martes, 28 de agosto de 2012

La extraña muerte del presidente Harding


Antes de John F. Kennedy habían sido asesinados otros presidentes de los Estados Unidos, como fue el caso de Abraham Lincoln, James Abraham Garfield y William McKinley. Otro de ellos, Warren Gamaliel Harding, murió en extrañas circunstancias, y algunos historiadores sostienen que fue envenenado. Su muerte fue, sin duda, la más novelesca y siniestra de todas. 

Harding había nacido en Bloming Grove, Ohio, en el seno de una familia modesta. Fue un buen estudiante, y consiguió hacerse con una notable cultura. Le gustaba la oratoria y tenía gran habilidad para las cuestiones jurídicas y políticas. Pacifista a ultranza, manifestó profundas dudas acerca de la ratificación de la Sociedad de Naciones; estableció el sistema de presupuestos, redujo las cargas fiscales y puso trabas a la inmigración. 

Fue candidato republicano a la presidencia en 1920. En sus primeros tiempos se vio zarandeado por los poderosos. Su carácter débil, más propio de un intelectual que de un político, se prestaba a ello. El 31 de mayo de 1921 firmó una orden presidencial traspasando el dominio de las reservas petrolíferas de la nación desde la secretaría de la marina a la secretaría de gobernación. Más tarde el Tribunal Supremo declaró ilegal el traspaso, pero mientras tanto la explotación de las riquísimas tierras petrolíferas ya había pasado a manos de particulares, y en la Bolsa se habían producido subidas enormes de las acciones. 

Otro de los escándalos de altura fue el de los grandes comerciantes de alcohol de Nueva York, que pagaban para burlar la prohibición y sentirse protegidos por el Gobierno Federal. La corrupción llegó a ser espantosa. Hacia el final de sus días el presidente quiso poner freno a la influencia de los grupos de presión, pero era una tarea imposible. Se veía obligado a firmar todo lo que le ponían por delante. 

Primer gabinete del presidente Harding

A principios de 1923 se cernía sobre la Casa Blanca un escándalo financiero de tremendas proporciones. “Un hilo escarlata une toda la trama, produciendo un tapiz de efecto fantástico y dramático, un tejido en el que están involucrados políticos, banqueros, capitalistas, industriales y tipos del subsuelo social, altos funcionarios, miembros del Gabinete y hasta un ex presidente de la Casa Blanca…” 

A comienzos del verano Harding se embarcaba en el puerto de San Francisco, acompañado de unos cuantos amigos, familiares y servidores. Se disponía a emprender un viaje de placer por las costas de Canadá y de Alaska, pero estaba constantemente absorto y meditabundo. Parecía preocupado por alguna idea fija. Poco antes de partir, había dicho durante una tertulia: 

—En este oficio, lo que me inquieta no son mis enemigos. De esos me encargo yo. Son mis amigos los que me causan honda preocupación. 

Y durante la travesía, el presidente solía preguntar: 

—¿Qué puede hacer un hombre traicionado por sus amigos? 

Un día dijo a unos marineros que lo contemplaban respetuosamente a cierta distancia: 

—¡Me propongo hacer una confesión pública! 

Los servidores que se ocupaban de los camarotes afirmaban que Harding tenía el suyo repleto de botellas de whisky. 



Durante la singladura de regreso recibió un largo telegrama cifrado que le sumió en una honda crisis nerviosa. Nadie ha conocido jamás el contenido del mensaje, pero durante los días siguientes el presidente se mostró, según sus acompañantes, “sumamente consternado”. Algunos llegaron a decir que parecía aterrorizado. 

Antes de echar el ancla en el puerto de San Francisco, Harding se sintió repentinamente enfermo, y fue necesario desembarcarlo con grandes precauciones. Los miembros de su entorno hablaron de intoxicación por haber comido langosta en conserva, pero el capitán del buque se apresuró a decir que no existían esas conservas a bordo. Alguien dijo entonces que se había tratado de cangrejos en conserva, pero tampoco había en la despensa tales latas. 

El 2 de agosto fallecía el presidente. Los médicos diagnosticaron una apoplejía cerebral, pero los ciudadanos de San Francisco y buena parte del pueblo norteamericano optaron por la teoría del veneno. Es escándalo fue terrible y sacudió a toda la prensa. Muchos periódicos hablaron de un poderosísimo veneno, y hasta osaron dirigir sus sospechas hacia importantes personalidades. 

El número de doctores que refutaban el criterio oficial de la apoplejía iba aumentando. Los médicos se dividían en dos bandos enfrentados, y uno de los diarios de San Francisco que más se había distinguido en apoyar la teoría del envenenamiento fue incendiado cierta noche, desapareciendo todo su archivo en el siniestro. Luego, paulatinamente, la prensa pasó a ocuparse de otros temas, pero la gente siguió hablando de la extraña muerte del presidente. 

El Presidente y la Primera Dama

A principios de 1928 la periodista Mary Dillon Thacker, que estudiaba las condiciones en las cárceles del sur, conoció al recluso Gastón B. Means en la penitenciaria de Atlanta. Means había sido investigador privado al servicio de la Secretaría de Justicia de los Estados Unidos, y durante un tiempo actuó como detective para la esposa de Harding, siempre obsesionada por los celos, dado que el presidente disfrutaba de gran éxito entre las mujeres. 

Means conocía a fondo los hechos y las personas del caso Harding. Hizo un relato a la periodista apoyándose en sus libros de notas y en las cartas que poseía, y el fruto de todo ello fue un libro tan apasionante como una novela policiaca: “La extraña muerte del presidente Harding”, del que existe una versión en español publicada por Ediciones Mentora en 1931. 

El relato de Means no tiene desperdicio. Narra el progresivo hundimiento moral del presidente y su subordinación a “la Camarilla”, como él la denomina. Según este autor, Harding había sido aupado a la presidencia por un grupo financiero carente de escrúpulos y dirigido por Harry Daugherty, el Fiscal General de Justicia de los Estados Unidos. 

Means habla de la “Casa del Misterio”, de la calle H, al lado del viejo Shoreham Hotel; de la “Casita verde” de la calle K, y de la famosa casa número 903 de la calle 16, donde tenía su cuartel general “la Camarilla” y de donde partían las instrucciones que el débil presidente cumplía al pie de la letra. Allí se cobraban los sobornos y tenían lugar las entrevistas delicadas. En uno de los salones se instalaba un gran recipiente de cristal semejante a una pecera. El “cliente” convocado dejaba el fajo de billetes en el interior mientras se le vigilaba a través de un agujero en la puerta que comunicaba con la habitación contigua. El Hotel Vanderbilt fue también utilizado para estos cobros. Luego, por razones de seguridad, fue preciso cambiar de escenario, pasándose sucesivamente a varios hoteles diferentes. “Generalmente se recaudaba entre los cincuenta y cinco a los sesenta y cinco mil dólares diarios.” 

Harry Daugherty

Es difícil calcular el poder y la extensión de las actividades de la Camarilla. Vendieron fuentes de riqueza hidráulica situadas en territorio perteneciente a la nación india; tierras riquísimas en maderas, permisos para pastar ganado en zona habitada por los indios, etc. Durante la administración Harding se decía que todo estaba en venta en Washington excepto la cúpula del Capitolio. Alguien replicó que se explicaba que la cúpula no estuviera en venta, porque más tarde se la iban a jugar a los dados. 

Means insinúa que la extraña señora Harding, que consultaba frecuentemente a una echadora de cartas y se consideraba a sí misma “la hija del Destino”, pudo haber envenenado a su marido durante el viaje. El móvil habría sido, en parte, los celos. El presidente había tenido diversas amantes. Con una de ellas, Nan Britton, mantuvo una larga relación que tuvo por fruto una hija. Otra de las causas que habrían impulsado a la esposa a cometer el crimen era evitar el escándalo que amenazaba con estallar. La señora Harding solía decir que el presidente “pasaría a la Historia, ocurriera lo que ocurriera, limpio de toda mancha”. 

Algunos analistas no descartan la posibilidad de que la esposa hubiera sido manejada por terceras personas a través de una famosa adivina que se hacía llamar Madame X. 

Nan Britton y su hija

En cualquier caso, una vez muerto el presidente fueron desapareciendo de modo extraño todos los protagonistas de aquellos turbios hechos. Comenzaron a sucederse entre ellos los suicidios y las muertes repentinas que los reducían oportunamente y para siempre al silencio.

Cortejo fúnebre del presidente Harding


Bibliografía:
La extraña muerte del presidente Harding - Mariano Fontrodona

22 comentarios:

  1. Una muerte miseable para un presidente miserable y pusilanime, casado con una mujer de poca valia, y que pasaria a la historia como un pusilanime y corrupto, con mas manchas que una vaca. Relmente no es una muerte lamentable.

    ResponderEliminar
  2. Parece un cuento de Agatha Christie, por los muchos personajes y la trama sucia y tubia. Mirando la cara de la primera dama, creo que si, ella es asesina. Asusta su gesto...Brrrr, ni en mis cuentos más tenebrosos se me hubiera ocurrido semejante historia.

    Excelente Madame.

    mariarosa

    ResponderEliminar
  3. "En este oficio, lo que me inquieta no son mis enemigos". Es frecuente que así sea que los de dentro tienen un acceso más fiable y seguro y no son necesarios los enemigos. Como siempre, la muerte y el tiempo silencian todos los escándalos.
    Un saludo muy veraniego y ardoroso, Madame.
    Bisous

    ResponderEliminar
  4. Churchill también opinaba que los enemigos están en el propio partido y que el resto son solo adversarios. Solo que, por lo visto, las personalidades de Harding y Churchill distaban de parecerse.
    Me quedo con la versión del envenenamiento.

    Abrazos, madame.

    ResponderEliminar
  5. Cuanto saben todos aca.¡¡ Yo debo confesar que desconocia completamente este episodio. Gracias por difundirlo. Confirmo una vez mas que contemplando la historia uno tiene una mirada mucho mas objetiva del presente. Besos.

    ResponderEliminar
  6. El libro que menciona habrá que leerlo, el episodio de la muerte y la vida del presidente promete entretenimiento.
    Cómo no van a existir grupos conspiranoicos por todo el mundo, estas historias abonan el campo; si es que le dan ganas a una de montar una conspiración actual y verosímil porque sobran elementos y motivos.
    La reflexión es que en muchas ocasiones el poder ejecutivo es vicario en las democracias, presiden y deciden pero hay un poder fáctico, invisible para los ciudadanos que vela por sus intereses y que, como decía el chiste, los presidentes antes de prometer el cargos reciben la consigna de vamos a llevarnos bien.

    Bisous y tenga usted buenas tardes

    ResponderEliminar
  7. bueno. echarle la culpa a la mujer estando rodeado de semejantes piezas... parece demasiado así. me apunto a la teoría de que la camarilla quiso quitárselo de enmedio.
    un país limpísimo. un ejemplo, la verdad.

    bisous!

    ResponderEliminar
  8. Hola Madame:

    Conocía detalles sobre esto, pero no del envenenamiento. Siempre he tenido una imagen de Harding más bien de corrupto que campó a sus anchas y que debido a sus desmanes en corrupcion, vino todo aquel episodio económico de la gran depresión.

    No sería extraño que fuese envenenado...Pero quizás no por su esposa...

    Besos Madame

    ResponderEliminar
  9. Hola madame
    Me enteré de este incidente por el libro de historia de Isaac Asimov aunque aquí se le añade más información. Por otro lado veo que le gusta el ajedrez ¿Ya leyó el cuento EL JUGADOR DE AJEDREZ de Stefan Zweig?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues no, monsieur, pero lo tendré en cuenta, porque me gusta mucho Stefan Zweig.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  10. Hola, Madame

    Una historia turbía, vivida en una época muy dura. Desconocía la vida de este presidente y de su esposa. No se quién de los dos tiene más misterio.

    Siempre es un placer venir a su blog. Nos van los misterios.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

    ResponderEliminar
  11. Me encantan este tipo de historias. Y si interesante es la muerte de este presidente más interesante es la vida de Means. Acabo de leer la biografía que de él publica Wiquipedía -quería saber porqué estaba en la cárcel- y realmente su vida debió ser apasionantemente peligrosa. Anduvo metido en todo tipo de líos. Deduzco que posee usted ese libro de año 31. Es usted afortunada.
    Parece que los criterios morales de los felices años veinte, la corrupción, la ambición... presagiaban el crack que no tardaría mucho en llegar. Y no quiero hacer comparaciones odiosas.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
  12. Siempre he tenido una imagen de Harding más bien de corrupto, desconocía más datos. Interesante este post para ampliar conocimientos.

    Bisosus

    ResponderEliminar
  13. Hay enigmas e incógnitas que no se han resuelto y todo se queda en conjeturas. No me extrañaría que fuera envenenado por aquello del contagio.
    Que mala fama la de las mujeres.
    Bisous y buenas noches

    ResponderEliminar
  14. Como dicen "el crímen nunca paga" felizmente para la historia y la literatura Gastón B. Means tuvo a bien no llevarse el secreto a la tumba; pero estoy seguro que ése tipo de manejos impera aún hoy en día en todos los gobiernos.

    Excelente publicación y mi aplauso por abrir tu abanico de interesantes publicaciones.

    Un gran abrazo

    ResponderEliminar
  15. creo que hay males que se deben cortar de raíz cuando está en juego una nación, es como en la guerra, pensar que nuestra gobernante es viuda y nadie la cela...que será de nosotros.
    saludos querida Madame

    ResponderEliminar
  16. La extraña muerte de este presidente d elos Estados Unidos era totalmente desconocida para mí y su escasa difusión bien pudiera deberse a no ser un caso de asesinato público, como el de Lincoln o Kennedy. Aún con todo, si todavía no está resuelto del todo el primer caso, imagínese este otro, situado en pleno siglo XX y en el que no faltan las hechiceras y los venenos. Las Camarillas y los grupos secretos que aconsejan en la sombra a todo un presidente suelen ser acusados de brazos ejecutores en tales casos. El libro que cita usted en la bibliografía debe ser muy interesante.
    Un besito

    ResponderEliminar
  17. Hola Madame.
    Recién encontré tu maravilloso blog leyendo la vida de la reina Victoria, jeje creo que es del 2009.
    Tengo una preguntita, estoy haciendo una investigación sobre homosexualidad tanto de hombres como mujeres, tienes algo sobre ello?
    Gracias!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, madame. Me temo que no he escrito ningún artículo sobre el tema. Obviamente algunos de los personajes que aparecen en este blog fueron homosexuales, pero creo que no me refiero específicamente a ello.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  18. Realmente me parece demasiado sencillo culpar a la mujer celosa y desconfiada rodeándose el hombre de semejante "camarilla", y nunca mejor dicho. ¡Semejante corrupción y semejantes intrigas! Aunque no nos llamemos a engaños, quisiera yo ver por un agujerito como el de la casa número 903 lo que se sucede hoy día entre bambalinas en la Casa Blanca.

    Bisous y buen finde.

    ResponderEliminar
  19. Desconocía la muerte de este presidente. Todo el relato me lleva a pensar cuántos dirigentes son fachadas de los intereses de otras personas y dictan sus resoluciones de caurdo con estos lobys.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  20. Envenenamiento, posiblemente.

    Lo primero y obligado es volver a visitar a los amigos tras el paréntesis veraniego.
    Mi desconexión ha sido más larga de lo que hubiese querido.
    Habrá que irse poniendo al día.
    Y me encuentro con esta entrada que no desdice ni en contenido ni en calidad de las acostumbradas.
    Un saludo.

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)