lunes, 10 de diciembre de 2012

Guzmán el Bueno (I)

Alfonso Pérez de Guzmán

Alfonso X el Sabio, rey de Castilla, atravesaba el duro ocaso de su reinado. Las circunstancias se aliaban para amargar los últimos años del monarca castellano: los moros de Granada habían roto la tregua con él concertada y llamaron en su ayuda al rey de Fez, que entró en Andalucía a sangre y fuego desde el norte de África. El comandante de las tropas de Alfonso caía en una batalla, y el príncipe heredero moría de modo repentino cuando estaba a punto de ponerse al frente del ejército. Ni siquiera había cumplido veinte años.

En jornadas tan cruciales, el reino se sostuvo gracias al infante Don Sancho, segundo hijo del rey. Sancho contaba con la inestimable ayuda del Señor de Vizcaya, y con este llegó un joven guerrero de apenas veinte años: Alfonso Pérez de Guzmán

Guzmán había nacido en León el 24 de enero de 1256, hijo natural del adelantado mayor de Andalucía. Su tía fue dama bien situada en la Corte: Doña Mayor Guillén de Guzmán, amor juvenil de Alfonso X cuando este era aún el príncipe heredero y se negociaba su boda con Violante de Aragón. El matrimonio tardaría años en poder celebrarse, dada la corta edad de la novia, y entretanto Alfonso se entregó a sus amores con Doña Mayor, fruto de los cuales nació Beatriz de Castilla. 

Cuando el Señor de Vizcaya derrotó a los moros en Jaén, Guzmán se encontraba entre sus filas. Era su primer combate, y no perdió la ocasión de señalarse haciendo prisionero a un caudillo berberisco, algo decisivo para la conclusión de la guerra. Su papel fue igual de importante durante la negociación de la tregua por dos años con el rey de Berbería. 


La hazaña había convertido en héroe al joven guerrero. Para celebrar el acontecimiento hubo un torneo en Sevilla, y toda la corte presenció cómo Guzmán volvía a destacar tal como lo había hecho en la batalla. Esa noche el rey preguntó a sus cortesanos quién consideraban que se había distinguido más en la competición, a lo que muchos contestaron: 

—Señor, Don Alonso Pérez es el que lo hizo mejor. 

—¿Cuál Alonso Pérez? 

Entonces Juan Ramírez de Guzmán, su hermanastro, respondió al monarca: 

—Señor, Alonso Pérez de Guzmán, mi hermano de ganancia. 

El comentario era una grosería, puesto que la expresión “hermano de ganancia” denotaba el origen bastardo de Guzmán. Era en realidad un insulto. Sus hermanos nunca habían aceptado bien su nacimiento, pero en esta ocasión se sumaban los celos a la afrenta que había supuesto para ellos su existencia. 

El joven acusó la humillación y no quiso encajar el golpe sin réplica adecuada: 

—Decís verdad, soy hermano de ganancia, pero vos sois y seréis de pérdida. Y si no fuera por respeto a la presencia ante la que nos hallamos, yo os daría a entender el modo en que debéis tratarme. Mas no tenéis vos la culpa de ello, sino quien os ha criado, que tan mal os enseñó. 

El rey intentó atajar la disputa, pero con el mismo poco éxito que obtenían todos sus asuntos en aquel tiempo: 

—No habla mal vuestro hermano —dijo—, que así es costumbre de llamar en Castilla a los que no son hijos de mujeres veladas* con sus maridos. 

—También es costumbre de los hijosdalgos de Castilla —replicó él—, cuando no son bien tratados por sus señores, que vayan a buscar fuera quien bien les haga; yo lo haré así y juro no volver más hasta que con verdad me puedan llamar de ganancia. Otorgadme, pues, el plazo que da el fuero a los hijosdalgos de Castilla para poder salir del reino, porque desde hoy me desnaturalizo y me despido de ser vuestro vasallo. 


Era corriente en la época, en efecto, que los caballeros cristianos, cuando se consideraban injustamente tratados, rompieran el lazo de vasallaje por estimar que su señor feudal había sido el primero en faltar a las obligaciones con ellos contraídas. Muchos se iban a servir a los moros sin que ello supusiera menoscabo alguno en su honra. 

Alfonso trató de aplacarlo, pero en vano. Finalmente le concedió el plazo que pedía, y Guzmán lo empleó en vender cuanto había heredado de sus padres y todo lo adquirido por sí mismo en la guerra. Después abandonó Castilla en compañía de algunos amigos y servidores deseosos de compartir su destino. 

Se reunió con Yusuf, el rey de Fez, que se encontraba aún en Algeciras, y allí le prometió que le asistiría en todas sus empresas excepto en aquellas que le enfrentasen al rey de Castilla o cualquier otro príncipe cristiano. El monarca berberisco, entusiasmado, lo agasajó y lo puso al frente de todos los cristianos a su servicio. Luego se lo llevó consigo a África. 

La primera campaña en suelo africano fue contra los árabes tributarios del rey de Fez que se negaban a pagar la contribución. Guzmán propuso al moro que liberara a todos los cautivos cristianos para que combatieran a su lado. El rey así lo hizo, y con ese ejército el caballero acometió al enemigo con gran éxito. Derrotó a los rebeldes y logró que estos vinieran a ofrecer el pago de la duda contraída, junto con ricos presentes con los que pretendían asegurar la paz en adelante. Muchos eran partidarios de aniquilar por completo al enemigo y no aceptar sus ofertas, pero Guzmán rechazó el consejo. 

Con esa campaña se había ganado un puesto destacado en la corte de Fez, y no tardaron en llegar las noticias a Castilla. El reino se encontraba por entonces al borde de la revolución debido a la intención de Alfonso X de alterar el orden sucesorio cuando ya su hijo Sancho había sido declarado heredero. El hermano mayor de Sancho, Fernando de la Cerda, había fallecido, pero dejaba unos hijos que podían presentar mejores derechos que su tío, por descender de la rama primogénita. Sin embargo se trataba de unos niños que poco podían hacer por defender el reino en momentos tan delicados, mientras que Sancho había tomado las riendas con gran acierto cuando fue menester. Por ello los castellanos preferían su candidatura, fuera o no legítima tal preferencia. 

Sepulcro de Don Fernando de la Cerda en el monasterio de las Huelgas, Burgos

El rey también comprendía la necesidad de que fuera Sancho quien empuñase el cetro, pero lamentablemente la relación entre padre e hijo era nefasta, y no eran capaces de ponerse de acuerdo en apenas nada. 

Cuando Alfonso propuso una nueva alteración de la moneda y que se desmembrase el reino de Jaén para darlo a uno de sus nietos, se organizó una enorme trifulca en la que todo el reino parecía volverse contra el rey. Este, desesperado, hizo preparar una nave pintada de negro y tuvo la idea de meterse en ella con sus posesiones y abandonar Castilla para lanzarse al mar. 

Fue en ese momento cuando Alfonso se acordó de Guzmán y le escribió una carta en la que le daba cuenta de “la mi desdicha e afincamiento que el mío fijo a sin razón me face tener”, y le pide ayuda, puesto que “en la mía tierra me falla quien me había de servir a ayudar, forzoso es que en la ajena busque quien se duela de mí”. En definitiva, quiere aliarse con el rey de Fez, porque “si los míos fijos son mis enemigos, non será ende mal que yo tome a los mis enemigos por fijos”. Y en tono conciliador le dice que no mirase “a cosas pasadas, sino a presentes”. La carta está fechada “en la mía sola leal ciudad de Sevilla, a los treinta años de mi reinado y el primero de mis cuitas” (1282). 

***

*La mujer que contraía legítimo matrimonio mediante acuerdos de esponsales, carta de arras y bendición sacerdotal, se llamaba “mujer velada” (uxor velata), una expresión que procedía de la misa de velaciones. Durante esta misa, oficiada después de la nupcial, se sostenía un velo sobre los esposos, cubriendo los hombros del varón y la cabeza de la esposa. Luego, despojados del velo por el acólito, eran amonestados sobre el cumplimiento de los deberes conyugales y rociados con agua bendita. Existía un libro en las parroquias, llamado Libro de velaciones, donde se registraban esas misas. 


14 comentarios:

  1. Las veleidades de la fortuna: “si los míos fijos son mis enemigos, non será ende mal que yo tome a los mis enemigos por fijos”. Lo que importa es permanecer en el poder, no quienes son los enemigos, porque los amigos de hoy pueden ser los enemigos de mañana y viceversa. ¡Cosas veredes, Madame!
    Bisous

    ResponderEliminar
  2. Ante todo el honor. Si el señor incumple el pacto de vasallaje, el vasallo puede pedir unilateralmente la "rescisión del contrato" e irse al paro. Eso se llama tener un código "deontológico" en toda regla. Hoy no dimite nadie, aunque le hayan pillado metiendo la mano en la caja. La ética medieval funcionaba y era coherente en aquellos tiempos.
    Y luego hay que decir aquello de "Los enemigos de mis enemigos son mis amigos." Una táctica que se mantiene hoy a nivel internacional.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. huele a que los musulmanes se utilizan de pimpampum para dirimir cosas internas. ayúdame, que ya te daré luego lo tuyo. ¿y qué es eso de pasarse al enemigo pero sin atacar a tus antiguos amigos? estos reinos musulmanes eran demasiado inocentes. así les fue. y así les va.
    veremos lo que tarda guzmán el bueno en darles cerita a los que le acogieron.

    saludos madame!
    bisous!!

    ResponderEliminar
  4. Alianzas van y vienen según hagan falta...Sino son los hijos son los enemigos que serán amigos y vicecersa...

    Despuúes de todo parace que el poder seduce...y mucho.

    Besos Madame

    ResponderEliminar
  5. Qué entretenido debe haber sido ser caballero en aquel entonces. Si te trata mal tu Rey, te vas con los moros. ¿Podían los caballeros musulmanes hacer el mismo trueque?

    ResponderEliminar
  6. Desconocía el hecho de que los "hijosdalgos" pudieran desvincularse de su monarca durante un plazo de tiempo determinado para servir a otro señor, sin que ello supusiera indignidad alguna por su parte. No comprendo sin embargo cómo podían servir a un rey moro (en ese momento considerado el enemigo) con el mismo fervor que a su propio rey.

    Muy buenas las respuestas de Guzmán a sus hermanos "de pérdida", desde luego consiguió hacerse valer entre ese atajo de lenguas viperinas.

    Bisous, querida.

    ResponderEliminar
  7. El origen de la casa de Medina Sidonia: los guzmanes, dueños del sur de España, valerosos como pocos, pero también intrigantes como nadie; al final esta dinastía nobiliaria acaba con una duquesa roja, lo que son las cosas. Veremos la continuación. Buen día, madame. Bisous.

    ResponderEliminar
  8. Trasiego dinástico que, como siempre, antepone el control de poder y territorio a los lazos de sangre. Me gustaría saber qué resorte se dispara en los humanos cuando se trata de conservar el trono (o el escaño) porque en esa tesitura somos aun más primitivos, si cabe, cosa difícil.

    Bisous y buenas trades.

    ResponderEliminar
  9. ¡Vaya! Desconocía por completo la vida de Guzmán más allá del episodio de Tarifa y su papel como fundador de la Casa de Medina Sidonia. Muy interesante, quedo a la espera.
    Feliz día, Madame

    ResponderEliminar
  10. El reinado de Alfonso X no fue un camino de rosas en cuanto a cuestiones familiares, no, porque incluso antes de su muerte ya se estaban disputando sus hijos su reino. No me extraña que quisiera abandonarlo todo y embarcar en ese navío negro. Curiosa manera de dejar de lado los problemas... Totalmente diferente a Guzmán el Bueno que afrontaba los peligros de frente, sin miedo. Desconocía que hiubiera estado en Fez luchando en tierras musulmanas. Sin embargo, creo que su momento glorioso aún estaba por llegar.
    Un beso

    ResponderEliminar
  11. Solo conocía de Guzmán el episodio de Tarifa. Espero la continuación.
    Saludos

    ResponderEliminar
  12. Una interesante biografía y un personaje casi de leyenda como siempre muy bien contada con su pluma madame. Traiciones, asesinatos, asedios, luchas internas y externas, como ocurría en la edad media.
    La Casa de Guzmán creo que fue una de las más importantes de la nobleza Andaluza.
    Bisous

    ResponderEliminar
  13. Cuánto se aprende leyendo tus entradas. Cuan dividida estaba España en ese entonces y nada se respetaba, ni hijos ni padres, el poder era la única meta. Y el asunto de la mujer "velada" primera vez que lo leo, gracias por hacer tan interesantes tus textos.

    mariarosa

    ResponderEliminar
  14. Creo que voy a disfrutar con estas entradas, es un personaje que siempre me llamó la atención pero del que apenas conozco nada.

    Bisous

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)