viernes, 8 de junio de 2012

Las lettres de cachet en el Antiguo Régimen

Luis XV retratado por Rigaud

"Rex solutus est a legibus" 
(El rey no está sometido a la ley) – Digesto de Justiniano. 


Las lettres de cachet eran cartas firmadas por el rey de Francia y refrendadas por uno de sus ministros. Llevaban el sello real o cachet, de donde deriva su nombre. 

Surgieron a consecuencia de la necesidad de actuar con rapidez y contundencia en tiempo de guerra, pero pronto se convirtieron en un instrumento para ampliar el ejercicio del poder personal del rey. Se emitían cartas de este tipo para problemas muy diversos. Cualquier asunto urgente podía ser despachado en forma de lettre de cachet: se utilizaban cuando el rey, o sus ministros actuando en su nombre, convocaban un tribunal o asamblea para deliberar sobre un asunto particular y alcanzar una conclusión, o bien para impedir una reunión; para ordenar al Parlamento que registrara un edicto; para organizar y supervisar ceremonias públicas, ascender a un oficial, etc. Eran utilizadas por la policía para ocuparse de las prostitutas, y también se ordenaba mediante una de estas cartas el ingreso de un enfermo mental en alguna institución adecuada 

Las más famosas entre ellas son las de índole penal. Estas se utilizaban para ordenar el encarcelamiento de alguna persona a quien no se estimaba conveniente llevar ante los tribunales para ser sometida a un proceso, negándosele así la posibilidad de defensa. En ocasiones en lugar de una pena de prisión establecían el destierro o la deportación a las colonias de aquel que hubiera incurrido en el desagrado real. Servían así como arma contra los adversarios políticos o escritores subversivos, pero también eran un modo frecuente de castigar a personas de alto rango de modo que sus familias no tuvieran que enfrentarse al escándalo de un juicio. A veces eran los propios parientes quienes solicitaban del rey que emitiera una lettre de cachet para castigar alguna falta contra el honor familiar o la conducta delictiva de un hijo. 

Lettre de cachet de Luis XV, 1759

En el siglo XVIII, en tiempos de Luis XV, el uso de las lettres de cachet se hizo tan común que cada secretario de Estado siempre tenía a mano varios cientos de cartas en blanco con la firma del monarca. De ese modo, cuando la ocasión requería actuar con celeridad sólo precisaba rellenar el papel con una orden y añadir su propia firma. Así que al final el rey no era en realidad consciente de todos los asuntos despachados. Y, como en todas las épocas ha habido corrupción, en ocasiones los ricos y poderosos compraban estos documentos para deshacerse de enemigos personales. 

Cuando los tiempos se hicieron revueltos, el gobierno comenzó a arrestar a los intelectuales mediante el uso frecuente de lettres de cachet. Por ejemplo, el 23 de julio de 1749, Luis XV firmaba en Compiègne la siguiente carta: 

“Señor Marqués du Châtelet, esta carta os instruye para que recibáis en mi castillo de Vincennes al señor Diderot y le mandéis permanecer allí hasta nueva orden por mi parte. Que Dios os guarde, señor Marqués du Châtelet.” 

Otro ejemplo de uso es el que sufrió el padre de Mirabeau, encarcelado mediante una lettre de cachet por causar un escándalo debido a su relación con una mujer casada. El abuso de este tipo de cartas en asuntos familiares acabó por atraer la atención de los propios ministros del rey. En 1784 Breteuil envió una circular a todos los intendentes y al teniente general de policía de París advirtiendo de la severidad paterna en algunos casos: “Padres y madres son a veces injustos o demasiado severos, o se alarman con excesiva facilidad; y creo que siempre es necesario requerir que al menos dos o tres familiares cercanos firmen la solicitud junto con el padre y la madre.” 

Barón de Breteuil

En el siglo XVIII ya no eran solo las familias nobles quienes las solicitaban para uno de sus miembros, sino que se habían extendido a las demás clases sociales. Por ejemplo, entre las 74 firmadas por el rey en 1758, una había sido solicitada por un encuadernador contra su esposa, “que ahora vive una vida tan depravada que no hay palabras lo bastante fuertes para describirla.” Ese mismo año la esposa de un albañil obtuvo una lettre de chachet contra su esposo, quien “frecuentemente vuelve a casa a altas horas de la noche completamente desnudo, sin sombrero, sin ropa e incluso sin zapatos, por haberlo dejado como pago en la taberna.” Otra mujer se quejaba de que su esposo “ha llegado a vender mi cama”, y el propio Voltaire solicita una lettre de cachet contra una mujer que tenía escandalizado al vecindario. 

En esos casos en los que, en palabras de Breteuil, “sin haber perturbado el orden público por delitos, sin haber hecho nada que les pudiera exponer a la severidad de las penas pronunciadas por la ley, se dan a excesos en libertinaje, depravación y disipación”, la condena era de entre uno y dos años de cárcel. 

Cuando la carta era enviada a petición de un particular, se llamaba una carta de “petit cachet” o de “petit signet”, para distinguirla de las de “gran cachet”, emitidas directamente por iniciativa del rey o el gobierno y referidas a asuntos más graves. 

Como privilegio real, este tipo de cartas se remontan al siglo XIII, con los reyes Capeto, que se basaron en el Digesto de Justiniano. La interpretación que hicieron de la norma fue que el rey podía tomar decisiones al margen de las leyes, e incluso en sentido contrario al que ellas establecían. 


Las cartas fueron haciendo populares desde comienzos del siglo XV hasta finales del XVIII. Al principio no se trataba de ningún documento, sino que hasta el siglo XIV eran órdenes verbales. En tiempos Luis XVI se habían convertido en un símbolo de los abusos del Antiguo Régimen; por tanto, una de las prioridades de la Revolución fue ocuparse de ese asunto comenzando por el asalto a la Bastilla, donde había prisioneros encarcelados en virtud de lettres de cachet. En marzo de 1790 fueron abolidas por la Asamblea.

21 comentarios:

  1. A eso lo llamo yo absolutismo con todas y cada una de las letras.
    Resulta asombroso, visto desde lejos, que unas palabras, una firma rápida y un golpe de membrete ¡pum!, pudieran cambiar tan y tantas vidas.
    Buen viernes, madame.

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  2. Es decir que tener cachet (prestigio, status, valor), algo considerado hoy de gran estima por los artistas y la gente que goza de popularidad, en aquellos días podría ser algo terrible si venía en forma de carta.
    Muy curioso.
    Un saludo y feliz fin de semana.

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  3. Así era el absolutismo y así es, con otro aspecto hoy en día, quien los puede juzgar a ellos, quien les puede pedir explicaciones.
    Un abrazo.

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  4. Resulta escandaloso que se pudiera conseguir una condena, con dinero o influencia, de manera tan arbitraria. No sé, no sé si para los perjudicados así, Luis sería tan bien amado.
    Beso su mano.

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  5. Hola Madame:

    Una forma terrible de chantaje la carta en cuestión. Era posible que te enviarán a prisión por el simple hecho de ver mal a alguien.

    Besos Madame

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  6. Esta visto madame:que el que hizo la ley hizo la trampa.Cada cual sacaba provecho de sus privilegios.Más o menos lo que hacen nuestro políticos con sus lette de cachet.Tendriamos que empapelar la Spagne...-En mí modesta opinión me pare un cinismo por parte de sus acólitos...Pero siempre: ha habido, hay, y, habrá; corrupción.Que tríste... pero es tan verdad cómo que no hay nada nuevo bajo el Sol!

    MADAME QUE PASEIS UN FELIZ FINDE:)

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  7. El poder ilimitado muchas veces se usa ilimitadamente.
    Buenas tardes, madame

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  8. Hola, como me reto en el otro blog me quede pensando. Entonces estas letras nunca debian contener la pena capital, es decir por mas duras que fueran las penas,jamas la de muerte, es asi? Gracias, muy instructiva entrada.

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. Me ha encantado, muy instructiva. Gracias.

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  11. No quiero una sociedad judicializada; pero no quiero una sociedad donde haya una sola persona que no esté sometida a la ley.
    Bisous

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  12. Vaya tema de hacer encarcelar a alguien porque a alguien se le ocurrio, pero leyendo un libro me encuentro que hasta el año 40 era muy comun hacer encerrar en una institucion mental a jijos o hijas qu eno eran lo que sus padres querian, toda una extension de estas letras.

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  13. Si aún estuvieran en uso, estoy convencida de que habríamos recibido ya unas cuantas. Interesantísimo, madame. Beso su mano

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  14. Madame, les lettres de cachet,eran temibles, pues si una esposa resultaba molesta, una hija era disipada, una pariente vieja que estaba sobrando ,con una orden del rey, era recluida de por vida en la Salpetriere, terrible carcel de mujeres, donde a veces entraban con 15 años por ej. y pasaban toda su vida alli, en condiciones de total abandono.Donde un ser humano, llegaba al ultimo grado de deterioro, fisico y psiquico.
    Aquel personaje que tanto me interesa paso alli 11 meses de su vida, terrible.
    Un abrazo Marissa

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  15. Madame, y con una lettre de cachet, otras personas que eran recluidas en la Bastilla, algunas no volvian a ver nunca mas la luz del sol. Como si fueran enterradas vivas alli.
    'Las diferencias y las injusticias son el origen de la violencia.
    Tal violencia que el gobernador de la Bastilla, fue una de las primeras victimas,de la revolucion,Pasearon por las calles su cabeza en una pica.
    Muy buena entrada Felicidades.
    Un abrazo

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  16. Terrible, Madame, una carta y una firma y las vidas de las personas podían quedar destrozadas y en muchas ocasiones a lo mejor eran inocentes.

    Bisous

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  17. O sea que una "lettre de cachet" era algo así como un "veto" supremo contra el que nada se podía objetar. El absolutismo puro y duro. Me recuerda al "black spot" que enviaban los piratas antaño y que podía considerarse como una advertencia de muerte.

    Bisous y buena semana.

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  18. ahí está, justo al principio. el rey no tiene porqué estar sujeto a las normas, o quiénes nos hemos creído que somos. cuando la cosa se desmanda y no sólo es el rey, si no que esto empieza a parecerse a la casa de tócame roque, puede que haya follones.
    un oportunísimo artículo madame.

    bisous!

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  19. Poderoso era el personaje que tuviese estas letras firmadas por el rey. Con ellas se hacía tan poderoso como la propia persona del monarca.
    Por cierto, no quiero imaginar cómo le quedaba la mano al rey cuando tuviese que hacer una partida de estas cartas. Tinta, tinta y más tinta y callos en los dedos, porque imagino que no habrí aun sistema para hacer un tampón con la firma, ¿o sí?
    Besitos

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  20. Hoy día también existen cartas que firma un gobernante y se hace ley. O un simple ministro puede mandar a la cárcel a un periodista que escribe algo que no gusta a los señores del poder. Interesante entrada Madame, como siempre mi admiración.


    mariarosa

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  21. querida amiga mia he llegado y veo de lo que me he perdido...
    por este país gobernados por dementes, existen dichos documentos bajo el nombre de "decreto de necesidad y urgencia", Madame estoy muy atrasada, dejo mi abrazo afectuoso

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)