martes, 22 de enero de 2013

Los atentados contra Napoleón III


Era el sábado 28 de abril de 1855. A las cinco de la tarde el emperador había abandonado las Tullerías y cabalgaba hacia el Bois de Boulogne a través de los Campos Elíseos. De pronto un individuo bien vestido salió por la derecha y avanzó hacia él. Napoleón III pensó que el ciudadano pretendía entregarle un papel con alguna petición. No vio que lo que llevaba en la mano era en realidad una pistola con la que iba a asesinarlo. El hombre disparó, pero no logró su objetivo. El emperador estuvo a punto de salir arrojado del caballo por el impacto del proyectil, pero algo había impedido que la bala se incrustara en su cuerpo, tal vez un objeto que llevaba en el bolsillo. El ayudante de campo, a la derecha del emperador, ya se abalanzaba hacia el agresor. Su intervención impidió que el asesino pudiera corregir la trayectoria del proyectil, que salió desviado. Instantes después era detenido. 

Durante el incidente el emperador había permanecido impasible como una estatua. Con la misma calma tranquilizó a las personas que le rodeaban y continuó hasta llegar a su destino. Allí se reunió con la emperatriz. Eugenia de Montijo había llegado quince minutos antes tras hacer el recorrido en su carruaje. 

De modo espontáneo, jinetes y amazonas que paseaban por el bosque formaron una escolta que acompañó a Napoleón por el camino de regreso a las Tullerías. La emperatriz iba detrás en el coche, visiblemente alterada por la noticia. Con frecuencia se la veía llevarse el pañuelo a los ojos. 

Eugenia de Montijo

Al entrar en palacio el emperador se reunió con sus familiares, los oficiales y las damas, junto con un enorme gentío que, informados sobre lo ocurrido, se habían apresurado a acudir a su encuentro. 

—Bien veis que no es cosa tan fácil matarme —dijo sonriendo. 

Esa noche fue al teatro con su esposa, como si nada hubiera pasado. El conde Horacio de Vieil-Castel, testigo presencial, dejó escrito que “los gritos de “¡Viva el emperador!” resonaban como salvas de artillería, prolongándose a lo lejos, y la emoción era general; hasta he visto a varias personas llorar en el teatro. La emperatriz estaba pálida y preocupada a pesar de sus esfuerzos por aparentar serenidad…” 

Al día siguiente Napoleón recibió al cuerpo diplomático, que, en nombre de sus respectivos soberanos, le expresaron la indignación que el atentado les había producido. Después fue el turno de los senadores, y terminada la recepción el emperador y su esposa pasaron a la capilla para oír misa. La población llenaba las iglesias para dar gracias por la salvación de su soberano. 

Sobre el asesino apenas se sabía nada. Su pasaporte decía que se llamaba Antonio Laverani, pero el documento resultó ser falso. Las investigaciones revelaron que su verdadero nombre era Juan Pianori, un italiano de 28 años, zapatero de profesión. En un bolsillo se le incautó otra pistola y un puñal. Cuando le preguntaron por qué había atentado contra la vida del emperador, respondió: 

—He actuado así porque el emperador ha hecho la campaña contra Roma, arruinando a mi país. 


Según sus declaraciones, había obrado en solitario, sin cómplices ni instigadores; pero en Francia no estaban tan seguros: se averiguó que llegaba de Inglaterra; además se encontró en Londres al armero que le había vendido las pistolas. Y resulta que era precisamente en Londres donde se hallaba el foco principal de cuantas conspiraciones fue objeto Napoleón III. La ciudad era el cuartel general de los refugiados italianos, uno de cuyos objetivos era el asesinato del emperador. 

Pianori compareció ante el tribunal el 7 de mayo. Fue condenado a muerte y ejecutado el día 14, pero su tentativa iría seguida de otras, algunas de las cuales pondrían en serio peligro la vida del emperador. Mazzini, el jefe de los refugiados en Inglaterra, las planeaba entre un número muy reducido de conspiradores. La policía francesa no dejaba de estar alerta, y el emperador era vigilado día y noche por agentes encargados de protegerlo contra estos atentados. 

Las medidas de seguridad no lograron impedir que la noche del 14 de enero de 1858 se produjera un episodio similar. Esa noche había una extraordinaria función en el viejo edificio de la Ópera. Se representaba un acto de Guillermo Tell seguido del ballet de Gustavo III y de Maria Stuarda, y estaba previsto que el emperador asistiera en compañía de su esposa. 

Esa noche los directores de la Ópera y varios dignatarios aguardaban la llegada de Napoleón III. Eran las ocho y media, y la calle estaba ocupada por la escolta, compuesta por lanceros de la guardia. De pronto se escucharon tres explosiones muy seguidas. Tres bombas habían estallado al paso del carruaje real. Se rompieron los cristales de las ventanas, y la calle se llenó de muertos y heridos. La primera bomba había caído sobre los jinetes que precedían al coche; la segunda hirió a los animales e hizo añicos los cristales del vehículo. La tercera cayó bajo el carruaje e hirió a un policía que corría a proteger a los ocupantes. 


El emperador y su esposa resultaron ilesos. Napoleón descendió de su carruaje con la misma tranquilidad de siempre, y minutos después aparecía en su palco con ese rostro suyo habitualmente impasible. Había escapado a la muerte de milagro: dos proyectiles le habían atravesado el sombrero, pero el único daño que recibió fue un arañazo en la nariz. 

Se demostró una vez más que las bombas habían sido fabricadas en Inglaterra, lo que causó un furor antibritánico en todo el país. El autor del atentado, Orsini, era un revolucionario italiano, líder de la organización secreta de los Carbonari. El año anterior había dado conferencias por Inglaterra y Escocia, y los otros miembros del grupo implicados en el complot eran también italianos que trabajaban allí enseñando el idioma. Orsini había logrado huir de la escena del atentado a pesar de que él mismo había resultado herido en la cabeza con las explosiones; pero era arrestado poco después. Dos meses más tarde era guillotinado. 

Antes de morir, Orsini escribió una famosa carta al emperador en la que le animaba a apoyar la causa de la independencia de Italia: 

“Recuerde Vuestra Majestad que los italianos, entre los que se encontraba mi padre, derramaron por doquier su sangre con alegría por Napoleón el Grande, allá donde él quiso conducirlos; recuerde que fueron leales hasta el final; recuerde que mientras Italia no sea independiente, la tranquilidad de Europa y la de Vuestra Majestad será tan solo una quimera; no rechace Vuestra Majestad el deseo supremo de un patriota a punto de subir los escalones del patíbulo; libere a mi país y las bendiciones de 25 millones de ciudadanos le seguirán a la posteridad.”


Bibliografía:
Napoleón III y su corte – Imbert de Saint-Amand
Napoleón the Third: the romance of an emperor – Walter Geer
A Carefully Planned Accident: The Italian War of 1859 - Arnold Blumberg

15 comentarios:

  1. Todos estos atentados se enmarcan en la política autoritaria del emperador francés, a veces, demasidado intervencionista, que preoucpaban y creaban recelos en otros países, como Gran Breñaña o Austira. La alianza con los italianos le reportó beneficios a Francia (Saboya y Niza), y a los iltalianos en su proceso nacionalista contra Austria, pero también grandes enemigos, como Prusia.
    Me gustó esa frase de Napoleón: "ya veis que no es fácil acabar conmigo". Mucho sentido del humor.
    Bisous, madame.

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  2. Pocos personajes de la historia han tenido la suerte de salir indemnes de un atentado: Napoleón III, Alfonso XIII, Aznar... Otros, como el Archiduque Francisco Fernando, Sissí, Eduardo Dato, Canalejas, etc. no tuvieron esa suerte. De donde no salió ileso Napoleón III fue de su encontronazo con el ejército prusiano en la batalla de Sedán, en la que Francia perdió Alsacia y Lorena. Ese fue el fin del emperador.
    Un saludo.

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  3. Aunque los Carbonari gozan de mis simpatías, no me usan los atentados. ¿Solo los italianos intentaron mar a Napoleón III? Porque como dijo Paco Hidalgo, las políticas del Tercer Imperio eran ultra intervencionistas, muchos otros podrían estar descontentos con el Emperador. Orsini y su colega tuvieron suerte, solo fueron guillotinados. No tuvieron que sufrir las pavorosas torturas de otros regicidas amateur de antaño como Ravaillac, asesino de Enrique IV, y Damiens que intentó matar a Luis XV.
    Bisous, Madame

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  4. Que suerte la del bueno de Napoleón, salir ileso de tanta tentativa, no tuvieron tanta las víctimas colaterales de las bombas... unos tiempos muy convulsos.

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  5. "He actuado así porque el emperador ha hecho la campaña contra Roma, arruinando a mi país." Con estas mismas palabras, además de la magnífica carta de Orsini, podrían haber argumentado ciudadanos de toda Europa motivos sobrados para el magnicidio de Napoleón, a quien nada parecía turbarle. Como de costumbre, Madame, su página es de un interés inusitado.
    Bisous

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  6. Ambos atentados se asemejan mucho a dos de los perpetrados contra Alfonso XIII: uno cuando iba a caballo y un individuo le disparó y falló, y el otro el famoso atentado de la bomba del día de su boda.
    Orsini, si no me equivoco, dió nombre a unas bombas características que eran utilizadas por los anarquistas en Barcelona a finales del siglo XIX, una de las cuales fue lanzada en el Liceo con el resultado de varios muertos.
    Un besito

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  7. El episodio me ha recordado unas imágenes vistas en estos días de un atentado a un gobernante (creo) surcoreano: ofrecía un discurso cuando el asesino llegó hasta la tribuna, le acercó la pistola a la sien... y el arma se encasquilló. Algunos tienen suerte, desde luego.
    Feliz tarde, Madame.

    Pd. Por supuesto, puede contar con mi colaboración gustosa en ese banquete egipcio... aunque no sé si mis recetas se adecuarán mucho al gusto histórico :)

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  8. Hola Madame:

    Un episodio que conocía con algunos detalles, porque fue parte de un trabajo en mis preshistóricos tiempos de secundaria. Como dice Cayetano, pocos son los que salen ilesos de esos atentados. En Venezuela hubo un atentado contra el entoces dictador Delgado Chalbaud...No salió ileso.

    Besos Madame

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  9. Después de sobrevivir a dos atentados cayó en la batalla contra los prusianos.La emperatriz era de origeén español: el origen del Rey Alfonso XIII que sobrevivió a dos atentados, pero que murió de viejo.

    Que entereza la de Orsini:al dejar la famosa carta al emperador, no lo mataron pero seguro que lo dejaron muerto de remordimientos...aveces las verdades son más mortíferas.

    Buenas noches madame.

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  10. Y también como si no hubiere hecho bastante daño a europa el primero , después tuvieron un segundo y un tercer Napoleón. Y pensar que en la actualidad tenemos a quien se cree rencarnación de Napoleón ( no es chiste, ojalá lo fuera). Besitos. Claudia.

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  11. Con el tiempo, cuando archivos oficiales se hacen públicos, aparece la acción solitaria de un terrorista como un asunto de más alto vuelo, también conocido por conspiración.
    Razones para atentar contra Napoleón III, las había pero a veces se necesita algo más que la pasión homicida de un hombre para perpetrar un magnicidio. No digo que este sea el caso. Detrás de desgraciados ejecutores, suele haber intereses muy alejados de los bajos fondos y de sociedades secretas.
    Orsini no podía triunfar, con ese nombre de heladería y/o pizzeria.

    Bisous y buenas tardes.

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  12. tenía suerte Napoleón III, no tanta como otros que no sobrevivieron a la cólera de quienes se la tenían guardada. en fin, qué diferencia de legado el de un Napoleón con el otro.
    la historia de la unificación italiana es un juego apasionante. en 'el cementerio de praga' de Eco, se cuenta algo sobre ello y es muy aleccionador.
    bisous madame!

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  13. No fue la política imperial francesa precisamente la de hacer amigos. A salvo esto, estaban muy de moda los magnicidios, o el intento de ellos, durante aquellos tiempos.
    Beso su mano.

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  14. Sí que tenía suerte, sí, tal y como estaba el panorama.

    Bisous

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  15. buen relato, hay cosas que se escapan de este personaje.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)