miércoles, 16 de enero de 2013

El matrimonio de Madame Royale

María Teresa Carlota de Francia, Madame Royale

En mayo de 1799, al cabo de tres años y medio de su llegada a Viena, finalmente María Teresa recibe permiso para partir y reunirse con su tío. Luis XVIII había aceptado la hospitalidad del zar y residía entonces en Mitau, capital del ducado de Curlandia, en el oeste de Letonia. Pablo I había prometido conceder a su huésped el primer favor que quisiera pedirle, y Luis envió a su secretario d’Avary con una carta en la que rogaba al zar que usara de su influencia para que la corte de Viena autorizara a su sobrina a reunirse con él. La respuesta de San Petersburgo fue lacónica, pero satisfactoria: 

“Señor mi hermano, Madame Royale os será devuelta o dejaré de llamarme Pablo”. 

Y, efectivamente, a la mañana siguiente el zar despachó un correo hacia Viena exigiendo la devolución de la princesa en tales términos que negarse hubiera sido una declaración de guerra. 

Allá en el golfo de Riga, a orillas del mar Báltico, tenía Luis XVIII su propia corte, que, si no brillante, si era al menos suficiente. El palacio era amplio y hermoso; al igual que el de Versalles, contaba con magníficos jardines. Pero, destruido dos veces por el fuego y mal reparado, ahora apenas era algo más que habitable. El rey trató de hacerlo más agradable a su sobrina, para lo que hizo acudir a tapiceros y sederos, y además compró un clavecín en Londres por cien guineas. Poco después se enteraba de que a María Teresa no le gustaba la música, así que lo revendió. 


El viaje era largo. Madame Royale tardó un mes en completar las etapas, hasta que a mediodía del 4 de junio se aproximó a su destino. Un emisario se adelantaba a recibirla y darle la bienvenida en nombre de los reyes, y poco después Luis XVIII salía a su encuentro. No se habían visto desde el 21 de junio de 1791, por lo que la entrevista fue sumamente emotiva. Un testigo presencial describió cómo bajo ese cielo sin nubes de un día especialmente caluroso, María Teresa se precipitó “con increíble agilidad entre una tormenta de polvo hacia su tío, que corría con los brazos abiertos para abrazarla. En vano trató el rey de impedirle que se arrojara a sus pies.” 

—Al fin os veo de nuevo —exclamó la princesa—, al fin soy feliz. Cuidad de mí, protegedme, deseo que seáis un padre para mí. 

Luis le presentó a su prometido, Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema. El príncipe, tímido y nervioso, era tartamudo, lo que aumentaba su inseguridad en un momento como aquel. Sus dificultades bloquearon las palabras, de modo que solo fue capaz de expresarse con lágrimas que cayeron sobre la mano de su prima al llevársela a los labios. 

No era un hombre hermoso; por el contrario, “por una desdichada disposición de su naturaleza, todo en él resultaba caricaturesco, ridículo. No tenía nada capaz de impresionar y subyugar a una mujer”. Había nacido en Versalles el 6 de agosto de 1775, por lo que aún no había cumplido 24 años. Un testigo nos lo describe como pequeño, feo, con poco espíritu, enclenque, con el rostro simiesco, lleno de tics, uno de los cuales le hacía guiñar un ojo de continuo; los brazos eran demasiado largos, las piernas flacas, los pies planos y los movimientos bruscos. Sin embargo, “su corazón era honesto y leal”, y mostraba por su padre un respeto y una sumisión totales. Gran cazador y muy devoto, lamentablemente su inteligencia no igualaba su piedad, y apenas había asimilado provecho alguno de las enseñanzas de sus maestros. Era valeroso en el combate, y un perfecto caballero que, al contrario que su hermano, no tenía vicios; pero sus virtudes de poco servían ante la magnitud del desastre que suponía el conjunto de la persona de este neurasténico

Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema

Por si fuera poco, sobre él circulaban rumores que decían que era impotente. Durante muchos años se discutió incluso si el matrimonio había sido consumado, aunque investigaciones de Susan Nagel, autora de la última biografía de Madame Royale, apuntan a que lo fue, puesto que han hallado cartas y documentos que demuestran que en torno a 1816 María Teresa cree estar embarazada. De la documentación aportada por la historiadora se desprende que casi 20 años después de la boda ambos cónyuges mantenían relaciones. 

En cualquier caso, la pareja nunca tuvo descendencia, si bien algunos han señalado como motivo una supuesta esterilidad de la esposa. Se ha sugerido que su infertilidad podría deberse a una enfermedad venérea, consecuencia de los abusos que hubo de padecer durante su cautiverio en el Temple. Durante 18 años la duquesa fue chantajeada por el médico Lavergne, que amenazaba con hacer públicas “extraordinarias revelaciones sobre lo que aconteció a la duquesa de Angulema durante su largo cautiverio”. Otras mentes más novelescas imaginaron que el secreto que guardaba Madame Royale era que se trataba de una impostora que había sustituido a la verdadera María Teresa. 

La decepción de la princesa al ver a su prometido debió de ser enorme: se había encontrado con la antítesis de los sueños de cualquier joven. Pero había empeñado su palabra e iba a mantenerla. Las costumbres de su siglo, en especial las de la corte, eran permisivas con el tema de la fidelidad dentro del matrimonio, pero ella “no sería jamás mujer que abusara de su desdicha para creerse en el derecho de consolarse”. María Teresa siempre mostraría mucho cariño por su esposo, a pesar de todos sus defectos, y permanecería a su lado hasta el fin de los días de Luis Antonio. 


Terminados los saludos y cortesías, la comitiva se dirigió al castillo y María Teresa fue presentada a la reina María Josefina de Saboya. El matrimonio de los reyes no estaba muy bien avenido, y María Josefina pasaba mucho tiempo separada de su esposo, que la detestaba. Pero había sido el padre de la reina quien ofreció refugio en Verona a Luis XVIII cuando escapó de Francia, y a cambio del favor, el rey pidió a María Teresa que intercediera ante el emperador para que permitiera a su esposa refugiarse en Austria, ya que no podía permanecer en el territorio conquistado a su padre por Napoleón. 

En aquel tiempo la reina residía en los alrededores de Kiel, pero había llegado a Mitau el día anterior, a regañadientes y ante la insistencia de Luis. Sin su presencia, la familia hubiera estado escasamente representada: los padres y el hermano de la novia habían muerto; el padre del novio no podía abandonar su exilio en Inglaterra y otros miembros vivían demasiado lejos para poder desplazarse debido a la dificultad de las comunicaciones y a lo excesivo de los gastos que suponía un viaje así. De haber conocido cuánto había odiado la reina a su madre y cómo había intrigado en su contra, María Teresa no habría podido encontrar nada de agradable en saludarla. Ahora, según la etiqueta, Madame Royale debía caminar detrás de aquella mujer que tanto daño había causado a María Antonieta. 

María Josefina de Saboya

Todos allí se agolpaban sin ninguna disciplina para intentar ver a la princesa, que fue conducida a sus apartamentos. En esa especie de pequeño Versalles en el exilio era donde iba a volver a familiarizarse con la etiqueta de Francia y las tradiciones de su infancia. 

Luis XVIII, entusiasmado, le escribió a su hermano Artois, por entonces en Inglaterra, contándole la impresión que le había causado la joven. 

“Los retratos que tenéis de nuestra hija no pueden daros una idea exacta; no se le parecen. Ella se parece al mismo tiempo a su padre y a su madre, hasta el extremo de hacerlos recordar perfectamente juntos y a cada uno por separado… No es bonita al primer golpe de vista, pero gana en belleza a medida que se la contempla, y sobre todo al hablar, porque no hay ni un solo ademán de su figura que no resulte agradable. Es un poco menos grande que su madre, y un poco más que nuestra pobre hermana… Cuando habla de sus desdichas, las lágrimas no fluyen fácilmente, por la costumbre que ha adquirido de contenerlas para no dar a sus carceleros el placer de verla derramarlas. Pero quienes la escuchan apenas podrían reprimir las suyas. Sin embargo, su alegría natural no ha sido destruida; fuera de ese funesto capítulo, ríe de buena gana y es muy amable. Es dulce, buena, tierna…” 

El 10 de junio Madame Royale se casaba con su primo en una ceremonia oficiada por el cardenal de Montmorency. Llevaba los diamantes que le había regalado el zar. El rey añadió su propio regalo: el anillo que Luis XVI había desprendido de su dedo antes de subir al patíbulo. Los propios reyes conducían a la novia hasta el altar que había sido improvisado en el gran salón del castillo, convertido en capilla para la ocasión y hermosamente decorado con profusión de flores. Después vendría una modesta fiesta, pero no se dispararían salvas. La nobleza de Curlandia, los habitantes de Mitau y algunos de los leales servidores del rey estuvieron presentes durante las celebraciones. 

Los duques de Angulema con Luis XVIII

En un reclinatorio, justo detrás de la princesa, se arrodillaba la figura de un eclesiástico, inmóvil como una estatua. Con el rostro enterrado en sus manos, permanecía absorto en sus meditaciones. Era el abate Edgeworth, aquel que seis años antes había sido salpicado por la sangre del rey al gotear desde el patíbulo. El abate permanecía allí como si fuera un símbolo de las tragedias a las que la joven que se casaba ese día había escapado casi milagrosamente, pero que perdurarían en su recuerdo como una pesadilla durante el resto de su vida.


Bibliografía:
Les Fiançailles de Madame Royale, fille de Louis XVI, et la première année de son séjour a Vienne – Comte de Pimodan
Marie-Thérèse: the fate of Marie Antoinette's daughter - Susan Nagel
Vie de Marie-Thérèse de France, fille de Louis XVI – Alfred Nettement
Grandes dames du XXe siècle – Gilbert Stenger
The daughter of Louis XVI, Marie-Thérèse-Charlotte de France, Duchesse d'Angoulême – G. Lenotre
La dernière Dauphine: Madame Duchesse d'Angoulême – Joseph Turquan
The youth of the Duchess of Angoulême - Imbert de Saint-Amand
Filia dolorosa, memoirs of Marie Thérèse Charlotte, duchess of Angoulême - Isabella Frances Romer
Madame Royale et son mystère - Noëlle Destremau

33 comentarios:

  1. Madame, ese post sirve para responder una duda que siempre he tenido sobre Madame Royal. ¿Fue violada durante su cautiverio? Se sabe que su hermanito fue entregado a prostitutas y sufrió de vejaciones y abusos sexuales. Con eso, es casi indudable que una jovencita como Marie Therese haya también sufrió lo suyo. ¡Que terrible que la haya dejado incapaz de ser madre!

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    1. No contamos con pruebas, pero suponemos que fue así, dada la suerte que corrió su hermano. No veo por qué la iban a respetar a ella. El chantaje al que estaba siendo sometida, desde luego, parece que se relacionaba con algo que le había ocurrido durante su cautiverio, y que ella deseaba ocultar. Todo apunta a que los tiros iban por ahí, aunque ya le digo que hasta este momento es indemostrable.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  2. Esta mujer sufrió lo suyo. Y de premio por el sufrimiento pasado... un matrimonio impuesto con una persona a la que no amaba y encima con um montón de taras y defectos.
    Un saludo.

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    1. Sí, no tuvo buena estrella. Primero pagó culpas ajenas y después su propia gente le deparó un destino bastante mejorable. Bueno, al menos consiguió llevarse bien con su esposo. Ambos fueron buenos amigos.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Una entrada espectacular.
    Descubrí hace poco tu Blog y me gusta mucho!

    La verdad es que los horribles momentos que tuvo que soportar en la Revolución, son una verdadera lástima.

    Gracias por aclararnos un poco más la vida de Marie-Thérèse.

    ¡Un saludo!

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    1. Muchas gracias, monsieur. Sea bienvenido al tablero. Espero que nos siga visitando.

      Feliz tarde

      Bisous

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  4. Por lo menos el matrimonio le aportó una estabilidad emocional; ya que fueron buenos amigos, por lo que se desprende.No cabe duda que los matrimonios de la realeza eran todos por interes.Ahora son los menos pero...aun hay algun que otro.

    Muchas gracias, por compartir esta reseña.

    Buenas noches madame.

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    1. Ahora no suelen ser tan sacrificados, madame. Quieren los privilegios, pero sin contrapartida.

      Gracias a usted, madame.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. ...madame:se fija que en todos los retratos que sale Mª Teresa siempre lleva la misma corona y ornamentación.En el primer retrato Luis Antonio, no me parece tan canijo,pero sí, en el retrato de familia se observa que es un hombre de pocos encantos.

    Disculpeme madame: por esta observación.

    Bisous.

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    1. Madame, no tengo nada que disculparle :)
      Realmente, aunque en el retrato hayan intentado tratarlo lo mejor posible, la cosa no tenía arreglo.


      Bisous

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  6. Hola Madame:

    Imagino el desencanto de la dama. A lo mejor, luego de todos esos años encarcelada, hubiese encontrado algo mejor...

    Besos

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    1. Yo creo que no hubiera sido difícil encontrar algo mejor, pero ni siquiera la dejaron buscarlo, ya le dieron todo hecho.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  7. Pobre duque de Angulema: "sus virtudes de poco servían ante la magnitud del desastre que suponía el conjunto de la persona de este neurasténico."
    A pesar de ello, María Teresa siempre mostraría mucho cariño por su esposo, a pesar de todos sus defectos y de la no descendencia. Esos matrimonios a ciegas, esos enlaces de las situaciones de cortes y no de las personas, tenía con frecuencia segundas partes como estas. ¡Muy interesante, Madame!
    Bisous

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    1. Sí, es curioso que el porcentaje de fracasos matrimoniales no fuese mayor que ahora en realidad, a pesar de haber sido concertados por interés. Supongo que se tomaba el asunto con mayor resignación y sentido del sacrificio.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. En esta historia podemos ver todas las vejaciones que una mujer de la época podía sufrir (aunque podía ser muchas más): vejaciones, violación, abusos, matrimonios impuestos sin amor, prisiones... Pobre Maria Teresa. Un fuerte abrazo, madame.

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    1. Los matrimonios impuestos sin amor es lo único que ya no se lleva en Occidente entre las cosas que usted menciona. Con el resto, por desgracia, seguimos igual.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  9. al final con los años triunfó el amor o la responsabilidad, vaya usted a saber...

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    1. La responsabilidad, diría yo. Era más amistad que otra cosa, pero al menos consiguieron eso, lo que no es poco.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  10. hola madame!
    pues si, como dicen por ahí arriba, a todos los suplicios sufridos en prisión,sumémosle el nuevo sacrificio de un matrimonio con una persona con todas las taras con las que nos las pinta. en fin, más triste debe ser robar, y al fin y al cabo siguió viviendo como una princesa, que no es poco. y por lo que dice, el matrimonio no fue demasiado tormentoso. bueno. algo es algo.
    por aquí ando, resolviendo asuntos, y me he escapado a leerla un poco.

    bisous madame!!

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    1. Hombre, Tolya, qué grata sorpresa!
      Resuelva, resuelva esos asuntos, que aquí le esperamos. Pero no tarde!

      Feliz tarde

      Bisous

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  11. Ìmagino a la princesa cuando pudo por fin reunirse con su familia. Al fin y al cabo Luis XVIII era su tío y con ellos había crecido y había vivido su infancia antes de que estallase la fatal revolución que la llevó a la prisión e hizo que quedara huérfana de padre y madre.
    El retrato que se hace de Luis Antonio de Borbón no era nada alagüeño, aunque quizá la convivencia al final pudo hacer brotar el cariño entre ambos.
    Un besito

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    1. Para ella tuvo que ser un momento especial poder reunirse al fin con un familiar al que no veía desde la infancia. Cuántos recuerdos se debieron de revolver!

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  12. Según se describe al novio era una joya, no tenía aparentemente nada bueno. Duro tenía que ser obedecer en aquella época a la hora de contraer matrimonio.
    Un saludo.

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    1. Sí, supuestamente no era mala persona, pero claro, encantos como esposo no debía de tener muchos. Como amigo ya era otra cosa.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  13. Seguramente no la ha pasado nada bien pero comparándola con otras reinas y princesas de vida trágica, cuando pienso en vida trágica... me acuerdo de Catalina de Aragón , por ejemplo. en fin como dice el Gélido murió como una princesa. Supongo que ese dechado de virtudes era al menos limpito. Besitos. Claudia.

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    1. Por lo menos el calvario de esta mujer duró poco más de tres años solamente, aunque fue muy intenso. Lo que ella vivió durante ese tiempo nunca pudo borrarlo. La marcó para siempre.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  14. Hasta donde se, en Austria Maria Teresa era una princesa pobre que solo queria vivir y nada mas; queria ser parte y tener una familia. El novio lo pintan tan mal, hoy la tendencia seria creer que tenia algun tipo de retraso mental, o una mala gestación, pero mas alla de ser feo, mal proporcionado, tenia sus virtudes de modo que tan tonto no podia ser. Y mal que bien, pasaron juntos muchos años, algo de afecto entre ellos sin duda debe haber surgido.

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    1. No, él no era tonto. Bueno, no del todo, al menos. No era una lumbrera, pero tampoco era retrasado. Y, desde luego, afecto sí que hubo, aunque no hubiera amor.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  15. Otro ejemplo más de las vejaciones que viene sufriendo la mujer a lo largo de la historia.
    Saludos, madame

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    1. En este caso de los matrimonios, era doloroso también para el hombre cuando lo prometían a una mujer a la que no podían amar, teniendo muchas veces que romper con la que sí amaban y hubieran querido desposar.
      Y las vejaciones en prisión... bueno, peor parte aún se llevó su hermano.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  16. Y después de tanto sufrimiento un matrimonio impuesto y encima el novio no era ninguna maravilla. ¡Pobre mujer! por lo menos llegaron a poder convivir y ser amigos ¿no?

    Bisous

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    1. Eso sí, madame. Ya era mucho, teniendo en cuenta las circunstancias. Se llevaban bien.

      Buenas noches

      Bisous

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  17. Efectivamente murió como princesa, ella deseaba hacer feliz a su familia desde el cielo lo que ella creía que era su obligación y muchos dicen que no fue una princesa trágica pues para mi sufrió mucho por que un trauma así no se olvida jamas apenas era una niña cuando sucedió todo eso,lo mas probable vivió toda clase de abusos y no tenia consuelo de ninguna manera no,ella pudo haber tenido un final deseado para ella como encontrar su verdadero amor, tratar de superar ese terrible trauma que constantemente se sentía sola por que su familia no estaba con ella tenia crisis por el calvario vivido estaba muerta en vida por todo lo que le sucedió a tan temprana edad.
    Se merecía un buen futuro y lo que obtuvo fue lo mínimo a lo que ella merecía recuperar , tuvo un marido que la cuido hasta el fin de sus días y tuvo paciencia con ella.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)