martes, 17 de julio de 2012

La Guardia del Cardenal


“los guardias representan una marca de soberanía, y por eso los Estados suplican a Vuestra Majestad que no permita, especialmente en tiempos de paz, que nadie en vuestro reino, sea cual sea su rango, tenga guardias”. (Asamblea de los Estados Generales de 1614) 


En el siglo XVII disponer de una guardia personal era signo de gran distinción y un honor extraordinario, puesto que se trataba de un privilegio que otorgaba un poder capaz de comprometer la seguridad del reino. Los reyes no concedían fácilmente este favor. De hecho, las ordenanzas de Enrique III habían prohibido a todo el mundo “de cualquier rango y condición, dignidad, título y cargo que tuviera en el reino, mantener gente de guerra, sea a caballo o a pie… bajo cualquier pretexto que se pudiera alegar.” 

Durante el reinado de Luis XIII su madre, María de Médicis, dispuso de guardias de corps. De igual privilegio gozó su hermano el duque de Orleáns, y también el condestable, jefe supremo de los ejércitos. Además los gobernadores de las provincias podían hacerse acompañar de caballeros armados siempre que fuera en el ejercicio de su cargo y para asegurar el mantenimiento del orden. Pero ningún ministro ni gran dignatario tenía autorización para rodearse de una guardia particular. 

En 1624 el cardenal Richelieu pasaba a formar parte del Consejo del Rey en calidad de simple consejero. En aquel momento su persona le resultaba bastante antipática a Luis XIII, que solo lo toleraba por la necesidad que tenía de él. Richelieu supo vencer las prevenciones del monarca haciéndole apreciar el valor de sus servicios, hasta trocar la aversión inicial en profunda estima. 


En 1626 Richelieu fue víctima de una conspiración, y las amenazas de muerte planeaban constantemente sobre su persona. El rey quiso protegerlo otorgándole una guardia personal. El 27 de septiembre firmaba la orden para que el cardenal tuviera “siempre a su lado 50 hombres a caballo con los jefes al mando por él elegidos”. Por entonces hacía tan solo cuatro años que Luis XIII había dotado de mosquetes a la compañía de caballería ligera de la guardia, convirtiéndolos en los mosqueteros. 

La idea de vivir rodeado de guardias no parece haber entusiasmado a Richelieu en un principio, como manifiesta en una carta a Bouthillier: “Os confieso que es un lamentable verse obligado a vivir custodiado, pues desde el instante en que uno se ve reducido a ello, se puede decir adiós a la libertad…” 

En 1631 Luis XIII decide aumentar los efectivos concediéndole el privilegio de tener una guardia reglamentada según el modelo de su propia guardia real. El 1 de agosto le da licencia para reclutar una compañía de caballería ligera de 120 hombres que se convertirá en “la guardia a caballo de Su Eminencia”. El 30 de agosto siguiente el rey autoriza a Richelieu a reclutar una compañía de cien hombres de armas que se llamarán “gens d’armes”, es decir, “gendarmes” (gente de armas), pero estos solo serán empleados en el ejército. 

Es el 4 de mayo de 1634 el cardenal obtiene autorización para rodearse de una compañía de “hombres de guerra a pie para residir junto a su persona y servir de guardia ordinaria”. Según los reglamentos debía haber 60 guardias de servicio permanente en la residencia del cardenal, con la misión de no dejar entrar a nadie sin orden expresa. Pero la guardia del cardenal desempeña además otras funciones, misiones más delicadas que podríamos calificar de espionaje. 


De ellos se decía que eran los soldados mejor cualificados y más valientes del reino. El capitán tenía su habitación en cada residencia del ministro, para poder permanecer siempre a su lado. Si el cardenal salía, montaban a caballo y escoltaban la carroza de Su Eminencia, pero si Richelieu acudía al Louvre no debían entrar en el patio del palacio, pues allá donde se encontrara el rey solo podían estar sus propios guardias. 

Para ser admitido, el candidato debía serle presentado por alguien conocido y de toda confianza, no debía exceder la edad de 25 años y, a ser posible, se pedía que hubiera servido en el ejército durante tres, si bien esta última condición no era exigible en el caso de un caballero procedente del seno de una familia de especial relevancia. 

En cuanto a los mosqueteros del rey, estaban compuestos por miembros de las mejores familias de Francia. Eran 150 guardias que seguían al monarca por todas partes, incluso cuando iba a la caza, vestidos con una casaca azul sobre la que lucían una cruz blanca. 

Al igual que los mosqueteros, también los guardias del cardenal llevaban uniforme. Se componía de un jubón, una especie de chaqueta ajustada y cerrada desde el cuello hasta la cintura, pantalones holgados por debajo de las rodillas, botas y un sombrero de ala ancha adornado con un penacho

Los guardias a caballo llevaban un uniforme que les hacía reconocibles de lejos. Consistía en una casaca roja adornada con encaje blanco, especie de manto sin mangas que les cubría hasta poco más abajo de la cintura. Sobre cada una de las cuatro piezas de tela que componían la casaca lucían una llamativa cruz griega, también de encaje blanco. 

Monsieur de Tréville

Existía una enorme rivalidad entre los mosqueteros y la guardia del cardenal. Richelieu mantenía a su guardia con sus propios medios, y no parecía reparar en gastos. En cambio, los mosqueteros del rey no eran tan generosamente tratados, y debían costearse sus propios uniformes. Estos, orgullosos de su nobleza y de su inflexible disciplina, se jactaban ante la guardia de Richelieu de acudir al campo de batalla y combatir al lado del rey, mientras que sus rivales eran “soldados de antecámara”. La famosa rivalidad entre ambos los impulsaba frecuentemente a provocaciones que terminaban en duelos, a pesar de que estaban prohibidos y la infracción podía ser castigada con pena de muerte. 

Las escaramuzas eran alentadas por la aversión que se profesaban los hombres que los mandaban: Richelieu por un lado y Tréville por el otro. “El carácter indomable e impetuoso de Tréville, su bravura y su total devoción al rey hacían de él un personaje difícil de manejar”. Los mosqueteros le eran leales, y a pesar de la reputación de los guardias, más famosos que ellos. 

Pero tanto el rey como el cardenal hacían la vista gorda ante estos enfrentamientos, que consideraban más bien encuentros deportivos. Para Luis XIII era un placer enterarse de que uno de sus mosqueteros se había impuesto sobre un guardia, y no lo era menos para el cardenal cuando el resultado era el opuesto.

16 comentarios:

  1. Madame, verla por aquí es muy buena señal así que me alegro de veras.
    Desde luego Luis XIII le dio a Richelieu un gran poder al dotarle de tan numerosa guardia personal que fue ampliando y ampliando hasta formar un pequeño ejercito.
    Imagino la rivalidad que podía haber entre los mosqueteros y la guardia personal del Cardenal, los primeros eran de buena familia y se sentian muy orgullosos de servir a su Rey, se caracterizaban por una gran lealtar y al frente tenían a su capitan, por otro lado la guardia del Cardenal más mimada, con mejores sueldos y más palaciega por así decirlo y así mismo tendrían a su capitán, demasiados gallos para un mismo corral, ya sabemos como las gasta la testosterona, la mezcla era un caldo de cultivo excelente, jijjijii, simpatizo mucho más con los mosqueteros y más teniendo en cuenta que Richelieu fue un gran conspirador en pos de su propio interés.
    Bisous.

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  2. ¡Ah, Tréville y sus mosqueteros! Me resulta muy difícil siempre que leo sobre estos asuntos, dejar de pensar en Gene Kelly, Van Heflin y... Lana Turner. ¡Ahhh, Milady de Winter!
    En fin, esto aparte, espero tenga una buena semana.
    Beso su mano.

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  3. Siempre hemos visto a los mosqueteros como algo romántico, será por la películas y los libros que hemos leído. Pero por lo visto eran hombres de pelea y gran valor. Ahora que Rechelieu tuviera un grupo de cincuenta hombres para custodiarlo, me parece exagerado.
    Debe ser como los corpulentos señores que custodian a los políticos y a algunas estrellas de cine. Los tiempos cambian, las costumbres también , pero algo queda.


    mariarosa

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  4. A mí el nombre de Richelieu me recuerdan los encajes de esa época.Claro si su guardia personal se adornaban con estos pertrechos pués con razón fueron tan famosos.

    Se dan cuenta lo que podría manejar este buen señor para poder mantener vestir y dotar a una guardia personal de 50 individuos.Mientras el pueblo estaba oprimido.

    Nunca mejor dicho que el sentirse tan protegido no era si no un hombre encadenado en vida.

    Muy interesante este relato.Porque todos tenemos un concepto un poco idealizado de los mosqueteros...

    Un abrazo Madame!

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  5. Hola Madame:

    Con esta lectura sobre los mosqueteros y la guardia del cardenal, me pasa como a nuestro amigo Marques, que recuerdo a Lana Turner ;D

    Pienso que la rivalidad entre ambas tropas estaba servida desde el principio. Me imagino como sería, según el aprecio o adversión al Rey o al Cardenal, la presión familiar para ingresar a cualquiera de los cuerpos.

    Besos

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  6. y como quien no quiere la cosa, me entero de donde viene la palabra 'gendarme'.
    y yo ahora no sé si d'artacán llevaba peto rojo o azul, pero juraría que era azul. pedirle fidelidad a una... espere que lo he mirado. d'artacán iba de rojo, pero los mosqueperros iban de azul.
    me alegra verla de nuevo por aquí, madame.

    bisous!!

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  7. Oh, madame. Estas lecturas hacen que mi cabecita eché chispas. Menudo el cardenal, por no querer tener gens de armas cerca, al final casi tenía un ejército a su alrededor.
    Un pequeño estado dentro del estado. Como los templarios, pobres. La violencia es un monoplio, una concesión tácita, de todos al gran Estado.
    Juegos de armas. Al final...
    Saludos.

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  8. ¡Cómo cambian los tiempos, Madame, ahora cualquier pelagatos de tercera fila tiene un escolta!
    Bisous

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  9. Me atrevo a suponer que no habría mayor consideración para un joven de buena familia que el ser nombrado mosquetero, todo un honor y un orgullo símbolo de gallardía; mientras que la guardia del Cardenal parecía un poco más... ¿pija? perdone tan vulgar palabra para tratar de un asunto tan interesante como es este de las escoltas privadas. Desde luego en el caso de Richelieu me parece exagerado que contara con una escolta tan numerosa... ¡cuánto desembolso para surtir a tan nutrido grupo, aunque claro, al cardenal no le faltaba riqueza en sus arcas, no!

    Me alegro leerla de nuevo, madame, espero que todo esté yendo por buen camino.

    Bisous

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  10. Ante todo madame contenta de leerla. Tambien me ha resultado interesante conocer el origen de la palabra gendarme.A veces me pregunto cuando leo o veo una peli contando la vida de la nobleza en tiempos preteritos que poco sabemos realmente de la vida del pueblo , que eran millones. No puedo dejar de imaginarme a toda la gente teniendo que soportar las bravuconadas de semejante guardia privada. No es que ahora no existan,por el contrario, por eso me las planteo como algo sumamente odioso y nefasto. Un beso grande y que mejoren sus cosas.

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  11. En estos tiempos cualquier personajillo tiene coche oficial y escolta. ¡Así nos va!
    Buenas tardes, madame

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  12. Cuando leí por vez primera "Los tres mosqueteros" me dí cuenta de lo malas que eran las versiones cinematográficas. Y, aun con todo, me gustaban los Guardias del Cardenal. Me daba pena que fueran siempre los perdedores, porque seguramente había hombres valientes y diestros con la espada, aunque siempre saliesen malparados por los valientes mosqueteros.
    Besitos

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  13. Parece que llegué en el momento justo Mme! Me gustó mucho el relato y aportó muchos datos que desconocía!

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  14. La de los guardias era elegancia y no la de los "jurados" de ahora.

    Buen verano, bisous.

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  15. Lo unico bueno que le veo al cardenal, es que segun el cuadro, le gustan los gatos y permite que los gatitos jueguen sobre un mapa pero vaya uno a saber si esto era verdad o pura poesia pictorica. En cuanto a los guardias, me imagino las rivalidades y rencores que acumularia cada bando, que darian para varios libros-

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  16. No conocía el origen de la palabra gendarme, hoy me he enterado gracias a su post además de conocer un poco más de la guardia del cardenal y los mosqueteros.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)