domingo, 4 de noviembre de 2012

Luisa de Mailly, favorita de Luis XV

Luisa Julia de Mailly Nesle

El domingo 23 de marzo de 1732 la reina daba a luz a una niña. Era la quinta vez que se frustraban las expectativas de asegurar la sucesión con otro varón. No hubo Tedeum, ni hogueras, ni fiesta. El rey estaba desencantado. 

Semanas más tarde Luis XV cenaba con sus amigos cuando de pronto se levantó en mitad de la velada para hacer un brindis con vino de Champagne, al que era muy aficionado. Todos quedaron intrigados al escuchar cómo el rey brindaba a la salud de “la desconocida”

A la mañana siguiente los corredores de Versalles se habían convertido en un hervidero de murmuraciones. Comienzan a circular nombres, pero nadie sabe aún que la dama desconocida es Luisa de Mailly, dama de la reina. 

Luisa-Julia de Mailly-Nesle era la mayor de las hijas del marqués de Nesle y de Armande Félice de La Porte Mazarin. Por parte de su madre, pues, descendía de Hortensia Mancini, una de las sobrinas del cardenal Mazarino. Fue su propia madre quien la introdujo en la corte cuando aún era muy joven, y ahora, al igual que el monarca, tenía 22 años. Estaba casada con su primo, Luis Alejandro, Conde de Mailly, pero ambos cónyuges vivían separados. 

Luisa era alegre y vivaz, por lo que agradó de inmediato a los reyes. No era hermosa: tenía la nariz demasiado larga, la boca grande, los dientes disparejos y una voz ruda, pero en conjunto podía decirse que su rostro poseía cierta gracia, y además era alta y tenía buena figura. Su principal arma, sin embargo, era el poderoso atractivo de su carácter. Una de sus mejores cualidades es que era desinteresada, y según el cronista Bois-Jourdan, “amable, arrebatada, alegre y conocedora de todas las artes de la voluptuosidad sin exagerarlas”. 

Luis XV

Hasta entonces Luis se había mantenido fiel a la reina, hacia la que mostraba gran amor. Había sido un marido ejemplar, como refleja un escrito enviado a La Haya por el embajador ese mismo año: “Es cierto que Su Majestad todavía no ha permitido sospechar ningún signo de infidelidad. Nadie como él ha cumplido tan escrupulosamente con los deberes del matrimonio en relación con su esposa. Los cortesanos se han percatado de que las bellezas de la corte no han podido interesar a su corazón, y que si alguna vez ha parecido mirar con cierta complacencia, no ha sido ni maliciosa ni voluntariamente”. 

Pero la reina María, siete años mayor que Luis, había perdido la lozanía y pasaba el día encerrada en sus aposentos, pesada, prematuramente envejecida y prisionera de la etiqueta. Nada de ello contribuía a alejar la perpetua melancolía del rey. 

La relación comenzó probablemente en la primavera de 1732, pero Luis deseaba mantenerla en la más estricta clandestinidad. Tan solo estaba al corriente Bachelier, el primer ayuda de cámara. Era él quien, después de la ceremonia de acostar al soberano, lo acompañaba hasta la habitación que Luisa ocupaba en palacio. Para proteger mejor su secreto, el rey se ponía una capa del color de las paredes y recorría los corredores con el rostro embozado. Dos o tres horas más tarde, el servidor volvía a buscar a su amo. Más adelante se decidió que fuera Luisa quien acudiera a los aposentos del rey, igualmente oculta bajo una capa y escoltada por el mismo servidor. 

Luisa de Mailly ejerció una influencia beneficiosa sobre las tareas de gobierno, pues supo sacar al rey de su apatía y hacer que se interesara por todo. Ella contribuía a mantener el secreto de la relación; nunca buscó honores, ni dejó de mostrarse siempre humilde y respetuosa con la reina. Y Luis no descuidaba sus deberes conyugales, de modo que en agosto María vuelve a estar encinta. Sin embargo, a pesar de todas las precauciones ella ya conoce lo que ocurre. Su pena es grande al enterarse de que su rival es Luisa de Mailly, a quien tanto aprecia. Más tarde confesará que, de todas las amantes de su esposo, Luisa fue quien le causó mayor dolor, porque había traicionado su confianza. 

María Leczinska, reina de Francia

El 15 de julio de 1737 la reina da a luz una octava hija. Luis sigue brindándole atenciones y afecto, pero la relación con Luisa ya es conocida por los cortesanos. De hecho nadie la ignora en París, y hay una canción que va circulando por las calles: 

Nuestro monarca al fin 
Se distingue en Citera; 
De su galante destino 
Ya no se hace misterio. 
Mailly, de la que se murmura, 
Fue la primera en probar 
La real muleta 
¡Del padre Barnabá! 

La canción aludía a un capuchino lujurioso que, según se decía, había dejado su muleta en un prostíbulo. 

Un año más tarde el rey abandona la que había sido la cámara de Luis XIV y se traslada a otra más confortable. Días más tarde los cortesanos se enteran de que también Luisa se había mudado para instalarse en un apartamento situado encima del suyo y unido a él por una escalera camuflada. Luis XV anuncia públicamente que cenará con Madame de Mailly, y deja así de lado toda hipocresía. 

A comienzos de julio la corte va siempre a Compiègne. María, herida, anuncia que no acudirá. Esto supone un grave contratiempo para el rey, porque Luisa, como dama de la reina, debe permanecer a su servicio, no pudiendo ausentarse sin su permiso. Por tanto la favorita se ve obligada a solicitar su autorización. 

Vous êtes la maîtresse —responde irónicamente María. 

La reina había hecho un juego de palabras: puesto que “maîtresse” puede traducirse tanto por “dueña” como por “amante”, la frase es ambivalente, y significa “Sois dueña de hacerlo”, o bien “Vos sois la amante”. Su respuesta hizo las delicias de toda la corte. 

María Leczinska

El martes de carnaval de 1739 el rey dio en Versalles un baile de máscaras con motivo de la inauguración del nuevo salón de Hércules. Luis aparece vestido de murciélago mientras todas las miradas se posan sobre Luisa y su hermana Paulina…


Continuará

16 comentarios:

  1. He intentado analizar la disyuntiva en la que debió de encontrarse Luisa al igual que otras muchas damas que pasaron el mismo trance: por un lado el afecto y la lealtad hacía la reina y por otro la obediencia debida al rey. No es fácil lidiar el toro y tampoco envidio el papel de María en todo este enredo. El que parece que si estaba feliz era Luis XV que poco a poco fue dejando de lado la hipocresía mostrando a Luisa como su amante.
    Seguiré leyendo, desde luego.
    Buen día y bisous, Madame.

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  2. Un tema espinoso y delicado, porque el amor del rey surge con una persona que se supone es de confianza de la reina, aunque a partir de ahora esa "confianza" quede en entredicho al convertirse en una traición. Un papelón tremendo para la amante. El rey por su parte, como unas castañuelas.
    Un saludo.

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  3. Hola Madame:

    Vaya papelón el de la amante...Y en una corte dada a las intrigas...Pobre dama.

    Y El Rey...como los antecesores...

    Besos Madame

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  4. Interesantísimo. Y el caso es que el retrato de Luisa me parece muy agradable, no me parece para nada fea. Otra cosa es que la hayan favorecido a propósito... Con todo, es llamativa tanto la fidelidad y luego la discrección del rey como la de Luisa. Espero la próxima entrega. Besazos.

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  5. La verdad es que ¡vaya situación! para ambas mujeres. No debía ser nada fácil ni para la esposa ni para la amante.

    Bisous

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  6. Los amores en la corte, esa amante amiga de la reina y ese rey que nada entre dos aguas, toda una faena. Me alegro de volver a leerla, madame. Bisous.

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  7. Disfruto con estas intrigas cortesanas y con esas frases de doble sentido.
    Un saludo.

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  8. anda que no, mira que forma de espabilarse que tiene Su Majestad. y claro, ya tenemos el permanente conflicto entre la esposa y la amante. y mientras ellos van de palacio al jardín y del salón al dormitorio, fuera de Versalles va cociéndose el Siglo de las Luces y el vendaval que los arrasará. chan chan.
    madame, me alegra leerla de nuevo.
    y muchas gracias por sus comentarios.

    bisous!!!

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  9. Estupendo trabajo! Un gran blog que pienso visitar muy a menudo!

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  10. Entonce,s madame, estamos ante la primera amante de Luis XV, rey que se caracterizó, como su bisabuelo, de que las mujeres se le rindieran a sus pies. Después vendrían madame de Pompadour y la Du Barry, ¿verdad? Los libros de Historia han recogido la influencia que demostraron estas dos mujeres sobre el rey, pero nada sobre Luisa.
    Un besito

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  11. Comenzaba "El bienamado" una carrera amorosa digna de su abuelo. Por cierto, me ha hecho mucha, pero que mucha gracia lo del disfraz de murciélago. Recordará, porque a usted sé que le encantan estas cosas, que conté que se disfrazó de ciprés cuando eligió a la Pompadour. No sabía que para revolotear sobre Luisa de Mailly, aquella conocedora de todas las artes voluptuosas sin exagerarlas, lo hiciera de murcielágo. Un abrazo.

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  12. Cuando las relaciones se hacen tan estrechas, se pierde la amistad y al marido. ¡Pobre reina!

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  13. Me ha parecido un post divertido, claro que no soy la Reina.
    Me imagino al rey vestido con la capa del color las paredes recorriendo los corredores con el rostro embozado el palacio hacia los aposentos de la amada. Y Y el colmo el disfraz de murciélago, Parecería el Conde Drácula.
    Bisous y buenas noches.

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  14. Y si, al principio fue discreto. Ya grandecito despuntaría su morboso gusto por las niñitas. Tremendo degenerado, muy regio él. Que caldo para la revolución fue este hombre. DamadeOro.

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  15. Bueno, ahora que andamos por el mismo pais y casi la misma epoca, hay que decir en favor de la dama en cuestion que fue mucho mejor que sus sucesoras que haran autenticos desastres con la venia real por supuesto, porque Luis lo que menos quiere es hacerse cargo del gobierno.
    Epoca dificil para las mujeres, que solo podian ser algo en base al matrimonio, la descendencia y la cama...

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  16. Fué discreto hasta que dejo de serlo. Pués es muy dificil esconder los arrebatos amorosos.No quisiera haberme visto en la piel de la reina.

    Madame se le echaba en falta.

    Un abrazo.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)