miércoles, 2 de enero de 2013

Anne Hyde, Duquesa de York


Anne Hyde, duquesa de York, nunca gozó de mucha popularidad entre la gran galería de personajes de su siglo. Contrajo matrimonio con un futuro rey y fue madre de dos reinas de Inglaterra, pero por sus venas no corría sangre azul, ni tampoco mostró interés alguno por la intriga política. Anne pasó de puntillas por la Historia, sin otra aspiración que la de ocuparse de su propia casa. 

Era hija de Edward Hyde, un abogado miembro del Parlamento, Ministro de Hacienda de Carlos I durante la Guerra Civil y tutor del Príncipe de Gales. Durante el exilio del joven Príncipe, Hyde fue su principal consejero, y tan pronto como los Estuardo recuperaron el trono, Carlos II le hizo conde de Clarendon. El carácter moderado del ministro chocaba frontalmente con la personalidad de la reina, Enriqueta María de Francia. Debido a ello, Enriqueta lo detestaba profundamente, e hizo extensiva la aversión a su hija. 

La primera esposa de Edward había fallecido al cabo de tan solo seis meses de matrimonio, y unos años después el caballero volvía a casarse, esta vez con Frances Aylesbury. Anne, la mayor de sus hijas, fue fruto de ese segundo matrimonio. Nació el 12 de marzo de 1637, por lo que no había cumplido aún 12 años cuando Carlos I era decapitado y ella se veía obligada a huir con su familia a Antwerp, en Flandes. 

Una de las hijas del difunto rey, María, estaba casada con el Príncipe Guillermo II de Orange, Estatúder de las Provincias Unidas. Fue ella quien proporcionó a los Hyde una residencia en Breda cuatro años después y concedía a Anne un puesto entre sus damas de honor, para gran disgusto de la reina Enriqueta María. 

La Princesa de Orange

Anne tenía tan solo 17 años cuando causó sensación en la corte de los Príncipes de Orange con ocasión de un baile de máscaras al que acudió disfrazada de pastora. Fue la opinión unánime que era la más bonita entre las damas presentes. De hecho la señorita Hyde tenía muchos admiradores. El propio Príncipe de Gales se había fijado en ella, aunque Carlos no podía imaginar en aquel momento que aquella jovencita llegaría a convertirse en un miembro de su familia. Sir Spencer Compton, hijo del conde de Northampton, estaba locamente enamorado de Anne, y su pasión era la comidilla de toda la corte. Buena parte de los caballeros ingleses en el exilio revoloteaban en torno a ella. Años más tarde, curiosamente, cinco de entre sus más ardientes admiradores, probablemente despechados, iban a tratar de destruirla por todos los medios: Charles Berkeley, Henry Jermin, el conde de Arran, Talbot y Thomas Killigrew. 

A comienzos de 1656 Anne emprendió un viaje con la princesa de Orange, que deseaba visitar a su madre, a la sazón en París. Allí fue donde conoció al segundo de los hijos de la reina: Jacobo, duque de York. Jacobo era un joven apuesto, tenía 22 años y una gran reputación como guerrero ganada durante las dos campañas en las que había luchado. Probablemente ambos se enamoraron ya entonces, pero pronto tuvieron que separarse. No volvieron a verse hasta que, al recibir la noticia de la muerte de Oliver Cromwell, Jacobo acudió a Bruselas y a Breda para estar junto a su hermano. 

Fue en noviembre de 1659 cuando el duque contrajo alguna clase de compromiso secreto con ella, una promesa de matrimonio ante testigos que, aun sin la pertinente boda, “al menos daba a Jacobo, en su opinión, todos los derechos de un esposo”. 

Él estaba muy enamorado y no se arrepentía de su proceder. Durante los primeros seis meses Anne fue feliz, de un modo como seguramente jamás después pudo volver a ser. Pero el amor de Jacobo, al igual que el de Carlos, no solía ser muy constante, y a menudo se apagaba en cuanto dejaba de resultarles novedoso. 

El Duque de York

En mayo de 1660 el duque de York acompañaba a su hermano a Inglaterra para ser coronado. Rodeado por toda la pompa y consciente del poder que habían recuperado los Estuardo, comenzó a comprender que un compromiso con Anne había sido una insensatez. En la corte se le acercaban muchas mujeres, y algunas de ellas eran sumamente hermosas. Además, Carlos no sabía nada de esa promesa, y ahora que había alcanzado el trono, no sabía cómo iba a confesarle lo que había hecho. El asunto no era igual que antes, porque ahora era el hermano del rey, y su matrimonio una cuestión de Estado. Carlos se enfurecería si se enteraba de su asunto con una insignificante Anne Hyde, algo sobre lo que ni siquiera le había consultado. 

Jacobo se persuadió de que su contrato con ella había sido una clara infracción de sus obligaciones y de la obediencia debida al rey. Pero había un obstáculo para librarse del compromiso, y no era tema baladí: Anne esperaba un hijo. Eso representaba un freno a sus repentinas ansias de libertad. Si no se atrevía a confesarse con su hermano, tampoco deseaba ser demasiado brutal con ella, y no reunía ánimo suficiente para decirle que todo había terminado. Así iba dilatando la cuestión sin ser capaz de resolverla. 

Finalmente el duque de York consultó con sus amigos acerca del procedimiento a seguir. El primero fue Berkeley, quien desdeñó la idea de que pudiera haber alguna atadura en el contrato matrimonial. Alegaba que un hombre de su posición no podía casarse sin obtener antes el consentimiento del rey, y que resultaba demasiado cómico imaginar siquiera que Carlos II permitiría al que era en aquel momento su heredero que se casara con la hija de un simple abogado que, aunque ennoblecido, había nacido plebeyo. En cuanto a Anne, el mal caballero susurró insidiosamente en sus oídos que sus sentimientos terminarían de enfriarse en cuanto supiera lo que unos cuantos hombres de la corte tenían que decir sobre ella. 

La Duquesa de York

Esto suscitó la curiosidad de Jacobo, que quiso hablar con dichos cortesanos. Eran precisamente los que habían sido los admiradores de Anne allá en el exilio. Cada uno de ellos le ofreció una historia que no dejaba la reputación de la dama en buen lugar. El duque no les creyó, pero inevitablemente habían logrado sembrar alguna duda en su mente. 

Tras pedirles que guardaran silencio, acudió de inmediato a ver al rey y le confesó el compromiso asumido. Jacobo se puso por completo en sus manos asegurando que aceptaría su decisión, fuera la que fuese. 

El rey, en efecto, se puso furioso. Por una parte ese matrimonio era un desatino, pero por otra Edward Hyde le resultaba un consejero muy valioso y un buen amigo. Abandonar a su hija en tales circunstancias era tanto como causar su ruina. 

Ella no había regresado a Inglaterra, sino que permanecía en su puesto de dama de la princesa de Orange. Mientras tanto su padre había comenzado a considerar por su propia cuenta que ya era hora de encontrarle un marido, así que buscó un candidato adecuado y luego envió a buscarla. 

Anne no entendía nada. Ya no podía ocultar más su embarazo, y estaba esperando que Jacobo la reclamara cuando de pronto la hacían viajar a Inglaterra para casarla con otro, pese a que ello no era posible debido a su firme compromiso con el duque de York. Una vez en suelo inglés, los acontecimientos se precipitaron. Según Pepys, Anne sostenía que “Jacobo le prometió matrimonio y lo había firmado con su sangre, pero que luego hizo desaparecer el documento de su gabinete mediante el robo.” 

Carlos II

Y entonces sucedió lo que nadie esperaba: el rey apoyaba su causa. Sorprendentemente el que no la apoyaba era su padre, que no daba crédito a lo que estaba ocurriendo y consideraba lo que había hecho como una terrible traición. Incluso aconsejó que la enviaran a la Torre y le cortaran la cabeza. El caballero sentía auténtico pánico: la posición de los Estuardo en el trono recién recuperado era aún demasiado precaria, y lo que necesitaban era establecer firmes alianzas mediante el matrimonio de ambos hermanos. El rey no estaba casado, y si moría sin hijos el heredero sería Jacobo. Eso convertiría a Hyde en el padre de la reina y abuelo de futuros reyes, algo que resultaría intolerable para el pueblo. 

Igual de furiosa que él estaba la reina Enriqueta María, que amenazaba con no volver a entrar nunca en Whitehall si el matrimonio se llevaba a cabo. 

Todo en vano. Por decisión de Carlos II, Jacobo hubo de hacer honor a la palabra dada. La boda tuvo lugar el 3 de septiembre de 1660 mediante una ceremonia secreta celebrada a medianoche en Worcester House. El 22 de octubre nacía su hijo...


Continuará

32 comentarios:

  1. Pobre Anne Hyde, atrapada en un mundo que apenas conocía. Así que los contratos de matrimonio eran tan permisivos en aquella época? No pasó algo parecido con Ana Bolena? Ademas pobre niña, si así ya se comportaba el duque antes de encargarse del problemita del bebé, ya veo lo feliz que la habrá hecho... Espero la continuación con ansias, madame.
    Besos.

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    1. Así es, madame: se trataba del mismo tipo de contrato de Ana Bolena con Percy de Northumberland. La promesa tenía fuerza de ley. Era como un verdadero matrimonio, a la espera de que desaparecieran las circunstancias que obstaculizaban su celebración.

      Me imagino la angustia de Anne cuando iban pasando los meses y Jacobo no resolvía el problema.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  2. Que poco caballero resulta Jacobo, o puede ser motivo de tantos compromisos que se deben cumplir al estar tan cercano al Rey.
    Amores e intrigas nunca faltan entre los reyes y sus amigos.

    mariarosa

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    1. En buena parte el arrepentimiento de Jacobo derivaba del hecho de tener que confesarle a su hermano lo que había hecho. Cuando lo hizo, la situación era diferente; eran una familia desposeída, errante por las cortes de Europa. Pero ahora que su hermano alcanzaba el trono, contaba con él para establecer una fuerte alianza que le permitiera afianzarse.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. sea como sea, al final la boda se hace por conveniencia, ya que Carlos II estaba seguro de que el mejor aliado era su consejero. ahora bien, qué chunguez la de Jacobo... qué pena de muchacho.
    veremos cómo sigue el tema.

    bisous madame!!

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    1. No, no se hizo por conveniencia. Hyde distaba de ser el mejor aliado; además de todos modos ya tenía esa alianza, y encima Hyde ni siquiera estaba de acuerdo con esa boda. Carlos, simplemente, obligó a su hermano a cumplir la palabra dada, porque lo contrario le hubiera parecido deshonroso. El era así.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. Esta era una époco convulsa, tras la decapitación de Carlos I, la guerra, la república de Cromwell, la restauración, pero las historias de amoríos de conveniencia y secretos de alcoba, no cambian, madame. Un fuerte abrazo.

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    1. No, monsieur. El amor es eterno! Y sus manifestaciones se parecen mucho a lo largo de los siglos.

      Feliz día, y año entero de paso, monsieur.

      Bisous

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  5. A diferencia de sus contemporaneos, siempre he simpatizado con Anne Hyde. En una época en que las nobles solo podían aspirar a ser concubinas, ella consiguió ser esposa de un príncipe y madre de dos reinas

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    1. Sin embargo la pobre mujer no consiguió ser feliz. Tal vez hubiera sido mucho mejor para ella un destino más oscuro y modesto.

      Feliz día, madame

      Bisous

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    2. Es cierto ella fue la esposa , pero Arabella Churchill que no pasó de concubina del Duque de York tuvo una vida mejor.
      Bisous

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  6. La rigidez de la época con el pueblo llano confronta con la permisividad de la Corte. En el fondo me dan penas estas damas apreciadas sólo en su imagen física y no en el corazón.
    Bisous

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    1. Hombre, permisividad, lo que se dice permisividad... Ella nunca tuvo otras relaciones, y fue preciso una promesa solemne de matrimonio para que la cosa prosperara con Jacobo. Luego vendría la corte de Carlos II, que sería más alegre y permisiva, sí, lejos de la asfixia puritana de Cromwell.

      En realidad, monsieur, la imagen física es también lo único que suele apreciarse hoy día, en que ser modelo se considera hasta una profesión y está muy bien remunerada. El culto al cuerpo parece ser lo único que importa. Gimnasios, liftings, prótesis mamarias... lo que sea.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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    2. De acuerdo con vos, Madame, pero siempre nos quedará el amor...

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  7. El asunto es que se conoce y se ha novelado muchísimo sobre la vida de las mujeres de posición muy elevada como reinas y concubinas, pero poco y nada sobre el pueblo llano. La vida de las nobles era ciertamente miserable.Si podían se llenaban de hijos, cuando no morían en el intento o les era imposible concebirlos.Pero al menos comían y no tenían frío. Las campesinas supongo que deberían pasarlo igual de mal o ínfinitamente peor aún. Besitos Claudia.

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    1. Infinitamente peor, en efecto. También se llenaban de hijos, pero luego era un tormento lograr mantener a los que sobrevivían y no sucumbir ellas mismas a la miseria.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  8. La época en la que hoy nos introduce, madame, es francamente interesante. Tras la decapitación de Carlos I y la república de Cromwell, Inglaterra parece dar un paso atrás de manera similar a lo que ocurre en Francia tras la Revolución Francesa, pero sin un general al estilo de Napoléon.
    Al margen de intrigas políticas, las relaciones entre hombres y mujeres, reyes y reinas, príncipes y princesas, duques y duquesas, no cambia, ¿verdad madame?
    Besitos

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    1. En realidad después de los Tudor cualquier cosa parecía ya una devaluación, incluido el propio Carlos I. Pero tras una guerra civil necesariamente un país retrocede.

      No, madame, esas historias son eternas como el mundo. Las relaciones entre hombres y mujeres varían poco con las diferentes modas.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Hola Madame:

    Me ha resultado interesante que se cumpliera la palabra empeñada por parte del principe, algo que no se veía con frecuencia en aquella epoca.

    He estado en Worcester Park House en Surrey. No sé si sera el mismo

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    1. No, no es el mismo lugar. Ellos se casaron en Londres. La mansión estaba en el Strand.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  10. Hola, Madame

    No conocía esta historia, que desde ya seguiré con mucho interés.

    Lo sucedido, su matrimonio, parece un oasis en mitad del desierto. Es distinto y sorprendente.

    Seguiré las siguientes entradas y la historia de Anne Hyde.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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    1. Sí, la verdad es que se trató de un enredo poco común. Seguro que dio mucho que hablar en su tiempo.

      Gracias, madame. Buenas noches

      Bisous

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  11. Sorprende la actitud de los hombres en esta historia: Jacobo firma un compromiso que no quiere cumplir; otros, imagina que despechados, dañan la reputación de una mujer; el padre quiere que encarcelen a su propia hija y sin embargo, el rey apoya su causa. Muy curiosa esta historia.

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    1. Sí, tuvo que ser algo así como el mundo al revés. Al final el matrimonio pudo llevarse a cabo, aunque tal vez hubiera sido mejor otro final para la historia.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. Menos mal que al final se casó con ella. Una palabra dada tendría que ser una firma. Pero casi siempre podía más la posición social que el amor.
    El mundo al revés. Buenas noches madame.
    Bisous

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    1. Así es, madame, la posición social era lo que se tenía en cuenta a la hora de concertar matrimonios, pero mucho más aún dentro de la familia real, puesto que se concertaban alianzas a través de ellos.

      Feliz día

      Bisous

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  13. Pues mire, esperando, convencida de estar enamorada, a que el novio cumpliera su compromiso, temiendo además la vergüenza de verse abandonada, al fin no consiguió ser feliz. Esperaré al próximo capítulo para saber porqué.
    Beso su mano.

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    1. Sobre premisas como esas es difícil construir un matrimonio feliz. También lo es esperar que no la consideren una advenediza.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  14. Impresionante historia, madame. Pobre Anne, atrapada en una trampa casi insalvable.
    No sé quién es el autor del retrato de Jacobo que nos presenta, pero ¡que puntería!

    Feliz noche, madame

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    1. Yo apostaría por Sir Peter Lely. Ese gesto de Jacobo es bastante característico suyo. Se aprecia en casi todos los retratos, y no le hace muy simpático.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  15. Curiosa historia, Madame.Y ¡vaya manera de iniciar un matrimonio! Voy a ver como sigue esta historia.

    Bisous

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    1. Gracias, madame. Veo que hoy le toca a usted otra maratón por el tablero!

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)