miércoles, 7 de noviembre de 2012

Luisa de Mailly, favorita de Luis XV (II)

Luisa y sus hermanas Paulina y María Ana retratadas como las tres Gracias

El marqués de Nesle había tenido cinco hijas: Luisa, protagonista de nuestra historia; Hortensia, que acababa de casarse con el marqués de Flavacourt; Diana, duquesa de Lauraguais; María Ana, casada con el Señor de La Tournelle, y Paulina, la segunda, dos años menor que Luisa y aún por acomodar.

Educada en un convento de París, Paulina no es muy bonita. De hecho lo es menos que su hermana mayor, pero es ambiciosa. Así como Luisa había representado el mismo discreto papel que en su día representara la humilde La Vallière junto a Luis XIV, Paulina soñaba con ser una nueva Madame de Montespan, favorita oficial a bombo y platillo. 

Esa noche de carnaval, los cortesanos no dejan de advertir con regocijo cómo el rey, disfrazado de murciélago —un murciélago de un metro ochenta de estatura—, no cesaba de revolotear en torno a Paulina. A partir de ese momento Luis se sentirá cada vez más seducido por ella, pero no renuncia a Luisa por completo. No ve inconveniente en simultanearlas a ambas.

En enero de 1741 Paulina está encinta, y dos meses más tarde la noticia se hace pública. El parto está cercano cuando en agosto cae muy enferma. La abnegada Luisa no se aparta de la cabecera de su cama hasta verla lo bastante recuperada para dar a luz un varón en la noche del 2 al 3 de septiembre. Días más tarde Paulina vuelve a ser presa de la fiebre y fallece a consecuencia de la misma. 

El rey manifiesta gran dolor por su pérdida, pero se desentiende por completo del niño. Este sobrevivirá a la infancia, y con el tiempo llegaría a parecerse tanto a su padre que le llamaron el Demi-Louis (Medio Luis), nombre que se daba a una moneda con el perfil del soberano. 

Paulina

Poco después el monarca instala a Luisa en los bellos aposentos antes destinados a Paulina. Contaban con una gran sala de estar, un comedor, varias habitaciones e incluso una cocina, algo poco habitual en los alojamientos de palacio. Se reanudan entonces las cenas íntimas con la amante titular, unas veladas a las que solo acuden algunos allegados. 

Es la época en la que Luis comienza a interesarse por otra de las hermanas: Diana, dama de curvas abundantes, “con un cuerpo favorable para ser achuchado”, según un libelo de la época. La duquesa de Lauraguais, al parecer, “se dejaba rendir rápidos homenajes por todos los rincones, canapés, divanes, banquetas y camas de Versalles”. 

Pero se trató de un pasatiempo que no duró mucho. Parecía que Luisa había recuperado al rey cuando incomprensiblemente cometió el mayor de los errores: para disipar la melancolía que había vuelto a apoderarse de él, decide invitar a dos de sus hermanas al siguiente baile de Martes de Carnaval: Hortensia y María Ana. Obviamente no había escarmentado. 

Hortensia, a sus 26 años, vivía separada de su marido, y era vox populi que amaba al duque de Richelieu, al que compartía con otras señoras. En cuanto a María Ana, la menor, se aburría mortalmente en el castillo de Borgoña al que la había llevado su esposo, y envidiaba la suerte de su hermana mayor. No paró hasta conseguir que su marido comprara un regimiento y regresara a París. En enero de 1739 ella y Hortensia habían sido presentadas a los reyes, aunque Luis, entregado por entero a sus amores con Paulina, no les prestó atención. Pero el esposo de María Ana fallece en octubre de 1740, dejándola viuda muy oportunamente. Es bonita y encantadora, así que no le faltarán las aventuras galantes, relaciones breves que suelen constituir para ella simples pasatiempos. 

Diana

Durante ese baile de carnaval, vestida con su traje oriental, María Ana se convierte en la reina de la fiesta. Tenía un porte majestuoso y un cutis deslumbrante, “de un nacarado casi imposible”. Lamentablemente era también la más codiciosa de todas. El rey se apasionó por ella desde ese día, pero tendrá que esperar: sabe que está enamorada del duque de Agenois. 

Siempre generosa, Luisa aloja a sus hermanas en su gran apartamento, pero hace falta procurarles un medio de subsistencia. María Ana le propone que le ceda el puesto que ocupa junto a la reina, porque en su opinión Luisa ya tiene bastante con ser la amante titular. Algunos íntimos previenen a la incauta y le aconsejan que desconfíe de su hermana, pero ella no puede creer en tanta perfidia, a pesar de lo ocurrido con Paulina, así que presenta su dimisión y se despide de la reina. 

El rey está encantado, pero María Ana no parece tener intención de corresponderle, pues sigue enamorada de Agenois. Es el duque de Richelieu quien hace comprender a la dama que le conviene ceder a los deseos del rey, y para contribuir a decidirla, se aparta de la corte al galán enviándolo al ejército que combate en Italia. 

María Ana no cederá fácilmente. Antes de nada exige la partida inmediata de Luisa, un gran apartamento en palacio, un título de duquesa y 30.000 libras de pensión que se sumarán a su sueldo como dama de la reina. 

Luis no tiene valor para despedir personalmente a la que fuera su primer amante. Es también Richelieu quien se encarga de tan desagradable misión. Luisa llora y se desespera, pide explicaciones a su amante; pero de la sensibilidad de Luis XV solo podía salir una respuesta como esta: 

—Podréis llevaros vuestros muebles, madame. 

María Ana

Luisa abandonó la corte para dirigirse a casa de Madame de Noailles. Tras una corta estancia, se trasladó a las Tullerías, y desde allí se retiró a un apartamento de la calle Saint-Thomas del Louvre, donde viviría refugiada en la religión hasta el día de su muerte en 1751, cuando contaba tan solo 41 años. 

Los rumores más extraños circulaban sobre la pobre Madame de Mailly, que había sido “echada como una mujerzuela de la Ópera”. Su humildad extrañaba a todos. Un día que entraba en la iglesia de Saint-Roc, un abogado de París, al ver que la gente se apartaba para dejarla pasar, exclamó: 

—No sé por qué la gente se molesta por una puta. 

A lo que Luisa, volviéndose, repuso dulcemente: 

—Señor, ya que la conocéis, rogad a Dios por ella.

16 comentarios:

  1. ¡Menudo putiferio el del marqués de Nesle y sus cinco hijas! Se ve que Luis XV debió creerse catador y no dejó títere con cabeza.
    Bisous

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  2. vaya cinco hijas las del señor... pero madame, en serio que existe un duquesado de lauraguais? de verdad? nos toma el pelo. no puede ser. yo quiero ser duque de lauraguais. ya está. lauraguais. es que ni buscándolo. madre mía.
    anda que luis xv, vaya cambio. de como nos lo pintaba en un principio a cómo va convirtiéndose en un gallo del gallinero. qué fuerte.
    bisous madame!!!

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  3. Mujeres de usar y tirar. Liarse con un rey de la catadura de Luis XV es lo que tiene. El riesgo está servido. Apostar tan alto trae estas consecuencias.
    Un saludo.

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  4. Hola Madame:

    No es por nada pero las mujeres tenía un papel de cambio simple y llanamente...

    Vaya con el Rey...Menuda progresión de la personalidad

    Besos

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  5. Leo a los amigos anteriores que se escandalizan de lo que el bisabuelo de éste ya hacía y usted nos ha contado tantas veces.¡Ay, estos Borbones!, jejeje...
    Pobre Paulina, tan fea en las descripciones y sin embargo, tan ideal o idealizada en el cuadro que nos muestra; y pobre Luisa, la conocedora de todas las artes voluptuosas, capaces de engatusar a un hombre aunque fuera rey, pero no a un murciélago, jejeje.
    Un artículo tan entretenido cómo sólo usted sabe escribirlos.
    Beso su mano.

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  6. Por lo visto ni en las hermanas se puede confiar. Interesante vida de las hijas de Marquez de Nesle, a cual más loquilla.

    Un saludo Madame.

    mariarosa

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  7. Vaya con las hermanitas. Si una era buena la otra mejor.
    Me ha gustado la expresión de "cuerpo favorable para ser achuchado”, refiriéndose a Paulina.
    Esta claro que ser amante del Rey no era muy rentable aunque tos¡das se mataban por serlo.
    Bisous

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  8. Bueno, bueno, un dechado de virtudes que capacidad amatoria tenía el buen Rey.

    Un abrazo madame.

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  9. Una familia que sin duda dio cobijo al Rey jijijiji, también me ha llamado la atención que se utilizase la expresión "achuchar" en esa época.
    La pobre Luisa tenía que ser muy buena persona y muy confiada y sus hermanas unas lagartas porque no dudaron en jugársela. Triste final el suyo.
    Bisous, Madame.

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  10. Historia muy entretenida sobre las hermanas amantes y un rey insaciable, no daba abasto.
    Un saludo.

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  11. Lo dífícil que debía ser quedarse embarazada en esa época y lo peligroso que sería: pobre Paulina. Pero el rey sabría reponerla. Muy curiosa toda la historia, madame. Que tenga un gran día. Bisous.

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  12. Siempre que leo sobre Luis XV se remarca su personalidad "melancólica" y que su casi única ambición era ser "entretenido". Ahora diríamos depresivo y es algo que siempre me interesó conocer. Por ahí un día nos lo explica en alguna entrada.ClaudiaDamadeOro Un besito.

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  13. Vaya hermanitas para formar una cama redonda. Sin duda la menos favorecida fue Paulina, que falleció prematuramente. Luego la una abnegada amante, la otra digna de ser achuchada y una tercera aficionada a ceder sus afectos en divanes, sillones, etc. ¡Jolinesss cómo estaba el palacio!

    Una historia fascinante, Madame.

    Bisous

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  14. Que Luis era un nabo no caben dudas, pero que se deshizo de la unica mujer que no era interesada, y quizas sentia algo por el, fue evidente. Las hermanas fueron flor de arpias, y las siguientes no seran mejores, sino que iran empeorando...

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  15. Tremebundo me parece cómo le roi pasaba de la una a la otra sin pizca de afecto ni sensibilidad por ninguna. Desde luego, era una auténtico especimen de macho alfa coronado.

    Bisous y buenas noches, Madame

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  16. ¡Vaya hermanas! Desde luego el amor entre ellas excepto en el caso de Luisa, no es que fuera muy fuerte. Muy entretenido el post, Madame. Me alegra volver a leerlos, poco a poco me iré poniendo al día.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)