lunes, 7 de enero de 2013

Anne Hyde, Duquesa de York (IV)

Los duques de York con sus dos hijas, futuras reinas María II y Ana, retratados por Sir Peter Lely

La confusión originada por el incendio fue tan grande que, sin saber cómo, comenzó a circular el rumor de que lo habían iniciado los franceses y holandeses, con quienes estaban en guerra. La muchedumbre, en aquel estado de pánico, rabia y desesperación, se abalanzaba sobre los inmigrantes de estas nacionalidades, víctimas de linchamientos y toda clase de violencia. El rey se vio obligado a enviar al ejército para protegerlos. 

Las turbas apresaron a un relojero francés y lo torturaron para que confesara que era agente del Papa y que había sido él quien originó el fuego en Westminster. El pobre diablo ni siquiera estaba en Londres cuando se declaró el incendio; llegó dos días después, pero nadie parecía interesado en comprobarlo. Fue sentenciado y ahorcado en Tyburn el 28 de septiembre, pese a las abrumadoras evidencias de que era completamente inocente. 

Al cabo de tres días, cuando al amainar el fuerte viento el incendio finalmente quedó sofocado, sólo quedaba en pie una tercera parte de la ciudad. Londres tuvo que ser reconstruido después de eso, a base de ladrillo y piedra. El arquitecto Christopher Wren diseñó calles mucho más abiertas y espaciosas para evitar las aglomeraciones, y un sistema básico de alcantarillado. Por precaución se prohibió que en adelante las casas tuvieran tejados de paja, y fue tal la impresión que el incendio dejó para siempre en el ánimo de las gentes que aún hoy está vigente la prohibición. 


El duque de York, al frente de la brigada enviada a combatir el fuego, se empleó a fondo en la tarea de tratar de remediar los daños y socorrer a los damnificados. Según un testimonio de la época, “es difícil de imaginar con qué celo se comportaron el rey y el duque, trabajando incluso personalmente, y estando presentes para impartir las órdenes, recompensar y animar a los trabajadores.” 

En cuanto la ciudad recuperó su pulso, Jacobo pronto continuó sus aventuras amorosas con diversas damas. Margaret Brooke, a la que había admirado antes de que Lady Chesterfield se interpusiera, estaba ahora casada con el poeta Sir John Denham, un hombre mucho mayor que ella. El caballero rebasaba los 50 años frente a los 18 de su esposa, era cojo y caminaba con la ayuda de una muleta. 

Lady Denham era sobrina del conde de Bristol, un caballero bastante ambicioso que esperaba obtener el favor del rey satisfaciendo adecuadamente sus placeres. Entretenía a Carlos con lujosos banquetes y agradables cenas a las que invitaba a Margaret y a su hermana menor. El rey estaba encantado con la belleza de Margaret, y seguramente habría terminado de convertirla en su amante de no ser porque Lady Castlemaine estaba alerta y no se dejó despojar. 

La joven se recuperó del chasco al ver que el duque de York iniciaba sus avances justo en el punto en que el monarca los había interrumpido. Una vez casada con el viejo poeta, las atenciones de Jacobo se renovaron, y con mucho más ardor. Lady Denham se convirtió en la amante de Jacobo y le solicitó un puesto entre las damas de Anne. Esta se enfureció ante semejante pretensión, que, por supuesto, se negó a complacer pese a la insistencia del duque. 

Margaret Brooke, Lady Denham

Él apenas ocultaba sus sentimientos. Visitaba abiertamente a su amante en la casa del esposo en Scotland Yard, y le dedicaba inequívocas atenciones en la corte. Si ella se alejaba, Jacobo “la seguía como un perro”. La dama tampoco estaba deseosa de “ocultar el honor con el que ella consideraba que la cubría este amor”. 

El escándalo de esta relación también sacudió violentamente al esposo de la dama. El poeta perdió la razón, y se afirmaba que la causa de su locura era la infidelidad de su esposa. Su comportamiento errático dio lugar a episodios que no podían dejar de ser recogidos por sus contemporáneos: en una ocasión Denham se presentó ante el rey afirmando ser el Espíritu Santo. 

Margaret enfermó gravemente, y comenzó a rumorearse que había sido envenenada con una taza de chocolate. Al cabo de dos meses, el 6 de enero de 1667, la joven falleció. Jacobo había corrido a la cabecera de su lecho, y allí mismo ella le reveló sus sospechas de envenenamiento. Se hizo acudir de inmediato a los médicos más eminentes, pero nada pudieron hacer por salvarla. Margaret pidió que abrieran su cuerpo después de muerta para encontrar el veneno. Su petición fue atendida, aunque no se encontró nada sospechoso. 

A pesar de ello, y según consta en las memorias de Gramont, la mayoría pensaba que el culpable de su muerte había sido Sir John Denham, que tuvo que encerrarse en su casa porque sus vecinos amenazaban con despedazarlo si se le ocurría salir. La furia del populacho solo se calmó tras un suntuoso funeral y una generosa distribución de vino. 

Lady Henrietta Hyde, condesa de Rochester

Pero no todos atribuyeron al esposo la muerte de Margaret: algunos sospecharon de la cuñada de Anne, Henrietta Hyde, y otros apuntaron directamente a la duquesa de York. Un día apareció un panfleto acusador clavado a la puerta de su hogar. Existe también con un relato de Henry Newcome según el cual poco después el fantasma de Lady Derham atormentaba a la duquesa. Años más tarde, a la muerte de otro de los hijos de Anne, Marvell publicó un poema en el que hacía recaer la culpabilidad sobre ella: “Nothing can live that interrupts an Hyde”, y atribuía la desdicha de los hijos varones de los duques a la intervención del vengativo espíritu de Lady Denham. 

En cuanto a Edward Hyde, sufrió las consecuencias de su súbita elevación. Muchos nobles no le perdonaban que se hubiera situado por encima de ellos mediante la boda de su hija, y finalmente el canciller cayó en desgracia. Se lo acusó injustamente de haber concertado el matrimonio del rey con una mujer que estéril para de ese modo asegurar el trono a los hijos de Anne y Jacobo. Sobre él recayeron también acusaciones de corrupción. Se había ganado la enemistad de la amante del rey, Lady Castlemaine, y ella no dejaba de conspirar para destruirlo. La mala salud de Hyde no le ayudaba: sufría ataques de gota que lo incapacitaban durante meses enteros en los que resultaba de escasa utilidad para el gobierno. El golpe final llegó con la guerra anglo-holandesa. De nada le sirvió argumentar que él se había opuesto a esa contienda. En 1667 Carlos II le ordenaba entregar el sello, y en noviembre Hyde se veía obligado a exiliarse en Francia. Desde allí escribía a su hija pidiéndole que utilizara su influencia en su favor, pero sus cartas no obtenían respuesta. 

Anne y su marido se interesaban por la teología. En 1670 ella se convirtió al catolicismo, algo que trascendió aunque no lo hiciera público, y que disgustó profundamente a su padre: “Atraerás irremediablemente el deshonor sobre tu padre y tu esposo, y causarás la ruina de tus hijos”, le escribió cuando supo la noticia. Jacobo también se convertiría oficialmente unos años después. 

Anne Hyde, duquesa de York

Nada contribuía a hacer a la duquesa más popular entre el pueblo ni en la corte. La acusaban de tener a su esposo completamente dominado, de imponerle sus criterios y hasta su fe. No andaban muy equivocados, porque lo cierto es que él solía apreciar y seguir sus consejos. Lo único que Anne no pudo conseguir de su esposo fue que le fuera fiel, pero en todos los demás asuntos, como decía Pepys, lo manejaba como quería. Jacobo siempre admiró su inteligencia y disfrutaba en su compañía. 

Sin embargo, no es probable que Anne haya sido responsable de la conversión de su marido y, aunque él tardó más en dar oficialmente el paso, en ese asunto la influencia fue inversa. Existen evidencias de que Jacobo comulgaba siguiendo el rito católico desde aproximadamente 1668, si bien durante años se esforzó por mantenerlo en secreto. En todo ello hay que ver más bien la obra de la reina madre. No es difícil imaginar que Enriqueta María, ferviente católica y mujer de enorme personalidad, trató de inculcar a sus hijos en secreto su propia fe durante los años de su infancia y adolescencia. A este respecto es sintomático que también Carlos II abrazara el catolicismo, si bien lo hizo en su lecho de muerte, consciente de que hacerlo en vida no hubiera sido popular ni oportuno: el monarca debía profesar la religión de la mayoría de sus súbditos. 

La duquesa de York no vivió lo suficiente para ver a su esposo alcanzar el trono y perderlo tres años después. Anne padecía un cáncer de mama, y no había llegado a recuperarse de las complicaciones de su último parto. Ella nunca fue reina: falleció en el palacio de St. James cuando acababa de cumplir 34 años, la tarde del 31 de marzo de 1671, “no muy llorada ni muy amada por nadie”. Dos días después su cuerpo embalsamado era enterrado en la Abadía de Westminster. 

Anne Hyde, duquesa de York

Anne Hyde tuvo ocho hijos, pero solo dos niñas sobrevivieron. Las dos serían reinas de Inglaterra: la mayor, María II, y la menor la reina Ana, con la que terminó la dinastía de los Estuardo


Bibliografía:
Anne Hyde Duchess of York – J. R. Henslowe
Queen Anne – Edward Gregg
The Fair Ladies of Hampton Court – Clare Jerrold
The English Royal Family of America, from Jamestown to the American Revolution - Michael A. Beatty
De Guerras, Incendios y Plagas – Diana de Meridor - dianademeridor.blogspot.com.es/2010/10/de-guerras-incendios-y-plagas.html
Denham – Michael Aislabie
Portraits of Illustrious Personages of Great Britain – Edmund Lodge
The Windsor Beauties: Ladies of the Court of Charles II - Lewis Melville
Harmony from Discords: A Life of Sir John Denham - Brendan O’Hehir
Diario del Año de la Peste – Daniel Defoe
Memoirs of Count Gramont – Anthony Hamilton
Royalty Restored - J. Fitzgerald Molloy


38 comentarios:

  1. pues qué mala pata. he estado investigando y resulta que el tal jacobo fue un poco cobardón cuando le tocó defender el trono y sus posesiones. o que antes que estrellarse contra un muro, prefirió ir tirando. en fin.
    sobre las reinas ana y maría no tengo ninguna información, seguro que vos ya habéis escrito sobre el tema y el que anda despistado soy yo.

    bisous!

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    1. Pues no, monsieur, aún no. No me he estrenado con ninguna de las dos. Pero todo se andará. De momento prefiero un cambio de aires: llevo demasiado tiempo en esta corte de St James.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  2. Qué cosas tan elementales suelen lograr lo que no pueden los largos argumentos: "una generosa distribución de vino".
    Me llama la atención, dentro de todo este batiburrillo de cuernos que "lo único que Anne no pudo conseguir de su esposo fue que le fuera fiel". Se ve que el destino regio no estaba hecho para ella, aunque sí para sus dos hijas. Una historia tremebunda, Madame.
    Bisous

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    1. Llegó bastante alto teniendo en cuenta sus orígenes, pero le faltó el escalafón final, que también hubiera alcanzado de no haber muerto tan prematuramente.

      Feliz comienzo de semana, monsieur

      Bisous

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  3. Lástima lo de el incendio de Londres, aunque mirándolo desde otro punto de vista, tal vez fue lo que hizo que Londres se convirtiese en una ciudad moderna y abierta, como ocurrió en Chicago dos siglos después.
    He léido las dos últimas entradas, pues me perdí por los Reyes la tercera entrega y me queda una mala impresión del Rey Jacobo, aunque no muy diferente a otros.
    Feliz semana, madame. Bisous.

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    1. Sus súbditos opinaban de Jacobo lo mismo que usted. No duró mucho en el trono, de hecho.

      Feliz semana, monsieur

      Bisous

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  4. No se sabe que era más peligros. si las pasiones del Duque o la furia del populacho. Y la tenían contra Anne. Me pregunto si no valdrá la pena un marido infiel, pero que nos complazca en todo como Jacobo. ¡Que ironía! La pobre Anne se convirtió al catolicismo y sus hijas fueron reinas protestantes.

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    1. Difícil cuestión la de los maridos. Tal vez sea mejor no tener ninguno al que rendir cuentas o por el que llevar cuernos, al fin y al cabo.

      Carlos II, mucho más prudente que su hermano, se encargó de que sus sobrinas fueran educadas en la fe protestante, gracias a lo cual pudieron reinar.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  5. De verdad que la vida de estos esposos y su descendencia no se presta a tenerles muchas envidias.

    Londres una bella ciudad por lo menos supieron reconstruirla con fundamento y para bien.

    Madame.mañana comienza la batalla(las clases) esperemos que no sea muy dura.

    Bisous.

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    1. Bueno, Jacobo lo pasó bien, al menos desde que su hermano alcanzó el trono y mientras le duró la suerte. Del resto tuvo la culpa su mala cabeza.

      Fue una suerte para la ciudad contar en aquellos momentos con Christopher Wren.

      Suerte con sus clases mañana, madame. Que no le sea duro regresar a la rutina.

      Bisous

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  6. Ni vivió lo suficiente, ni llegó a ser reina, ni fue realmente amada por su pueblo. Triste destino.
    Un saludo.

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    1. En realidad ella no lo lamentó. No se puede decir que llevara una vida triste. Se encontraba bastante cómoda dentro de su status. Eso sí, su vida fue demasiado corta.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  7. Hola Madame:

    La duquesa tuvo una vida un tanto complicada. El duque buscando amantes, sin esconderse...Muy mal debía sentirse la duquesa. Aunque La conducta del duque no difería mucho de la de muchos duques y reyes...

    En cuanto a Sir Denham, He estado leyendo sobre alzheimer en estos días y un neurólogo escocés refiere que posiblemente fue esta enfermedad la que tuvo el caballero.

    Londres...Ya sabe cuanto me gusta ;D

    Besos

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    1. La conducta de Jacobo no difería de muchos reyes, no, empezando por su propio hermano, que daba muy mal ejemplo en ese aspecto. Sin embargo, Carlos no pudo contagiarle su prudencia también.

      No tengo conocimientos de medicina, pero hay datos que me inclinan a considerar que tal vez el neurólogo no esté en lo cierto. Sobre todo porque parece que el poeta se recuperó de ese brote al cabo de unos meses, y cuando murió poco tiempo después, estaba cuerdo. Había vuelto a escribir, y nos dejó una obra de ese periodo, un homenaje al poeta Cowley con motivo de su muerte. Pienso que el alzheimer es una enfermedad degenerativa que hubiera tenido que ir a más. He leído otras propuestas, como por ejemplo una enfermedad venérea, o incluso relacionar la enfermedad con el tratamiento a base de mercurio para la misma. No lo sé, pero si el escocés está en lo cierto, el alzheimer fue especialmente cruel, porque Denham solo tenía 51 años, aunque estaba hecho una ruina. También el cáncer de mama madrugó para ensañarse con la duquesa de York. A veces ocurre.

      Sabía que disfrutaría usted especialmente estas entradas, que tienen a Londres por escenario :)

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  8. Las infidelidades eran moneda común, al menos entre la aristocracia,cortejos y refinamiento que debió ser observado por el pueblo como un privilegio más de la nobleza.Un signo de distinción. Y eso que no existían las revistas del corazón, que a buen seguro habrían triunfado, como ahora.
    En su crónica me he fijado, como otras veces, que algunos, bastantes, protagonistas mueren jóvenes. En eso hemos ganado - toquemos madera- en esa época la esperanza de vida andaría por los cuarenta o menos, en la flor de la vida, vamos. Y también hay ganancia en la salubridad de las ciudades, pues por esos años y más tarde también - así lo cuenta Dickens- en días de calor el Támesis era una cloaca pestilente.

    Unos abrazos y tenga usted buena semana.

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    1. Sí, al menos la esperanza de vida actualmente es muy superior. Debía de ser terrible enfrentarse a aquellas epidemias de peste, o simplemente a un parto, con el peligro que llevaba para la madre cada uno de ellos. Y no hacían más que tener hijos!

      Buenas noches, madame. Feliz semana también para usted.

      Bisous

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  9. Impresionante biografía. En 34 años consiguió y experimentó lo que no hace muchos en 70.
    De todas formas que difícil fue su vida, desde luego nada envidiable.
    Lo del incendio me horroriza como se tomaron la justicia por su mano. La muchedumbre enfurecida es peor que una jauría.
    Bisous y feliz semana

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    1. Ella llevaba bien su vida. No era de las que se hundía por no ser plenamente aceptada. Gozó de sus privilegios y se sentía cómoda con ellos, y además tuvo ocasión de vivir sus propias historias. El balance no estuvo tan mal, aunque la muerte llegara demasiado pronto.
      Lo del incendio fue verdaderamente dantesco. Los hombres hicieron casi más daño que el fuego, o sin casi.

      Buenas noches, madame, y feliz semana.

      Bisous

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  10. Espero que la riqueza obtenida por su ascenso social le compensase una vida como la que llevó y el desafecto de tantos. Una historia con regusto amargo, Madame.
    Feliz día

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    1. Ahí estamos, monsieur. Ha dado usted en el clavo. Durante el tiempo en que la estudiaba no podía alejar la impresión de que para ella merecía la pena. No le importaba mucho la opinión ajena, ni aspiraba a ser amada por muchos. Le bastaba con unos cuantos íntimos. Y a alguno que otro se fue ganando. Su gran martirio fueron en realidad los celos, pero eso era un drama muy común. Y sigue siendo, me temo.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  11. Su vida fue corta, pero muy intensa. Magnífico relato.
    Saludos

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    1. Muchas gracias, monsieur. Me alegra que haya sido de su agrado.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. Me pregunto si sería el esposo poeta el asesino de su infiel esposa durante aquella pasajera enajenación, porque la duquesa no creo que fuera, ¿o sí?
    Beso su mano.

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    1. Yo creo que no hubo veneno. Pero siempre resulta tentador pensar que, una vez más, hubo cierto sabor a veneno en el chocolate :)

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  13. querida Madame que dificil era tener una larga vida en esos tiempos en que el veneno y los desagües contaminaban la existencia...
    saludos querida amiga

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    1. Y parece que cuando tenemos controlados un problema de salud, otro nuevo aparece: el SIDA, la gripe aviar, las vacas locas... Nunca seremos capaces de dominar esos resortes. La ciencia da un paso y la enfermedad da otro.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. El populacho a veces carga las culpas injustamente contra el que no las tiene y esa masa incontenible es, la mayoría de las veces, difícil de controlar como en los casos del incendio de Londres o de la muerte de Lady Derham. ¿Quién sería su asesino? ¿La envenenaron como ella sospechaba o murió de muerte natural? Difícil es decirlo en este lío de faldas y poder.
    Un besito

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    1. Parece ser, madame, que no se trató de veneno. Pero, debido a la petición de la moribunda en su lecho de muerte, que se sentía aprensiva, comenzaron toda clase de murmuraciones.

      Feliz día

      Bisous

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  15. Me he leído todas las entradas y me ha resultado muy interesante la vida de esta mujer que si bien su marido no le fue fiel, consiguió influir en él, algo nada habitual en esa época.
    Un saludo.

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    1. Gracias, monsieur. En realidad, aunque no lo parezca, en ese siglo sí que tuvieron una gran influencia las mujeres. La propia madre de Jacobo fue un ejemplo (nefasto), y en la corte de Francia la influencia femenina fue enorme, en todos los aspectos, no solo en el cultural, sino incluso en la revolución de la Fronda.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  16. Bueno, que digan lo de “no muy llorada ni muy amada por nadie” como epitafio pues es deprimente, lo bueno es que ya estaba muerta;)
    Pero, para la época, era mas que común lo de andar adornada de cuernos por lo que tal vez a nosotros nos parece trágica la relación que tuvo con su esposo, y para ella algo que sobrellevar. Pero de que era problemático el Jacobo, lo era. Se imaginan al pueblo viendo a una plebeya como su reina. Iban a tener que embriagarlos una semana! La Desireé habra tenido menos problemas.

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    1. Aunque la mayoría de las damas no llevaban mal el asunto de los cuernos, ello se debía a que en realidad se trataba de matrimonios de conveniencia, decididos por sus familias. En buena parte de los casos ni siquiera les gustaba el esposo que les habían elegido, y era más bien un alivio ver cómo se volvía hacia otras. Pero el matrimonio de Anne no fue concertado así, sino que se trató de un matrimonio por amor o, al menos, por pasión. Los celos tenían que salir a relucir.

      Bueno, cuando Jacobo se prometió con ella, no solo no sabía que iba a ser rey, sino que ni siquiera sabía que lo sería su hermano. Y era previsible, de todos modos, que Carlos tuviera descendencia, porque bastardos sí tenía.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  17. Estas historias nos recuerdan, de manera muy vívida, que en cada época y cada momento se vive humanamente y con mucha intensidad: las rivalidades, envidias, celos, aspiraciones, locura, generosidad, todo ello está presente siempre a través de los siglos. Sin embargo, parece que en la época barroca no había forma de hacer política sin intrigar ni forma de amar sin hacer política. Interesantísimo como siempre, madame. Beso su mano.

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    1. Así es. En ese siglo hasta las relaciones humanas eran barrocas.

      Muchas gracias, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  18. Menuda desgracia de dinastia los Estuardo, claro que también colaboraron lo suyo para su caida...

    lo del pobre relojero me ha llegado al alma, y es que no hay nada más irracional que una turba...

    saludos y encantado de estar de vuelta...

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    1. Hombre, monsieur, usted de nuevo por aquí!

      Mire que se ha tomado vacaciones.
      Me alegra su regreso. Espero que sea para quedarse.

      Feliz día

      Bisous

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  19. Un magnifico relato, Madame, de principio a fin. Me ha gustado conocer la vida de la Duquesa de York.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)