martes, 20 de noviembre de 2012

Petronila de Aquitania y Raúl de Vermandois


Petronila era hermana de Leonor de Aquitania, ambas hijas de Guillermo X de Poitiers, duque de Aquitania, y de su esposa Leonor de Châtellerault. Había nacido hacia 1125, por lo que apenas contaba 16 años cuando, durante el verano de 1141, comenzó una relación con el conde Raúl de Vermandois, senescal de Francia y primo del rey. 

Raúl era casi 35 años mayor que ella. Si tenemos en cuenta las expectativas de vida en aquel siglo, para una jovencita el conde tendría que ser realmente un carcamal con un pie en la tumba. Guapo, lo que se dice guapo, no debía de ser, porque había perdido un ojo durante el asalto al castillo de Livry en 1129, y además sumaba el inconveniente de que ya estaba casado. La esposa del conde de Vermandois se llamaba Leonor, y era hermana de Teobaldo de Champaña. 

Sin embargo, algún poderoso atractivo debía de tener, pues nada de ello constituyó un obstáculo para que Petronila se enamorara de él y se convirtiera en su amante. 

Raúl poseía enormes propiedades en el norte de Francia, entre Flandes y Normandía. En cuanto a Petronila, era un partido muy codiciado, pues le habían sido entregadas como dote tierras en Normandía y Borgoña. Pero ella había rechazado todas las propuestas de matrimonio hasta ese momento. Solo quería al conde de Vermandois, un hombre que, según Juan de Salisbury, “siempre estaba dominado por la lujuria”. 

Leonor de Aquitania apoyó desde un principio la relación y animó a Raúl a anular su matrimonio con la hermana del conde de Champaña, que era uno de los enemigos del propio Raúl. Además Teobaldo se había negado recientemente a cumplir con sus obligaciones feudales para con el rey, de modo que apoyar la relación de Petronila era para la reina una forma de venganza. 


Raúl abandonó a su esposa para cohabitar abiertamente con Petronila, y finalmente decidió anular su matrimonio. A finales de 1141 el rey encontró tres obispos complacientes: uno de ellos era el obispo de Noyon, hermano de Raúl, y los otros dos los de Laon y Senlis. No tuvieron inconveniente en anular el matrimonio del conde de Vermandois basándose en motivos de consanguinidad. A comienzos del año siguiente los mismos obispos oficiaban la boda de Raúl y Petronila con la aprobación de Luis VII. 

Teobaldo estaba furioso. Tomó bajo su protección a su hermana y sus sobrinos y llevó su protesta ante el Papa Inocencio II, a quien envió documentos que acreditaban que tanto la anulación como la posterior boda con Petronila eran nulas. Argumentaba que Raúl no había solicitado el consentimiento del pontífice, y que había pruebas de que los obispos habían sido sobornados por el rey, el cual carecía de autoridad para intervenir en un asunto que era estrictamente eclesiástico. A instancias de Teobaldo, Bernardo de Claraval también escribió al papa expresando su más rotunda condena por el ultraje hecho a la Casa de Champaña y al propio sacramento del matrimonio. 

En junio de 1142 Inocencio reunió un concilio en Champaña, y allí el legado papal, siguiendo las expresas instrucciones del pontífice, excomulgó al obispo de Noyon, suspendió a los otros dos y ordenó a Raúl volver con su esposa. Cuando este se negó, él y Petronila fueron excomulgados y se aplicó el interdicto a sus tierras. 

El rey, aún enojado con Teobaldo, tomó partido por el conde de Vermandois y se negó a reconocer la sentencia del legado, que interpretó como un ataque directo a su autoridad. Fue entonces cuando comenzó a preparar una guerra contra Teobaldo. 

Luis envió un ejército a Champaña. Durante meses sus soldados devastaron las tierras, quemaron cosechas, saquearon iglesias y hogares; mataron indiscriminadamente hombres, mujeres y niños y cometieron toda clase de atrocidades. Pero Teobaldo permaneció inflexible. 


El rey le ofreció la paz con la condición de que utilizase su influencia para levantar la pena de excomunión contra Petronila y Raúl. Bernardo de Claraval sugirió al Papa que accediera, pero solo después de que Luis hubiese devuelto a Teobaldo sus tierras. Inocencio así lo hizo, pero en cuanto el rey hubo retirado sus tropas, ordenó una vez más a Raúl que renunciara a Petronila. El conde volvió a negarse, lo que trajo como consecuencia una segunda excomunión

Luis VII estaba furioso. Sintiéndose burlado, rápidamente se puso al frente del ejército y volvió a entrar en la Champaña sembrando el terror y la desolación a su paso. 

Pero la opinión pública en Francia estaba en contra de esa guerra. Bernardo de Claraval escribía al rey carta tras carta condenando la agresión y advirtiendo a Luis que estaba incurriendo en la ira divina y poniendo en peligro su alma inmortal. “¿Quién, si no el diablo, os aconsejó actuar como lo estáis haciendo? Aquellos que os instan a repetir vuestras agresiones contra una persona inocente, no buscan en ello vuestro honor, sino su propia conveniencia. Son claramente los enemigos de vuestra corona y los que perturban la paz de vuestro reino”. 

Era obvio que Bernardo se refería a la reina, a Raúl y a Petronila, que no dejaban de empujar al rey hacia esa contienda con el conde de Champaña. 

El religioso visitó al rey en Corbeil y lo sermoneó ante toda la corte. La entrevista tuvo un final desastroso, porque Luis estalló cuando uno de sus barones expresó abiertamente su opinión de que Raúl lo había estado manejando a su antojo. 

Pero el sermón de Bernardo había surtido efecto. Luis sentía remordimientos hasta el punto de enfermar gravemente. Apartado de los sacramentos a causa del interdicto, manifestaba la convicción de estar condenado. 


En septiembre fallecía el Papa y era sucedido por Celestino II, que levantó el interdicto, pero entonces surgió un nuevo problema para el rey: en 1143 se cuestionó su matrimonio con Leonor de Aquitania. El obispo de Laon puso de manifiesto la consanguinidad de la pareja real, y Bernardo de Claraval se preguntaba por qué Luis desaprobaba el matrimonio de Raúl con la hermana del conde de Champaña basándose en ese motivo, cuando él mismo guardaba una relación de parentesco con su esposa. 

Más adelante, cuando Teobaldo buscó alianzas matrimoniales para su prole entre algunos poderosos vasallos del rey, Luis prohibió dichas uniones por motivos de consanguinidad. Bernardo preguntó entonces: 

—¿Cómo es que el rey se muestra tan escrupuloso con respecto al parentesco en el caso de los herederos de Teobaldo, cuando todos saben que él está casado con una prima suya en cuarto grado? 

En junio de 1144 los reyes asistían a la consagración de la nueva basílica de Saint-Denis. Al terminar la ceremonia, Bernardo de Claraval se entrevistó con la reina, quien le pidió que utilizara su influencia para que la Iglesia reconociera el matrimonio de su hermana. A cambio, ella persuadiría al rey para que hiciera las paces con Teobaldo. La reacción inmediata de Bernardo fue sermonear duramente a Leonor. 

—Dejad de interferir en los asuntos del Estado —llegó a decirle. 

Leonor estalló en llanto y le confió que si intervenía en política era por el vacío y la amargura que había en su vida, pues en los siete años que llevaba casada no había conseguido hijos. Bernardo suavizó entonces su tono. 

—Hija mía, buscad aquello que conduce a la paz. Cesad de indisponer al rey con la Iglesia y animadlo a emprender otro rumbo. Si prometéis hacerlo así, yo prometo, a cambio, rogar a Dios misericordioso que os conceda descendencia —ofreció conciliador, sin duda en la creencia de que sus ruegos serían mucho mejor atendidos que los de la reina. 

A fin de cuentas ella era una mujer, y Bernardo parecía ver al diablo detrás de cada una. No tenía muy buena opinión de la mayoría, si exceptuamos a la Virgen María, por supuesto. Incluso prohibía a sus monjes cualquier contacto con sus parientes femeninos. 


Ese mismo día se concluyó un tratado de paz con Teobaldo, a consecuencia del cual le fueron devueltos al conde sus territorios. En adelante Luis dejaría de intervenir en el asunto del matrimonio de Petronila

El Papa reconoció finalmente la validez del matrimonio, aunque Bernardo seguía en sus trece: profetizó que no disfrutarían de su unión mucho tiempo, y que sus hijos serían estériles. 

La primera profecía no era de las difíciles, dada la edad de Raúl. El conde de Vermandois vivió hasta 1151. No existe registro de la fecha en la que falleció Petronila, aunque se estima que su muerte tuvo lugar en 1153. Pero Bernardo también acertó su segundo vaticinio: el único hijo varón, Raúl, murió a consecuencia de la lepra sin haber podido consumar su matrimonio con Margarita de Alsacia. Abdicó en su hermana Isabel, que casó con Felipe de Alsacia pero falleció sin descendencia al igual que su hermana menor, Leonor, a la que sus cuatro matrimonios no le procuraron la maternidad.

17 comentarios:

  1. Cuantos problemas trae el amor o los enamoramientos. Líos de mujeres y señores han existido siempre por lo visto. Interesante entrada.

    mariarosa

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  2. Hola Madame:

    Desconocido este pasaje para mi. A la guerra por excomulgar a los parientes...

    Lo de las profecías...Deja que pensar, pero parece mas bien sentido comun

    Besos Madame

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  3. vaya con bernardo, qué forma de estropearte la vida. pues para estar tan desparejados en edad, organizaron una buena zapatiesta con su relación. y lo de siempre, pagando justos por pecadores. que no es un pecado quererse, vale, pero si lo es organizar guerras por picores.
    y deje que le diga que el nombre de Raúl para un noble, como que no.

    bisous madame!!!

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  4. Esto es "r" que "r" que terquedad mon Dieu pero si que se puede decir que fué un amor a toda prueba.Tanta escabechina lo siento por los que murieron por estos intransigentes.

    El amor no tiene edad cómo entre de esta manera es dificil arrancarlo.

    Un relato muy interesante madame.

    Besos feliz día.

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  5. Mi admirada Madame, ahora reconozco la procedencia de los "realitys" de Telecinco: están sacados de la historia misma y hunde sus raíces en el siglo XII.
    Deliciosa historia de maniobras de cama y Estado.
    Bisous

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  6. Una nueva historia de amor tormentosa. No conocia apenas su historia, pues estaba muy tapada por los hechos de su hermana Leonor. Interesante historia. Que tenga un buen día, madame.

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  7. A veces, como ocurre en esta tremenda historia, la realidad supera a la ficción: profecías,maquinaciones,guerra, amor y muerte.
    ¿Se puede pedir más?
    Un saludo.

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  8. Me encantan estos cotilleos históricos; aunque me marea tanto dato, tanta historia entretejida; lo que no me marea son los hombres constantemente poseídos por la lujuria.

    Quien lo describió así, estoy seguro de que también se sentía fascinado por ellos.

    saludos

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  9. Vamos, una desgracia detrás de otra. Si es que no hay que ir muy lejos a buscar las fuentes de inspiración para inventar un melodrama familiar. Un amour fou con consecuencias - suelen darse- y Bernardo poniendo la puntilla profética.

    Feliciades, Madame, por los premios.

    Muchos bisous y tenga usted una buena tarde.

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  10. No me extraña la actitud de Bernardo de claraval, dado que en la edad media las mujeres eran el diablo en persona. Cuantos horrores y cuántas culpas han recaído siempre sobre nosotras. Estupenda entrada, madame.

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  11. Ja,ja. Yo había leído esta historia por Jean Plaidy. Romántica sin remedio la inglesa se guarda muy bien del detalle del ojo y no deja muy en claro cuantos años le llevabaa Petronila. Si no recuerdo mal (lo leí hace mucho) ella dice que Leonor también le había echado el ojo al madurito. Lo que no sería contrario al espirítu inquieto de la gran dama de Aquitania. Besitos. Claudia

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  12. Vaya, qué poco sobrevivió Petronila a su veterano y feo esposo, con lo joven que era. Qué poca caridad la de San Bernardo con aquellos vaticinios.
    También yo quiero felicitarla por el premio de la entrada anterior, que seguro no será el último.
    Beso su mano.

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  13. Vaya historia accidentada y truculenta. Lo que hace el amor y el interés cuando se juntan.
    Ahora arrasar y asesinar a niños, mujeres y saquear y quemar me parece excesivo.
    No hay nada que justifique una guerra y menos una excomunión. Pero con tal de armarla lo justificamos todo.
    Bisous

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  14. Hola, Madame

    Os leo, aunque a veces no comento porque estoy muy cansada.

    Hoy tengo algo más de tiempo y lo empleo disfrutando de la entrada y de ésta historia que desconocía.

    Qué amores tan apasionados, en personas tan desiguales en cuanto a la edad. Si es que el amor cuando se cruza no entiende nada.

    Me ha sorprendido que Petronila siendo mucho más joven que Raúl muriera tan sólo dos años después de él.

    Feliz descanso, Madame.

    Bisous.

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  15. Ya sabe que como toda novelista romántica me apasionan los "líos" amorosos de antaño, y me asombra descubrir cómo la realidad supera la ficción de cualquier escritor.

    Me encantan las imágenes con que nos ilustra, Madame.

    Bisous

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  16. Sorpresa, una nueva forma de repartir regalitos Madame

    http://katy-agradeciendoregalos.blogspot.com.es/2012/11/gracias-genesis-por-compartir.html

    Pase a ver en que consiste si tiene tiempo . y si le apetece. Siempre con mi cariño :-)
    Bisous

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  17. No conocía apenas nada de la historia de Petronila, bastante accidentada por cierto.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)