miércoles, 6 de junio de 2012

Un día en la antigua Tebas


Hagamos un nuevo viaje al pasado e imaginemos que esta vez estamos viviendo en el año 1300 a. C. Venimos de Tiro en una galera fenicia cargada de telas teñidas con nuestro apreciado rojo púrpura para vender en los mercados de Tebas, la ciudad de Amón, la mayor de Egipto

Navegando por el Nilo, poco después de dejar atrás el delta encontramos una gran población, con sus templos destacándose contra el cielo profundamente azul y sus grandes obeliscos. Se trata de Menfis, una de las ciudades más antiguas del país y su capital durante mucho tiempo. No lejos de allí, tres masas de piedra en forma de grandes pirámides se yerguen a la orilla del río como si fueran montañas. En torno a ellas hay pirámides más pequeñas y otras tumbas de reyes y grandes personajes. Pero no es ese nuestro destino; nos dirigimos a un lugar aún mayor que Menfis, situado mucho más al sur. 

Por fin, al cabo de varios, días surge ante nosotros un gran conjunto de edificaciones a ambas orillas del Nilo. Vemos que en realidad se trata de dos ciudades: al este se encuentra la ciudad de los vivos, con sus fuertes murallas y torres, sus enormes templos e interminables hileras de casas de todas clases y tamaños, desde los palacios de los nobles a las chozas de barro de los más humildes. Al oeste encontramos la ciudad de los muertos. La necrópolis no tiene calles ni palacios; allí la vida no bulle, pero es aún más llamativa que su vecina. Las colinas están repletas de aperturas negras, entradas a las tumbas donde los muertos de Tebas duermen desde hace siglos. En la llanura se contempla un templo tras otro, en interminable sucesión. Algunos son pequeños y están en ruinas, pero otros son grandes y espléndidos. Cuando los rayos del sol se reflejan en ellos, desprenden destellos de oro, escarlata y azul. 


La galera se acerca al muelle al este del río. Hemos alcanzado nuestro destino. Los oficiales de aduana egipcios suben a bordo para examinar el cargamento y cobrar las tasas correspondientes. Los observamos con interés, porque su aspecto es diferente al de nuestros marinos barbudos de nariz aguileña. Estos egipcios van rasurados; algunos llevan peluca, y otros muestran el cabello recto sobre las cejas mientras por detrás cae sobre el cuello en una multitud de pequeños rizos. La mayoría no viste otra cosa que una falda de lino blanco, pero el jefe luce una capa sobre sus hombros y un cinturón dorado. En la mano derecha sujeta un palo largo con el que golpea a sus hombres cuando no obedecen sus órdenes con rapidez. 

Después de mucha discusión, se acuerda por fin el precio y quedamos en libertad para visitar la que Homero llamó “la Ciudad de las Cien Puertas”. No necesitamos recorrer mucho para darnos cuenta de que la vida en Tebas puede ser muy emocionante. 

Las calles son generalmente estrechas y sinuosas. De vez en cuando los edificios se inclinan para dar sombra al paseante y protegerlo contra el sol abrasador de Egipto. Algunas de las casas son grandes y altas. En su interior hay patios rodeados de árboles, y en el centro de los mismos un estanque de agua fresca. Las habitaciones están decoradas con alegres colgaduras, pero las paredes que dan a la calle no tienen ventanas ni otra cosa que no sea la pesada puerta de entrada. 

Pasamos algunos barrios en los que apenas hay algo más que chozas de barro, tan apretadamente juntas que en sus callejuelas solo hay espacio para que las recorra una persona a pie. Son los barrios de los trabajadores, y el calor y el olor que desprenden resultan tan desagradables que uno se pregunta cómo es posible vivir allí. 

Los colosos de Memnón, Tebas

Llegamos a un espacio abierto, uno de los bazares de la ciudad. Las tiendas son pequeños puestos con las mercancías extendidas en torno al mercader, que se sienta con las piernas cruzadas y llama la atención de los transeúntes voceando explicaciones acerca de la calidad y el precio de sus artículos. Al mercado acude toda clase de gente: los tebanos van a comprar provisiones para su hogar, o simplemente a comentar las noticias del día; los campesinos de los pueblos de los alrededores traen productos agrícolas y ganado para cambiarlos por mercancías que solo pueden adquirirse en la ciudad. Aparecen elegantes damas y caballeros vestidos a la última moda de la corte, con pelucas cuidadosamente rizadas, largas túnicas de lino transparente y coloridas sandalias de punta vuelta. Uno puede toparse con un hitita de Kadesh, con su gorro de pico, piel pálida y pesadas botas puntiagudas. O un sacerdote de alto rango con la cabeza afeitada, una piel de pantera colgando del hombro sobre la túnica y un rollo de papiro en la mano. O un arquero libio con dos plumas en el gorro. 

Aún no se ha inventado el dinero, de modo que el negocio se realiza mediante el trueque. Es lógico, por tanto, que se necesite mucha conversación para acordar, por ejemplo, cuánto pescado es justo ofrecer a cambio de una cama. Además a los egipcios les encanta regatear. 

También los mercaderes de Tiro tienen allí sus puestos, resguardados bajo tejadillos de paja trenzada. Y más allá hay un orfebre. En torno a él se disponen collares y pulseras de oro y plata adornados con los más vivos colores. 

En una esquina del bazar hay una casa que no exhibe mercancías, pero a la que no dejan de acudir clientes. Los trabajadores se deslizan en el interior como avergonzados, y reaparecen al cabo de un rato tambaleándose un poco. Son los efectos de la cerveza a la que los egipcios son tan aficionados. Incluso las damas elegantes a veces beben demasiado en las fiestas. 

La barca de Amón

Abandonamos el bazar y llegamos al barrio sagrado de la ciudad. Mientras contemplamos los altos templos y los obeliscos que se destacan por encima de los tejados de las casas, escuchamos una gran algarabía. Vemos entonces que se acerca una multitud entre el sonido de flautas y trompetas. Una de las imágenes de Amón, el gran dios de Tebas, sale en procesión como ceremonia preliminar a una importante celebración que tendrá lugar por la tarde, y que el rey va a presidir: se revive el matrimonio de Amón y Mut, del que nace Khonsu. 

Vemos pasar la procesión que recorrerá la avenida flanqueada por esfinges entre Karnak y Luxor. Todos participaban de esta fiesta: la pareja real, los sacerdotes y el pueblo. Tras un grupo de músicos y otro de mujeres que van danzando, aparecen los sacerdotes con grandes abanicos que forman el centro de la multitud. En ellos permanecen fijas todas las miradas. Son altos, llevan el cráneo afeitado, los cuerpos envueltos en túnicas del más hermoso lino egipcio. Transportan a hombros la estatua de Amón en una barca hermosamente decorada. En medio de la barca hay un pequeño santuario envuelto en un velo, para ocultar la imagen del dios a los ojos de los curiosos. 

Los vendedores ambulantes se agolpan a lo largo del trayecto ofreciendo fruta y otros alimentos. Ondean los estandartes mientras los espectadores aplauden y las mujeres hacen sonar sistros y castañuelas. En el camino hay un pequeño pilar de piedra sobre el que se deposita la barca. Allí dos sacerdotes queman incienso; otro entona un himno de alabanza al dios y algunos espectadores se adelantan para hacer sus ofrendas de flores, frutas y comestibles de varias clases. Entonces llega el momento más solemne: en medio del más absoluto silencio se aparta el velo dejando al descubierto la estatua de madera adornada con plumas, primorosamente vestida y pintada en negro y verde. Para los tebanos se trata del objeto más sagrado del mundo, y es saludado con exclamaciones de asombro y reverencia. Luego vuelve a cubrirse con el velo, y mientras la procesión continúa, las calles de Tebas, habitualmente tan bulliciosas, se quedan tranquilas. Cuando la ceremonia termine, regresarán en barca por el Nilo y la vida volverá a la ciudad. 


Bibliografía: 
El Antiguo Egipto – James Baikie 
The Complete Temples of Ancient Egypt - Richard H. Wilkinson

30 comentarios:

  1. Qué buena y magnífica entrada. Mejor que muchas novelas que voy leyendo. Y hay un enorme placer en seguir por las sinuosas calles de Tebas bajo ese cielo tan intensamente azul.
    Qué hombres, estos fenicios.
    Saludos, madame.

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    1. Muchas gracias, monsieur, es usted muy amable. Ojala se inventara el modo de hacer ese viajecito en el tiempo.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. 'allí la vida no bulle', normal...
    me he quedado por la mitad, madame. mañana sigo.

    bisous!!

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    1. No le resulta tranquilizador, monsieur? Claro que tratándose del antiguo Egipto, no estaría yo tan segura, que hay momias muy traviesas por allí, ya se sabe.

      Muy tempranito se va hoy, Tolya.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  3. Estupendo paseo a lo largo del Nilo, visitando lugares llenos de vida y colorido de una gran civilización en sus inicios.
    Un saludo.

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    1. Es un placer contar con su compañía en este recorrido. Nuestra estancia ha sido breve, pero intensa, ya que hemos llegado para el festival de Opet.

      Feliz tarde

      Bisous

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  4. Excelente entrada. Una de los viajes más interesantes, aún en los tiempos actuales, debe ser hacer un recorrido por el Nilo desde el Nilo Azul, el de los Faraones Negros hasta Alejandría, pasando por la Tebas de su artículo. Y aunque ese viaje no pueda realizarse en el tiempo más que con la imaginación, con la ayuda de su artículo, parece que haya sido posible hacerlo.
    Beso su mano.

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    1. Gracias, monsieur. Es mérito de la maravillosa obra de Baikie en realidad, que tan bien nos explica aquel antiguo Egipto. Él me ha dado casi todo hecho.

      Buenas noches

      Bisous

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  5. Precioso: recorrido resulta tan real... es tan cercano.Tebas la ciudad reconquistada por los Nubios(los faraones negros).Y dejaron un gran legado.Nunca mejor dicho que bello este recorrido por la historia de Egipto que aun en estos tiempos impacta tantísimo.Aunque sus obra faraónicas eran para goce de unos pocos es un disfrute para la humanidad entera.

    -Después de leer lo del truque: me da a mí, que tal como se desarrolla nuestra economía vamos a tener que tomarlos de ejemplo...

    Un abrazo madame.

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    1. Jijiji, ay, yo creo que sí, que vamos a tener que retroceder hasta el trueque, porque lo del dinero ya no funciona. Con lo mal que se me dan a mí esas cuestiones del regateo!

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  6. Me ha gustado mucho el viaje! Gracias!

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    1. A usted por acompañarnos, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. ya está. un relato peculiar, madame, porque creo que es de las contadas ocasiones en las que la veo coger el Delorean y viajar en el tiempo. se le habrá puesto el vestido perdido de polvo.
    un viaje delicioso, madame. y pese a las diferencias 'religiosas', me ha sorprendido la cantidad de similitudes que hay, al menos, con la visión que tenemos de la vida en las ciudades del oriente medio, con su bullicio, el regateo... y las penosas condiciones de la clase trabajadora.
    saludos, madame!!
    bisous!

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    1. Pero bueno, monsieur, por quién me toma? No creerá que viajaría a Egipto con mis vestidos barrocos? No, hombre, por dios, una siempre sabe qué ponerse! A Tebas iría a lo Cleopatra.

      Feliz día

      Bisous

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  8. Como me gustan los viajes en el tiempo que Ud nos trae madame. Esta vez a Egipto.

    Pero a veces me impresiona que poco o nada ha cambiado la vida en aquellos años y la nuestra...Mismas acciones, diefernete protagonistas

    Besos Madame

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    1. En realidad así es. Tal vez por eso nos gustan tanto esos viajes al pasado: todo nos es familiar, y nos reconocemos en aquellas gentes.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  9. ¡Qué magnífico recorrido hemos hecho con usted!
    Un saludo, madame

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    1. Muchas gracias, monsieur. Espero que no se haya cansado mucho recorriendo las calles de Tebas!

      Feliz día

      Bisous

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  10. he descubierto este blog hace unos días y no puedo dejar de leerlo desde entonces

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    1. Muchas gracias, monsieur o madame. Le doy la bienvenida al tablero. Espero que se quede con nosotros.

      Feliz día

      Bisous

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  11. Me admira su capacidad de trabajo, madame, incluso cuando transita Venus y trae disgustos. Un abrazo muy fuerte.

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    1. Es que Marte me hizo rápida, madame :)

      Buenas noches

      Bisous

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  12. Pero la descripción ha sido tan atrapante que hasta podía sentir el calor aunque estoy con 0 grado de temperatura. Mientras lo iba leyendo pensaba que debió ser una ciudad muy sucia y con mucho olor, cosa que Ud.me confirma mas adelante .¡ Ahh , Egipto, que viaje que siempre he soñado hacer.¡ Aunque nunca ha sido un viaje tranquilo, segun me han dicho algunos afortunados que lo han hecho, este año se ha puesto la cosa tan peligrosa que han llegado a cancelarlos . Beso.

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    1. No son buenos tiempos para emprender ese viaje, no. Espero que vendrán tiempos mejores. Sería una lástima renunciar.

      Feliz día,madame

      Bisous

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  13. Siempre he deseado porder viajar en el tiempo (y de hecho no desisto de encontrar la máquina necesaria para tal fin- o por defecto a su inventor) aunque jamás imaginé poder remontarme tanto atrás jajajajaja

    Por supuesto supondrá que pese a su negrura y a su soledad la "ciudad de los muertos" posee un algo que me fascina (solo necesito papel de vitela y pluma para desplegar allí mi inventiva jajajajja) y esos destellos escarlata que derrama el ocaso en sus colinas resultarían de lo más deleitables para mí.

    Bisous y buen finde, Madame.

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    1. Me uno a usted en la búsqueda de esa máquina, madame, que es uno de mis sueños desde la infancia.
      Imaginaba que sentiría usted debilidad por esa ciudad de los muertos :)

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. Por entre la ciudad de los vivos y los muertos, discurre el río de la vida. Y en esta página la ciencia histórica.
    Bisous.

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  15. Magnífico recorrido el que he disfrutado con usted, Madame. He sido una espectadora privilegiada de la vida en esta ciudad.

    Bisous

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  16. Ojalá se pudiera volver a esa época, muy buen artículo, le felicito.

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  17. Me ha encantado el relato ha sido como viajar en el tiemp realmente. Muy realista y didactica la descripcion. Enhorabuena!

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)