sábado, 1 de septiembre de 2012

La boda de Catalina de Médicis


Jamás una hija de soberanos se había visto más solicitada que aquella adolescente Médicis descendiente de mercaderes. El Papa pensaba en ella para muchas de sus combinaciones políticas. No fueron tomadas en cuenta las aspiraciones del príncipe de Orange, pero sí se habló seriamente de las de Hércules d’Este, hijo del duque de Ferrara. Escocia, por su parte, pedía a Catalina para Jacobo Estuardo, mientras que el emperador pretendía desposarla con Francisco Sforza con tal de impedir como fuera que la joven se casara en Francia. Allí se solicitaba su mano para el duque de Orleáns, segundo de los hijos del rey Francisco I. Al monarca francés le interesaba la alianza con el Papa para volver a invadir Italia. Quería a toda costa el ducado de Milán. 

En un principio lo que pretendía el rey de Francia era casar a su hijo con María Tudor. Sobre Catalina se había hablado simplemente de reclamarla en la corte para su educación, basándose en que era hija de Madeleine de la Tour d’Auvergne, una noble francesa; pero Clemente VII comprendió que lo que intentaba Francisco era tener en su poder a su sobrina para así ejercer cierta presión sobre él, por lo que se opuso al proyecto. Tan grande era el interés del rey de Francia en conservar un buen acuerdo con el Papa, que, fracasadas las negociaciones matrimoniales con Inglaterra y frustrada la posibilidad de tener a Catalina a su alcance de otro modo, finalmente ofreció como novio a su hijo Enrique. 

Mientras tanto a Clemente le llegaban otras proposiciones del duque de Vaudemont y de Claudio, duque de Guisa. También se había propuesto a Enrique Fitzroy, hijo ilegítimo de Enrique VIII habido de su amante Elizabeth Blount. Otro de los pretendientes era el duque de Mantua, pero el Papa estaba mal dispuesto hacia él, no solo por motivos políticos sino también debido a sus relaciones escandalosas con Elisabetta Boschetti, condesa de Calvisano. Y tampoco se mostró más favorable hacia Guidobaldo de Urbino. Tenía miras más altas. La alianza con Francia le era necesaria. En su condición de bastardo elevado a cardenal, y dada su política incierta en relación con la Reforma, temía ser depuesto por una mayoría de prelados más severos. 

Francisco I

Las negociaciones matrimoniales de Catalina fueron largas. A fines de 1531 se presentaba la primera propuesta de Francia, que solicitaba del Papa la investidura del ducado de Milán para el duque de Orleáns en el caso de que Francisco Sforza muriese sin descendencia. El Papa vacilaba entre Francia y España, las dos potencias que se disputaban las posesiones en suelo italiano. El enviado francés, Gabriel de Grammont, comprometía mientras tanto a Clemente difundiendo la noticia de los desposorios, cuando en realidad el Papa insistía en que aún no había nada decidido. 

Finalmente el pontífice aceptó que se celebraran dos matrimonios: el de Catalina con el hijo del rey de Francia y el de Margarita, hija natural del emperador Carlos V, con Alejandro de Médicis, duque de Florencia. El arreglo fue poco satisfactorio para el emperador, el cual, no obstante, arrancó a Clemente la promesa de adherirse a una liga italiana que defendiese el statu quo territorial de la península. 

Catalina, tras una estancia en Roma, había regresado a Florencia, al palacio de los Médicis, aguardando el momento de su boda. El Papa la confió a Octaviano de Médicis y a María Salviati, viuda de Juan de las Bandas Negras, “una mujer buena y honrada que después de la muerte de su marido se consagró por completo a la educación de su hijo”, sin dejar de tener para Catalina toda clase de atenciones maternales. 

Giorgio Vasari pintó por entonces un retrato de cuerpo entero de la joven para ser obsequiado a Francisco I. En sus escritos el pintor usa hacia ella numerosas frases de simpatía, calificándola de afable, bondadosa e inclinada a la broma. 

“Soy tan devoto de su persona, debido a sus especiales cualidades y al afecto que ella demuestra no solo por mí sino por toda mi nación, que la adoro, si así me es permitido expresarme, como se adora a los santos del cielo”. 

Catalina de Médicis

Y narra una curiosa anécdota un tanto enigmática: una mañana en que había olvidado la paleta, al volver vio que ella y una acompañante habían pintado una mora con rasgos negroides en la tela preparada, y que si no se apresuraba a escaparse, le habrían pintado también a él. 

A Catalina se le confió la misión de recibir en Florencia a Margarita de Austria, la futura esposa del duque Alejandro. La niña, de solo nueve años, se detendría allí durante algunos días camino de Nápoles, donde esperaría la edad del matrimonio. Las fiestas que se realizaron entonces fueron interminables. Catalina, magníficamente ataviada y seguida de doce doncellas de la nobleza, salió a su encuentro hasta la Villa de Cafaggiolo. Hubo fuegos artificiales, banquetes y juegos, y torneos de emulación entre las “potencias”, unas asociaciones populares con sus estandartes y lanzas a las que Alejandro había concedido ciertas prerrogativas para que el pueblo olvidara la tristeza y los dolorosos recuerdos del pasado. 

Clemente quiso adornar a su sobrina con todo el fasto y riqueza para que no desmereciera en la corte de Francia. El duque Alejandro recaudó un nuevo impuesto de 35.000 escudos que gastó en espléndidos bordados, en joyas, ropas, cortinajes de lechos tejidos con oro… El Papa también pidió un préstamo al banquero Strozzi, a quien entregó como garantía una capa pluvial de gran ceremonia, adornada con un diamante que talló Cellini. La novia, de solo catorce años, llevaba en su ajuar muebles preciosos y blondas finísimas, hilos de perlas, esmeraldas, un cinturón de oro adornado con ocho rubíes y diamantes, y todo siguiendo el gusto exquisito de Isabel d’Este, por quien Clemente se quiso asesorar. Entre las joyas destacan las grandes perlas en forma de pera que posteriormente Catalina regalaría a María, reina de Escocia. Cuando esta fue decapitada, la reina Isabel de Inglaterra se apropió de ellas.

Además Catalina era una rica heredera, poseedora en Francia de todos los bienes que habían sido de su madre y de una importante suma que le dejó su padre como compensación a su renuncia al ducado de Urbino. 

“La dote no es pequeña, especialmente si contiene las tras joyas que el Papa dará pronto a su sobrino, y son: Génova, Milán y Nápoles. ¿No os parece que estas joyas son dignas de la hija de un rey?”, comentó Strozzi.


Continuará

28 comentarios:

  1. Madame, tales fastos previos a la boda,sin contar el ajuar y los regalos, dan cuenta del relumbrón que gastaban. Y esas joyas, la de historias que podrían contarnos, pero para eso la tenemos a usted, que nos ilustra con tanta gracia y sin otro riesgos que no sea el disfrute de leer sus crónicas.

    Buenas tardes y bisous

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    1. Bueno, nosotros estamos acostumbrados al fasto en la otra corte, verdad? Hale!, para que se note más la crisis por el contraste.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  2. Mi querida madame, como siempre es un gusto pasarse por su precioso blog y aprender algo nuevo ^_^

    Os he dejado un premio en mi blog. Buen fin de semana.

    Bisous

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  3. Madame, qué placer retomar la actividad tras los ajetreos del verano y encontrarse con un premio. Muchísimas gracias.

    Buenas noches

    Bisous

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  4. No está nada mal dote madame. Yo me habría conformado con bastante menos. Me gusta que señalen su sentido del humor, porque este dato suele pasar desapercibido.
    Bisous y feliz domingo

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  5. Sí, así es. Con la fama siniestra que se ganó, no muchos la imaginarían bromeando.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  6. Qué mundo aquel, en el que la paz y la guerra dependían tanto de las bodas; lo del impuesto para los fastos nupciales, eso ya es otro cantar.
    Beso su mano.

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    1. Sí, lo de los impuestos sigue a la orden del día, pero verdaderamente no sé dónde van a parar. Tal vez también a algún fasto de banquero.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  7. Una niña rica y con muchos pretendientes. Sus catorce años comprenderían de temas politicos, sorteaban su destino como si fuera un objeto. Claro que eso era común en ese tiempo y hoy leerlo resulta tan triste.


    Bien venida Madame.


    mariarosa

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    1. Sus catorce años ya comprendían mucho de temas políticos. Había tenido una infancia difícil en la que logró salvarse de sus enemigos en buena parte gracias a su astucia y habilidad.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  8. Hay que ver como entonces la mujeres servían de monedas de cambio según los intereses políticos de la época. Se ve la importancia de Catalina cuando los hombres más influyentes de entonces maniobran para casarla.
    Un saludo.

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    1. Bueno, los hombres también servían de monedas de cambio. Los reyes y grandes señores vendían a sus hijos sin ningún pudor. Catalina interesaba mucho: no solo era una rica heredera, sino que su condición de pariente del Papa aseguraba su favor en los grandes intereses que en aquel momento había en juego en Italia.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  9. Variedad de pretendientes ,un sacerdote indeciso y una novia con apellido famoso dan por sentado un interesante desenlaze del cual estaremos atentos sin dudas madame
    Un abrazo y buen fin de semana

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    1. Llevaría a Francia la fama de su apellido y de ese modo los Médicis seguirían dando mucho que hablar.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  10. Su entrada de hoy me ha hecho recordar que tengo dos bodas casi consecutivas y sigo aún de veraneo sin comprar los regalos y con estos pelos. Madame, soy incorregible.
    Bisous

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    1. Uy, monsieur, lo peor es lo de los pelos, con lo que ha subido el IVA de las peluquerías! Va a ser la ruina.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  11. Un buen partido, que diríamos hoy. Lo malo es que en estos enlaces donde tantas cosas se jugaban -y el caso viene al pelo con el espíritu de este blog y ese "tablero de la historia" donde tantas partidas se celebran-, el amor ocupaba siempre un segundo plano frente a los asuntos de Estado.
    Hoy hay más bodas por amor, pero con menos relumbrón generalmente.
    Un saludo.

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    1. Así es. Fue el romanticismo el que comenzó a ganar esa guerra, pero hasta entonces apenas nadie hubiera considerado que los sentimientos deberían primar sobre la razón de Estado.

      Feliz domingo

      Bisous

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  12. ¿Qué querría Catalina? Aunque se les educase en la idea de que debían de primar los asuntos de Estado me resulta difícil entender que pudiesen dejar al margen sus sentimientos, ahora solo es una niña, veremos como evoluciona.
    Bisous, Madame.

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    1. Catalina habría estado feliz si la hubieran casado con Hipólito, pero ahora también lo estaba al acudir a casarse con el hijo del rey de Francia. La abrumaba el honor que se le hacía, consciente de su sangre plebeya. Estaba muy agradecida a Francisco I, y además le gustaba el novio. Lástima que no fue mutuo.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  13. Hola Madame:

    Me llama la atención que Ud se reifere como largas cnversaciones, para casar a Catalina...Definitivamente las mujeres eran solo figura decorativas...y usadas para mantener o quitar poder...

    Con lo que termina es fulminante...Tiene 3 joyas que el Papa dará a su sobrino...

    Besos Madame

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    1. Pero igual pasaba con los hombres. Tanto el heredero como sus hermanos debían casarse con quien fuera conveniente, todo en aras de conseguir más poder. Catalina estaba muy contenta con su alto destino, pero ninguno de ustedes pregunta si también lo estaba el novio. Y era él quien no lo estaba :)

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  14. Fuera miserias. Claro que sí. Diamantes, capas, países enteros. Lo que haga falta. Pero la verdadera pieza era la propia Catalina. Qué mujer.
    Ya de vuelta al mundanal ruido, madame.

    Bisous!!

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    1. Una mujer muy interesante de estudiar. Lástima que a su esposo no se lo pareciera tanto!

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  15. Como siempre, no era la persona si no lo que aportaba al matrimonio lo que contaba. Voy a leer la siguiente entrada.

    Bisous

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    1. Así es, madame. Todo pura conveniencia e interés político.

      Buenas noches

      Bisous

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  16. Un buenísima lección sobre el pueblo persa, delicadamente descrita. Es un placer volver a saludarla, madame, tras mi desaparición veraniega. Este año, por exceso de trabajo, dedicaré menos tiempo a mi blog y a visitar páginas amigas, pero se hará todo lo posible por aparecer y comentar la suya cuando se pueda. Un cordial saludo: bissous.

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    1. Bienvenido, monsieur, aunque me deja usted el comentario en la entrada anterior :)

      Buenas noches

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)