud

Madame Royale consiguió salir de prisión gracias a la mediación de su primo el emperador, razón por la cual le guardaba gratitud. El 9 de enero de 1796 llegaba a Viena, donde era espléndidamente recibida. Allí se encontraba bien; se le asignaron unos elegantes apartamentos en palacio y tuvo su propio séquito, semejante al de las archiduquesas. Se sentía querida, algo que necesitaba tras la dureza y la soledad de su celda. No sabía aún que si el emperador había procurado su liberación era por interés. La corte de Viena, celosa de los Borbones, sus rivales en Europa, en realidad se complacía en su desdicha. Francisco nunca quiso recibir en sus Estados al nuevo rey de Francia, ni le concedió subsidio alguno, y ahora acogía a la princesa esperando recuperar Alsacia y Lorena a través de ella. Planeaba casarla con su hermano, el archiduque Carlos, y como dote la cancillería de Viena reclamaría ambas provincias. 

Poco después de su llegada, el 19 de febrero, Madame Royale se encontraba con Axel de Fersen cuando salía de misa en compañía de Madame de Chanclos. María Teresa, rodeada de guardias, no pudo detenerse, pero Fersen inmortalizó el encuentro en su diario: “Ella se sonrojó, nos saludó y se volvió para seguir mirándonos… La impresión fue tan viva que se me llenaron los ojos de lágrimas y me flaqueaban las rodillas al bajar las escaleras”. El 6 de marzo se veían en el palacio de Holfburgo. María Teresa entró en el salón en el que se hallaba en conde y lo saludó. La encontraba muy cambiada; apenas reconocía a aquella joven siempre vestida de luto, reservada y seca, casi brusca y rehuyendo la compañía de la gente. Parecía otra persona diferente a la encantadora adolescente que él había conocido. “No creo que sea feliz; dicen que llora a menudo”. 

La reina María Antonieta y su hija, Madame Royale, en Versalles, por Joseph Caraud

Se rumoreaba que el archiduque Carlos albergaba sentimientos románticos por María Teresa, y que la atracción era mutua. Los austriacos se las prometían muy felices, dando por hecho que accedería a ese matrimonio político. Mientras tanto llegaban los inquietantes rumores hasta Luis XVIII, y este, al tanto de los manejos imperiales, recurrió a un argumento para desbaratarlos: afirmó que siempre había sido la intención de su hermano, Luis XVI, casar a María Teresa con Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema, el más joven de los hijos de su hermano Artois. El rey señaló que su sobrina no podía sustraerse al cumplimiento de la última voluntad de su difunto padre. 

Luis XVIII consiguió hacer llegar el mensaje a la princesa antes de que esta tomara una decisión, y María Teresa no tuvo ya ninguna duda: aun sin entusiasmo, considera su deber acatar los deseos de su padre y acepta casarse con el duque de Angulema. Ese matrimonio la situaba muy cerca del trono en caso de producirse la Restauración: puesto que el rey no tenía hijos, el heredero era su hermano Artois, y por tanto también su sobrino. De ese modo María Teresa podría convertirse en reina de Francia. 

“Fui llamada al gabinete del emperador, donde encontré a la familia imperial reunida. Los ministros y los principales consejeros imperiales también estaban presentes. Primero tuve que escuchar un largo discurso del barón Thugut. Hábilmente me hizo comprender lo que se esperaba de mí. Habló de mis derechos hereditarios a los ducados de Borgoña, Bretaña, Lorena, Alsacia y el Franco Condado; pretendía, también, que podía reclamar toda la propiedad privada heredada por Enrique IV de su madre Juana d’Albret. Concluyó diciendo que yo debía tomar la iniciativa, y que actuaría de modo que conciliaría los intereses de ambas Casas, materna y paterna… Resolví anunciar a los parientes de mi madre que nunca haría nada que pudiera ser desaprobado por los parientes de mi padre. Además, dije, soy, ante todo, francesa… “ 

La huérfana del Temple, por Edward Matthew Ward

El rey se esfuerza por ganarse la confianza y el afecto de su sobrina, y las cartas son cada vez más cariñosas. Trataba de contrarrestar así la ventaja de los austriacos, que la tenían a su lado. Sabía que el archiduque se había mostrado muy atento con ella antes de partir a la guerra, mientras que su sobrino no le había escrito ni una sola vez. Teme que la mayor proximidad de Carlos acabe por hacer vacilar la voluntad de la joven, así que intenta persuadir a María Teresa de que Luis Antonio estaba enamorado de ella, aunque su extremada timidez le impedía manifestarlo abiertamente, por lo que necesitaba ser animado. Y en esto, desde luego, no mentía: Luis Antonio era sumamente tímido e inseguro. 

Madame Royale captó la indirecta y tomó la iniciativa de escribirle. El resultado fue descorazonador: el novio le respondió desde su exilio en Edimburgo, pero le hablaba del tiempo: el clima escocés era horrible, si bien la gente era agradable. En palabras de Susan Nagel, el pobre chico “puede que haya entendido cuál era su deber, pero, desde luego, no entendía a las mujeres, y no mostraba ni el encanto ni la galantería de su padre, el conde de Artois, o de su hermano de 18 años, el duque de Berry, que ya conquistaba los corazones femeninos.” 

Por si fuera poco, el archiduque Carlos se anotaba impresionantes victorias sobre el ejército de Napoleón en el Rin y se convertía en un ídolo no solo en el Imperio de los Habsburgo, sino también para la mayoría de los franceses emigrados y para millares de mujeres. El mismísimo Napoleón no podía ocultar su admiración por el valeroso príncipe austriaco, y en una ocasión comentó: 

—He ahí a un hombre que nunca merecerá ni una sílaba de reproche: el archiduque Carlos. Ese hombre tiene un alma, un corazón de oro. Es un hombre virtuoso. 

Luis Antonio presenta sus respetos a Luis XVIII

A pesar de haberse decantado por el matrimonio francés, María Teresa no deja de experimentar gratitud y afecto por su familia austriaca, y no lo oculta. Es una situación “ambigua, delicada y dolorosa” que le han impuesto las circunstancias, y en la que debe combinar su sentido del deber con la lealtad que debe a quien le tendió su mano. Su posición era incómoda; sufría presiones, y la emperatriz, ofendida, la trataba con rudeza, e incluso se decía que con violencia. De las Memorias de Luis XVIII parece desprenderse que en alguna ocasión levantó la mano contra Madame Royale. 

En cierto modo la princesa volvía a ser una cautiva. Muchas de las cartas que escribía a su familia eran interceptadas y copiadas por la policía imperial. En Austria se trataba de impedir que cualquier francés pudiera tener acceso a ella. En una ocasión Luis XVIII envió a un pintor para que hiciera su retrato, y el artista fue enviado a la prisión de Olmütz, donde permaneció recluido hasta 1804. Y cuando el rey trataba de introducir en la corte a algún enviado, el Gobierno exigía como condiciones que permitieran ser registrados y que hablaran con María Teresa de modo que la conversación pudiera ser escuchada por sus damas. 

María Teresa Carlota de Francia

Tal como estaban las cosas, Luis XVIII concibió el proyecto de hacer que su sobrina se desplazara a la frontera entre Alemania y Francia para casarse en secreto con el duque de Angulema, a lo que ella se negó. También rechazó el plan para que Luis Antonio la visitara de incógnito, pues respondió prudentemente que en la corte de Austria no había nada incógnito. Tenía intención de cumplir la palabra dada, pero sin precipitarse. Quería imponer sus propias condiciones. Se había informado acerca de la herencia de su madre, y ahora María Teresa escribía a su tío anunciándole su decisión de no abandonar Viena antes de haber recibido una parte sustancial de cuanto le correspondía. La vida en el exilio junto a una familia errante requeriría unos fondos, y quería disponer de su propio dinero. 

El rey presionó a su sobrino, instruyéndole para que cortejara a su prometida, y de ese modo el asunto mejoró considerablemente. Luis Antonio siguió las instrucciones al dictado de Luis XVIII. En su carta decía a María Teresa que, puesto que ella le había dado permiso para escribirle con frecuencia, lo haría, y que desearía poder pasar el día entero escribiéndole. “Los sentimientos que mi amable y muy querida prima me inspiran son al mismo tiempo mi felicidad y mi tormento”...


Continuará próximamente con "El matrimonio de Madame Royale"

15 comentarios:

  1. Pobre mujer. Huérfana y con un marido que le quieren imponer. Aunque mucho peor lo tiene la gente corriente de entonces.
    La época es tremenda. Tras la derrota de Napoléon por la coalición europea, el testigo de la historia va a pasar de Francia a Austria y su Congreso de Viena, con Metternich. Se va a diseñar el futuro político del continente con esa restauración monárquica en la figura de Luis XVIII y posteriormente de Carlos X. Es una época interesante, en la que precisamente está basada la historia de Los Miserables, ahora en cine.
    Un saludo.

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  2. Espero la continuación de esta prometedora historia. Un placer leerla, madame.

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  3. Es curioso comprobar que aunque huérfana, encerrada en una celda, sin saber nada del mundo externo, como se acaba forjando el carácter de esta adolescente. Historias casi increíbles.
    Bisous y buenas noches.
    Feliz semana

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  4. Tiene que ser muy triste, madame, salir de la cárcel y enterarte de que todo tu mundo ha cambiado: ha caído la monarquía y los privilegios de la nobleza donde ella se crió y tu país no te quiere. Menos mal que es bien recibida en Austria, aunque le quieren imponer a la fuerza. Esperaremos nuevos acontecimientos. Buena semana para usted.

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  5. bueno, ya tenemos a una pobre princesa que desde bien pronto empiezan a manejarla unos y otros para sus propios intereses.
    no le veo buen futuro a la pobre madame Royal, no sé.
    bisous de lunes, madame!!

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  6. Hola Madame:

    Ya veremos como continua la historia...De momento, no se sale de los comportamientos de la época, me refiero a buscarle la vida a las damas como moneda de cambio...

    Besos

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  7. La nobleza también llora, Madame, o tiene serios motivos para ello. La historia de esta pobre mujer no es para menos.
    Bisous

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  8. Madame Royale pasó de estar en una celda mugrienta a una jaula dorada, de ser una prisionera de su porpio pùeblo a serlo en suelo ajeno. Y además se la consideraba una extraña y se la trataba como moneda de cambio. Todos en su familia, de un lado y otro, la engañaban y presionaban por intereses políticos. Veo, en suma, descrito el retrato de una princesa desdichada y sola durante toda su vida, al menos por lo que hemos leído hasta ahora. A veces el destino es caprichoso y el posible matrimonio con Luis Antonio puede traerle la felicidad, pero lo veo complicado.
    Un besito

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  9. Una no puede llamarse desdichada si se compara con Madame Royale, una de las princesas más sufridas de la historia. Cuanto más si pensamos que se trataba de una niña, a la que le matan padres, tía y hermanito casi enfrente de la cara. Un manchón negro sobre los cacareados "derechos cívicos" de la Revolución Francesa el haberse ensañado en estos pobres niños. Napoleón diría años más tarde de Marie Therese que era “El único hombre de su familia”. Vale pensar que solo un sufrimiento atroz a edad temprana endurecería toda cesibilidad en esta pobre criatura. Ayy ese encuentro con el pobre Fersen, que tanto amó a la madre de Madame. Y esos malos tratos de los Habsburgo más encima. Madame Royale ya parece Sansa Stark.
    Espero con ansías el resot del cuento Madame. Usía es barroca, yo soy dieciochesca.
    Bisous

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  10. Esto parece una tela de araña tejida urdida por los poderosos y de acuerdo con sus intereses estratégicos. De todas las maneras, María Teresa aguantaba el tirón de unos y otros, esperemos a ver...
    Entretenida la historia, Madame.

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  11. La pobre Mª Teresa, pasa de una vicisitud a otra: ahora en Viena estan jugando con ella por intereses creados.A ver; que nos depara el matrimonio que se esta concertando para Madame Royale.

    Feliz semana madame.

    Abrazos.

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  12. Los matrimonios de conveniencia y como moneda política.

    En cuanto a sus sufrimientos en la carcel en Francia a lo mejor la dama tendría que haberse pregunta que es lo que llevó a esa gente a hacer lo que hizo....

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  13. No me habría gustado estar en la piel de Madame Royale. Me temo que su destino ya estaba señalado como poco propicio a recibir alegrías. Desde luego, en este punto de la historia, la joven se ha convertido en un instrumento de su parentela.

    Bisous y buenas noches, Madame.

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  14. pobre niña tanto dolor en una vida tan jóven, mejorara su historia?...
    saludos querida Madame

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  15. Pobre mujer, es liberada, pero no, sigue en el centro de todas esas intrigas. Dura su vida por lo que leo.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)