viernes, 14 de diciembre de 2012

Guzmán el Bueno (II)


El rey de Fez aceptó el ofrecimiento de alianza de Alfonso X y envió a Guzmán a Castilla para hacerle entrega de 60.000 doblas de oro, un tesoro con el que hacer frente a las necesidades más acuciantes de la campaña bélica. 

Guzmán llegó a Sevilla entre un abigarrado cortejo de amigos y servidores. “Así cumplió con gloria suya la terrible palabra que dio al salir del reino de no volver a él sino cuando pudiesen llamarle verdaderamente “de ganancia”. 

Alfonso lo recibió con todos los honores y muestras de gratitud. No fue la menor de ellas concertar el matrimonio de Guzmán con una bellísima joven sevillana de 15 años: María Alonso Coronel, considerada el mejor partido de toda Andalucía. María llevaba por dote muchos pueblos y heredades en Castilla, Galicia y Portugal, además de joyas y dinero en abundancia. Antes de aceptar tal matrimonio, Guzmán solicitó y obtuvo el permiso de Yusuf, el rey de Fez, a cuyo servicio continuaba. El moro aceptó de buen grado y respondió que solo sentía no estar presente para regocijarse con su boda. La ceremonia se celebró en Sevilla, y con motivo de la misma el rey donó a los desposados Alcalá de los Gazules. 

Al cabo de pocos días Guzmán fue al encuentro del rey de Fez y juntos regresaron a la península seguidos “de gran tropel de jinetes berberiscos”. Llegaba así el socorro prometido al monarca castellano. Ambos reyes se encontraron en el campamento moro junto a Zahara, y Yusuf hizo gala de exquisita gentileza haciendo que Alfonso entrase a caballo en su tienda y ocupara el asiento principal. Tras el intercambio de cortesías trataron de su alianza. El rey de Fez se puso a su entera disposición: 

—Dadme un adalid que me lleve por la tierra que no te obedece y la destruiré toda y haré que te rinda la obediencia —se ofreció. 


Las huestes llegaron a Córdoba, donde se encontraba el príncipe Don Sancho. El moro le envió a Guzmán para intentar la vía de la reconciliación entre padre e hijo antes de recurrir a la violencia. Pero cuando el caballero llegó a presencia del príncipe, este acababa de enterarse de que los moros habían matado ya a algunos de los suyos. El genio endemoniado de Sancho sufrió uno de sus célebres estallidos. 

—¿Cómo me venís vosotros con tal mensaje —exclamó furioso— cuando los moros están dando muerte a los míos? Marchaos pronto de aquí; no estéis un instante más en mi presencia, pues vive Dios que no sé quién me detiene de haceros morir y arrojaros por encima de los adarves. 

Los moros de Yusuf continuaron arrasando dehesas y pueblos de Andalucía, y quienes rodeaban a Alfonso le decían que más parecían ir por libre y buscar su propio beneficio en lugar de hacer honor al pacto. Seguramente no era cierto, dadas las cualidades del noble y generoso Yusuf, pero el rey de Castilla ya no creía en nadie a esas alturas de su reinado. Crecieron los recelos y la desconfianza, y Alfonso decidió poner fin a la campaña. Después de eso se retiró a Sevilla, y Yusuf regresó a su tierra. 

Guzmán volvió con el rey moro llevando consigo a su esposa. En Algeciras, antes de pasar a África, María dio a luz a su primer hijo. Más adelante, encontrándose ya en África, nacería el segundo. 

El caballero asistió a Yusuf en todas las guerras que tuvo contra sus vecinos, y siempre resultaba victorioso. Sus hazañas traspasaban fronteras y llegaron a Italia. El Papa incluso le escribió en términos sumamente elogiosos. 

El rey de Fez nunca dejó de distinguir a Guzmán con su confianza y afecto, ni de colmarlo de honores y riquezas. La amistad entre ambos fue inquebrantable hasta el final. Pero el hijo de Yusuf, Abu Yaqub, envidiaba la suerte del cristiano. Él y su primo Amir lo odiaban hasta el punto que Guzmán temía que entre los dos acabarían con él y su familia el día en que faltara Yusuf. Para poner a salvo a los suyos, fingió una seria desavenencia con su esposa y expresó su deseo de separarse de ella. El rey moro accedió, y de esa manera María, nuevamente encinta, pudo regresar a España con sus hijos y la mayor parte de los tesoros que había acumulado su marido. El resto se lo iba enviando Guzmán recurriendo a los procedimientos más ingeniosos: llegó a ocultar dinero y joyas dentro de unos higos. 


Parece que la esposa de Guzmán se vio en ciertas dificultades para mantener su virtud, y con tal de lograrlo se dice que recurrió a un procedimiento ciertamente drástico: los cronistas afirman que durante este periodo de separación, “vínole tan gran tentaçión de la carne que no supo qué se hazer”. Siendo dama virtuosa, tomó “gran aborrecimiento de sí misma de no haber detenido el pensamiento que le vino”, y para evitar caer en esa tentación “asió de un tizón ardiendo que cerca de sí halló, y metióselo por su miembro natural”. La pobre mujer nunca se recuperó, y esto le ocasionó problemas en su matrimonio: “nunca más tuvo ayuntamiento a su marido, porque ella quedó tal que con continua enfermedad y trabajo vivió el tiempo que le duró la vida”. De ahí que el poeta Juan de Mena, en su Laberinto de la Fortuna, hablara de “la muy casta dueña de manos crueles, digna corona de los Coroneles que quiso con fuego vencer sus hogueras”. 

No se sabe quién fue el galán a quien las crónicas atribuyen ser causa de la debilidad de María, aunque algún autor ha apuntado hacia uno de sus servidores. En cualquier caso el relato, que los biógrafos dan por cierto, tiene visos de leyenda, habida cuenta de las varias veces en que un episodio similar se asocia al nombre de diversas mujeres llamadas María Coronel. Curiosamente otra dama así llamada, y casada con un nieto de Guzmán, protagonizó una historia parecida. Esta segunda María Coronel se retiró a un convento de Sevilla para escapar a los deseos de Pedro I de Castilla, y luciendo su más "valerosa pudicia, y viendo no poderse evadir de su llevada al Rey, abrasó con aceite hirviendo mucha parte de su cuerpo, para que las llagas le hiciesen horrible, y acreditasen la leprosa, con que escapó su castidad a costa de prolijo y penoso martirio, que le dio que padecer todo el resto de su vida". 


Yusuf murió al cabo de poco tiempo, y fue sucedido por su hijo. Abu Yaqub carecía de las cualidades que habían adornado a su padre, y además aborrecía a los cristianos que defendían sus dominios. Lo único que frenaba su mano era el amor que el pueblo sentía por Guzmán: temía una sublevación si se atrevía a atacarlo. 

El nuevo rey planeó entonces una estrategia para perder al caballero sin que pareciera que era obra suya. Para ello tramó enviarlo con tan solo unos pocos cristianos a cobrar un tributo, avisando en secreto a los deudores que le atacasen con tanta gente como pudiesen. Si acababan con él, su deuda quedaría salvada. Pero Guzmán contaba con otro gran amigo entre los moros: aquel que en su día había hecho cautivo en la batalla de Jaén. El caudillo berebere se enteró del plan y le previno. 

Guzmán aceptó el encargo del rey, aunque tomando la precaución de poner espías en todos los caminos para atrapar al mensajero. Lo consiguió y lo sustituyó por otro que debía comunicar al enemigo que el cristiano llegaba con unas fuerzas muy superiores a aquellas de las que realmente disponía. Los moros, al oír la noticia, optaron por no tentar a la suerte y pagar todo lo atrasado. Además colmaron de regalos a Guzmán y los suyos. 

Una vez cumplida la misión, reveló a sus soldados las malvadas intenciones del nuevo rey de Fez y les propuso regresar a España. Guzmán había mandado aviso al general de las galeras de Castilla para que le esperase en una cala junto a Tánger; el problema era cómo cruzar el territorio hasta allá, y para ello recurrió una vez más a la astucia haciendo correr la voz de que era el rey quien lo enviaba para defender la costa de las invasiones de los castellanos. Finalmente pudo embarcarse con sus compañeros y llegar a Sevilla, donde era triunfalmente recibido. Corría el año 1291...

Continuará

19 comentarios:

  1. ¡Ay, qué tiempos aquellos en que reyes moros iban en auxilio de sus congéneres cristianos y las novias traían como dote, no un baúl de sábanas, sino pueblos gallegos y andaluces! Pero me ha dejado helada la auto-mutilación de María Coronel. ¿No hubiera sido mejor ponerse un cinturón de castidad?

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  2. Interesantísimo. No conocía nada de Guzmán el Bueno (salvo el famoso episodio del hijo) y me ha sorprendido. Francamente, tratándose de un matrimonio bien avenido me extraña que María Coronel se mutilara de tal modo (si pensaba en el futuro, claro). Es que parece que quieran hacernos decentes y virtuosas a las bravas. Beso reverencialmente su mano, madame, y espero que se vayan resolviendo felizmente sus asuntos.

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  3. Bárbaro lo de la Coronel y que bien lo dejó escrito Juan de Mena. No le extrañe encontrarse con más de una María Coronel a lo largo de la historia pues fue familia importante esta de los Coroneles.
    Saludos y buen fin de semana. Bisous.

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  4. Una reseña muy interesante :las intrigas y las traiciones siempre son lo que termina con las buenas relaciones.Resulta chocante en una mujer joven tomar esta determinación tan drásticas.

    Madame: esperando la continuidad de este interesante relato.Me voy a poner al día con la primera parte .Son días de tiempo escaso...

    Feliz finde madame.

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  5. Dicen que para vencer una tentación es mejor ceder as ella. Estos procedimientos tan drásticos me parecen exagerados:-)
    Me ha gustado mucho esto de esconder las jot¡yas en los higos. A prueba de ladrones. Todo muy simbólico.
    Bss

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  6. Como se puede apreciar en la historia, un gran negociador, con tintes de la futura diplomacia, era Guzmán el Bueno. Y vaya el remedio que elige su esposa para evitar la tentación, ¡¡ madre mía!!. No podía quedarse quietecita esa buena señora... Buen fin de semana, madame. Bisouss.

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  7. Que hombre inteligente el tal Guzmán, bien podrían nuestros actuales políticos, copiar su inteligencia y fidelidad a la palabra empeñada. Y sobre su esposa, pienso que pobre mujer, llegar a tal punto de calentura y buscar solución en algo tan drástico y terrible.
    Interesante y amenamente relatada la historia, como siempre Madame.

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  8. Muy hábil Guzman el bueno...Hay que tener amigos en todas partes, decía mi abuelo.

    Lo de la esposa...vaya por Dios.

    Besos Madame. Impaciente por seguir la historia

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  9. Guzmán, como hábil político, ya sabía, mucho antes de que Andreotti lo dijera que en política hay ir dando la mano cuando se sube la escalera del poder porque algún día hay que bajarla. Y no solo por supervivencia y oportunismo, también por respeto a quienes se deja atrás.

    Buenas tardes, Madame.

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  10. Por el sur se cuenta que no es que Guzmán tirara el cuchillo para que mataran a su hijo, sino que fue el viento de Tarifa quien se lo arrebató; lo que no sabía es lo de la evasión de capital ni la autotortura de su esposa por preservar su castidad. ¡Cómo cambian los tiempos en algunas cosas, Madame, y qué parecidos los de otras!
    Bisous

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  11. Drásticos métodos el que utilizaban algunas mujeres para ahuyentar la tentación carnal o para alejar a los "moscones". Un poco brutos sí que eran en aquellos tiempos.
    Un saludo.

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  12. vaya forma de conservar la virtud que tenian estas mujeres, de autoflagelarse, castigarse cruelmente a si misms, mientras sus maridos lejos se darian sus gustos tomandolos como una necesidad. Y encima quedaban escrachadas de por vida....
    Esperemos a ver como sigue la historia.

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  13. Me he quedado con la miel en los labios. He leído de un tirón las dos entradas sobre Guzmán y me he quedado cortado, me reservaré para el próximo episodio.
    Un abrazo.

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  14. iba la cosa por los cauces habituales de intrigas y traiciones, de valerosos caballeros y reyes magnánimos, hasta que ha llegado la historia de maría coronel dejándome a cuadros. y como dice, de mariascoroneles había muchas. qué mundo este.
    un tizón. la virgen.
    pues nada. a ver cómo llega guzmán al desenlace.

    buena semana, madame!!
    bisous!

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  15. Nunca imaginé que un caballero medieval castellano pudiera llevarse tan magníficamente con un rey del norte de África y no es porque no tenga noticia de las grandes relaciones entre los reyes de una y otra religión, sino porque no había conocido nunca una amistad tan estrecha en un ejemplo tan conocido.
    Lo de María Coronel me parece digno de leyenda, peor no de realidad. En todo caso seguro que algo de verdad hay en ello, aunque no sepamos a ciencia cierta dónde acaba la historia y dónde empieza la leyenda.
    Un besito

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  16. Cuando estuve en León estuve en el palacio de la Diputación, conocido como "de los Guzmanes" donde nació este valeroso caballero, de vida interesantísima, como he leído en estos dos artículos publicados hasta ahora. Las Coronel: un poco brutas ¿no?.
    Beso su mano.

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  17. Sigo sorprendido, Madame. Y no voy a añadir nada más sobre María Coronel (fuese ésta o cualquier otra)
    Feliz noche

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  18. En estos días tan especiales llegue a ti mi cariño con el deseo:

    Que siempre tengas palabras cálidas en un frío anochecer,
    Una luna llena en una noche oscura,
    Y que el camino siempre se abra a tu puerta.
    Que los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y que la luz te cubra acunándote.

    Para ti y seres queridos Feliz Nochebuena...Feliz Navidad!!!!!

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  19. ¡Uff! vaya método para alejar la tentación, Madame.

    Voy a por las siguientes entradas, estoy deseando saber más.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)